CAPÍTULO 22
Mara se giró entre las sábanas, enredada en el edredón de lino claro, aún
somnolienta. Jungkook, de espaldas, respiraba profundo, con su cuerpo cálido rozando el de ella.
—Jungkook… —murmuró con voz ronca—. ¿De verdad es tan sorpresa si me haces madrugar?
Él sonrió apenas, sin abrir los ojos. —Sí, si confías en mí.
La llevó de la mano hasta el aeropuerto privado, con una mochila y una sonrisa.
Nadie los siguió. Nadie los vio. El destino era Jeju.
La isla donde el mundo parecía detenerse.
El paisaje desde el avión privado era un tapiz de tonos azules y verdes.
Jeju se desplegaba como un sueño: mar, acantilados y paz.
Al llegar, una camioneta negra los condujo hasta una villa aislada, frente al mar, con muros de piedra volcánica y ventanales infinitos.
—Es tu recompensa por sobrevivir a octubre —dijo Jungkook, mientras le ofrecía una flor silvestre que recogió del sendero.
—¿Y tú?, ¿no necesitas un buen descanso? —Por supuesto, aunque solo si es contigo.
Durante el día caminaron entre campos de mandarinas, se perdieron en un bosque de bambú y terminaron compartiendo un almuerzo casero en una terraza mirando el océano.
Pero fue por la noche que la calma se volvió fuego. Jungkook destapó una botella de soju de ciruela y la sirvió en pequeños vasos de vidrio. Estaban descalzos, sentados sobre una alfombra frente a una chimenea encendida.
—¡Por todo lo que somos! —brindó Mara. —¡Y por todo lo que nadie ve! —agregó él.
La bebida los fue aflojando. Las risas fueron bajando de tono.
Los susurros se volvieron caricias. Y cuando la lluvia comenzó a golpear el techo con suavidad, Jungkook la tomó en brazos y la llevó a la cama.
La besó despacio, como si el mundo dependiera de su boca.
Sus cuerpos se buscaron con hambre y ternura, haciendo el amor bajo el sonido de la lluvia y el crepitar del fuego.
—No me acostumbro a tenerte tan cerca — dijo ella, jadeando, con la cabeza sobre su pecho.
—Yo nunca quise acostumbrarme. Pero siempre quiero volver a sorprenderme contigo.
Días después, ya en Seúl, Mara editaba un vlog privado para su canal secreto, donde hablaba sin filtros de sus emociones. El título del vídeo decía: “El amor no es perfecto, pero a veces lo parece”.
—Amo cantar, estar con mis chicas en el escenario, amo componer, crear. Pero… hay algo en cómo Jungkook me mira que me hace sentir que estoy a salvo —dijo, mirando a la cámara—. Y eso, en este mundo, vale más que un Daesang.
Cortó la grabación. Respiró hondo. No sabía si alguna vez se atrevería a subirlo.
Mientras tanto, en HYBE, Rinnie revisaba registros de seguridad tras una
notificación extraña sobre acceso a una sala restringida. Algo no cuadraba. En uno de los monitores, vio una figura con gorra blanca salir de uno de los estudios a las 3 a.m.
—¿Yeji? —susurró, recordando su rostro.
Ella no había vuelto a aparecer
oficialmente, pero cada vez eran más las señales de que alguien dentro seguía filtrando información y espiando a Eclipse.
Y en una carpeta olvidada en el sistema con el nombre “Project_Luna_26” incluía fotos del pasado de Mara: una de sus audiciones rechazadas en un programa de canto donde el jurado la había desestimado con palabras crueles.
Rinnie se quedó helada.
—Ella quiere destruirla desde lo que fue, no desde lo que es ahora.
Y entonces llegó la sorpresa más
desconcertante: en el pasillo se cruzó con Namjoon, que venía de una reunión sobre música para la gala de fin de año. Se detuvieron unos segundos más de lo habitual.
—¿Estás bien, Rinnie? —preguntó él, notando su expresión.
Ella asintió, algo incómoda.
—Lo estaré cuando entienda qué está pasando.
Namjoon no dejó de mirarla incluso después de que ella se marchara.
En paralelo, Mara recibió un mensaje cifrado en su correo secundario: “Estoy en Seúl. Tranquila, no estoy sola. Nunca lo estuve. —E.”.
Eliana, su antigua amiga de Barcelona, que nunca había pisado Corea, ahora estaba ahí…
y había dejado una carta manuscrita en la entrada trasera del estudio donde Eclipse ensayaba: “No confíes en las paredes que te protegen. A veces son espejos. Estuve lejos, pero algo me trajo hasta aquí. Hay alguien más, y quiere verte caer. E.”.
Mara la leyó con las manos temblando. Nadie sabía aún que Eliana estaba en Seúl. Nadie… excepto quien la ayudó a entrar.
El 26 de noviembre , la espera terminó. Eclipse y BTS compartieron escenario en los Melon Music Awards, en un número histórico donde interpretaron un remix exclusivo de “Mooncrash” y “Black Swan”. El escenario simulaba un eclipse total con alas negras emergiendo del suelo.
Mara, con su traje negro y plateado, cantó entre lágrimas una estrofa inédita: “No soy sombra, soy lo que sobrevive a la luz… Aunque me rompan, vuelvo a danzar”.
Taehyung, detrás, parecía contener la emoción. Yoongi no despegaba los ojos de ella. Y Jungkook, al otro lado del escenario, no podía ocultar su orgullo y tampoco sus celos. La energía en el recinto era indescriptible. Tras
bambalinas, todos se abrazaban. Rinnie y Chani celebraban.
Pero Yoongi se acercó a Mara, la tomó del brazo discretamente y le susurró: —Tienes más que voz, Mara.
Tienes verdad, no dejes que nadie te la borre.
Y antes de que ella pudiera responder, él se inclinó un poco más de la cuenta, casi rozando sus labios.
—Yoongi… —dijo ella, apartándose levemente —. No lo hagas, por favor.
Y fue en ese instante cuando Jungkook apareció, justo a metros de ellos, con una mirada que lo decía todo. La tensión se cortó en el aire, la noche no terminaría tranquila.
La brisa otoñal entraba por la ventana del hotel, mezclando el olor del mar con el perfume floral de Mara. Jungkook la observaba mientras ella se ponía una de sus camisas, suelta, sin botones. Tenía el cabello aún húmedo por la ducha, y los ojos morados brillaban en la semipenumbra.
—¿Soju? —preguntó ella, alzando la botella con una sonrisa traviesa.
—¿Tú me vas a tentar? —respondió él, con voz grave y cálida.
Mara se sentó sobre sus piernas, con la botella entre los dedos y la sonrisa torcida. Él le apartó un mechón del rostro, acariciándole la mejilla.
—¿Sabes por qué quiero grabarte una canción?
—¿Por qué?
—Porque cuando te miro, escucho melodías nuevas. No sé si eres mi musa, mi hogar, o las dos cosas.
Mara lo besó con lentitud. Esa noche, entre risas apagadas y copas medio vacías, se amaron sin prisa. Como si el tiempo no les perteneciera.
Días después, en Seúl, todo era ruido y luces. La gala de los Melon Music Awards 2022 ardía con energía. El fandom rugía como un océano hambriento. Eclipse lo había vuelto a hacer: su perfomance de “Mooncrash (Dark Version)” había hecho historia en la industria del K-Pop.
Mara cantó con lágrimas resbalando por sus mejillas. Rinnie le sostuvo la mano en los últimos segundos. Chani, poderosa, cerró con su verso final mientras las luces caían como meteoritos.
Justo detrás del escenario, BTS se preparaba para salir. Jungkook tenía los ojos húmedos, no apartaba la vista del monitor que repetía la actuación de Mara. A su lado, Yoongi se mantenía en silencio.
Cuando el grupo subió a escena, y la colaboración final entre ECLIPSE x BTS arrancó, la coreografía compartida entre Mara y Jungkook arrancó gritos de todas las edades.
Había fuego en cada mirada, en cada paso.
Y al final, cuando Jungkook susurró un “사랑해 directo al micrófono mientras miraba a Mara, el estadio se congeló.
De inmediato había fancams, vídeos… TikTok e Instagram ardían.
Horas más tarde, en la fiesta privada post-premios, la atmósfera era distinta… era íntima pero también cargada.
Mara salió al jardín, sola. Se sentía extraña, como si la estuvieran mirando todo el tiempo. Como si su propia sombra fuera ajena.
—¿Qué haces aquí sola?, ¿estás bien? — preguntó una voz tras ella.
Era Yoongi. Con un vaso en la mano, y con los ojos más tristes que nunca.
—Sí, solo… estoy abrumada —respondió ella. —Te entiendo. Yo también me he sentido así últimamente.
Hubo un silencio incómodo. Luego él se acercó, lentamente. Le tocó el brazo.
—Mara… no solo eres “la chica de
Jungkook”, ni la visual. Eres tú, y tú me inspiras aunque no debería.
Ella levantó la mirada, confundida, pero antes de que pudiera responder, Yoongi se inclinó. Fue un intento de beso, rápido y torpe. Ella dio un paso atrás, pero no lo bastante deprisa.
—¿Qué coño estás haciendo? —la voz de Jungkook estalló desde la entrada.
Yoongi se giró. Jungkook ya venía hacia él, con la mandíbula apretada y las manos temblando.
—No es lo que parece —murmuró Mara.
—¿¡No es lo que parece!? —rugió Jungkook, mirando a Yoongi—. ¡¿Así es como cuidas a tu hermano menor, hyung!?
Yoongi no respondió, solo bajó la mirada.
Mara intentó calmar a Jungkook, pero él no podía apartar la imagen de sus cabezas tan cerca.
Le dolía, más de lo que admitía. —¿Sabes qué?
—Jungkook respiró hondo, miró a Yoongi a los ojos—.
¿Recuerdas lo que me dijiste hace meses?
, que ella brillaba demasiado para mí… Pues sí, brilla tanto que te cegó a ti también.
El silencio se volvió más cortante que cualquier palabra.
La mañana siguiente fue gris. Jungkook no durmió en casa. Mara se quedó mirando el tatuaje en su piel “정국 . Y pensó, por primera vez en mucho tiempo, si su amor podía sobrevivir a tanta luz y a tantas sombras.