CAPÍTULO 20
La brisa de octubre arrastraba hojas secas por el jardín de la gran casa donde vivían Mara y Jungkook. El aire olía a tierra húmeda, a transición. El cielo comenzaba a volverse más pálido al anochecer, y aunque aún quedaban rastros del verano, el otoño ya se insinuaba en el ambiente.
Dentro de la casa, en la cocina iluminada por una tenue luz cálida, Mara terminaba de colocar la mesa para una cena especial: una video-llamada con ambas familias.
Sonrió al ver su reflejo en la ventana, estaba vestida con una blusa blanca de lino y una falda larga de algodón gris perla. Se sentía natural, serena, feliz. Jungkook apareció detrás de ella, apoyando su mentón en su hombro.
—¿Lista para una noche de diplomacia internacional? —bromeó, dejando caer un beso en su mejilla.
Mara rió.
—Es solo una cena virtual. No estamos firmando un tratado.
—Conociendo a tu abuela y a mi madre… sí los firmamos.
Ambos rieron y se dirigieron a la sala. La video-llamada comenzó con saludos eufóricos. La familia de Mara, conectada desde Barcelona (su madre desde Valencia), sonreía con emoción, mientras la familia de Jungkook, conectada desde Busan, observaba a Mara con una calidez
creciente. La conversación fluyó con naturalidad: anécdotas, recuerdos, bromas, momentos de silencio emotivo…
Incluso hubo una breve intervención de Eliana, que se conectó por sorpresa desde la cafetería Flor de Luna en Barcelona, saludando y lanzando una indirecta cariñosa: —Cuidad de mi niña hermosa… que ella vale por el mundo entero.
Cuando la video-llamada terminó, Jungkook apagó la pantalla con un suspiro y después abrazó a Mara por la cintura.
—Fue bonito y real. Siento que todo está encajando.
—Yo también. Aunque aún me parece increíble que estemos aquí… tú y yo.
Jungkook tomó su mano.
—Vamos a dar un paseo.
La noche en Seúl era tranquila. Calles apenas transitadas, y el sonido constante y relajante del río Han de fondo. Ambos iban encapuchados, caminando en silencio. Mara llevaba una bufanda gris oscuro que él le había prestado y sostenía en su mano un pequeño estuche de terciopelo.
Se detuvieron en uno de los miradores del río. Las luces de la ciudad se reflejaban en el agua, creando destellos que parecían estrellas.
—Jungkook —susurró Mara, dándole el estuche—. Quiero que tengas esto.
Él lo abrió lentamente. Dentro había un anillo de plata, con un pequeño grabado en hangul en su interior: “마라와 함께 어느 밤부터 (Desde una noche con Mara)”.
—Es simple, pero es nuestro.
Jungkook se quedó sin palabras. Lo colocó en su dedo anular y luego se giró hacia ella, con una sonrisa contenida de emoción.
—¿Puedo darte algo también?
Del bolsillo izquierdo de su chaqueta, sacó una hoja doblada.
—No es material… pero espero que lo guardes siempre.
Mara la abrió. Era una letra de canción, escrita a mano por Jungkook. Y en la parte superior, el título: “별의 심장 (Corazón de estrella)”.
En los márgenes, notas con acordes, ideas para una melodía. Un dueto íntimo. La historia de una estrella que encuentra a otra en mitad del universo y decide orbitarlas para siempre. Una colaboración futura de BTS x ECLIPSE. Una canción solo suya, solo de ellos.
Se miraron y, sin más palabras, se abrazaron mientras el viento otoñal les acariciaba el cabello.
Los días siguientes transcurrieron con calma, hasta que llegó el paquete. Era un día gris, de lluvia intermitente.
Jungkook estaba solo en casa cuando el timbre sonó. El repartidor le entregó un sobre grueso y sin remitente. No tenía marca ni logotipo, solo su nombre escrito en mayúsculas: “JEON JUNGKOOK”.
Al abrirlo, el mundo pareció congelarse. Dentro había un pequeño mechón de cabello castaño claro —idéntico al de Mara— y una nota escrita a mano: “No es tan difícil acercarse a lo que más amas”.
El papel temblaba entre sus dedos. Jungkook sintió cómo su estómago se contraía. El ambiente se volvió denso, frío, inseguro. Corrió a su estudio y guardó la carta en una caja de seguridad. Luego llamó a Namjoon, sin dudarlo.
—Hyung… necesito que vengas, esto es muy serio.
Cuando Mara regresó a casa horas después, Jungkook no le dijo nada. No todavía, solo la abrazó durante largos minutos y le pidió que no saliera sola los próximos días. Ella lo notó extraño, pero respetó su silencio.
En paralelo, Eliana había regresado de nuevo a Barcelona desde Lisboa unos días antes.
Aunque dijo estar bien, su actitud era distante.
Daba largos paseos nocturnos por la ciudad sin decir adónde iba.
Una noche, entró a la cafetería “Flor de Luna” y encontró algo extraño: la puerta trasera no tenía el pestillo puesto.
El interior estaba en orden… salvo por un detalle: sobre la barra, alguien había dejado un cuaderno abierto en una página específica.
El dibujo de una flor en tinta negra. Y debajo, un mensaje escrito en coreano, que Eliana no tardó en traducir: “Las raíces florecen donde hubo sombra. Pero las sombras siempre vuelven”.
Mientras tanto, Rinnie, desde HYBE, comenzó a notar actitudes extrañas de una nueva trainee que compartía horarios con Eclipse.
Una chica reservada, de cabello corto, que preguntaba demasiado sobre los ensayos, la seguridad y los planes futuros.
Al revisar su casillero por curiosidad, Rinnie encontró algo escondido entre su ropa: una fotografía tachada de Mara de cuando tenía dieciséis años, en un concurso de canto en España.
Y una nota doblada: “¿Crees que todavía el escenario y las cámaras protegerán a Mara?”.
A pesar de la creciente tensión, llegó la noche de los DAESANG. Una noche dorada para BTS y una noche inolvidable para Mara. Eclipse arrasó con una actuación impresionante, la versión más melancólica y oscura de Eternal.
Mara brilló con una presencia casi etérea.
Cuando recibió el premio a “Mejor artista femenina”, sus ojos se llenaron de lágrimas.
Subió al escenario con el trofeo en las manos, respiró hondo, y dijo: — Gracias a todas las personas que confiaron en mí incluso cuando ni yo lo hacía.
A mi familia, a ECLIPSE, a HYBE, a BTS… Y a ti, Jungkook.
Hizo una pausa.
—A veces… el eclipse también brilla bajo la luz de la luna.
Y toda la sala se puso de pie.
Esa misma madrugada, en el ensayo secreto de Eclipse, la sasaeng Yeji se coló disfrazada como técnico.
Se acercó demasiado a Mara con un objeto en la mano, pero no llegó a tiempo.
Jungkook, que había pasado por allí tras los premios, la vio desde lejos y corrió.
Taehyung y Yoongi lo siguieron. La detuvieron antes de que pudiera hacerle daño, y el equipo de seguridad la sacó de inmediato.
Mara se quedó temblando. Jungkook la abrazó y no la soltó.
—Tranquila, ya no estás sola. Estoy aquí contigo —le susurró.
Tras el ataque fallido de Yeji, la tensión se mantuvo alta durante varios días.
HYBE reforzó la seguridad otra vez. Jungkook instaló cámaras adicionales en toda la casa.
Y aunque Mara intentaba mostrarse fuerte, sus manos aún temblaban a veces.
Solo se calmaban cuando Jungkook le acariciaba el cabello en silencio por las noches. Pero la vida no se detenía.
Mara aún tenía que terminar el rodaje de su drama con Song Kang. Aquel día en el set, bajo las luces artificiales del estudio, Mara sintió un mareo. Apoyó la mano en una columna, respirando hondo. Song Kang fue el primero en acercarse.
—¿Te encuentras bien?, ¿quieres que paremos?
—No, solo es un poco de estrés —mintió. Pero el director gritó para hacer una pausa. Le ofrecieron agua, una silla, y le recomendaron descansar.
Aquella noche, Jungkook la envolvió en una manta, y se sentaron juntos en el sofá, viendo anime sin hablar. Ella apoyó la cabeza en su pecho, y por fin, rompió el silencio: —A veces siento que estoy en el ojo de un huracán.
—Estás en el centro de muchas cosas, pero no estás sola —dijo él, besando su frente —. Yo estoy aquí contigo. Y todo lo vamos a enfrentar juntos.
Mientras tanto, en el estudio de ensayos de HYBE, la atmósfera dentro de Eclipse estaba cambiando.
Chani llevaba días más callada. Durante una práctica de baile, se equivocó de tiempo y se detuvo frustrada. Al final del ensayo, le pidió a Rinnie que hablaran a solas. En una de las salas de descanso, lo soltó todo.
—Siento que Mara se está llevando toda la atención. Y no lo digo con envidia… solo estoy agotada. Me estoy planteando si quiero seguir en Eclipse.
Rinnie tragó saliva.
—¿Lo has hablado con ella?
—No, tampoco quiero herirla. Solo necesitaba decírtelo a ti.
Hizo una pequeña pausa.
—También hay otra cosa… Me gusta Yoongi, desde hace tiempo.
Rinnie alzó las cejas con una sonrisa suave.
—Bueno… a mí me gusta Namjoon. Pero no pienso dejar que eso me saque de Eclipse. Porque esto, lo que tenemos también es familia.
En medio de esa confusión emocional, llegó el momento icónico: Eclipse y BTS se reunieron en un ensayo privado para trabajar en “Mic Drop 2.0”, un remix poderoso, con nuevas coreografías y versos cruzados.
Mara y Jungkook compartían líneas, miradas y complicidad innegable.
La química entre ellos llenaba la sala como electricidad viva.
Los fans de UMbrA y ARMY que filtraron imágenes desde una ventana lejana notaron cada detalle: Chani no podía apartar los ojos de Yoongi, y Rinnie, aunque intentaba disimular, sonreía como adolescente enamorada cada vez que Namjoon la corregía de cerca.
Y Taehyung… Taehyung se mostró más cariñoso que nunca con Mara, como si fueran hermanos de toda la vida.
Le prestaba su botella, le corregía la postura del hombro con delicadeza, le hacía bromas.
Los celos silenciosos de Yoongi empezaron a notarse incluso entre los mánagers.
El fandom estalló con teorías, edits y fanarts.
Días después, HYBE publicó un vlog de cocina que Mara y Jungkook habían grabado semanas atrás.
Aparecían cocinando juntos en su cocina, entre risas, harina y un caos adorable.
El clip se hizo viral en TikTok y YouTube, con hashtags como “#MaraKookChef y #DomesticKoo”.
En el vlog, justo antes de apagar la cámara, Jungkook abrazaba a Mara por la cintura, y decía en voz baja: —No hay receta más perfecta que tú y yo.
Al día siguiente de grabar ese vídeo, el tatuador de confianza de Jungkook visitó su casa.
Él se tatuó en hangul la palabra “마라 (Mara)” justo sobre la parte interior del codo izquierdo.
Ella, también en la parte interior del codo izquierdo se tatuó “정국 (Jungkook)”, después reveló su tatuaje que se hizo un par de meses atrás, en la costilla izquierda, un diseño a color vibrante: el símbolo de Eclipse, rodeado de tres estrellas representando a las tres integrantes.
El estilo tenía toques galácticos, con tonos lilas, azules y plateados.
Los fans se volvieron locos cuando lo descubrieron en una coreografía donde levantaba el brazo.
Y entonces llegó la revolución. HYBE lanzó el teaser del próximo comeback de Eclipse: “Mooncrash”.
El teaser visual comenzaba con Mara caminando por un bosque oscuro, con cicatrices visibles en la piel, llevando una capa con el símbolo de Eclipse brillando en el pecho.
De fondo, una voz susurraba en coreano: “Incluso las estrellas colisionan”.
El teaser contenía imágenes rápidas: una habitación oscura con fotos tachadas, una caja con un anillo de plata flotando en el agua, una sombra caminando bajo lluvia con un mechón de pelo en la mano.
Y al final, el rostro de Mara, llorando bajo una luna rota.
Encima: el logo de ECLIPSE, en plateado galáctico.
Abajo: el título “MOONCRASH”, con sonido de cristales rompiéndose.
Los simbolismos de su historia real estaban por todas partes.
El teaser se volvió viral al instante.
Esa misma semana, Vogue Corea lanzó una bomba: La portada de noviembre presentaría a Mara y Jungkook como pareja oficial. Algunas de las fotos mostraban a ambos con atuendos sobrios pero elegantes,
abrazándose en una terraza de noche, iluminados solo por las luces de la ciudad.
En una de las fotos más compartidas, Jungkook besaba la frente de Mara mientras ella cerraba los ojos con una paz absoluta.
Y, por fin, llegaron los MAMA Awards.
Eclipse fue ovacionado. BTS, como era esperado, arrasó en todas las categorías. Y Mara fue nombrada: “Mejor artista femenina del año”.
Hubo lágrimas, aplausos, orgullo…
Mara, al subir al escenario, miró al público y dijo: —Gracias a todos por dejarme brillar… incluso en la oscuridad. A veces, el eclipse también necesita recordar que puede ser luz.
Detrás del escenario, Jungkook la esperaba con los brazos abiertos. Y cuando se fundieron en un abrazo, supieron que lo habían logrado.
Todo.
Y juntos.