¿Quién eres cuando nadie mira? 15 de abril, 2023. 0837h #4
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15 de abril, 2023. 0837h #4

Y, sin embargo, se esforzaba cada día por contenerse.

¿Por qué? Bien, tenía sus motivos, razones que iban más allá de los prejuicios sin sentido que doblegaban a Miguel.

En su caso, era una decisión que había tomado hacía mucho y estaba dispuesto a llevarla hasta el final, aunque fuera tan solo por orgullo, para probarse a sí mismo su capacidad de hacerlo.

Pero había personas que no se lo ponían nada fácil y días en los que mantener su determinación tampoco resultaba sencillo.

Sus instintos parecían más activos que nunca, una inquietud se adueñaba de él y los mecanismos que solían calmar su necesidad empezaban a fracasar.

Así había sido aquella última semana y la perspectiva de salir de fiesta en ese estado y, peor aún, ver a Noah, no era nada halagüeña.

Pero Miguel había insistido y ¿cómo decirle que no? Aquel chico era su proyecto personal y faltar a su cumpleaños no haría ningún bien a la relación ni a lo que pensaba lograr con él. Aunque podía inventarse alguna excusa creíble que justificara su ausencia, al final decidió no hacerlo.

¿Por qué? Ese día Miguel parecía más melancólico que de costumbre y a Ángel le entró curiosidad.

Al final, todo volvía a eso, él y su maldita curiosidad.

¿Qué podía hacer? Miguel era el único que lograba despertar un sentimiento agradable en su interior, ¿cómo no interesarse por los pequeños secretos que perturbaban su ánimo?

Verlo tan compungido sin razón aparente daba que pensar, por lo que Ángel creyó que tal vez esa noche por fin podría descubrir algo.

Si Miguel estaba más inquieto y bebía lo suficiente, quizás acabara confesándole lo que fuera que ocultaba.

No pasaba nada, podía tolerar la presencia de Noah, al igual que en tantas otras ocasiones.

Además, si la cosa empezaba a írsele de las manos, se marcharía temprano a casa, tampoco sería la primera vez.

Era viernes noche e iba a celebrar el cumpleaños de su amigo, ¿qué era lo peor que podía ocurrir?

Probablemente lo que había pasado, despertarse al lado de un cadáver.

Por suerte, no era el de Noah. Eso sí que habría sido un problema.

Matar a alguien que conoces es una pésima idea.

También es lo más frecuente, por eso se empieza a investigar por ahí.

Era mejor actuar contra desconocidos, personas con las que nadie pudiera vincularlo.

No matar a los amigos con los que había salido de fiesta.

Entonces, si había salido con Miguel y su grupito, ¿cómo había acabado en la habitación de un hotel con una desconocida?

Recordaba que habían ido al Camelot, un club bastante popular en Salamanca, pero enseguida terminaron moviéndose a uno de esos tugurios que tanto le gustaban a Noah.

Y después de eso… Ahí era cuando las cosas se volvían confusas.

Ángel se había pedido un refresco, ante las miradas disgustadas de Miguel y su prima, que siempre insistían en que tomara una bebida más interesante y se soltara un poco.

El joven solía encogerse de hombros ante sus comentarios, en alguna ocasión pasando a pedirse batidos de chocolate solo por provocar las quejas de Noah.

Él sabía de sobra lo que le convenía y lo que no, por lo que no planeaba caer en provocaciones.

Después de eso una de las amigas de Noah se había acercado a hablar con él y lo había invitado a bailar, propuesta que Ángel aceptó sin pensárselo demasiado.

Si estaba entretenido, tal vez el tiempo pasara más deprisa.

Además, era lo que se esperaba que hiciera en un sitio como aquel, así que ¿por qué no?

Le dejó su bebida a Miguel y se fue con la joven al centro de la pista, tratando de olvidarse durante un rato de la inquietud que lo dominaba.

No funcionó demasiado bien. Sus instintos seguían echando chispas y pronto la cercanía de la chica le resultó demasiado fastidiosa. Por ello volvió junto a su amigo tras un par de canciones.

Ángel frunció el ceño. ¿Qué había pasado entonces? Tenía la sensación de que en ese momento había notado algo extraño, algo que lo puso en alerta por un instante, pero que había descartado enseguida, sin darle mayor importancia.

Sabía que cuando regresó a la barra había encontrado a Miguel hablando con Noah.

Eso no era raro. No, claro. Lo que pasa es que no estaban hablando, no con normalidad.

Parecía que discutían. ¿El qué? No podía saberlo, porque la música estaba demasiado alta para oírlos de lejos y se habían callado de golpe en cuanto notaron su presencia.

Estaba claro que no querían que él se enterara de su conversación.

En ese momento Miguel había apartado la mirada con actitud avergonzada y Noah le había dirigido una sonrisa torcida.

Esos dos parecían estar tramando alguna cosa, pero nada de aquello era nuevo, así que Ángel se limitó a recuperar su bebida y darle un largo trago.

Un momento. Fue entonces cuando Miguel hizo un gesto para detenerlo y Noah le dio un codazo, taladrándolo con la mirada para que se callara.

Había sido ahí cuando su amigo le dedicó esa expresión que Ángel no acababa de comprender, una mezcla de culpa y preocupación que, no obstante, no parecieron ser suficientes para hacerle hablar.

—Qué malo está esto —había dicho el joven con una mueca. Sin embargo, terminó el refresco antes de dejarlo sobre la barra—. Debe de haberse aguado mientras bailaba.

—Claro, eso debe ser —se había reído Noah, la diversión brillando en sus ojos de una forma que inquietaría a cualquiera.

Espera. ¿Se había reído? ¿Por qué? ¿Y por qué Miguel había esquivado su mirada, por qué parecía tan incómodo?

—Deja que te pida otra… —Cuando su amigo por fin se decidió a hablar, seguía sin volverse hacia él.

—Pídele otra, pero que sea algo bueno esta vez.

—Noah, sabes de sobra que no bebo alcohol.

—Vamos, solo por hoy. Es un día especial, ¿verdad, primo?

Miguel había asentido sin volver a hablar y después… Después ya no recordaba nada. Absolutamente nada. Su memoria se volvía negra hasta el momento en el que se había despertado en la habitación de ese hotel.

¿Era posible…? No, eso era demasiado descabellado, incluso para Noah.

¿Cómo iban a echarle algo en la bebida? Pero si no lo habían hecho, ¿dónde estaba su memoria?

¿Por qué tenía resaca si él no bebía alcohol?

¿Y por qué habían actuado así, por qué Miguel parecía sentirse culpable, sobre qué estaban discutiendo cuando llegó?

Ángel se echó a reír. No pudo evitarlo. La situación era tan absurda que por un momento le pareció una especie de broma retorcida.

Pero enseguida la perplejidad se vio sustituida por la rabia.

¿De verdad era así cómo acababa? ¿Tantos años esforzándose, tantas noches conteniéndose, tantos malos tragos, tantas humillaciones al tener que actuar como un perro domesticado, tanto reprimir sus instintos para eso?

¿Para que dos idiotas pasados de listos le jodieran la vida?

Ángel se puso en pie y retomó su inquieto paseo por la habitación.

Debería haberlos matado a ellos. A los dos.

Aún podía hacerlo. Podía vestirse e ir a buscarlos.

Podía molerlos a palos y luego estrangularlos hasta la muerte.

Se lo merecían. Podía hacerles toda clase de cosas divertidas y luego exponer sus cuerpos destrozados al mundo para dejar claras las consecuencias de sobrepasarse con él.

Por un momento la furia le nubló la vista.

Ángel temblaba de pies a cabeza, incapaz de centrar su mente en lo que hacía, mil pensamientos recorriéndola fugaces, sin darle tiempo a concluir nada.

Estuvo a punto de patear el cadáver en el suelo, imaginando que se trataba de Noah, pero se contuvo a tiempo.

En lugar de ello, le pegó un puñetazo a la pared.

El dolor del golpe surtió el efecto deseado.

Ángel sintió que la rabia disminuía varios grados, lo suficiente para dejarle pensar y recuperar el control sobre sí mismo.

Vale, no podía precipitarse. No tenía pruebas sobre ello.

Era solo una conjetura. La conjetura número cuatro.

Noah y Miguel le habían echado algo en la bebida.

O tal vez solo Noah. Quizás Miguel no era consciente de ello, puede que fuera de otra cosa de la que estaban discutiendo.

Eso tendría sentido. Daba igual cuánto tiempo llevaran siendo amigos, Miguel todavía estaba demasiado limitado por sus principios morales.

Tal vez disfrutara juntándose con los chicos problemáticos, pero nunca llegaría tan lejos.

¿Cómo iba a hacerle algo así a Ángel? Más aun sabiendo que él era la única persona en la que de verdad confiaba.

El joven se dejó caer de nuevo sobre la cama. Una sonrisa irónica comenzó a formarse en su rostro.

Por supuesto que lo sabía. Había estado junto a Noah todo el tiempo, tenía que haberse dado cuenta.

¿Por qué si no iban a callarse al verlo llegar?

Puede que se hubiera equivocado juzgando el carácter de Miguel.

En cierto modo, debería sentirse orgulloso.

Fue al cumpleaños con la intención de descubrir más sobre su amigo y al final lo había logrado, aunque al hacerlo había terminado delatándose a sí mismo.

Desde que decidió acercarse a Miguel supo que aquello ocurriría tarde o temprano, sin embargo, esperaba que todo fuera más tranquilo y controlado.

Ángel se levantó, con una expresión relajada, toda la furia que lo dominaba hacía un rato por fin se había transformado en la calma habitual.

No merecía la pena darle vueltas. Ahora que las máscaras se habían caído, era el momento de enfrentar lo que ocultaban detrás.

Bien, solo había una forma de hacerlo y no sería quedándose en esa habitación para siempre.