CAPÍTULO 25
—Hoy termina todo… —susurró, más para sí misma que para él.
Jungkook, aún medio dormido, le acarició la espalda desnuda con lentitud, sin decir nada. Solo la abrazó más fuerte, como si supiera que necesitaría más fuerza que nunca.
En las instalaciones de HYBE, la tensión se mascaba. Namjoon había convocado una reunión urgente con la junta directiva. Rinnie y Chani esperaban con los brazos cruzados frente al ascensor. Ambas llevaban gafas de sol, como si con eso pudieran protegerse de lo que sabían que vendría.
—¿Preparadas? —preguntó Namjoon al llegar, serio, trajeado, con una carpeta negra en la mano.
—Nacimos preparadas —respondió Rinnie con una seguridad helada.
Chani asintió, la cara que había puesto esa mañana cuando vio los mensajes anónimos filtrados no se le borraría fácilmente: alguien había intentado destruirlas desde dentro. Y ahora sabían quién.
Sala de juntas de HYBE, 10:07 a.m.
Seungwoo, el mánager de vestuario, intentaba fingir normalidad mientras tomaba café en un rincón. Pero todos lo sabían… Mara lo sabía y Jungkook también. Y Yoongi, que se mantenía sentado al fondo de la sala, con los brazos cruzados y los ojos clavados en él, también lo sabía.
—Seungwoo —dijo Namjoon, abriendo la carpeta—. Tienes derecho a permanecer en silencio. Pero déjame decirte que ya no tienes nada que esconder.
Mara entró en la sala en ese momento, vestida de negro, con el pelo recogido en una coleta pulcra. Todos se giraron hacia ella. Sus ojos estaban tranquilos. Pero por dentro, ardía.
—¿Lo sabías todo, verdad? —preguntó mirando fijamente a Seungwoo.
Él la miró en silencio, y una gota de sudor le cayó por la sien. Jungkook, que estaba de pie a su lado, contuvo la respiración.
—Tenías acceso a los horarios, a las habitaciones, al camerino donde apareció aquella nota. Eres tú quien filtró los movimientos del grupo, tú ayudaste a Yeji. Y tú… tú dejaste entrar a Suna la noche que aparecieron las fotos en nuestra casa.
Un murmullo recorrió la sala. Rinnie apretó los puños.
—¿Y sabes qué es lo peor? —continuó Mara—. Que te acercaste a nosotras fingiendo protegernos, mientras lo único que hacías era traicionarnos.
Namjoon golpeó la carpeta contra la mesa.
—Tenemos pruebas: mensajes interceptados, movimientos sospechosos con tu tarjeta de empleado, grabaciones de cámaras internas. Y testigos.
Seungwoo, finalmente, bajó la cabeza. —No sabéis lo que hacéis, no sabéis con quién os habéis metido… —murmuró.
—Oh, sí lo sabemos —dijo Chani—. Y hoy vais a pagar todos.
Horas más tarde.
Una patrulla de policía salió de HYBE con Seungwoo esposado. Mara, Jungkook, Yoongi, Taehyung, Namjoon, Rinnie y Chani observaron desde el pasillo. No hubo aplausos, no hubo alivio inmediato. Solo un silencio helado, profundo, necesario. Rinnie respiró hondo.
—¿Y ahora?
—Ahora falta el juicio —respondió Namjoon —. Y que Yeji y Suna sean extraditadas. Jungkook bajó la mirada hacia Mara. —Hoy no solo cerramos una puerta. Hemos roto la maldita cerradura.
Por la noche, en casa de Jungkook.
Mara entró descalza en el estudio de música donde tantas veces habían
compuesto. Llevaba en las manos su cuaderno de diario. Se sentó frente al piano y, sin tocar una nota, escribió: “Querido desconocido, me suenas. Querido desconocido, te amo”.
Se lo dejaría en el estudio para que él lo leyera más tarde. Era el final de una etapa. Y el inicio de otra. Una donde ella podía, por fin, dormir sin miedo.
Jungkook apareció en la puerta. La miró. No dijo nada, solo extendió la mano. Mara se levantó y caminó hacia él. Esa noche no hablaron de Seungwoo, ni de juicios, ni de traiciones. Solo se abrazaron,
fuertemente. Como si acabaran de ganar una batalla que los dejó con cicatrices… pero vivos.
30 de noviembre del 2022, Tribunal Central de Seúl.
El tribunal estaba repleto. Con la prensa, abogados, ejecutivos de HYBE, familiares…
Pero, sobre todo, estaba ella: Mara. De pie, firme, vestida con un conjunto blanco impoluto.
A su lado, Jungkook. Detrás, Rinnie y Chani.
Y entre el público, en la tercera fila, Eliana —que había salido de Barcelona solo para este momento— la miraba con los ojos empañados.
Los tres acusados fueron llamados uno a uno: Yeji Park. Suna Lee. Seungwoo Choi.
Sus rostros no mostraban culpa ninguna, solo el desgaste de haber sido
descubiertos. El juez, con voz firme, abrió la sesión.
—Hoy dictaremos sentencia por los delitos de acoso, invasión de la intimidad, conspiración y colaboración con
intenciones maliciosas dentro de la industria del entretenimiento.
Mara apretó la mano de Jungkook. Durante el juicio, el fiscal presentó todas las pruebas: mensajes de texto entre Seungwoo y Yeji, grabaciones en las que Suna hablaba de “humillar a la estúpida visual”, informes médicos de los ataques de pánico de Mara, las imágenes filtradas de la casa, el historial de entradas de Seungwoo en las instalaciones de HYBE fuera de horario.
Entonces, Mara fue llamada a testificar. —¿Por qué está aquí, señorita Mun? —le preguntaron.
—Porque merezco vivir sin miedo —
respondió, sin temblar.
Jungkook miró al tribunal entero sin apartar los ojos de Mara. No hacía falta que hablara, su mirada lo decía todo: No os atreváis a quebrarla otra vez.
Tras cuatro largas horas de testimonios y silencios densos, el juez tomó la palabra.
—Este tribunal ha escuchado, ha analizado y ha comprendido. Y ha decidido que Yeji Park, Suna Lee y Seungwoo Choi sean sentenciados a cinco años de prisión efectiva, con prohibición total de volver a trabajar en la industria del
entretenimiento.
Un murmullo recorrió la sala. Algunos aplaudieron, otros lloraron. Pero Mara… Mara solo cerró los ojos y sonrió.
Horas después, en la azotea del edificio de HYBE.
Mara, Jungkook, Yoongi, Namjoon, Rinnie, Chani y Eliana se reunieron sin prensa, sin cámaras, sin ruidos.
—Esto no es el final de nuestra historia — dijo Namjoon—. Pero sí de una parte oscura que jamás volverá.
Yoongi dio un paso hacia Mara. Ella lo miró sin incomodidad.
—¿Puedo hablar contigo un momento? —pidió él.
Se alejaron unos metros.
—Yo… siento todo lo que pasó. Intenté besarte en varias ocasiones. Fui un completo idiota.
—Fuiste humano, Yoongi. Pero lo que hiciste después… cuando confesaste, cuando me defendiste, eso fue valiente.
Él la miró con cariño.
—Te quiero, Mara. Y sé que tú amas a Jungkook. Solo quería decirlo una vez en voz alta, con dignidad.
Ella le tomó la mano un instante.
—Gracias por decírmelo. Eres parte de mi historia, Yoongi. Siempre lo serás.
Desde la distancia, Jungkook los
observaba. Había aprendido a confiar en Mara, y eso era más fuerte que los celos.
Esa noche en casa, Mara abrió su diario.
Jungkook estaba en el sofá, con una copa de vino.
Ella escribió: “Hoy gané. No por haber vencido a mis enemigos, sino porque no permití que me convirtieran en una de ellos. Hoy empiezo a vivir otra vez”.
Después, se giró hacia él y sonrió. —¿Y ahora qué?
—Ahora —respondió Jungkook levantándose y abrazándola por detrás—. Quiero casarme contigo.
Mara se quedó en silencio.
—¿Estás de coña?
Jungkook sacó de su bolsillo una pequeña cajita negra. La abrió, y en su interior descansaba un anillo brillante.
—No, lo estoy diciendo completamente en serio. Mun Mara… ¿quieres casarte conmigo?
Mara lo miró. Luego miró el anillo. Luego otra vez a él. Y por primera vez en meses, dejó que las lágrimas salieran sin miedo.
—Sí. ¡Sí, quiero!