¿Quién eres cuando nadie mira? 15 de abril, 2023. 1227h #3
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15 de abril, 2023. 1227h #3

—¿Otra opción? —Ángel se levantó a recoger el teléfono mientras pensaba sobre ello—. Puede que sí. Dale un par de vueltas, a ver qué se te ocurre. Por ahora lo que podemos hacer es fisgonear un poco el móvil por si te da alguna idea.

Por suerte, el teléfono seguía intacto, a pesar de que lo había tirado al suelo.

Era bueno que no usara la fuerza suficiente para romperlo.

Tuvo que volver a utilizar la huella del cadáver para desbloquearlo, tras lo cual se sentó de nuevo en el sofá y comenzó a revisar la galería de imágenes.

No había fotos ni videos en los que apareciera él, por lo que entró en el WhatsApp de la chica.

Si querían información, era ahí donde la encontrarían.

Había conversaciones pendientes de varios chats, sin embargo, un nombre le interesaba por encima de todos. David. La chica había bloqueado el teléfono, pero aún podían leer los mensajes que le habían llegado antes de eso.

—¿Qué es lo que dice? —Miguel se inclinó hacia él, tratando de ver la pantalla.

—La mayoría son insultos y amenazas. Hay algún audio, veamos.

Una voz ya conocida comenzó hablar, en el mismo tono agresivo que pudieron oír en la grabación.

«Escúchame bien, zorra. Tienes una hora para presentarte aquí con todos los papeles. Es tu última oportunidad. Si lo haces prometo que no seré muy duro contigo. Podemos arreglarlo. Pero un minuto más y te juro que estás muerta».

—Bueno, parece que la chica ignoró la advertencia.

Debió de bloquearlo poco después de aquello, ya que el flujo de mensajes se detenía con una última amenaza de muerte. Ángel siguió subiendo en la conversación, en busca de algo que le ayudara a descubrir quién se ocultaba tras el nombre de David.

—¿Papeles? ¿A qué se refería? —inquirió Miguel—. ¿Encontraste algo en el hotel?

—Qué va. Había ropa en la maleta, pero nada de dinero, papeles o documentación. Lo que sea que quería ese tipo, debió de llevárselo con él.

—Tienen que ser algo importante, lo suficiente para matar a alguien para recuperarlo.

—Puede que sí o puede que no. Quizás solo le molestó que se los quitara.

—¿Qué clase de persona asesinaría a otra solo porque le haya robado unos papeles sin importancia? Debe ser algo gordo.

Ángel estuvo a punto de responder que si a él le quitaran algo que le pertenece, aunque fuera el ticket de la compra, también le entrarían unas ganas terribles de cargarse al cabrón que se hubiera atrevido a jugársela.

Sin embargo, se dio cuenta a tiempo de que esa no era la respuesta que Miguel deseaba escuchar, por lo que se limitó a encogerse de hombros y seguir leyendo.

—Es curioso. Aquí habla sobre clientes y dinero, reunirse en un piso. Mira, la ubicación de una fiesta, dice que va gente importante y… Vaya, el tío es bastante grosero.

El estudiante esbozó una sonrisa. Toda la conversación se basaba en órdenes ambiguas, con un tono violento, un vocabulario desagradable y una alta carga de contenido sexual.

Ni una sola vez usaba el nombre de la chica, se dirigía siempre a ella mediante insultos y términos despectivos.

No parecía la clase de persona con la que convenía asociarse.

Ángel podía comprender aquellas emociones, pero su forma de expresarse era demasiado tosca para su gusto, tanto que empezaba a sentir deseos de matarlo no solo como venganza, sino para hacerle un favor al mundo.

No le gustaban las personas ruidosas y con pocos modales y eso exactamente parecía ser David.

—¿Crees que es…? —comenzó Miguel.

—¿Un proxeneta? Tiene toda la pinta.

—Joder. Joder, joder… ¿Qué fue lo que dijo? ¿Algo de traerla a España y darle trabajo?

—Sí. Tal vez sea un traficante.

—¡Mierda! ¿En qué coño te has metido?

—¿Yo? —Ángel alzó las cejas—. No me habría ido con ella si no fuera por ti. Si ibas a drogarme, al menos deberías haberme parado después.

—¿Cómo iba a saber que esa chavala estaba metida en una movida de trata?

—A lo mejor nos estamos precipitando. Eso solo es una teoría.

—¿Una teoría? Mira esa conversación. Lo de los clientes, la mención a los videos, la forma en la que habla, los papeles… ¡Joder, que la ha matado! Es un puto mafioso. ¿Y si descubre que tienes el teléfono? ¿Y si viene a por nosotros? ¿Y si…

—Y si, y si, y si… Tú y tu inseguridad. —Ángel empezaba a enfadarse—. Te he dicho que vamos a solucionarlo, confía en mí, ¿quieres? ¿Por qué tienes que ser tan cobarde?

—¿Es que tú no tienes miedo?

—No.

—¿Ni siquiera un poco? ¿No estás preocupado por lo que pueda pasar? No solo con la policía, también con ese tío y su gente si se enteran…

Ángel se tomó un momento antes de responder, ya que su amigo no parecía estar preguntando de forma retórica.

Tenía la impresión de que debería encontrarse cuanto menos inquieto por su situación, después de todo, tenía un cadáver en una maleta y a un posible traficante de personas queriendo cargarlo con el muerto.

Sin embargo, lo único que sentía era una leve emoción ante la perspectiva de darle caza al hombre que lo había metido en problemas.

Ni siquiera estaba seguro de lo que haría cuando lo encontrara, aunque el deseo aleteaba en su pecho cada vez que se planteaba la opción más extrema.

No, no estaba preocupado. Una parte de él clamaba por sangre con alegría; la otra, expresaba una sensación de fastidio ante todo el esfuerzo que supondría resolver el problema y contener sus instintos. Pero no había nada parecido al miedo bullendo en su interior. Finalmente negó con la cabeza.

—No, para nada. Si queremos salir indemnes de esto, tenemos que mantener la calma. Si te dejas arrastrar ahora por el miedo, no iremos a ningún sitio.

—¿De verdad eres humano? —Miguel hizo una mueca desdeñosa—. Está bien. Vale, me calmaré. Pero si esto es tan gordo, no creo que podamos resolverlo nosotros, quizás deberías…

—Nada de policía, lo sabes.

—¡Tu hermana!

Miguel exclamó aquello como si fuera la salvación obvia que hasta ahora habían pasado por alto. Su amigo arrugó la frente.

—¿Qué?

—Ella es policía, ¿no? Me lo dijiste. Además, trabaja en Salamanca. Seguro que si le explicas lo que ha ocurrido, nos echa una mano. Si les ayudamos a destapar un caso de trata, fijo que hacen la vista gorda con lo de limpiar la habitación y llevarte el cuerpo, ¿no?

—Vaya, perdona, no sabía que te había pegado tan fuerte, debo de haberte dejado tonto.

—Ángel…

—Deja de decir estupideces, Miguel. Has visto demasiadas películas. Un delito es un delito y mi hermana no va a ignorarlo como si nada.

Todo lo contrario. De tener la oportunidad, Ruth sería la primera en correr a ponerle las esposas. Por su bien, claro, o eso es lo que diría.

—Aunque tal vez sí haya una cosa en la que podría ayudarnos —continuó Ángel con actitud pensativa.

No podía contarle lo que había ocurrido, eso era una locura.

Incluso si creyera su versión, Ruth exigiría que se entregara y les permitiera resolver el caso siguiendo el procedimiento tradicional, daba igual lo mucho que pudiera perjudicar la carrera de Ángel.

Sin embargo, quizás podía convencerla para que localizara a David a través de su número o, al menos, para descubrir su identidad o si ya tenía antecedentes.

Cualquier nueva información le ayudaría a localizarlo, pero su hermana haría preguntas a las que no podría responder y levantar sus sospechas era lo último que le apetecía.

—Pues llámala —insistió Miguel—. Creo que merece la pena.

—No voy a poder convencerla. Empezará a indagar y si no le gusta lo que oye, puede acabar echándonos a los perros.

—Vamos, ¿por qué haría algo así? Es tu hermana, ¿no? ¿Es que no tenéis buena relación?

Ángel meneó la cabeza.

—Es complicado. Hace años pasó algo entre nosotros y Ruth todavía no lo ha superado. No confía en mí, así que no descarto que nos delate.

La expresión de Miguel se ensombreció, su mirada clavada en él con la intensidad de la sospecha. Ahora que conocía sus tendencias, debía de estar imaginándose toda clase de cosas horribles. No llegarían a ningún lado si su amigo seguía desconfiando de él con tanta facilidad.

—No te imagines cosas raras —Ángel le dedicó una sonrisa socarrona—. Fue solo una tontería de críos, pero Ruth tiene buena memoria y muy malas pulgas. ¿Sabes qué? Voy a llamarla. A lo mejor hoy la pillo de buenas.

Lo cierto es que aquella conversación había despertado su curiosidad.

Por supuesto, no iba a contarle a su hermana lo ocurrido, pero le gustaría saber cómo reaccionaría a una petición de ayuda.

¿Le daría la espalda desde el principio o estaría dispuesta a abrir su corazón y creer en él, aunque solo fuera un poquito?

Tal vez había llegado el momento de poner a prueba la solidez de su relación.

Ahora era Miguel el que parecía dudoso. Aun así, no dijo nada cuando su amigo sacó el teléfono y marcó el número de Ruth.

—Te voy a dar un voto de confianza, así que no digas ni una palabra. No vayas a estropearlo —comentó Ángel con aire casual mientras esperaba respuesta.

Si su hermana oía a Miguel dando voces de fondo en busca de ayuda, se acabó.

Sin embargo, el estudiante se limitó a asentir, en su expresión seria no pudo percibir una segunda intención.

El cambio podía parecer un tanto repentino, pero a Ángel no le sorprendió.

Quién sabe, quizás su amigo también sentía curiosidad por lo que ocurriría si seguían jugando a su manera.

Al fin y al cabo, ellos dos no eran tan distintos.

—¿Ángel?

La voz de su hermana llegó desde el otro lado de la línea, con una mezcla de extrañeza y sospecha. Justo lo que esperaba.

—Hola, hermanita. ¿Qué tal va todo?

—¿Qué es lo que quieres? Estoy en el trabajo.

Aquel tono cortante indicaba que no, no la pillaba de buenas.

—Al grano como siempre, ¿eh? ¿Qué te hace pensar que quiero algo?

—¿Por qué si no ibas a llamarme? ¿Cuándo fue la última vez que hablamos?

—¿En Navidad, tal vez? Perdona, he estado liado con la carrera. Aunque también podrías llamarme tú de vez en cuando, ¿eh?