Querido desconocido, me suenas CAPÍTULO 17
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CAPÍTULO 17

La mañana en Seúl amanecía con una bruma suave que acariciaba los ventanales de la enorme casa de Jungkook.

El verano comenzaba a desvanecerse, pero el aire seguía cálido, como si el tiempo se negara a dejar marchar los recuerdos de la playa.

Mara se estiró sobre las sábanas de lino blanco, entrelazada todavía a los brazos cálidos de Jungkook, quien dormía con el ceño apenas fruncido.

Su respiración pausada era su canción favorita desde que vivían juntos.

Le besó suavemente el hombro desnudo antes de escabullirse en silencio hacia la cocina.

Unos minutos después, el sonido dulce de una guitarra acústica rompió el silencio. Jungkook, con una camiseta de tirantes y el cabello despeinado, se había sentado al borde de la cama. La melodía era nueva, pero familiar.

—¿Estás componiendo algo? —preguntó Mara con una sonrisa, asomándose por la puerta. Él alzó la mirada, sorprendido.

—Me descubriste —respondió en voz baja, casi tímido—. Es para ti.

Ella cruzó la habitación sin pensarlo, se sentó frente a él, y lo escuchó tocar. La melodía era íntima, cálida, como una caricia invisible.

Cuando terminó, Jungkook bajó la guitarra y sacó de su mesita un pequeño papel arrugado.

—No tengo título todavía… Pero la escribí pensando en cómo te sentí aquella primera vez en la cafetería después de nuestro choque accidental, como si fueras algo irreal.

—Entonces llámala “Unreal”. Como si fuera todo irreal.

Jungkook la miró, como si el mundo entero se hubiera detenido.

—Es perfecto.

Ese mismo día, hicieron un live en Weverse. Mara, sentada sobre las piernas de Jungkook, sostenía una pequeña paleta de maquillaje.

—¿Estás seguro de esto? —preguntó, aguantando la risa.

—Todo sea por el arte y nuestro fandom — bromeó Jungkook, resignado.

Mientras miles de fans comentaban en tiempo real, Mara le aplicó rubor y delineador con una precisión dramática. Jungkook apenas podía contener las carcajadas.

—¡Te ves hermoso, oppa! —leyó Mara entre risas.

Y justo en medio del divertido caos, Mara dejó escapar sin querer: —Ya lo saben, ¿no?, este chico es mío. ¡Es propiedad de Mara!

La sala quedó en silencio por unos segundos, antes de que los comentarios explotaran. Jungkook simplemente la abrazó por la cintura, besando su mejilla.

—Ups… se me escapó —murmuró ella, sonriendo.

—Ya no podíamos retenerlo por tanto tiempo. Y tampoco quiero. ¡Perdón, ARMY! Días después, mientras practicaban con Eclipse en una de las salas de ensayo de HYBE, Bang PD irrumpió de forma

inesperada. Llevaba su móvil en alto. Y su expresión era tensa.

—¿Quién filtró esta canción?

La voz de Jungkook resonó en el silencio que se formó.

—¿Qué canción?

Bang PD le dio al play. Y ahí estaba: “너만: 마라 , en alta calidad.

Mara sintió un escalofrío recorrerle la espalda. No era una demo. Era la grabación casi final.

—¿Cómo…? —murmuró Jungkook—. Solo la tenía en mi ordenador personal.

Rinnie y Chani se miraron preocupadas. —¿Crees que alguien de aquí dentro…? — susurró Chani.

Bang PD frunció el ceño.

—Ya lo estamos investigando. Pero esto fue una filtración interna, sin duda.

Esa noche, al regresar a casa, Jungkook tenía un pequeño paquete en sus manos.

—¿Y esto? —preguntó Mara, ya en pijama.

Jungkook se acercó y le colocó en el cuello un colgante plateado con forma de luna llena. Y en la parte trasera, delicadamente había una frase grabada en coreano, que se leía: “사랑해, 마라. Te amo, Mara”. Ella no dijo nada. Solo se le lanzaron los brazos al cuello y lo abrazó con fuerza.

—Nunca me habían amado así de bonito — susurró contra su pecho.

—A mí tampoco… no sabía lo que era el amor, hasta que apareciste en mi vida.

Días después, Rinnie y Chani recibieron un sobre sin remitente en su dormitorio. Dentro, había una nota escrita a mano con caligrafía tensa: “Si Mara no abandona Eclipse, no llegará a su próximo

cumpleaños”.

Ambas se quedaron paralizadas.

—¿Esto es una broma enferma? —dijo Chani, con la voz temblorosa.

Rinnie negó con la cabeza.

—Esto no es cosa de una simple fan. Es obra de una sasaeng y bastante peligrosa.

Tomaron fotos del sobre y la nota, y la llevaron directamente a seguridad de HYBE. El equipo fue activado. Se revisaron cámaras, ingresos recientes, IPs… Pero nada. Era como si la amenaza hubiera llegado del aire.

Esa misma noche, Mara despertó empapada en sudor. Había tenido otra pesadilla. En ella, Eliana la llamaba desde una habitación vacía, con la voz

distorsionada. Y el cartel de Flor de Luna aparecía tachado en rojo, igual que en la video-llamada de hace semanas.

—¿Otra vez soñaste con ella? —susurró Jungkook, acariciándole el cabello. Mara asintió, sin decir palabra. Él la abrazó más fuerte.

—La encontraremos, te lo prometo.

Para despejar sus mentes, y siguiendo los consejos del equipo de PR de HYBE, se tomaron unos días libres y viajaron a la isla de Jeju, evitando cualquier agenda pública. Allí, entre campos de flores aún secas por el calor de julio, encontraron algo parecido a la paz.

La casa donde se hospedaban era una cabaña de madera rodeada por cerezos y el viento salado del mar. Una noche, Jungkook la sacó a la entrada, donde un sillón de madera los esperaba cubierto por mantas. Bajo las estrellas, sacó su guitarra y, sin decir una palabra, comenzó a tocar “Euphoria”.

Mara lo miraba en silencio, con los ojos brillando.

Cada nota era un recuerdo de todo lo que habían vivido.

Y cada palabra de la canción parecía escrita para ella.

Cuando terminó, Jungkook dejó la guitarra a un lado, la abrazó con fuerza, y la besó.

Fue un beso largo, lento, profundo. En ese momento, entre el viento cálido y el calor de sus labios, supieron que ya no podían imaginarse la vida el uno sin el otro.

Pero incluso en los rincones más bellos, la oscuridad sabía encontrar su camino.

En el regreso a Seúl, mientras Mara desempacaba, Rinnie la tomó del brazo. —Tienes que ver esto.

Era una cuenta de Weverse recién creada, con apenas dos días de existencia. Publicaba secretos internos: el nombre real de Mara, su lugar de nacimiento, datos de prácticas anteriores… y detalles que solo alguien dentro de HYBE podría saber.

Mara tragó saliva.

—Esto no es casualidad.

Chani frunció el ceño.

—Efectivamente hay un topo. Y está demasiado cerca.

Y, al fondo de todo, Yoongi comenzaba a alejarse. Había algo en su mirada cada vez que veía a Mara y Jungkook juntos. En su interior había algo roto, escondido. Y ese silencio suyo, pesaba. Aunque eso todavía no lo sabían. Todavía no sabían cuánto dolería lo que vendría.

La mañana del Billboard Music Awards llegó con el cielo de Seúl despejado. Las calles aún dormían cuando Mara, Rinnie y Chani fueron llamadas a la sala de prensa de HYBE.

—Recuerden: si ganan, mantengan el discurso breve, pero sincero —les dijo su mánager.

Eclipse estaba nominada a Rookie of the Year.

—¿Y si no ganamos? —preguntó Chani, nerviosa.

—Entonces lo celebramos igual. Pero nosotras vamos a ganar —dijo Rinnie con confianza.

Horas después, en Los Ángeles, cuando se anunció su nombre, el mundo entero conoció las lágrimas de tres chicas que soñaron desde lo imposible.

Mara subió al escenario entre aplausos. El corazón le latía con fuerza, pero su voz no tembló.

—Este premio es por nosotras. Pero quiero dedicarlo a alguien que me enseñó a no rendirme nunca. Eliana, si me escuchas… todavía te estoy buscando.

Las cámaras captaron cómo Jungkook se llevó discretamente una mano al pecho. Y aunque sonrió con orgullo, sus ojos se llenaron de agua.

Días después, llegó el día del programa de retos donde BTS y Eclipse competirían juntos.

Los fans deliraban. Uno de los juegos consistía en bailar en pareja sin separarse durante una coreografía sensual.

A Jungkook le tocó con Chani. La canción comenzó, pero él mantuvo una distancia tan evidente que todos rieron.

—¿Tan mal bailo? —bromeó Chani en voz alta.

—No, es que no quiero morir —susurró Jungkook en broma, mirando de reojo a Mara, que lo fulminaba desde el fondo.

Luego le tocó a Mara bailar con Yoongi. Al principio fue profesional. Pero cuando sus miradas se cruzaron, el ambiente se volvió tenso. El público notó algo. Ellos lo sintieron más.

Al terminar el reto, Yoongi se apartó en silencio. Rinnie lo observó con atención. —Ese chico está más enamorado de lo que quiere admitir —murmuró.

Los ensayos para la colaboración de BTS x ECLIPSE fueron intensos.

La canción, titulada “Shadow Drop”, tenía un ritmo explosivo, con una mezcla de hip-hop y trap, con letras poderosas en coreano y frases pegadizas en inglés como: “Drop it like a shadow, light can’t kill us now. No fear. No lie. Eclipse and BTS rise”.

Jungkook y Mara compartían versos. Rinnie lideraba la coreografía. Y Chani tenía una parte en el rap que hacía vibrar el estudio. Pero entre ensayo y ensayo, alguien no dejaba de observar, Yeji.

Una tarde, Mara fue a recoger su móvil del escritorio y notó que alguien había entrado. Hubo un correo abierto. Una nota eliminada. No quiso sacar conclusiones aún, pero algo en su pecho se activó.

El dorama histórico que Mara estaba rodando comenzaba a llamar la atención. Su compañero de escena, Song Kang, no solo era carismático… también era encantador. Tras una larga jornada de grabación, él le ofreció soju bajo una farola antigua del set.

—Estás tensa. ¿Va todo bien con tu novio? Mara rió con suavidad.

—Sí… pero está celoso de ti, creo.

—Lo entiendo, yo también estaría celoso… — dijo él, bajando la voz.

Ella lo miró. Por un segundo, no supo qué responder.

Al regresar a casa, Jungkook la esperaba en la cocina.

—Llegas tarde, ¿dónde estabas?

—Perdón, me quedé un rato con Song Kang. Estábamos solo conversando.

—¿Y bebiendo también?

Mara frunció el ceño.

—¿Y si sí?, ¿desde cuándo necesitas controlarme?

Jungkook guardó silencio unos segundos. Luego murmuró: —Es solo que no quiero perderte, Mara.

—Pues entonces confía.

La tensión flotó unos minutos, hasta que Jungkook bajó la mirada.

—Lo siento. Es solo que… no soporto la idea de que alguien más te mire como yo lo hago.

Mara se acercó, y lo abrazó desde la espalda.

—Tú me elegiste. Y yo te elijo a ti, para siempre.

Durante los ensayos generales de la actuación conjunta, la coreografía final incluía a Mara con alas negras

desplegándose en mitad del escenario, mientras BTS y Eclipse se movían

sincronizados; Jungkook debía sostenerla en una figura de elevación dramática, la canción transicionaba entre “Black Swan” y “Eternal”, creando una fusión mística.

El día del perfomance, la imagen de Mara suspendida en el aire, con las alas abiertas y la mirada fija al público, quedó grabada en la historia del K-Pop. Y Jungkook, al sostenerla, susurró: —Nunca dejaré que caigas.

Después del show, en los camerinos, un productor veterano comentó en voz alta: — No está nada mal para ser un grupo visual. Aunque vocalmente, podrían mejorar.

Rinnie se levantó sin dudar.

—Con todo respeto, Eclipse no está aquí solo para verse bonita. Trabajamos catorce horas al día. Y ganamos un Billboard. Así que el respeto, se gana… o se exige.

El productor se quedó en silencio. Y al salir, Chani murmuró: —Esa fue una entrada triunfal, líder.

Esa noche, Jungkook escribía en su cuaderno secreto.

Las palabras fluyeron sin pensar: “Fuiste una desconocida. Ahora eres mi musa, mi gran apoyo y mi elección que elegiré por siempre”.

Lo cerró, sin saber que Mara lo había estado observando desde la puerta. Aunque no dijo nada. Solo sonrió, con el corazón lleno de amor. Pero lo que ocurrió después… lo cambió todo.

Esa madrugada, mientras las chicas de Eclipse estaban en su dormitorio, Chani recibió un audio extraño. Era

distorsionado, con una voz que parecía provenir de un teléfono roto. Solo decía una frase: —No confíes en la que más sonríe. Ella ya eligió a quién traicionar. Asustada, lo borró de inmediato. Pero Rinnie, que estaba despierta, logró recuperarlo.

—¿Por qué no me dijiste nada?

—Porque tengo miedo, Rinnie. Esto ya no es solo un juego de sasaengs.

A la mañana siguiente, Mara despertó con un mensaje de video-llamada perdida.

Era de Eliana.

El icono brillaba en rojo.

Abrió el mensaje, con un archivo de vídeo. Temblando, le dio al play. La imagen era borrosa. Una habitación sin ventanas. Una pared gris. Y al fondo, un cartel promocional de Eclipse, con la cara de Mara tachada en rojo.

Y entonces… apareció Eliana, un poco más delgada, ojerosa, con la mirada al frente. Pero lo más perturbador era que no decía ni una sola palabra. Solo miraba, en silencio. Como si supiera que Mara estaba al otro lado. Y luego, la pantalla se fundió a negro.