Querido desconocido, me suenas CAPÍTULO 19
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CAPÍTULO 19

Habían pasado ya ocho meses desde que vivían juntos, y diez desde aquel primer choque accidental en Barcelona.

La relación, que había comenzado con misterio y emoción, se había transformado en algo más sólido y profundo.

Cada día, Mara descubría nuevas formas en las que Jungkook la cuidaba.

Y él, a su vez, se sorprendía con la forma en que Mara se volvía parte de su esencia, como si siempre hubiese estado ahí.

Aquella tarde, Mara estaba sentada en el suelo del amplio salón, rodeada de luces de hadas que ambos habían colgado en los marcos de las ventanas y en las

estanterías. Jungkook, con una sonrisa dulce, la observaba mientras decoraban juntos una parte del jardín trasero para convertirlo en un rincón especial: su pequeño santuario de pareja. Colgaban luces cálidas, colocaban mantas suaves y cojines en el césped, y encendían velas aromáticas.

—¿Y si cocinamos ramen esta noche? — propuso Jungkook, abrazándola por la espalda.

—Solo si tú cortas la cebolla —respondió ella riendo.

Pasaron la tarde cocinando juntos, entre bromas y besos, en una rutina cálida y natural que se sentía como un refugio.

Por la noche, decidieron hacer un “apagón tecnológico”.

Sin móviles, sin redes. Solo ellos. Compartieron recuerdos, hablaron del pasado, de sus sueños, y terminaron duchándose juntos bajo la tenue lluvia que comenzó a caer sin previo aviso.

Jungkook la tomó de la mano y salieron al jardín, descalzos.

Rieron, se empaparon, y cuando el mundo parecía que estaba en pausa, él la abrazó con fuerza.

—Eres mi paz, Mara.

Ella le sonrió y respondió sin palabras, con un beso lento pero firme.

Más tarde, cuando ya estaban secos y acurrucados bajo una manta, Mara sacó un libro de la estantería.

Dentro, escondida entre las páginas, Jungkook encontró una carta manuscrita que decía: “A veces me olvido de todo lo que viví antes de ti. Porque contigo, todo tiene otro color. Gracias por ser mi lugar seguro. Siempre tuya, M.”

Él la leyó en silencio y luego la besó en la frente.

—Quédate conmigo para siempre.

—Ya estoy contigo, y no me iré nunca — susurró ella.

Mientras tanto, al otro lado del mundo, en Barcelona, Eliana aterrizaba de vuelta tras unos días en Lisboa. Pero algo en ella había cambiado. No se comunicó con Mara, tampoco actualizó sus redes. Simplemente se esfumó.

Esa misma noche, Chani y Rinnie se reunieron en una cafetería de Seúl para discutir algo preocupante. Había llegado una caja sin remitente a la sala de ensayo de Eclipse.

Dentro, había una fotografía de Mara tachada con una cruz negra y una nota que decía: “¿Crees que el escenario y las cámaras protegerán a Mara?”.

El corazón de Rinnie se aceleró.

—Esto ya es demasiado. Hay que hablar urgentemente con seguridad.

—También con Jungkook. No podemos ocultarle esto —añadió Chani, con seriedad.

A los pocos días, Eclipse viajó a Alemania para presentarse en los MTV EMA´s.

Su actuación fue inolvidable: luces rojas, vestuarios metálicos y una coreografía intensa acompañaron la nueva versión de “Eternal”, mucho más oscura y melancólica.

El vídeo se viralizó de inmediato en TikTok, Twitter e Instagram.

Fans de todo el mundo enloquecieron por el aura casi mística del grupo.

Mara estaba brillante en el centro, pero al bajar del escenario, una punzada de duda la recorrió. ¿Por qué sentía una sombra cerca, algo invisible pero amenazante?

Esa noche, Jungkook la llamó por videollamada. No podía estar allí, pero verla en el escenario lo había llenado de orgullo.

—Te vi —le dijo—. No sé cómo logras brillar más cada día.

—Y tú no sabes cómo me das fuerza — respondió ella.

La pantalla se quedó en silencio un segundo. Él la miraba con un brillo especial.

—¿Te casarías conmigo algún día?

Mara se rió.

—¿Estás hablando en serio?

—Sí. Muy en serio.

Ella se quedó en silencio un segundo, sin dejar de sonreír.

—Tal vez ya lo haya hecho en otra vida, Jeon Jungkook.

Y colgó la llamada con una sonrisa cómplice.

En los ensayos del programa conjunto de BTS y Eclipse, todo era una mezcla de caos y risas.

Juegos, retos, bailes. Hubo una dinámica en la que Jungkook tenía que bailar con una integrante de Eclipse al azar.

El destino eligió a Rinnie. Pero él, educado y profesional, mantuvo la distancia física.

Se notaba que intentaba no incomodar a nadie, ni a sí mismo.

Más tarde, Rinnie y Chani decidieron hablar con Jungkook en privado.

—Hay algo que debes saber —dijo Rinnie. Y le contaron sobre la amenaza. El rostro de Jungkook se tensó.

—¿Una fotografía tachada?, ¿una amenaza así?, ¡¿por qué no me dijeron antes?!

—No queríamos preocupar a Mara —explicó Chani—. Pero esto ya está superando los límites.

Jungkook apretó los puños.

—No se preocupen. No va a tocarla nadie, se los prometo.

Esa noche, al volver del ensayo, Jungkook abrazó a Mara más fuerte de lo habitual. Ella notó su tensión.

—Jungkook, ¿pasa algo?

Él la besó en la frente.

—No. Solo prométeme que siempre me contarás todo, lo bueno y lo malo. —Lo prometo —susurró ella.

Y aunque no lo sabía todavía, esa promesa pronto sería puesta a prueba.

Septiembre del 2022 — Segunda mitad del mes.

La energía tras los MTV EMA’s aún flotaba en el ambiente. Eclipse había vuelto a Corea del Sur como una auténtica

revelación mundial. La perfomance de “Eternal (Dark ver.)” había acumulado millones de visualizaciones en TikTok, Twitter e Instagram.

El fandom de UMbrA crecía cada minuto, y Mara empezaba a ser llamada por medios internacionales “la joya vocal de Corea”.

Pero tras cada resplandor venía una sombra.

Y esa sombra se filtraba en las rendijas de su intimidad.

Jungkook y Mara retomaron sus ensayos en HYBE, ella con Eclipse y él preparándose para las promociones de un nuevo solo.

Las coreografías exigentes, las entrevistas, los live sets.

Todo volvía a su ritmo frenético, pero no eran los focos lo que preocupaba a Jungkook.

Era el silencio de Mara cuando terminaba de cantar.

La tensión en su mirada cuando recibía mensajes anónimos.

La sombra que había vuelto desde Europa y Eliana desaparecida otra vez.

Rinnie se acercó a Mara entre prácticas. —Nos llegó esto… —dijo con voz apagada, entregándole un sobre pálido.

Dentro había una fotografía antigua: una de las primeras sesiones de Eclipse. Solo que Mara aparecía tachada con tinta roja.

Y en la parte posterior, escritas con letra enloquecida, unas palabras

escalofriantes: “¿Crees que el escenario y las cámaras protegerán a Mara?”.

Chani frunció el ceño al ver la carta. —Esto ya no es solo hate. Esto es una amenaza.

Días después, BTS y Eclipse coincidieron en Nueva York para grabar un especial en “The Tonight Show Starring Jimmy Fallon”. La emoción era palpable. Mara temblaba dentro del camerino, retocando su maquillaje frente al espejo mientras Rosé de BLACKPINK le susurraba apoyo.

Cuando entraron al plató, las luces los bañaron con una calidez casi irreal. Jimmy Fallon, con su carisma habitual, los recibió con los brazos abiertos. Y entonces, llegó la pregunta que

electrificó el aire: —Jungkook… ¿te ves casado algún día?

Hubo risas, después silencio.

Y la mirada directa de Jungkook a Mara, sin evasivas.

—Sí —el silencio se volvió aún más denso—. Creo que uno lo siente en el alma. Yo solo tengo ojos para una chica que se cruzó una noche por casualidad en España.

Fallon bromeó, y el público gritó. Pero Mara tragó saliva con el corazón bailando dentro del pecho.

Esa noche, ya de vuelta en el hotel de Nueva York, Mara y Jungkook se escaparon de sus mánagers. Subieron a la terraza y bajo el cielo de Manhattan, él le tomó la mano.

—Quiero hacer algo contigo —dijo él, con voz baja—. Algo que se quede en la piel para siempre.

Mara lo miró sin entender del todo, hasta que él sacó una pequeña libreta. Y en ella, un diseño simple. Su nombre escrito en coreano: 마라. Y el de ella para él: 정국.

—Un tatuaje juntos —susurró Jungkook—. Si tú quieres.

Mara sonrió, con los ojos llenos de emociones.

—Sí… pero solo si lo hacemos en un lugar donde nadie más lo vea. Que sea solo nuestro.

Y lo hicieron. En la parte interna del brazo, cerca del codo. Un secreto compartido con la tinta.

Días después, durante una reunión creativa, Mara —visual y vocalista principal— planteó algo inesperado: —Quiero que Rinnie y Chani tengan más protagonismo visual. Me estoy sintiendo demasiado en el foco.

La reacción fue silenciosa. Rinnie la miró con un dejo de sorpresa.

—Mara… tú no pides el foco. El foco te encuentra.

Pero Chani se mostró más distante. Jungkook notó que Mara llegaba cada noche más cansada, que escribía en su diario hasta entrar la madrugada, que empezaba a preguntarse si merecía tanto amor de parte de los fans, de él, de todos.

HYBE se llenó de movimiento. Eclipse ensayaba para una colaboración global con BTS, y la coreografía —intensa, eléctrica y moderna, con un ritmo similar a Mic Drop — exigía concentración total.

Jungkook bailaba cerca de Mara. Intentaba ignorar a Chani, con quien aún notaba una tensión silenciosa.

En medio de un ensayo, la alarma de seguridad del edificio sonó.

Todos detuvieron el baile. El staff gritaba. Una figura con mascarilla negra se había colado en el piso de prácticas.

Fue Rinnie quien lo notó.

—¡No es parte del staff!, ¡ella… es Yeji!

La sasaeng había logrado infiltrarse con una credencial falsa. Avanzó directa hacia Mara, quien cayó hacia atrás al

retroceder. Jungkook no lo dudó: corrió, se lanzó sobre Yeji y la apartó con un grito lleno de rabia.

Los guardias intervinieron segundos después.

De regreso en casa, Mara se encerró en el baño, con las manos temblando.

Jungkook entró y la abrazó por detrás, dejándose caer con ella en la alfombra.

No hablaron, solo respiraron. Al cabo de unas horas, él tomó su guitarra.

Y cantó, solo para ella, la canción que había comenzado a escribir hacía meses: “너만 마라(Solo tú: Mara)”.

La canción hablaba de noches perdidas, de búsquedas infinitas, y del instante donde todo cambió. El momento en que la desconocida en Barcelona se convirtió en su hogar. Mara lloró. No por miedo, sino por amor.

1 de octubre — A un paso de los 11 meses desde el primer encuentro.

Un nuevo mes comenzaba.

Y a pesar de los sobres anónimos, los miedos internos, y las amenazas ocultas… Mara y Jungkook se miraban con más certeza que nunca.

Ellos no eran solo dos artistas bajo los reflectores.

Eran un corazón compartido.

Un eclipse bajo la luna.