CAPÍTULO 13
nerviosismo. Era el día. El día en que Jungkook y Mara harían pública su relación amorosa ante el mundo.
En la sala de conferencias de la agencia, los preparativos estaban listos.
El equipo de prensa, los representantes de ambas partes y los mánagers esperaban, algunos con más entusiasmo que otros.
Rinnie y Chani le habían dado un fuerte abrazo a Mara antes de salir de la sala, deseándole suerte.
“¡No te pongas a llorar como en los dramas, eh!” le había dicho Chani bromeando, mientras Rinnie le guiñaba el ojo.
“Si te tiemblan las piernas, imagina que todos están en pijama”.
Mara sonrió, pero también estaba nerviosa.
Las palabras de Bang PD resonaban en su mente: “No podemos evitar el hate, pero sí podemos proteger tu verdad”.
Ella estaba lista. Jungkook también. Se habían prometido enfrentar juntos lo que viniera.
Cuando ambos entraron a la sala de conferencias, con vestimenta informal pero pulida, los flashes comenzaron de inmediato.
Jungkook le tomó la mano a Mara y, sin soltarla, ambos se sentaron frente a los micrófonos. No querían leer un comunicado. Querían hablar con total sinceridad.
—Gracias por venir hoy —empezó Jungkook, mirando a los medios frente a él—. Hemos decidido compartir algo importante con todos ustedes… y con nuestros fans en todo el mundo.
—Desde hace tres meses, Jungkook y yo estamos en una relación —continuó Mara, con voz firme y una leve sonrisa—. No queremos dar detalles personales, solo queríamos que lo supieran de nuestra boca, con respeto y honestidad.
Las preguntas empezaron como una tormenta. Algunas respetuosas, otras demasiado invasivas. La conferencia se cerró rápidamente para evitar que se desbordara el ambiente. En las horas siguientes, el caos explotó.
ARMY se dividió como el Mar Rojo. Algunos fans internacionales reaccionaron con corazones, mensajes de apoyo y hashtags como #HappyForJungkook y #MaraJeonIsReal.
Pero en Corea del Sur… la historia era otra.
Habían comentarios como “¡Cómo se atreve una novata a salir con Jungkook”, o “Esa chica solo busca la fama” y se multiplicaban por miles.
Las redes coreanas ardían. Algunos medios incluso comenzaron a especular con supuestas infidelidades, inventando rumores absurdos como “Jungkook tiene una amante coreana” o “Mara fue vista con un joven productor de otra agencia”.
Bang PD intentó controlar el caos con un comunicado oficial, pero el daño ya estaba hecho. Jungkook estaba furioso, aunque lo disimulaba. Mara, por su parte, intentaba mantenerse centrada, apoyada por Rinnie y Chani que no se le despegaban.
Una noche, mientras ella dormía
profundamente, Jungkook se quedó mirando el techo de su cuarto, con la mente en espiral.
Recordó la escena de hace semanas, cuando vio a Yoongi mirando a Mara desde el escenario durante el concierto de BTS.
Recordó cómo a veces los encontraba hablando solos, y cómo Yoongi parecía inquieto cuando los veía juntos.
«No… Mara nunca me haría eso», pensó, pero la duda, como una gota de tinta, comenzó a expandirse en el vaso de su confianza. «Pero, ¿y si…?»
A la mañana siguiente, Mara notó que Jungkook estaba más callado de lo normal mientras salían juntos rumbo a HYBE. Intentó no darle importancia. Le acarició la mano al bajarse del coche.
—Hoy te toca confiar en mí un poquito más, Jeon Jungkook —le susurró, antes de darle un beso suave en los labios.
Jungkook se limitó a sonreírle levemente. Pero sus ojos seguían oscuros. Había algo en su mente, algo que no quería confesar. Y fue entonces cuando el destino decidió complicarlo todo aún más.
Apenas dos días después, HYBE anunció con orgullo la nueva campaña de Gucci.
En la imagen principal del cartel aparecía Mara, de pie junto al actor Song Kang.
Ambos posaban en blanco y negro, con trajes ajustados, miradas intensas y los rostros casi tocándose.
Jungkook vio el cartel en el ascensor del edificio de HYBE. Y se quedó congelado.
—¿Esto estaba aprobado? —le preguntó a su mánager con el ceño fruncido.
—Totalmente. La campaña fue planeada hace un mes. Es de Gucci, Jungkook… no podemos vetarlo.
Jungkook salió del ascensor sin decir nada. Pero esa noche no quiso cenar. Cuando Mara lo notó, se le acercó con dulzura.
—Ey… ¡estoy aquí!, ¡no con Song Kang, ni con nadie más!
—Lo sé —dijo Jungkook al fin—. Solo… no me gusta cómo te mira en esa foto.
Mara rápidamente sacó el cartel del bolso. Lo dobló en cuatro y lo arrojó al cesto de la basura.
—Ese cartel no duerme conmigo. Quien duerme conmigo, eres tú.
Jungkook soltó una risa involuntaria. —Eso fue muy dramático, pero efectivo.
—Dramática yo… Y tú celoso por una foto en blanco y negro. Parecemos una telenovela. —Nos falta el cliffhanger y el villano misterioso, entonces.
Ambos se miraron, y se fundieron en un beso suave, de esos que calman hasta el alma. Pero afuera… el mundo seguía ardiendo. Y ellos no lo sabían, pero el verdadero giro de esta historia, apenas había comenzado.
El día después de que la campaña de Gucci con Mara y Song Kang estallara en todas las redes, en todos los periódicos y foros de moda… Jungkook no había dicho nada; ni un reproche, ni una palabra fuera de tono. Solo silencio. Un silencio que Mara notó en cada gesto, en cada pausa, en cada suspiro.
Esa noche, mientras cenaban juntos en casa —arroz con verduras salteadas y kimchi— Jungkook apenas la miraba.
—¿Te pasa algo? —preguntó ella, con cuidado, dejando los palillos sobre el plato.
Jungkook tardó en responder. Y cuando lo hizo, su voz fue casi un susurro: —¿Te gusta Song Kang?
Mara parpadeó.
—¿Qué?, ¿de qué hablas?
—La campaña… esas fotos. No es que me moleste que seas profesional —dijo él, cruzando los brazos—. Pero es que parecía que había algo más entre vosotros. Como si… como si te sintieras cómoda con él, más cómoda que conmigo.
Mara lo miró entre sorprendida y
divertida.
—¿Tú estás celoso?
—¡No!, bueno… sí. Tal vez un poco. ¡Pero es que todo el mundo habla de eso!, y luego los rumores de que tú y Yoongi… —se calló—. Olvídalo.
—¿Qué rumores hay sobre Yoongi y yo? —Olvídalo, Mara. ¡No es nada!
Ella suspiró. Se levantó de la mesa, se acercó a él y se sentó sobre sus piernas, como si fuera la respuesta más natural del mundo.
—Mírame —le dijo—. ¿Crees que si yo sintiera algo por Song Kang o por Yoongi, estaría aquí todas las noches contigo, comiendo, durmiendo, soñando contigo?
Jungkook bajó la mirada, avergonzado.
—No, lo sé. Es solo que todo el mundo parece querer separarnos. Y a veces… dudo. No de ti, sino del mundo.
—¡Pues que el mundo tiemble! —dijo ella, besándole suavemente—. Porque no pienso soltarte.
Él sonrió, por fin. Pero no duró mucho.
Unos días después, la agencia les pidió a la chicas de Eclipse asistir a una gala benéfica de artistas junto a celebridades coreanas.
Mara asistió con un vestido de satén color perla con un escote elegante en la espalda y tacones morados.
Se veía hermosa. Irreal. Jungkook también fue, pero llegó más tarde con los chicos de BTS.
Cuando entró en la sala, la vio hablando animadamente con un actor veterano, y al lado, cómo no, Song Kang.
Jungkook se acercó con educación, saludó, y se mantuvo serio. Song Kang le estrechó la mano con una sonrisa amable, aunque su mirada fue directa. Jungkook notó el perfume de Mara flotando en el aire… pero lo extraño fue que cuando volvió a casa esa noche, su abrigo olía igual.
—¿Por qué mi abrigo huele a tu perfume? — preguntó medio en broma mientras se lo quitaba.
—Porque lo llevaba encima durante la gala. Me dio frío cuando terminamos de actuar y me lo pusiste tú mismo —le recordó ella, arqueando una ceja—. ¿Todo bien con tus celos?
—Lo estoy trabajando con mi terapeuta imaginario —bromeó él, antes de besarla.
Pero la verdadera tensión estalló cuando, una mañana, Rinnie corrió a la cama de Mara con el móvil en la mano.
—¡Tienes que ver esto! —exclamó.
Era una foto: Mara, supuestamente, saliendo de una cafetería en Hongdae con Yoongi. La imagen era borrosa, pero la prensa amarilla la daba por válida.
Mara se quedó pálida.
—¡Esa no soy yo!, ese día estuve ensayando todo el día con vosotras. ¡Y Yoongi ni siquiera estaba en Corea!
Chani se asomó con los ojos entrecerrados: —Eso es un montaje cutre… Pero no importa la verdad, importa cómo lo perciba el público.
Ese mismo día, en su taquilla del estudio de baile, Mara encontró una nota escrita a mano con caligrafía elegante: “Lo que ocultas pronto será revelado”.
Mara se quedó helada. No había firma. Nadie en los pasillos. Pero esa frase resonó en su cabeza como una amenaza.
Esa noche, Mara llamó a Eliana para desahogarse. Su mejor amiga, como siempre, estaba llena de energía.
—¡Ya lo vi todo, hermana!, y te digo una cosa, ¡esa foto con Yoongi es falsa!, ¿por qué?, porque el fondo tiene el logo antiguo de la cafetería, y lo cambiaron hace tres meses. ¡Lo dice una cuenta fan!, estoy en un grupo de Telegram que ya lo está desmintiendo. ¡Somos el FBI del KPop!
—¿Tienes un grupo de Telegram para eso? — dijo Mara entre risas.
—Obvio. Se llama “Sombra Real”. Es de Umbra. Defendemos a Eclipse con garras. Además, ya me han dicho que si te pasa algo raro, tengo que avisar a la
administración del fandom. ¡Estás protegida, hermana!
—Me siento como una mafia elegante —rió Mara.
—¡Lo somos! Y si te hacen daño, saltamos. Somos Umbra, y nadie toca a nuestras estrellas.
Esa noche, mientras Mara dormía abrazada a Jungkook, él la miró en silencio.
Sabía que la amaba.
Sabía que ella era su luz.
Pero también sabía que estaban entrando en una zona peligrosa.
Donde las apariencias engañan.
Donde los rumores matan.
Donde incluso un beso puede ser usado como prueba de traición.
Y entonces, decidió algo…
Protegería a Mara.
Aunque tuviera que enfrentarse a todo. Incluso a su hyung, Yoongi.
Incluso a la verdad.