21 de noviembre, 2019 #3
Ella se giró hacia su primo y le ordenó sin palabras que se callara.
Estaba claro que ya había tomado una decisión.
Miguel entornó los ojos, pero no dijo nada más.
Que hicieran lo que les diera la gana. Podía dejarlos liándose en el salón y él irse a dormir, no era la primera vez que ocurría algo así.
Solo esperaba que por la mañana Ángel ya se hubiera ido, no le apetecía volver a verlo.
—No, mejor no. Creo que Miguel no tiene muchas ganas.
Miguel alzó las cejas, un tanto sorprendido. ¿Ahora sí lo tenía en cuenta?
—Claro que no. Lo que pasa es que Migue es así de serio, pero en realidad lo está deseando. ¿Verdad, primo?
—Lo que tú digas —contestó con un encogimiento de hombros.
—Me encantaría —dijo Ángel tras un momento de reflexión—, pero creo que tendremos que dejarlo para más adelante. Esta noche… No es una buena noche.
—Vamos, ¿por qué no?
—Noah, no seas pesada —interrumpió Miguel, cansado de aquella conversación—. Te ha dicho que no. ¿No ves que está resfriado?
El sarcasmo en su voz no fue nada sutil y su prima respondió a ello dándole un puñetazo en el brazo.
—Eres un puto borde, ¿lo sabías?
—Creo que en eso consiste su encanto.
—¿Qué?
Ahora sí, Miguel se volvió hacia Ángel, solo para descubrir que estaba mirándolo de nuevo de esa forma que le ponía los pelos de punta, con la voracidad brillando en unos ojos que parecían exigir de él algo a lo que Miguel no sabía cómo responder.
¿A cuento de qué venía aquel comentario?
¿Por qué seguía diciendo cosas tan raras mientras lo observaba con esa intensidad?
¿Qué era lo que pretendía conseguir? Pero Ángel no respondió.
En lugar de ello, se dirigió de nuevo a Noah, cambiando de tema.
—Entonces sois primos, ¿no? ¿Qué estás, de visita en Salamanca, pasando unos días con Miguel?
—Qué va. Yo vivo aquí.
—Ah, como Miguel es de Madrid, pensé que tú también venías de por allí.
—¿Ves, Noah? —intervino Miguel—. Te lo dije. Es un jodido acosador. No hables con él.
—Siento decepcionarte —rio Ángel en respuesta—, pero tienes acento de niño pijo de Madrid, no hace falta indagar mucho en tu vida para darse cuenta.
Noah encontró aquello muy divertido, rompiendo a reír a carcajadas ante la expresión desdeñosa de su primo.
—Tiene toda la razón, Migue. Hablas como un cayetano.
—Os podéis ir los dos un ratito a la mierda.
—Menudo carácter… —murmuró Ángel entre dientes, aunque por su tono, parecía encantado con su respuesta—. No te lo tomes a mal, estoy de coña. A mí una vez un capullo me dijo que parezco un paleto por mi acento extremeño.
—Le romperías las piernas, espero —comentó Noah con una mueca.
—No, mucho mejor. Le arranqué la lengua.
Estaba sonriendo, no hacía falta que se quitara la mascarilla para que se notara. Y por un momento, Miguel estuvo a punto de creerse lo que acababa de decir. No, claro que no, solo era una broma sin sentido. ¿Cómo iba a hacer una cosa así y compartirlo con tanta calma?
—Pues ten cuidado —respondió Miguel—, yo podría acabar haciéndote lo mismo.
—Me gustaría verte intentarlo.
La sinceridad en su voz hizo fruncir el ceño a Miguel. ¿Era eso lo que quería entonces? ¿Lo estaba provocando porque deseaba verlo estallar? ¿Quería pelear con Miguel? ¿Era eso lo que le ponía? Por suerte, su prima intervino antes de que la cosa fuera a mayores.
—Vale, chicos, ¿debería dejaros a solas? ¿Os busco un hotel o algo? Porque el tono de esto se está volviendo raro.
—Perdona —dijo Ángel todavía sonriendo—. Solo estaba bromeando. Así que tú sí eres de aquí, ¿no?
—No, eso no es lo que he dicho. —Un brillo de diversión apareció en los ojos de Noah ante la expresión confundida de Ángel—. La verdad es que sí soy de Madrid, pero hace unos años mis padres se divorciaron y mi madre insistió mucho en que viniera con ella a Salamanca, así que aquí estoy ahora.
Insistir mucho era una forma suave de decirlo.
Lo cierto es que Noah se había negado a mudarse, hasta el punto de fugarse de casa y pasarse meses viviendo en la calle.
En aquel entonces Miguel había tratado sin éxito de hacerla entrar en razón, pero había sido imposible dialogar con su prima.
La joven prefería sobrevivir por su cuenta que cambiar de ciudad.
Se pasaba las noches de fiesta, consumía todo lo que caía en sus manos y dormía donde coincidía, ya fuera en casa de algún amigo, de un chico que acababa de conocer o en un banco en el parque.
Aunque Miguel la ayudaba siempre que podía, no era ni de lejos suficiente para mantenerse.
Cómo había conseguido Noah el resto del dinero que usaba era algo que prefería no preguntar.
No obstante, la chica no consideraba esto como una mala experiencia.
Siguió así un tiempo, hasta que se cansó y volvió a casa.
Sin embargo, lejos de asemejarse a la parábola del hijo pródigo, su padre le dio con la puerta en las narices.
En su tiempo en la calle ya había cumplido la mayoría de edad y, si tan independiente se creía, podía seguir viviendo como hasta ahora, él estaba cansado de luchar por ella y no quería saber nada.
Así que al final no le quedó más remedio que acudir a su madre en Salamanca, quien la aceptó con una serie de condiciones que Noah no tardó en quebrantar.
Por supuesto, era razonable que la joven no le contase nada de esto a Ángel.
—Ya hemos llegado.
Ver el portal le produjo un alivio inmediato. Por fin. Ya creía que aquella absurda noche no iba a terminar nunca.
—¿Seguro que no quieres subir? —insistió una vez más Noah.
—No, gracias. Pero si a Miguel le apetece, podemos quedar los tres otro día.
El estudiante sacó las llaves del bolsillo. Ni siquiera se iba a tomar la molestia de responder a aquello.
—Aun así, ¿por qué no te doy mi número? —dijo Noah—. Ya sabes, por si mi primo siguiese actuando como un capullo.
Ambos intercambiaron teléfonos mientras Miguel abría la puerta, decidido a ignorar lo que ocurría a sus espaldas.
Aunque no sabía por qué, algo en aquella situación lo estaba molestando profundamente.
No era la primera vez que Noah le daba su número a algún chico delante de él, ¿qué tenía eso de malo?
Ángel no era de fiar y no quería que le hiciera daño a su prima, eso era todo.
En cuanto se fuera, debía hablar con ella del tema.
Claro, Noah no le haría ni caso, pero al menos no podría decir que no le había advertido.
—¿Vienes o qué? —llamó ya dentro del portal mientras sostenía la puerta para su prima.
—Sí, tío. Qué prisas, joder.
—Bueno, Miguel, nos vemos el lunes, ¿no? Porque si aún vais a seguir la fiesta, dudo que mañana vengas a clase.
—Preferiría no tener que verte el lunes tampoco…
Aunque Miguel murmuró aquello, Ángel pareció oírle, respondiendo con una carcajada.
—¡Qué encantador! Bueno, Noah. Ha sido un placer. Ya nos veremos.
—Eh, espera, no te irás así sin más, ¿no?
Noah avanzó hacia él, decidida a darle dos besos a modo de despedida, pero Ángel retrocedió un paso para esquivarla.
—Ya te lo he dicho, estoy resfriado. Es mejor que no te acerques mucho.
—Ah, perdón…
Y tras sonreír una vez más con los ojos, Ángel se fue y dejó por fin a los primos solos.
—Qué puto corte. ¿Has visto cómo me ha hecho la cobra? Joder, que vergüenza.
—Eso te pasa por ser tan lanzada. —Si no estuviera tan cansado, Miguel habría encontrado aquello divertido, pero en ese momento ni siquiera le apetecía burlarse de su prima—. No deberías acercarte a él, no es de fiar.
—Es rarito, eso fijo. Pero también tiene cuerpazo y una cara monísima, no sé por qué ha tenido que tapársela con esa puta mascarilla.
Su prima entró por fin en el edificio y ambos siguieron hablando mientras esperaban el ascensor.
—¿Por qué no me habías dicho que había tíos tan interesantes en tu clase? —continuó Noah incansable—. Me dijiste que eran todos unos sosos estirados, pero este es de otro tipo. ¿Te lo querías guardar todo para ti?
—No digas estupideces.
—Mira, si te gusta dímelo ya y lo dejo estar.
La puerta del ascensor se abrió y Miguel se apresuró a entrar y apretar el botón del cuarto. ¿Gustarle Ángel? Dejarse atropellar por un camión sería menos doloroso que eso. Lo suyo era mucho más complicado.
—Es un cabrón, un acosador y un mentiroso. ¿Por qué iba a gustarme alguien así?
—Pues él lleva tonteando contigo todo el camino…
Miguel cerró los ojos y dejó escapar un suspiro. Iba a ser una noche muy, muy larga.