CAPÍTULO 23
La ciudad de Seúl vibraba bajo el peso de las noticias.
Los rumores sobre un traidor dentro de HYBE comenzaban a extenderse como fuego en pólvora seca, pero en la casa de Jungkook y Mara, el tiempo parecía congelado.
En la intimidad de su hogar, todo seguía como si el mundo fuera otro: lejos, ajeno, incapaz de tocarles. O eso pensaban.
Era sábado por la tarde y Mara acababa de llegar de ensayar con Eclipse. Al entrar, lo primero que encontró fue a Jungkook en el suelo del salón, sentado sobre la alfombra con un portátil en el regazo y una libreta abierta. En el aire flotaba el suave aroma de café y vainilla.
—¿Estás componiendo? —preguntó ella, soltando su bolso de Valentino y dejándose caer a su lado.
—Sí y no, en realidad… estoy escribiendo algo para ti —dijo con una sonrisa ladeada.
Mara arqueó una ceja, curiosa.
—¿Una canción?
—Algo más parecido a un diario… No sé, estoy haciendo un recopilatorio de nuestros momentos desde que nos conocimos en Barcelona. Creo que algún día podría regalártelo.
Mara se quedó en silencio. El gesto la había desarmado. Lo miró fijamente, con los ojos brillantes.
—No sabes lo mucho que te amo, Jungkook. Él dejó el portátil y la libreta a un lado, y la atrajo hacia él con suavidad. —Lo sé… y yo a ti.
Se besaron despacio, con calma, como si ese gesto pudiera protegerlos de todo lo que venía.
Dos días después, Jungkook sorprendió a Mara con un viaje express a la isla de Jeju. Al llegar, alquilaron una pequeña cabaña de madera con vistas al mar, donde el sonido de las olas se colaba por las ventanas abiertas y todo parecía detenido en el tiempo.
Aquella noche, tras una cena ligera de marisco fresco y risas, abrieron una botella de soju sentados en el porche, bajo el cielo estrellado. Mara llevaba una camiseta de él y el cabello suelto. Jungkook la miraba con deseo contenido.
—¿Sabes qué es lo mejor de estar contigo? —susurró él.
—No, ¿qué es?
—Que incluso en el silencio, me siento completo.
Mara lo besó, lenta y profundamente. Las manos de Jungkook viajaron por su espalda, atrayéndola contra él.
La botella quedó olvidada a un lado mientras se dejaban llevar por el deseo.
La cabaña se llenó de susurros, caricias y promesas entre jadeos.
Aquella noche hicieron el amor con una intensidad que solo se alcanza cuando el amor y la pasión se entrelazan.
Esa misma semana, Namjoon y Taehyung interceptaron un documento interno de HYBE filtrado de una cuenta anónima. Tras investigar las direcciones IP,
descubrieron algo perturbador: el rastro llevaba directamente al portátil personal de Seungwoo, uno de los managers más antiguos de la agencia.
El mismo que solía acompañar a Mara y Eclipse a eventos públicos.
La revelación fue demoledora, todo empezaba a encajar: los horarios filtrados, la entrada no autorizada de Yeji a los ensayos, la misteriosa caja con la foto tachada del pasado de Mara…
—¿Y qué hacemos ahora? —preguntó Namjoon, con la mandíbula tensa.
—Tenemos que actuar con cuidado. Si lo enfrentamos sin pruebas legales, podría desaparecer y arrastrar a Yeji con él — respondió Taehyung.
Así que decidieron reunir pruebas suficientes para entregarlas directamente a los superiores de HYBE. Lo que no sabían era que Seungwoo lo sospechaba y estaba dispuesto a todo por ocultar su traición.
Una noche después de regresar de Jeju, Eclipse tuvo una pequeña presentación acústica en un evento benéfico organizado por UNICEF. Tras su actuación, Jungkook fue invitado a subir al escenario junto a Mara. Las luces se atenuaron, y el público guardó un respetuoso silencio.
Jungkook y Mara cantaron un dúo íntimo que hablaba de confianza, heridas y renacer. Mientras lo hacían, se miraban como si el mundo no existiera. Cuando terminaron, Jungkook le susurró al oído: —Cada vez que canto contigo… sé que nací para esto. Pero sobre todo, para amarte.
Los días pasaban y la tensión entre Yoongi y Jungkook era evidente. Desde el intento fallido de beso, Yoongi había mantenido una distancia prudente con Mara, pero había momentos donde el lenguaje corporal decía más que las palabras.
Durante un ensayo para una colaboración especial entre BTS y ECLIPSE, Yoongi se quedó a solas con Mara en el pasillo. Ella estaba bebiendo agua cuando él se acercó.
—¿Estás bien? —preguntó él, con voz baja. —Sí. ¿Y tú?
—No, pero no es por ti. Es por lo que siento desde hace tiempo —admitió él, con una sinceridad que le dolió en el pecho.
Mara no supo qué responder. La incomodidad creció cuando Jungkook apareció justo en ese momento y los vio demasiado cerca.
Sus ojos se oscurecieron, el ambiente estaba caldeado durante los ensayos.
BTS y ECLIPSE trabajaban juntos en una nueva versión de “Mic Drop 2.0”.
Las miradas cruzadas eran intensas: Rinnie y Namjoon parecían buscarse constantemente; Chani apenas podía disimular su atracción por Yoongi, que por primera vez parecía no corresponderla, estando más centrado en evitar mirar a Mara.
Jungkook, en cambio, no ocultaba su necesidad de marcar territorio. En una de las pausas, la tomó de la cintura delante de todos y le dio un beso rápido pero firme. Mara sonrió, pero percibía la tensión.
Namjoon, que observaba todo en silencio, frunció el ceño. Estaba decidido a cortar de raíz el problema. Y en medio de toda esta tormenta emocional, HYBE y YG Entertainment soltaron la bomba: ECLIPSE y BLACKPINK lanzarían una colaboración global.
La noticia paralizó las redes y provocó un colapso temporal en Weverse. Rosé fue la primera en reaccionar públicamente: “Mara tiene un talento brutal y una voz única. ¡Va a ser un honor compartir escenario contigo, yeodongsaeng!”.
Las cámaras captaron a Mara y Rosé saliendo de un café en Seongsu con sonrisas cómplices, sellando una amistad que prometía dar mucho que hablar.
Aquella noche, tras la explosión de la noticia con BLACKPINK, Mara llegó a casa agotada.
Al cambiarse, notó algo bajo su almohada.
Era una hoja doblada en cuatro y decía: “Te vi con Yoongi. No estoy enfadado, estoy herido. No porque desconfíe de ti, sino porque siento que no fui suficiente para evitar ese instante. Pero aún así… sigo eligiéndote. Cada hora. Cada minuto. Cada segundo. Cada parte de ti. —Jungkook”.
Mara lloró en silencio, abrazando la carta contra el pecho. Luego, lo buscó. Lo encontró en el estudio y se le lanzó encima, besándolo con desesperación.
—No hay nadie más en mi corazón, solo tú. Siempre has sido y serás tú —susurró ella.
La carta de Jungkook había calado en el corazón de Mara más que cualquier discusión, más que cualquier beso robado o mirada tensa. La noche siguiente, los dos durmieron abrazados, con las manos entrelazadas y las respiraciones
acompasadas, como si aquello bastara para ahuyentar el miedo. Pero el miedo no se iba, solo aprendía a esconderse.
Barcelona — 3:50 a.m.
Una figura delgada se colaba por la parte trasera de “Flor de Luna”, la libreríacafetería que Eliana había cerrado antes de su desaparición.
Desactivó la alarma con un código que solo tres personas conocían.
El polvo cubría los muebles, pero en el ambiente flotaba una extraña energía, como si alguien hubiera estado entrando regularmente.
Eliana encendió la lámpara del mostrador.
Su rostro, cansado y demacrado, mostraba ojeras pronunciadas y una tensión clavada en la mandíbula.
Fue directamente al sótano. Allí, dentro de una caja metálica camuflada, encontró un teléfono móvil.
Lo encendió, esperando ver las imágenes que había sospechado durante semanas. Al desbloquearlo, un vídeo empezó a
reproducirse automáticamente: “Mara y Jungkook en su dormitorio. Mara
duchándose. Jungkook durmiendo. Fecha de hace tres días”.
Eliana palideció. No se escuchó ni una palabra, pero lo entendió todo. Habían estado dentro de su casa.
Tras los ensayos de “ Mic Drop 2.0”, Namjoon se quedó a solas con Yoongi en la sala de descanso. Cerró la puerta sin decir una palabra y se cruzó de brazos.
—¿Quieres explicarme qué está pasando entre tú y Jungkook?
Yoongi bajó la mirada. Su silencio era tan elocuente como un grito.
—Lo sé —dijo Namjoon—. Sé todo lo que pasa entre vosotros. Y no voy a permitir que esto destruya BTS.
Minutos después, arrastró a ambos —Yoongi y Jungkook— hasta una sala vacía. Después, cerró con llave.
—No vais a salir de aquí hasta que os deis la mano y resolváis esto como los adultos que sois.
—Hyung… —protestó Jungkook.
—Ni una palabra más. Estoy harto de ver cómo os evitáis. Esto es BTS, no un triángulo amoroso y de tensión
adolescente. Perdonad, cerrad esto y seguid adelante.
La tensión fue espesa como el humo. Finalmente, Yoongi le tendió la mano. Jungkook dudó… y luego la aceptó. El apretón duró más de lo necesario. No resolvía todo, pero era un comienzo.
Días después, el ensayo conjunto entre BTS y ECLIPSE en los estudios privados de HYBE adquirió un tono legendario.
La energía era eléctrica. Los cruces de miradas eran imposibles de ignorar: Chani soltaba pequeñas sonrisas hacia Yoongi, que ahora parecía más receptivo, como si intentara redirigir su energía hacia otra persona.
Rinnie y Namjoon trabajaban en la coreografía como si fueran una unidad perfecta, con una química tan intensa que provocaba suspiros entre los estilistas.
Jungkook y Mara simplemente brillaban… literalmente.
En cada paso sincronizado, cada mirada directa, cada roce accidental parecía coreografiado por el destino.
Pero no todo era armonía… En un descanso, Rinnie se acercó a Mara y soltó en voz baja: —¿Has notado que una de las nuevas trainees no encaja?
, tiene demasiada curiosidad por nuestros horarios.
—¿Lo dices por Seungwoo? —preguntó Mara. —No. Hablo de la chica que siempre está con él, la que se hace llamar Suna.
El mismo día del ensayo, ya por la noche, Jungkook notó algo extraño al pasar el aspirador por debajo del sofá del salón. Una vibración. Revisó con la linterna del móvil y encontró un teléfono antiguo, sin carcasa. Y lo encendió. No tenía
contraseña, solo una galería con más de doscientas fotos: la mayoría eran del interior de su casa.
Desde diferentes ángulos, con zooms extraños, tomadas claramente por alguien que había estado allí: Mara, lavándose los dientes. Jungkook, dormido en el estudio. Ambos, abrazados en el jardín.
—¿Cómo…? —susurró Mara, pálida.
Jungkook apretó la mandíbula.
—Esto no lo pudo hacer Yeji sola. Seungwoo estuvo aquí, o tal vez alguien más.
La tensión se volvió insoportable. Mientras Mara y Jungkook lidiaban con el móvil espía, Rinnie recibía en su camerino un sobre sin remitente. Dentro, solo una nota escrita a mano: “Recuerdo quién eras antes de Eclipse. ¿Y si el mundo también lo supiera?”.
Rinnie rompió la hoja con los dedos temblorosos. No podía permitirse una debilidad ahora, no con el comeback tan cerca, no cuando por fin sentía algo real con Namjoon. Pero por dentro, se quebró.
Esa misma semana, Eclipse lanzó por sorpresa un remix especial de “Eternal”.
Era una versión más lenta, melancólica, con una instrumentación oscura y letras modificadas que hablaban de muerte, renacimiento y traición.
El videoclip era una metáfora visual: Mara caminaba entre espejos rotos, Rinnie desaparecía en un bosque de humo y Chani se sumergía en un lago negro.
En los últimos segundos, tres sombras masculinas las observaban desde lejos. Las redes estallaron y el fandom enloqueció. Y la teoría más viral fue clara: los hombres eran BTS… y uno de ellos, había traicionado.
Horas después del estreno de “ Eternal (Dark Remix)”, Jungkook hizo un live sorpresa en Weverse. Mara apareció a mitad de la transmisión, en pijama y con el pelo húmedo.
—¿Podemos hacer un karaoke improvisado? — preguntó ella, riendo.
Cantaron juntos, rieron, jugaron… y al final, cuando creían que nadie lo notaba, Jungkook soltó: —A veces tengo pesadillas con perderte. Pero entonces despierto… y estás aquí.
Mara, visiblemente emocionada, solo respondió: —No te vayas nunca, porque yo no lo haré.
Días después, Mara subió una historia en Instagram. Mostraba su antebrazo, aún enrojecido por el nuevo tatuaje: un eclipse en tonos morados, con destellos plateados y una frase abajo en inglés: “Por todas las veces que renacemos de las sombras”.
Los fans lo relacionaron con Eclipse, con “Eternal”, con su historia de amor con Jungkook… Y también con algo más profundo. El símbolo de que aún en medio del miedo, el arte era resistencia.