CAPÍTULO 21
La casa de Jungkook, bañada por la cálida luz otoñal, parecía suspendida en el tiempo.
El silencio de la mañana estaba acompañado por un leve olor a canela: Jungkook horneaba algo en la cocina, una costumbre que Mara adoraba.
Desde la sala, ella lo observaba, envuelta en una manta, con los ojos todavía pesados de sueño pero con una sonrisa dibujada.
—¿Qué haces? —preguntó con voz ronca.
—Un pastel de arroz para celebrar — respondió él, sin mirarla—. Hoy hace un año que te vi por primera vez. De aquel choque en Barcelona… aún me acuerdo de tu cara de susto.
Mara rió bajito, acercándose a abrazarlo por la espalda.
—¿Sabes que lo soñé esta madrugada?, me vi ahí, con mi chocolate caliente, mis audífonos… y tú con tu gorro negro y esa mirada perdida. No sabías que ibas a encontrarme, ¿verdad?
Jungkook se giró para mirarla.
—No, pero ahora no sabría cómo vivir sin ti.
La frase se quedó suspendida. No hacía falta más. Un año… casi sin querer, habían construido un mundo.
Más tarde, en el pequeño estudio que compartían, grabaron una canción que Mara había escrito semanas atrás. Se titulaba “너의그림자 속에서(En tu sombra)”. Solo sus voces, un piano y una atmósfera cargada de amor contenido.
—No estás en mi sombra, Mara. Tú eres la luz —dijo Jungkook, después de grabar.
Ella le respondió con una mirada intensa. Él tomó una fotografía de ese instante: Mara frente al micro, con los ojos morados brillando. Quería recordarlo siempre.
Pasaron el resto del día de forma doméstica: lavaron ropa, organizaron la biblioteca (donde Mara escondió una carta manuscrita que él aún no encontraba), se ducharon juntos bajo el agua caliente, y terminaron en el sofá viendo un viejo anime japonés que Mara adoraba.
Afuera, empezaban a caer hojas. Adentro, se sentían seguros. Pero no por mucho tiempo.
La mañana siguiente, una carta en hangul sin remitente apareció en el buzón. Estaba escrita con tinta negra y contenía símbolos extraños: lunas cruzadas, ojos abiertos, una silueta de cabello largo tachada. La letra era irregular, como escrita con rabia.
Jungkook la leyó en voz baja: “Si crees que la luna te protege, te equivocas. Tu eclipse traerá oscuridad”.
Ambos se miraron. El tono era amenazante. Esta vez, Mara no quiso quedarse callada.
—No te dije nada, pero… hay alguien que nos está observando desde hace mucho. Estoy segura que quiere hacerme daño.
Jungkook tomó la carta y la guardó.
—La seguridad se va a reforzar. No voy a permitir que esto vuelva a romperte, ¿de acuerdo?
Mara asintió, aunque por dentro sentía una presión que no podía ignorar. No solo por ella, sino también por su grupo.
Rinnie, en uno de sus descansos, le mostró algo inquietante.
En una cuenta sasaeng de Twitter, circulaban imágenes del pasado de Mara.
Pero estaban alteradas: la hacían aparecer como una diva caprichosa que había “traicionado” a otras trainees.
Incluso mencionaban que había sido rechazada de un programa de canto por no tener talento suficiente.
—Esto es falso —murmuró Mara, conteniendo el temblor de sus dedos.
—Lo sé —respondió Rinnie—. Pero cada vez están más cerca de tu historia real. Sospecho que es Yeji. Desde que se infiltró en varios ensayos, la hemos estado vigilando… pero es escurridiza.
Chani, sentada en la esquina del estudio, asintió.
—Esa chica sabe más de ti de lo que debería, y lo peor es que no trabaja sola.
Mientras tanto, en Barcelona, Eliana recibió un mensaje privado desde una cuenta cerrada. Con solo una frase: “Volviste de Lisboa, pero no cerraste la puerta. Flor de Luna no es tuya”.
Eliana sintió un escalofrío. Miró hacia la ventana del café. Y por primera vez en mucho tiempo, no se sintió a salvo en su propia ciudad.
Esa misma semana, HYBE lanzó el anuncio oficial: ECLIPSE x BTS se unían para una colaboración explosiva.
La canción que habían grabado Mara y Jungkook sería el centro del proyecto.
El teaser fue lanzado a medianoche: sombras entrelazadas, lunas rotas, y una silueta femenina emergiendo desde el eclipse.
ARMY y UMbrA colapsaron Twitter, TikTok y Weverse con teorías, edits y lágrimas.
Era oficial: su amor y su arte ahora era uno.
En paralelo, Harper’s Bazaar Korea reveló su nueva portada: las tres integrantes de Eclipse posando bajo una luna metálica.
Mara al frente, con una capa translúcida y mirada desafiante.
Rinnie con un vestido futurista, y Chani con una katana estilizada sobre el hombro.
Con el titular diciendo: “Donde termina la sombra, empieza el poder”.
El clímax llegó en París. Jungkook y Mara fueron invitados como pareja oficial a la gala benéfica de UNICEF.
Caminaron por la alfombra azul tomados de la mano, con sonrisas tímidas pero cómplices.
Durante su discurso, Mara habló con voz firme: —A veces, el eclipse también brilla bajo la luz de la luna.
Gracias por dejarme encontrar esa luz en ustedes, y en ti — miró a Jungkook.
Las cámaras captaron ese momento: él bajando la mirada, emocionado, con el anillo de plata que Mara le había regalado brillando bajo las luces.
La noche tras la gala en París, Jungkook se despertó sudando. Otra vez había tenido ese sueño: Mara rodeada de luces, cámaras… y luego, un vacío. Él corría hacia ella, pero siempre llegaba tarde. Siempre demasiado tarde.
Mara lo abrazó, aún medio dormida, sin hacer preguntas. Jungkook acarició su espalda y pensó: “No puedo perderla. Ni siquiera al dormir”.
Días después, en el estudio de práctica, mientras Rinnie y Chani ajustaban una coreografía, Mara se quedó quieta.
—¿Todo bien? —preguntó Rinnie.
—Sí, es solo que… últimamente siento que tengo demasiado protagonismo. Me ven más por estar con Jungkook que por lo que hago. Y no quiero eclipsarlas.
Chani frunció el ceño.
—Eso no depende de ti. Pero si sientes que necesitas bajar un poco el ritmo, podemos hablarlo con HYBE.
—¿Vas a renunciar a brillar solo para hacernos espacio? —preguntó Rinnie con dulzura—. Porque si es así, olvídalo. Te necesitamos así como eres.
Las puertas del ensayo se cerraron con llave.
No había nadie más que los siete chicos de BTS, las tres chicas de Eclipse y un par de coreógrafos.
“MIC DROP 2.0” sería una bomba visual y llena de energía, con nuevos versos y una coreografía fusionada.
Mientras practicaban… Chani no podía dejar de mirar a Yoongi, quien esta vez sí le devolvía las miradas, con una sonrisa contenida.
Rinnie practicaba a la par de Namjoon, y aunque discutían por el ritmo, el roce de hombros constante hablaba más que sus palabras.
Taehyung y Mara tenían una sincronía natural, casi fraternal, y hasta se reían cuando se equivocaban al mismo tiempo.
Jungkook los observaba desde el fondo. No dijo nada, pero sus nudillos estaban blancos de tanto apretar.
Yoongi también los miraba, en silencio. A modo de “escape”, Mara y Jungkook grabaron un TikTok nocturno en el jardín, bailando una parte oscura y lenta de “Mooncrash (Dark Ver.)”.
Una estética en blanco y negro, miradas intensas, pasos casi teatrales.
Se hizo viral en minutos. Parecían personajes salidos de un anime oscuro.
El hashtag “#MooncrashCouple” fue tendencia mundial.
Durante un live improvisado, Mara y Jungkook jugaron al karaoke con canciones antiguas de BTS, lo que generó una avalancha de nostalgia y risas.
En un momento, Mara se giró para recoger su taza y se le levantó un poco el cuello del suéter, revelando algo inesperado: una pequeña luna púrpura en la nuca. Los fans enloquecieron.
—¿Qué es eso? —preguntó Jungkook con teatral sorpresa—. ¿¡Tienes un tatuaje secreto!?
Mara se rió.
—Sí, desde hace tiempo.
Los comentarios explotaron. Lo que nadie sabía era que Jungkook ya lo sabía desde el primer momento en que se tatuó en la nuca.
Incluso él le había ayudado a elegir el diseño y el color.
Mara y Taehyung viajaron juntos a Marruecos para una campaña de UNICEF.
Visitaron escuelas, centros de ayuda y grabaron un spot emotivo con niños locales.
La química entre ambos fue cálida, genuina y muy visible.
Entonces el fandom de ambos grupos estalló con teorías: “TaeMara es la pareja que no sabíamos que necesitábamos”, “¡Ojalá se casen”.
Jungkook no comentó nada en redes durante dos días. Yoongi tampoco. Y Rinnie se burló en el estudio: —¿Todo bien con los celosos oficiales de HYBE?
De vuelta en Corea, Rinnie se cruzó en los pasillos con uno de los mánagers
responsables de vigilancia de trainees.
—¿Sigues permitiendo que Yeji entre al edificio? —le espetó—. Lo sé. Tú la estás cubriendo.
Él la miró con tensión.
—No puedes probar nada.
—No necesito pruebas para proteger a mis hermanas —respondió ella, con firmeza—. Pero si vuelvo a verla cerca de Mara, esto se va a HYBE Legal.
En una reunión privada, Chani miró a Rinnie y Mara con ojos enrojecidos.
—Estoy agotada. No por ustedes, ni por Eclipse… sino por todo esto: cámaras, presión, las sasaengs, fingir sonrisas. Estoy pensando en hacer pausa de un comeback.
—Entonces hazlo —le dijo Yoongi, que había entrado sin que nadie lo notara—. Nadie va a juzgarte. Ellas te estarán esperando.
La sala quedó en silencio. Rinnie abrazó a Chani. Mara no dijo nada, pero entendió lo que se venía: no todo en esta vida se puede sostener con talento y amor. También hace falta descanso.
Esa noche, mientras se desmaquillaba frente al espejo, Mara murmuró: —Tengo miedo de perderlo todo. A ustedes… a Jungkook… hasta a mí misma.
Jungkook, detrás, la abrazó en silencio.
—Entonces construyámoslo todo de nuevo, las veces que haga falta.
Y después de aquel abrazo, Jungkook, al fin se animó a besarla. Fue un beso lento, especial, íntimo, mezclado por el miedo y la pasión de ambos.