15 de abril, 2023. 0925h #5
Por cómo se encogió Miguel ante sus palabras, Ángel supo que había dado en el clavo.
—Lo siento, actué como un gilipollas. Pero es que tú…
Te pusiste muy raro. Aunque es verdad que al principio estabas de buen humor, todo parecía molestarte.
Empezaste a beber alcohol y a hacer comentarios muy desagradables.
Algunas bromas cruzaban la línea y llegados a un punto empezaste a ser muy agresivo.
En serio, hasta a Noah le pareció demasiado.
Yo intenté frenarte antes de que acabaras metido en un lío con una pandilla de allí, pero reaccionaste fatal.
Me asustaste, Ángel, tanto que me largué.
Salí a fumar y al volver pensé en intentar convencerte de que te fueras a casa.
Fue entonces cuando te vi con esa chica y…
—Miguel se encogió de hombros, todavía sin atreverse a mirarlo—.
Parecías más tranquilo, como si estuvieras divirtiéndote otra vez y la verdad es que yo aún seguía enfadado, así que os dejé estar y no volví a hablar contigo.
Ángel detuvo sus pasos y soltó un bufido. Miguel acababa de describir sus experiencias previas con el alcohol. Agresividad, bromas crueles y riesgo de acabar haciendo alguna estupidez imperdonable.
—¿Y qué pasó luego? ¿Me fui con esa chica?
—Os vi salir juntos y no volvisteis a entrar, no sé qué pasó después.
—A ver si me entero. —Ángel habló despacio, en un tono suave que contrastaba con la furia que refulgía en sus ojos—. Dices que no estaba en condiciones de irme con nadie, pero no hiciste nada por evitarlo.
Miguel agachó la cabeza, avergonzado.
—Ya lo sé. Fui un capullo. En ese momento estaba enfado y no pensé en otra cosa.
Después me di cuenta y me sentí fatal. Por eso te llamé un montón de veces, pero no contestabas.
Al final pensé que a lo mejor ya se había acabado el efecto de la droga y que estabas pasando un buen rato. Al menos, eso es lo que deseaba creer.
Miguel tenía razón, había pasado un buen rato. El problema es que la chica no.
—¡Tú! —Ángel dio un paso adelante y su amigo se encogió aterrado.
Esperaba una nueva lluvia de golpes, no obstante, el estudiante permaneció de pie frente a él, temblando, los puños apretados hasta que los nudillos se le pusieron blancos—.
Eres la persona más estúpida y patética que he conocido nunca.
¿Querías ayudarme? Muy bien, te voy a enseñar cómo me has ayudado.
Vas a entenderlo todo. El porqué… Sí, lo comprenderás. ¿Recuerdas a la chica?
—¿Qué? —La repentina pregunta sorprendió a Miguel.
—Que si recuerdas cómo era, ¿serías capaz de reconocerla?
—No lo sé. Era rubia y… —Miguel guardó silencio por un momento, pensando sobre ello—. Sí, creo que sí. Creo que si volviera a verla la reconocería.
—Muy bien.
—¿Por qué? ¿Te la ha liado? ¿Te ha robado la cartera o algo así? Vamos, Ángel, no me jodas, no me digas que estás haciendo esto por tu cartera. ¿O es otra cosa?
—Otra cosa. Mucho peor.
—Joder. Lo siento, de veras. Testificaré si hace falta, ¿vale? Diré lo que vi y quién era. Así que ahora suéltame. Es eso lo que querías, ¿no?
—No. —Ángel le dedicó una sonrisa cruel que hizo encogerse a Miguel—. Quiero que lo veas tú mismo.
—¿El qué? ¿Qué tengo que ver? ¡Ángel!
Pero Ángel ya no lo escuchaba. Había ido a buscar la maleta, que arrastró hasta el salón y tumbó en el suelo frente a Miguel.
—Dices que eres capaz de reconocerla, ¿no?
—Creo que sí…
Junto con la maleta, Ángel había traído un par de guantes de plástico, que se puso sin retirar los ojos de la mirada interrogante de Miguel, antes de comenzar a abrir la cremallera despacio.
Y entonces, con un movimiento rápido, apartó la tapa, agarró a la chica del pelo y tiró del cadáver para mostrárselo a su amigo.
—¡¿La reconoces, Miguel?! ¿Es esta la chica con la que me fui? ¿Eh? ¿Es ella, capullo?
Por un instante, el silencio flotó entre ellos, mientras los ojos de su amigo se mantenían clavados en el rostro de la joven, incapaz de comprender lo que estaba ocurriendo.
Y entonces algo pareció conectar de golpe en su mente, provocando que Miguel soltara un grito.
Era una reacción esperable, claro. También que intentara echarse hacia atrás, que se retorciera y pataleara, que los ojos se le llenaran de lágrimas y le mirara con horror.
—¡Ángel! ¿Qué es lo que has hecho? ¿Qué has hecho?
—¡Mírala bien, joder! —Ángel se levantó y acercó el cadáver aún más a Miguel—. Dime si es ella.
—¡Creo que sí! Creo que es ella… Es ella… —Miguel apartó la cara y cerró los ojos, las lágrimas corrían de nuevo por sus mejillas— Por Dios, Ángel, ¿cómo has podido?
Ángel dejó caer el cuerpo y pateó la maleta.
—Deja de llorar. Tú la has matado, gilipollas.
—¡No! Claro que no.
—Sí —reiteró Ángel—. La mataste en el momento en el que decidiste drogarme. Te preguntabas por qué me contenía, ¿no? Por qué nunca me iba con chicas, cuál era mi secreto. Bien, ahí tienes la respuesta. Ahora tendrás que responsabilizarte por lo que has hecho.
—¿Lo que yo he hecho? Estás loco, joder. ¿Qué coño te pasa? ¿No te ibas con chicas porque te pone matarlas? ¿Es eso? Puto psicópata.
Psicópata… Era divertido que le llamase aquello.
Ya lo había escuchado antes, aunque nunca le había dado mayor importancia.
Incluso si lo fuera, ¿cuál era el problema?
Él había estado haciendo lo correcto. Se había puesto límites, había acatado las normas que creó a rajatabla, a pesar de que todos sus instintos clamaran contra ello.
Si las cosas se habían torcido fue por la intervención de Miguel y Noah.
De no ser por ellos, no estarían teniendo esa conversación.
La culpa era de su amigo y eso lo obligaba a poner de su parte para arreglarlo.
—Lamento decepcionarte —masculló Ángel con sarcasmo—. Sé que deseabas que fuera gay y acabase liándome contigo, pero así son las cosas.
—Claro que no…
Ángel lo acalló con un gesto.
—Tienes razón. Me pone matarlas. Y no solo eso.
Violarlas, torturarlas. Destruirlas. Lo que te he hecho hoy…
Eso no es nada en comparación con lo que me gusta hacerle a algunas chicas.
Por eso nunca me voy con ellas. Por eso no bebo alcohol.
Para no volverme violento y perder el control.
—Ángel bajó el tono, sus ojos echaban chispas cuando se inclinó hacia Miguel—.
Quizás sea un psicópata, pero he puesto todo mi empeño en no hacerle daño a nadie.
Si esta chica está muerta, es porque tu querida prima y tú decidisteis meter las narices donde no os llamaban.
Así que dime, ¿en qué te convierte eso a ti?
—No lo entiendo, no entiendo nada… —Miguel meneaba la cabeza, incapaz de aceptar lo que acababa de oír—. Esto no debería haber pasado. Por Dios, es horrible. No debería haber ocurrido, no debería…
Ángel entornó los ojos. ¿Cómo podía ser tan patético? ¿Y a ese lo había considerado su amigo? Había ido hasta allí creyendo que encontraría alguna información útil, pero empezaba a sentir que perdía el tiempo.
—En eso estamos de acuerdo. No debería haber ocurrido. Sin embargo, es un poco tarde para lamentarse, ¿no? Ahora lo que necesitamos son soluciones.
—¿Soluciones? —Miguel le lanzó una mirada incrédula—. Está muerta, joder. ¿Cómo solucionas eso?
—Muy agudo. A no ser que me confieses ahora mismo que eres un nigromante, no hablaba de eso. Me refiero a deshacernos del cadáver, preparar una coartada, repasar lo ocurrido en busca de testigos…
—¿Deshacernos de…? Joder, joder. Se te ha ido la puta cabeza. Mira, yo no quiero saber nada, ¿vale? Solo suéltame y déjame en paz.
Ángel soltó un resoplido.
—¿Estás de coña? No voy a soltarte hasta que arreglemos esto.
—¡Ve a la policía! —gritó Miguel—. Ve y confiésalo todo. Es lo mejor que puedes hacer. Has hecho una cosa muy jodida, pero aún puedes tomar la decisión correcta. Por favor. Acaba con esto de una vez.
Iba a necesitar mucha paciencia. Ángel tomó aire con lentitud, conteniendo las ganas de pegarle una bofetada a Miguel por el comentario sinsentido que acababa de hacer.
—¿Confesar el qué? ¿Que había salido a celebrar el cumpleaños de mi amigo sin ninguna mala intención, pero el muy cabrón decidió drogarme para divertirse y cuando desperté había una chica muerta a mi lado? ¿Es eso? ¿Debería decirles lo que tú y Noah habéis hecho?
Miguel apartó la vista, una sombra de culpa cruzando su rostro. En el fondo, sabía que Ángel tenía razón. Noah y él habían provocado esa situación. Era tan responsable de la muerte de la chica como Ángel, puede que incluso más. Cualquiera sería capaz de verlo, ¿no?
—No, Miguel. No voy a ir a la policía. Y tú tampoco.
Esto es culpa tuya, así que vas a ayudarme a resolverlo.
Y después, todo volverá a la normalidad.
Tú no me drogarás de nuevo y yo no beberé alcohol.
Y podremos olvidar toda esta tragedia. Pero necesito que dejes de gimotear tonterías y te centres de una vez.
El chico no respondió. Seguía con los ojos clavados en el suelo y la respiración acelerada.
Parecía al borde de un ataque de pánico.
Maldita sea, ¿por qué tenía que ser tan sensible?
Ángel se volvió hacia la maleta. Tal vez que el cadáver siguiera allí expuesto no estaba ayudando.
Mientras daba a Miguel tiempo para recobrarse, recolocó el cuerpo de la chica y cerró la tapa.
—¿Qué es lo que le hiciste? —murmuró por fin Miguel, el dolor palpable en su tono—. Dices que te gusta… Que te gusta violar y torturar. ¿Es lo que le hiciste? A esa pobre chica. ¿Le hiciste esas cosas antes de…?
Sus palabras quedaron colgando en el aire.
No era necesario que completara la frase, ambos sabían a lo que se refería.
Ángel le sostuvo la vista. Siempre se había preguntado qué diría Miguel si supiera la verdad sobre él.
Al parecer, no necesitaba ponerle palabras, resultaba fácil leerlo en sus ojos.
Lo estaba mirando como si fuera un monstruo.