Querido desconocido, me suenas CAPÍTULO 16
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CAPÍTULO 16

“너만: 마라 (Solo tú: Mara)”

El sol de principios de junio caía oblicuo sobre Seúl, tibio y prometedor. Por primera vez en semanas, Mara y Jungkook se sentían descansados. Habían vuelto de Noruega con las mejillas todavía

sonrosadas del frío, pero con el corazón caliente.

El mundo exterior parecía menos amenazante, aunque sabían que eso no duraría.

Llevaban casi cinco meses como pareja oficial, y después del caos mediático, las campañas publicitarias, la premiación, y aquella pequeña fiesta con los chicos de BTS, se habían tomado unos días para disfrutar la vida cotidiana, sin adornos. Sin reflectores.

Y esa tarde, sin más agenda que existir juntos, Jungkook se sentó frente al pequeño piano blanco que había en su estudio.

Los dedos comenzaron a moverse por las teclas con una ligereza que solo tiene quien siente de verdad lo que toca.

Mara, sentada al otro lado de la sala, con el cabello recogido y sin maquillaje, lo observaba en silencio mientras bebía un refresco.

—Estoy componiendo algo —dijo Jungkook, sin levantar la mirada—. No puedo evitarlo. Te tengo metida en la cabeza.

Mara sonrió, dejando el refresco sobre la mesa.

—¿Otra canción secreta que nadie debe oír hasta que tengas el vídeo clip grabado?

—No… —respondió él, levantando los ojos por fin y sonriendo con esa dulzura que solo le pertenecía a ella—. Esta es distinta.

Volvió a tocar. Esta vez no fue solo una melodía. Era una confesión musical. Un vals lento que se transformaba en balada, con matices que brillaban como luces tenues. Mara se levantó y se acercó con cuidado, como si el aire entre ellos se hubiera vuelto frágil.

—¿Tiene nombre? —susurró, sentándose a su lado en el banco.

—Sí… “ 너만: 마라 —respondió sin titubeos—. Solo tú: Mara.

Ella sintió que el corazón se le detenía un instante, como si su nombre hubiera adquirido un nuevo significado al ser susurrado así, con amor y certeza.

—¿Puedo leer la letra?

Jungkook dudó. Sacó su libreta negra, esa que nunca prestaba a nadie, y la puso en su regazo.

Mara leyó. El coro hablaba de una tormenta que solo calmaba su furia cuando ella lo miraba.

De un mundo caótico en el que la única constante era su risa.

De noches en vela componiendo, solo para que ella supiera cuánto la amaba en silencio.

Ella lloró en silencio al terminar, apoyando la frente en el hombro de él.

—Esto tiene que salir al mundo, Jungkook.

—Lo haré. Cuando tú lo escuches en el estudio por primera vez. Quiero que seas la primera en oírlo completo.

Ella asintió. Pero la vida, como siempre, tenía otros planes.

Unos días después, Mara y Jungkook emprendieron su primer viaje como pareja pública. El destino: Barcelona. No había un motivo estratégico. No había cámaras oficiales. Solo querían perderse por calles de piedra, escuchar el idioma que Mara dominaba, probar helados bajo un cielo abierto.

Jungkook, oculto tras unas gafas oscuras y una gorra, se aferraba a la mano de Mara como si fuera un hilo de vida.

Visitaron la Sagrada Familia, pasearon por el Barrio Gótico, comieron mariscos en la Barceloneta, y rieron cuando Bam, que también había viajado con ellos (y que llevaba puesto un chalequito con la bandera de Corea del Sur), hizo amistad con los perros locales en el parque de la Ciutadella.

Una tarde, se reencontraron con Eliana en la cafetería Flor de Luna, decorada con peonías frescas y luces cálidas, justo como Mara lo había soñado antes de mudarse a Seúl.

—No saben cuánto los he echado de menos — dijo Eliana, abrazando primero a Mara y luego a Jungkook con cariño.

—¿Y cómo va todo por aquí? —preguntó Mara.

—Genial. Hay clientes que preguntan por ti. Algunos incluso dejaron cartas cuando se enteraron que eras una ídolo del K-Pop.

Pasaron horas hablando, recordando anécdotas de sus años en España, mientras Jungkook observaba fascinado cómo la Mara de aquel lugar se fundía con la mujer que ahora era. Fuerte, famosa, pero igual de cálida.

Antes de irse, Eliana les entregó una cajita envuelta con cinta plateada.

—No la abran hasta que vuelvan a Corea del Sur. Es algo especial —les dijo con una sonrisa misteriosa.

El vuelo de regreso fue tranquilo. Mara se durmió con la cabeza en el hombro de Jungkook, y él la cubrió con una manta mientras escuchaba música.

Pero al llegar a Seúl, algo cambió.

—¿Eliana ha subido algo a Instagram? — preguntó Mara casualmente mientras revisaba su móvil.

Nada… Última publicación: hace dos días. Última historia: hace veinticuatro horas. Último mensaje visto: ninguno. Su WhatsApp tampoco tenía doble check. La ubicación compartida había sido desactivada.

—Quizá se tomó un descanso digital —dijo Jungkook, besándole la frente.

Pero Mara sintió un escalofrío. Eliana no desaparecía así como así.

Y aquella caja que les dio antes de partir…

seguía en la maleta. La abrió esa misma noche.

Dentro había una carta escrita con letra apurada: “Si algo pasa, no confíes en todos los de HYBE. Alguien me ha estado siguiendo desde hace semanas. Y creo que ya no estoy segura. Lo sabrás pronto. Cuídense mucho. E.”

Mara se quedó inmóvil. Jungkook la leyó por encima de su hombro. Ambos se miraron en silencio.

El viaje romántico había terminado. El caos estaba regresando, como una sombra vieja que no se rendía.

El silencio entre Mara y Jungkook duró más de lo normal. La carta de Eliana los tenía inquietos. Pero justo cuando Mara quiso iniciar una búsqueda más activa, HYBE la llamó.

—Eclipse ha sido nominada a “Rookie of the Year” en los Billboard Music Awards en Estados Unidos —dijo su mánager por teléfono, casi sin respirar—. Es la primera vez que un grupo femenino coreano lo consigue en su primer año. Tienen que volar en tres días.

Mara se quedó en silencio. Jungkook la abrazó por detrás, sintiendo su

respiración acelerada.

—¿Vas a estar bien sin mí? —le preguntó ella, en voz baja.

—No me preguntes eso. Lo estaré, pero no quiero que te vayas.

—Yo tampoco…

Era la primera vez que se separaban desde que vivían juntos. Desde que eran pareja. Cinco meses sin distancia. Siete meses desde que sus corazones empezaron a entrelazarse en Weverse y Kakaotalk.

Y sin embargo, Mara empacó. Chani y Rinnie estaban emocionadas. Eclipse estaba despegando como una estrella fugaz. Y aunque a Mara le temblaban las manos al cerrar la maleta, sabía que esto era parte del sueño.

En Las Vegas, todo brillaba. La ciudad latía con luces artificiales, y los nervios se respiraban en cada rincón del hotel donde se alojaban.

El día antes de la ceremonia, Mara se cruzó en el lobby con Lucas Evermore, un actor estadounidense con mandíbula perfecta, sonrisa de comercial y una mirada que no pasaba desapercibida. Él era el presentador invitado para anunciar la categoría de Rookie of the Year.

—You’re Mara, right? —preguntó, con una sonrisa encantadora.

—Yes… —respondió ella, un poco tímida.

—You look like trouble in the best way — dijo él, y se marchó antes de que pudiera decir algo más.

Una fan los fotografió desde lejos. Al día siguiente, la imagen estaba en todos lados: “¿Mara de Eclipse, flirteando con Lucas Evermore?”.

Jungkook la vio desde su estudio en Seúl. Se quedó quieto frente al portátil. No era celos. Era miedo… miedo a perderla.

A su regreso a Corea, Mara fue convocada por HYBE y una productora externa.

Le ofrecieron su primer papel actoral serio.

Un K-Drama histórico ambientado en la dinastía Joseon.

Ella interpretaría a una princesa educada, rebelde y destinada a cambiar el curso de su reino.

Y el coprotagonista masculino sería Song Kang.

Jungkook no supo cómo reaccionar.

—¿Te vas a tomar un descanso de Eclipse? — preguntó, mientras preparaba ramyeon para ambos en la cocina.

—El comeback se retrasa un poco. Rinnie necesita tratarse una lesión. Chani quiere componer nuevas canciones. Es el momento ideal para hacer algo nuevo.

—¿Y tenías que actuar con él?

Mara lo miró. Sabía lo que eso

significaba. Song Kang era el tipo de hombre que muchos veían como “el rival perfecto” para Jungkook. Y sí, se llevaban bien. Muy bien.

Pero lo negó con la cabeza.

—No me enamoré de él. Me enamoré de ti.

Jungkook se quedó callado. Como si esas palabras fueran insuficientes para calmar el fuego que empezaba a crecer dentro de él. Durante el rodaje, Mara y Song Kang pasaban muchas horas juntos. Grababan escenas de amor, de combate, de

desesperación. Mara, con hanbok rosa pálido y peinados elaborados, se veía como una verdadera princesa coreana.

Y Song Kang, como su guardián dispuesto a todo.

Una noche calurosa de julio, tras una escena especialmente intensa, Song Kang le dijo: —Hoy tengo soju.

¿Te animas a venir un rato al restaurante de siempre?

Mara dudó, pero accedió. Estaban

acompañados por el equipo técnico y algunos actores del elenco, no era nada raro.

Subió una historia casual en Instagram con su vaso de soju en la mano y sin filtro.

Jungkook la vio al instante. Cuando ella volvió a casa más tarde, él la esperaba en el salón.

No gritó. No golpeó nada. Solo dijo: —¿Desde cuándo bebes tan seguido con él?

Mara frunció el ceño.

—¿Qué estás diciendo?

—Estoy diciendo que estoy harto de fingir que me da igual. Cada día estás más cerca de él. Ya casi ni hablamos… Y cuando lo hacemos, estás cansada o distante.

—¡Eso no es cierto! —gritó ella, dolida. —Entonces, dime qué está pasando.

Hubo silencio.

Mara bajó la mirada. No porque ocultara algo, sino porque no sabía cómo lidiar con los celos de Jungkook sin sentirse culpable por trabajar.

Esa noche no durmieron juntos.

Pasaron tres días sin hablarse. Hasta que el 29 de julio, tras un evento pequeño de Eclipse donde Mara tropezó en el escenario y cayó de culo mientras cantaba “Stay in my heart”, todo cambió.

El público contuvo la respiración. Jungkook, que estaba en backstage, corrió al escenario, la levantó en brazos y la abrazó ante miles de cámaras.

—¿Estás bien? —le preguntó, con el corazón en los ojos.

—Ahora sí…

Esa noche, sin palabras, hicieron las paces. Fue íntimo. Fue lento. Fue

emocional.

Jungkook le cantó en voz baja parte de 너만: 마라 mientras acariciaba su espalda. Mara lloró. No por tristeza, sino por alivio. Por amor.

Al día siguiente, Eclipse improvisó una coreografía en el estudio que se volvió viral en TikTok: pasos suaves, sincronía perfecta y una línea final donde Mara miraba directamente a cámara con una sonrisa pícara.

Esa semana, Mara y Jungkook hicieron su primer live conjunto en Weverse. Ambos rieron, respondieron preguntas y, sin darse cuenta, Jungkook dijo: —A veces me despierto y Mara todavía ronca como una ardilla, pero la amo igual.

Ella lo fulminó con la mirada.

—¡Te pasaste, Jeon Jungkook!

—¡Ya lo dije!, ¡se filtró solo! —rió él, escondiéndose tras ella.

Y el fandom estalló. Porque Mara roncaba. Porque Jungkook no podía ocultar lo enamorado que estaba. Porque, al final, eran solo dos personas intentando ser felices en medio de un mundo gigante y aterrador.