Querido desconocido, me suenas CAPÍTULO 15
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CAPÍTULO 15

Un domingo junto al río Han.

desapercibidos. Jungkook sujetaba la correa de Bam, que trotaba alegremente delante de ellos, olisqueando cada arbusto como si nunca los hubiera visto.

—¿Cinco meses ya? —preguntó Mara, girando la cabeza hacia Jungkook con una sonrisa pequeña.

—Cinco meses oficialmente, sí —respondió él, apretándole suavemente la mano—. Pero tú me gustabas desde antes. Desde mucho antes.

Mara soltó una risita suave, encogiéndose de hombros con ternura.

—Ya lo sé. También tú a mí, aunque me hicieras la vida imposible mirándome tanto sin decir nada…

Jungkook se echó a reír y luego hizo una mueca traviesa.

—¿Yo mirarte?, ¡tú también me mirabas!, si Taehyung no se hubiera metido de por medio, seguiríamos con esa tensión ridícula sin avanzar nunca.

—Gracias, Taehyung, por salvarnos del slowburn eterno —dijo ella entre risas.

Se detuvieron en un banco de madera con vistas al río, donde Bam se tumbó a su lado, jadeando feliz. Los cerezos aún tenían algunas flores, y una ligera brisa hacía que los pétalos flotaran brevemente antes de caer al suelo.

Era uno de esos momentos tranquilos que se quedaban en la memoria como una

fotografía. De pronto, una figura conocida se acercó caminando por el mismo paseo.

—¡Song Kang! —exclamó Mara en voz baja, sorprendida.

El actor los reconoció al instante y se acercó con una sonrisa cálida. Llevaba gafas oscuras también, pero incluso con eso, su porte elegante no pasaba

desapercibido.

—¡Mara! —la saludó con una inclinación suave y un brillo divertido en los ojos—. Estás radiante como siempre.

Ella se rió, algo avergonzada.

—¡Hola, Kang-ssi! Qué coincidencia encontrarte aquí.

Luego miró a Jungkook con una sonrisa cordial.

—Jungkook-ssi… Un gusto volver a verte. —Lo mismo digo —respondió él, con una leve inclinación de cabeza.

Song Kang se acomodó el abrigo, claramente disfrutando del aire libre como ellos.

—En realidad… Os estaba buscando —dijo de repente, bajando un poco la voz—. Hay una campaña de Calvin Klein en preparación… y se me ocurrió que vosotros dos podríais ser la pareja perfecta.

Mara abrió los ojos con sorpresa.

—¿Una campaña juntos?

—Sí. Es algo diferente. Con fuerza, con

conexión real. Os he seguido desde que hicieron pública vuestra relación. Quiero transmitir eso. Aún no tengo todos los detalles, pero quería saber si estaríais interesados.

Jungkook asintió con seguridad, sin siquiera pensarlo dos veces.

—Cuenta con nosotros —dijo, mirando a Mara —. ¿Verdad?

Ella dudó un segundo. La idea de hacer algo tan público como una campaña de pareja le daba un poco de vértigo… pero Jungkook la miraba con tanta naturalidad y entusiasmo que su miedo se desvaneció.

—Vale… sí. Suena emocionante y quedarme fuera sería de tontos. ¡Estoy dentro!

—Perfecto —respondió Song Kang, sacando su móvil—. ¿Intercambiamos números?, os aviso en cuanto sepa más.

Después de guardar los contactos y despedirse con una sonrisa, Song Kang siguió su paseo. Jungkook suspiró con satisfacción.

—Una campaña juntos, ¿estás lista para que la gente diga que parecemos un matrimonio? —Ya lo dicen sin eso —respondió Mara, divertida—. Solo les faltaba vernos en vaqueros y con Calvin Klein.

Ambos se rieron mientras continuaban su paseo. Bam los guiaba de vuelta a casa con energía.

Al llegar a casa, Jungkook se agachó a soltar la correa de Bam, que corrió directo a su rincón favorito. Mientras tanto, Mara se dirigió a la cocina.

—Voy a hacer ramyeon buldak de carbonara — anunció con decisión—. Pero le voy a poner mi toque especial.

—¿Tu toque especial no es añadirle solo un par de gotitas de picante?

—Hoy no —respondió con una sonrisa astuta —. Hoy quiero que lo pruebes de otra forma. Confía en mí.

Jungkook se dejó caer en el sofá mientras la observaba desde lejos.

Mara cocinaba concentrada, moviéndose con gracia entre la olla, la cebolla y las salchichas Frankfurt que troceaba con rapidez.

Añadió leche al ramen, removió con cuidado y probó la salsa, asegurándose de que el sabor estuviera perfecto.

—¿Viste ese vídeo coreano de Instagram, verdad? —preguntó Jungkook desde el sofá.

—Sí. El tipo lo hacía parecer muy fácil — respondió ella, riéndose—. Y la verdad… huele increíble.

Minutos después, ambos estaban sentados en la mesa baja del salón, frente a dos cuencos humeantes.

—¿Lista para que juzgue tu ramyeon? — bromeó Jungkook, con los palillos en mano. —Adelante, chef Jeon.

Jungkook probó un bocado y sus ojos se abrieron de inmediato.

—Wow… esto está buenísimo. ¿Qué clase de magia has hecho?

—Solo es ramyeon con leche y salchichas Frankfurt. Y amor, el ingrediente secreto. —Nunca pensé que me gustaría con estas salchichas. Esto está brutal.

Mientras comían, Bam los miraba desde el suelo con expresión suplicante. Mara le lanzó un pequeño trocito de salchicha, y él lo atrapó al vuelo, moviendo la cola con entusiasmo.

—Consentido… —dijo Jungkook, riéndose. —¿Y tú no?

—Solo un poco.

Después de comer, el móvil de Mara vibró. Era Eliana.

—¡Ey!, ¿qué tal? —saludó Mara, poniéndola en altavoz para que Jungkook también escuchara.

—Estoy bien… pero te llamo para

advertirte, hermana. Tengo el

presentimiento de que esa sasaeng está por hacer algo pronto.

Mara frunció el ceño.

—¿En serio?

—Sí. Me da mala espina. No te confíes, ¿vale? Mantente alerta. Díselo también a Jungkook.

—Tranquila —respondió él desde el sofá—. Estamos preparados para cualquier cosa.

—Ah, y otra cosa antes de colgar —añadió Eliana con un tono misterioso—. Tengo una sorpresa. ¡Pronto lo sabrás!

—¿Una sorpresa? —dijo Mara, extrañada—. ¿Qué has hecho?

—Nada malo. Solo espera. Ya verás. ¡Os quiero!

—¡Nosotros también a ti! —dijeron ambos antes de colgar.

Unos días después, el teléfono de Mara sonó. Era Song Kang.

—¡Mara!, ya tengo fecha y hora. Necesito que tú y Jungkook estéis en el edificio de la agencia de modelos este jueves a las 17:30. ¿Podréis?

—¡Por supuesto! Gracias por avisar, Kangssi. Nos veremos allí.

—Perfecto. No lleguéis muy temprano, pero tampoco tarde, ¿vale?

—¡Lo intentaremos! —rió Mara.

Colgó, girándose hacia Jungkook con una sonrisa traviesa.

—Amor… ¡Tenemos sesión de fotos este jueves!

—¿En serio? Calvin Klein, allá vamos.

Bajo las luces de Calvin Klein…

El jueves por la tarde, Mara y Jungkook llegaron puntuales al estudio de la agencia. Un estilista los recibió en la entrada y los condujo directo a la sala de vestuario. La campaña de Calvin Klein apostaba por una estética cruda,

minimalista, en blanco y negro, destacando los cuerpos y la complicidad real. Nada de poses artificiales. Solo química.

—Mara, tu look será sensual pero elegante —le explicó la directora creativa—. Cabello suelto, maquillaje nude… Jeans de tiro bajo y un top blanco ajustado de algodón. Jungkook irá con jeans y torso descubierto. La idea es que parezca una escena íntima y espontánea. Sois pareja, mostrarlo sin miedo.

Mara tragó saliva. Se sentía segura con Jungkook, pero posar así, frente a tantas personas, era otra cosa. Él, por su parte, parecía completamente relajado mientras se quitaba la camiseta, dejando ver su torso definido y desnudo.

—¿Estás bien, amor? —le preguntó él en voz baja, mientras ella se ajustaba el top frente al espejo.

—Sí… solo un poco nerviosa.

—Mírame —le pidió él, acercándose y tomándole la barbilla con delicadeza—. Solo estamos tú y yo, nadie más. Olvida las cámaras.

Y entonces le guiñó un ojo con esa sonrisa suya capaz de borrar cualquier duda. Minutos después, la sesión comenzó. El fondo era blanco grisáceo, el suelo de cemento pulido. Los focos caían

directamente sobre ellos. Jungkook rodeaba a Mara con sus brazos por la cintura, apoyando la frente en la de ella mientras ambos cerraban los ojos. El fotógrafo murmuró un “perfecto” tras cada disparo.

—Ahora, más atrevido —pidió la directora—. Jungkook, acércate más por la espalda. Mara, apóyate en su pecho y míralo como si fueras a besarlo.

Y lo hicieron.

El ambiente se volvió más denso. No actuaban. Se sentían. Y eso traspasaba cada flash.

En una toma final, Mara se subió sobre Jungkook en un sofá minimalista, ambos riendo entre caricias reales. Las luces bajaron poco a poco, y la directora sonrió satisfecha.

—Tenemos oro.

Esa misma noche, los siete miembros de BTS (excepto Jungkook, que ya estaba en casa) llegaron a la mansión de la pareja para una velada informal. Habían prometido dejar los protocolos atrás y simplemente reírse, como antes.

Yoongi fue el primero en llegar, con una bolsa llena de botellas de soju.

—Hoy vengo en modo hyung relajado —dijo, entrando en pantuflas.

Taehyung apareció detrás con unas patatas picantes y una sonrisa ladina.

—Espero que nadie llore esta vez con el picante.

—Solo tú lloraste, TaeTae —le respondió Namjoon con una carcajada, entrando al salón.

Pronto estaban todos sentados en círculo, con comida coreana para llevar, ramen instantáneo, tteokbokki y snacks

esparcidos por la mesa baja. Jungkook le preparaba una bebida a Mara con precisión bar-tender.

—Un sorbo y estarás en Marte —bromeó él, pasándole el vaso.

—Espero que no literalmente —respondió ella, riendo.

Después del primer brindis, el ambiente se distendió. Jin propuso jugar al clásico “verdad o reto” con cartas.

—¡Si no respondéis con sinceridad, tenéis que beber! —dijo con tono dramático.

La primera carta fue para Taehyung. —¿Alguna vez te gustó alguien del mundo idol femenino?

Taehyung hizo una pausa dramática. —Sí.

—¿Quién? —insistió Hobi con risita traviesa.

—No lo diré. Solo diré… que no está tan lejos como creéis.

Todos gritaron. Jungkook escupió un poco de soju de la risa, y Mara se atragantó. —¿¡Quién!? —preguntó Jimin entre

carcajadas.

—¡Nadie del grupo de Mara, ¿verdad?! —dijo Jin señalándolo.

Taehyung solo levantó una ceja y se sirvió más soju sin decir nada más.

Luego le tocó a Jungkook.

—¿Alguna vez te celaste por el actor Song Kang?

Mara se tapó la cara.

—¡Esa es buena! —dijo Jimin, llorando de la risa.

—Sí —admitió Jungkook, directo como siempre—. Especialmente cuando lo vi sonriendo en la primera campaña de Gucci.

—¿Y tú, Mara? —preguntó Yoongi, bebiendo lentamente—. ¿Te has puesto celosa por alguna fan o trainee?

—Sí —respondió con sinceridad—. Pero luego me recordaba a mí misma quién duerme a su lado.

Todos aplaudieron.

—Punto para ti —dijo Namjoon, levantando su vaso.

Ya de madrugada, los chicos se

despidieron, tambaleándose ligeramente pero con sonrisas felices. Jungkook los acompañó hasta la entrada, asegurándose de que ninguno se llevara la planta del pasillo por error (como Taehyung intentó hacer).

Mara, mientras tanto, recogía vasos y platos con una sonrisa tonta en los labios. Esa noche se sentía completa. Plena.

Cuando Jungkook volvió, se acercó por detrás, rodeándola por la cintura y apoyando la barbilla en su hombro.

—¿Tú y yo… nos tomamos unos días para nosotros?

—¿Y dónde quieres ir?

—Donde no haya cámaras ni luces ni redes. Solo nieve, tú, yo… y una guitarra.

—¿A Noruega?

—Sí, a Noruega.

Mara cerró los ojos un instante, sintiendo su voz susurrar esa palabra como una promesa.

—Sí, vayámonos.

Aunque abril se deslizaba ya en primavera, en aquella zona remota de Noruega la nieve aún cubría los tejados, los senderos y las ramas de los pinos con una delicadeza que parecía sacada de un cuento.

Mara y Jungkook se habían refugiado de nuevo en aquella casa rural, escondida entre colinas blancas y el silencio puro de la montaña. El frío era dulce, acogedor, como una manta de aire helado que invitaba a acurrucarse.

Esa tarde, ambos se sentaron en el pequeño banco de madera que daba a la entrada. Llevaban chaquetas gruesas, gorros de lana y bufandas, y compartían una manta que Jungkook había traído del interior. El cielo comenzaba a teñirse de tonos pastel, y el aire olía a leña y tranquilidad.

Jungkook tenía su guitarra en brazos, con los dedos protegidos por guantes sin punta.

La afinó un poco, sin hablar, y luego, mirándola a los ojos con una dulzura serena, comenzó a tocar los primeros acordes de “Euphoria”.

La voz de Jungkook flotó en el aire, cálida, clara, tan íntima como si el universo hubiese guardado silencio solo para escucharlo.

Mara lo observaba sin pestañear, con los ojos ligeramente humedecidos y las manos entrelazadas en su regazo.

“Take my hands now… You are the cause of my euphoria…”

Cada palabra caía suave como copos sobre su pecho. No era solo una canción. Era un regalo. Una declaración. Un puente entre sus almas.

Cuando terminó, las últimas notas se deshicieron en el aire helado.

Jungkook dejó la guitarra a un lado, giró hacia ella y la abrazó con fuerza, envolviéndola entre sus brazos como si no existiera nada más importante.

Mara apoyó la cabeza en su pecho, escuchando los latidos acelerados de su corazón.

—Te amo, Mara —susurró él, muy cerca de su oído.

Ella lo miró, sin decir palabra. Sus ojos morados hablaban por sí solos. Y entonces, se besaron.

Fue un beso largo, lento, eterno. Un beso que sabía a nieve, madera, canciones y amor verdadero.

Bajo las estrellas tempranas de abril, el mundo se detuvo para ellos.