Querido desconocido, me suenas CAPÍTULO 24
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CAPÍTULO 24

La brisa helada de noviembre comenzaba a colarse por las rendijas de la ciudad, acariciando los cristales empañados de la casa de Jungkook y Mara.

El jardín ya no olía a verano; las hojas secas crujían bajo los pies y las luces cálidas colgadas entre los árboles parecían respirar al compás del viento.

Aquella mañana, Mara se despertó antes que Jungkook.

Se sentó en el borde de la cama, con una camiseta blanca de él demasiado grande, y observó cómo dormía.

Su pecho subía y bajaba despacio, con el pelo revuelto en la almohada, el brazo extendido hacia donde ella ya no estaba.

Acarició suavemente su tatuaje en el codo izquierdo, ese que decía “마라 . Y sonrió.

—Buenos días, mi amor —susurró ella, sin querer despertarlo.

Pero él abrió un ojo, aún entre sueños, y le respondió con voz ronca: —No te vayas todavía… Quédate un poco más.

Ella obedeció. Se metió de nuevo bajo las sábanas, y sus cuerpos se entrelazaron sin esfuerzo.

No hablaron, solo se sintieron. Respiraron juntos, vivieron ese silencio que solo las almas enamoradas entienden.

Horas más tarde, en las oficinas de HYBE, las cosas eran mucho menos tranquilas.

Namjoon se reunió en privado con el equipo de seguridad y con el nuevo responsable de investigaciones internas.

La nota de advertencia que Mara había recibido en el camerino, junto con la reciente huida de Eliana, había puesto en alerta máxima a todo el staff.

—Tenemos que encontrar a Yeji, ya no hay duda de que es ella —dijo Namjoon, con un tono más seco de lo habitual.

—Y hay alguien más implicado desde dentro —añadió Chani, que había sido llamada a declarar tras detectar movimientos extraños en los archivos del último ensayo general.

Fue entonces cuando Rinnie, sin filtros y directa como siempre, dijo lo que todos pensaban:

—Tiene que ser Seungwoo.

Un silencio tenso cayó sobre la sala. El mánager, que se había ganado la confianza de muchos, empezaba a mostrar grietas en su fachada. La mirada evasiva, los cambios de horarios, las excusas sin fundamento… Todo cuadraba.

—Vamos a ponerle una trampa —sentenció Namjoon.

Esa misma noche, Eclipse y BTS

compartieron ensayo privado en una sala insonorizada.

La presión era alta: la actuación conjunta para los Golden Disc Awards requería coordinación milimétrica y una puesta en escena explosiva.

Mientras el ritmo de “Mic Drop 2.0” llenaba el aire, los cuerpos se movían con fuerza y precisión.

Rinnie y Namjoon compartían miradas fugaces entre pasos de baile, cargadas de una electricidad nueva.

Chani evitaba los ojos de Yoongi, pero él parecía no poder quitarle los suyos de encima.

Y, Mara y Jungkook… eran puro fuego, entre ellos no hacía falta actuar, la química era real.

Al acabar la coreografía, todos se detuvieron para recuperar el aliento.

Mara caminó hacia el borde de la sala para tomar agua, pero Yoongi la siguió segundos después, serio como de costumbre.

—¿Te encuentras bien?

—Sí… solo estoy un poco agotada —respondió ella, evitando su mirada.

—No hablo solo de lo físico, Mara. Sé que algo te preocupa. Desde lo de Yeji estás… más lejos, más distante.

Ella dudó. Él se acercó más.

—Sabes de sobra que puedes hablar conmigo —susurró Yoongi—. Siempre estaré a tu lado, aunque no sea el elegido.

La frase la dejó helada. No era la primera vez que Yoongi insinuaba sus sentimientos, pero ahora lo sentía más real. Más crudo.

—Lo siento. Yoongi, no puedes…

Antes de que terminara la frase, él inclinó el rostro y se acercó demasiado.

Fue un segundo, un momento de duda… justo cuando la puerta de la sala se abrió y Jungkook los vio, hubo un silencio aterrador…

Yoongi se apartó de inmediato, con la culpa en los ojos.

Mara retrocedió, visiblemente incómoda. Jungkook, serio, no dijo una palabra.

Solo apretó la mandíbula y se giró, saliendo de la sala sin mirar atrás.

Horas después, en el estudio de grabación, Jungkook golpeaba el saco de boxeo que habían instalado para liberar tensiones.

Cada puñetazo era una forma de expulsar lo que no podía decir.

El intento de beso, la traición de su hyung…

el miedo, siempre el miedo. Namjoon entró sin pedir permiso, lo observó en silencio durante un minuto.

—¿Te vas a seguir encerrando en tu rabia o vas a hablar con él?

—No hay nada que hablar.

—Yo creo que sí. Sois hermanos. Y los hermanos a veces se equivocan, pero también saben perdonar.

Jungkook se quitó los guantes y lanzó una toalla al suelo.

—¿Quieres que hable con él y que siga fingiendo que no lo vi?

—Quiero que sigas adelante con tu vida, Jungkook. No puedes permitir que esto te destruya, y él tampoco.

Namjoon se acercó, firme.

—Mañana, delante del staff y del grupo, vas a volver a darle la mano. Como líder, te lo exijo.

En otro rincón de la ciudad, Eliana se despedía de Mara entre lágrimas

silenciosas.

—Prométeme que estarás bien, que vas a tener cuidado.

—Lo prometo —dijo Mara, abrazándola fuerte.

—Y prométeme que si alguien te hace daño… lo contarás.

—También lo prometo, tranquila.

Eliana le dejó una nota doblada en la mano.

—No la leas todavía. Guárdala.

Mara la metió en el bolsillo, sin saber que esa hoja contenía nombres. Nombres que podían cambiarlo todo.

Al día siguiente, en un acto privado ante los miembros de BTS, Eclipse y parte del staff de HYBE, Namjoon reunió a Yoongi y Jungkook.

—Quiero que os deis la mano. Ahora.

Jungkook miró a Yoongi con los ojos cargados de resentimiento. Yoongi mantuvo la mirada firme.

—Siento lo que ha pasado —dijo Yoongi, en voz baja—. Ha sido un error por mi parte, no volverá a ocurrir.

Jungkook dudó. Pero entonces pensó en Mara, en todo lo que habían construido. Y dio un paso adelante. Le tendió la mano. Yoongi la aceptó. No era un perdón completo, pero era un comienzo.

Mientras tanto, en los servidores internos de HYBE, un archivo oculto con el nombre “Proyecto Eclipse” fue abierto en remoto desde una IP rastreada hasta la habitación de Seungwoo.

Dentro, había fotos de Mara en sus días como concursante de un programa de canto.

Imágenes manipuladas. Grabaciones privadas.

Y un plan detallado para destruir su carrera.

El círculo empezaba a cerrarse. La lluvia golpeaba con suavidad los ventanales de la casa mientras Mara hojeaba un viejo cuaderno de notas.

Sentada en el estudio de música, envuelta en una sudadera negra de Jungkook, había vuelto a escribir.

No para el público, sino para ella. Para encontrar sentido al caos que vivían.

En la página central, escondida entre letras sueltas, estaba la nota que Eliana le había entregado.

Por fin se atrevió a abrirla y en ella decía: “No confíes en Seungwoo. Él los vigila desde hace meses. Tiene acceso a todo, incluido el sistema de seguridad. Protege a Jungkook y también a ti misma. Y aléjate del espejo del camerino 3. Nunca estuviste sola, hermana”.

El corazón de Mara se aceleró. El espejo del camerino 3… Aquella sensación de ser observada. La extraña humedad en el aire. El temblor inexplicable. No era paranoia, era real.

Horas después, una reunión secreta tuvo lugar en una sala restringida de HYBE. Namjoon, Mara, Jungkook, Rinnie, Chani y un agente de ciberseguridad revisaban las pruebas halladas en el portátil de Seungwoo, confiscado tras su error al acceder al archivo “Proyecto Eclipse”.

—Estas fotos no están publicadas en ningún medio. Solo podrían haber sido tomadas desde dentro de su casa o de los camerinos —dijo el técnico, ampliando una imagen de Mara ensayando a solas.

—Él tenía acceso a las cámaras internas — añadió Chani—. Incluso pudo modificar los horarios de ingreso y salida para Yeji.

—Y con eso manipuló todos los controles de seguridad —concluyó Rinnie, cruzando los brazos.

—Vamos a denunciarlos —sentenció Jungkook. Namjoon asintió.

—Y también vamos a proteger el comeback.

El teaser de “ Mooncrash” salió esa misma noche. Eclipse apareció envuelta en un aura oscura, entre sombras plateadas y símbolos que solo los más atentos lograban descifrar: la silueta de una luna rota, espejos fragmentados, y un reloj detenido a las 11:11.

Twitter, TikTok, Instagram y foros de fans explotaron.

“Es una referencia a los rumores de espionaje en HYBE”

“¿La historia de Eclipse está basada en hechos reales?”

“¡La escena del espejo es demasiado simbólica!”

El videoclip aún no había salido y ya era tendencia mundial.

Días después, Mara y Jungkook posaban para Vogue Korea.

Era su primera sesión oficial como pareja, bajo el título: “Love Unveiled: Cuando el arte y la pasión se encuentran”.

Las fotos los mostraban en blanco y negro, envueltos en telas fluidas, entrelazados sin esfuerzo.

Una imagen los capturaba mirándose de cerca, casi sin tocarse, pero con una intensidad que atravesaba el papel.

Otra los mostraba riendo descalzos sobre una alfombra de pétalos.

Durante la entrevista, la periodista preguntó: —¿Qué significa para vosotros este momento?

Jungkook la miró y, sin pensarlo, respondió: —Significa que no tengo que esconder ante nadie que ella es mi hogar, estos momentos a su lado son bastantes especiales para mí.

Mara bajó la mirada, sonrojada. La periodista sonrió, el amor era imposible de falsear cuando se trataba de ellos dos.

En los ensayos generales para los MAMA Awards, el ambiente estaba cargado.

Chani, más callada que nunca, había recibido una oferta para debutar en solitario.

Rinnie lo sabía. Mara también, pero nadie decía nada.

—¿Tú te quedarías aunque ya no brillaras igual? —le preguntó Chani a Mara durante un descanso.

—Yo nunca quise brillar sola —respondió Mara—. Quiero hacerlo con vosotras. O no hacerlo.

Chani tragó saliva. No respondió, pero se le humedecieron los ojos.

En el día del evento, los focos se encendieron en el escenario del Gocheok Sky Dome.

ECLIPSE fue anunciada como “la revolución femenina del año” y el público enloqueció.

El escenario se oscureció. Aparecieron siluetas entre humo gris y luces

estroboscópicas. La versión oscura de “Eternal” comenzó a sonar, con un ritmo más grave, más crudo. Las chicas

aparecieron en túnicas negras, con maquillaje dramático y un vestuario conceptual. Rinnie bailó como si el mundo se acabara esa misma noche. Chani rapeó con lágrimas en los ojos. Y Mara… Mara cantó como si exorcizara todo lo que había vivido.

“No me verás caer. Aún cuando rompas mi reflejo. El eclipse no teme a la

oscuridad”.

El estadio entero enmudeció. Cuando terminó la perfomance, hubo un instante de silencio reverente.

Y luego… aplausos ensordecedores, gritos, llantos, fans abrazándose.

El nombre “ECLIPSE” estaba grabado ya en la historia del K-Pop.

Esa noche, Mara se desplomó brevemente en el backstage.

El estrés, la tensión emocional y la presión acumulada le pasaron factura.

Fue Jungkook quien la sostuvo en brazos, sin soltarla ni un segundo.

—Respira, amor. Estoy contigo. Estoy aquí.

Ella lo miró con lágrimas en los ojos. —No puedo más… estoy al límite, amor.

—Entonces paremos todo. Lo dejamos. Nos vamos. A donde quieras.

—No… No quiero dejarlo. Solo necesito recordar por qué empecé.

Él le acarició la mejilla con ternura.

—Empezaste por amor a la música… y la sigues por amor a ti. No dejes que te la roben.

Esa misma semana, Mara fue anunciada nuevamente como ganadora del premio a “Mejor artista femenina del año”. Subió al escenario sola, con un vestido blanco vaporoso, etérea, poderosa y frágil al mismo tiempo. Tomó el micrófono y dijo: — Gracias por escuchar no solo mis

canciones, sino mi historia. Por entender que a veces el eclipse también brilla bajo la luz de la luna.

Jungkook, entre el público, aplaudía con los ojos llenos de amor. A su lado, Taehyung le murmuró: —Es la mujer más valiente que he conocido.

Y Yoongi, con el rostro serio, simplemente bajó la mirada.

Tras el evento, Mara y Jungkook regresaron a casa tarde. Se quitaron los zapatos, se dejaron caer en el sofá y permanecieron en silencio durante unos minutos… hasta que ella dijo: —¿Te acuerdas de lo que dijiste en Vogue Korea?

—¿Lo de que eres mi hogar?

—Sí.

—Claro, ¿por qué?

Ella sacó una pequeña cajita de

terciopelo. Dentro, había un anillo de plata con la palabra “Eternity” grabada en su interior.

—No es una propuesta de matrimonio. Es solo… un símbolo. Para ti. Para nosotros. Jungkook sonrió, bastante emocionado. —Ahora sí que ya no me voy a despegar nunca de ti.

Se lo puso de inmediato. Y luego la besó, lentamente. Como si el tiempo no

existiera.

En el cielo de Seúl, esa noche, la luna apareció entre nubes. Y por primera vez en semanas, todo estuvo en calma.

Pero lejos de allí, en una sala oscura, alguien observaba los vídeos del evento. En la pantalla, Mara brillaba. El cursor se detuvo sobre su rostro congelado.

—Disfruta mientras puedas —susurró una voz —. Pronto, ni la luz ni el amor te salvarán.

La siguiente fase ya había comenzado.