Querido desconocido, me suenas CAPÍTULO 12
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CAPÍTULO 12

El invierno se hacía notar con su aliento helado sobre Seúl, cubriendo la ciudad con una capa suave de escarcha.

El reloj marcaba las siete de la mañana cuando Mara y Jungkook salieron juntos de casa, como cada día desde hacía dos meses.

El cielo todavía estaba pintado de un azul profundo, y su aliento se condensaba en nubes pasajeras mientras caminaban.

—Hoy hace más frío que ayer —dijo Mara, frotándose las manos.

Jungkook se rió bajo la bufanda negra que llevaba enrollada hasta la nariz.

—Ven, yo te caliento —respondió, antes de tomarle la mano y esconderla en el bolsillo de su abrigo, junto con la suya.

Caminaban en silencio, compartiendo ese pequeño ritual cotidiano como si el mundo les perteneciera solo a ellos. Cuando llegaron al edificio HYBE, Jungkook la acompañó hasta la puerta de la habitación que Mara compartía con Rinnie y Chani.

—Suerte hoy con el ensayo —le dijo, acariciándole una mejilla con dulzura—. Esta noche… cuando vayamos a casa, quiero hablar contigo. Algo serio… pero bonito.

—¿Serio y bonito? —preguntó Mara, con una sonrisa juguetona y las mejillas rojizas por el frío.

—Sí, sobre nosotros —susurró Jungkook antes de besarla suavemente en los labios —. Lo hablamos después del trabajo, ¿sí?

Mara asintió, algo nerviosa y emocionada.

Sabía perfectamente a qué se refería. El tema de hacer pública su relación ya había surgido en bromas…

pero nunca en serio. Cuando la puerta se cerró y Jungkook se alejó, Mara apoyó la espalda en la madera y suspiró sonriendo.

Desde el escritorio, Chani la observaba mientras se aplicaba brillo labial con calma.

—¿Él otra vez? —preguntó Chani con una ceja levantada.

—Sí, ¿quién más? —respondió Mara entre risas.

Rinnie salió del baño con una toalla en el cabello y dijo en tono dramático: —Cada vez que Mara sonríe así, un ARMY presiente que algo se está gestando.

Las tres rieron con complicidad. Aquel vínculo entre ellas se había fortalecido tanto que ya eran más que compañeras de grupo, eran hermanas.

Los días en HYBE se hacían intensos. Con el debut de Eclipse aún fresco, la popularidad de las tres chicas había crecido de manera vertiginosa gracias al éxito de “Eternal”, su canción principal, incluida en el álbum “Silver”.

La coreografía exigente, las prácticas vocales, las entrevistas, los fansings, y los horarios desordenados les dejaban poco tiempo para respirar.

Pero ellas no se quejaban. Durante los entrenamientos, Mara se sentía más fuerte que nunca, aunque había algo que no dejaba de inquietarla… Y ese “algo” era Yoongi.

Esa tarde, durante una grabación de entrevistas para una revista de moda, Eclipse coincidió con BTS. Todo fue cordial… hasta que Yoongi se acercó a Mara durante una pausa y le ofreció una bebida caliente.

—¿Chocolate? —dijo, extendiéndole el vaso. —Gracias —respondió ella con una sonrisa tímida.

El silencio entre ambos era cómodo, pero estaba cargado de algo más. Algo que ambos sabían y que ninguno se atrevía a nombrar.

—Te vi en el ensayo el otro día —dijo Yoongi sin mirarla—. Lo estás haciendo muy bien.

—¿En serio?, no pensé que mirarías…

—Miro más de lo que crees —respondió él, alzando por fin la vista para cruzarse con la suya.

Mara sintió un vuelco en el estómago. Su mente se llenó de la imagen de Jungkook, de su risa, de su mirada, de su amor… y de lo mucho que lo quería. Pero la intensidad con la que Yoongi la observaba… la descolocaba. Antes de que pudiera decir algo, Taehyung apareció como un rayo entre ambos.

—¡Mara!, ven, ven, tienes que ver este vídeo de un fan. ¡Es buenísimo! —dijo tomándola del brazo, arrastrándola consigo.

Cuando estuvieron a una distancia segura, Taehyung bajó el teléfono y la miró con seriedad.

—Oye, ¿estás bien?

—Sí, sí… solo fue un momento raro.

—Yoongi está raro —dijo él sin rodeos—. Solo ten cuidado.

Esa noche, los pasillos del estudio de grabación estaban casi vacíos. Jungkook se encontraba solo, terminando de editar unos arreglos en una canción cuando sintió que alguien lo tocaba en el hombro. Se quitó los cascos y se giró. Era Yoongi.

—Hyung —saludó Jungkook, sorprendido. —Necesito hablar contigo —dijo Yoongi, serio—. Sobre Mara.

El silencio se hizo espeso. Jungkook tragó saliva, giró la silla hacia él y asintió.

—Te escucho.

Yoongi se pasó la mano por el cuello, incómodo.

—Sé que están juntos. Hace tiempo. Y lo respeto, pero… —hizo una pausa larga—. No puedo evitar lo que siento por ella. Me pasa algo con Mara.

Jungkook lo miró en silencio, sereno, pero con los puños cerrados.

—Yoongi… te entiendo. Pero Mara y yo estamos juntos desde hace dos meses. Vivimos juntos. Nos amamos. Y pronto… vamos a hacer pública nuestra relación. Lo hemos decidido.

El mayor suspiró con el peso del mundo sobre los hombros.

—Lo sé. Sé que tengo que soltarla porque está contigo… pero no puedo evitar sentir lo que siento.

—Gracias por decírmelo, hyung —respondió Jungkook con sinceridad—. Y gracias por no cruzar la línea.

Yoongi asintió, derrotado.

—No lo haré, pero necesitaba decirlo. Ambos salieron juntos del estudio. Afuera, el frío se había intensificado.

Mara estaba en la entrada, despidiéndose de Rinnie y Chani.

—No os asustéis, pero pronto va a haber alboroto en UMbrA y ARMY —dijo ella con una sonrisilla traviesa.

—No me digas que por fin… —empezó Rinnie. —¿Se viene el bombazo…? —añadió Chani entre risas.

Mara solo levantó una ceja, misteriosa. —Yo no dije nada.

Rinnie y Chani se abrazaron teatralmente.

—¡Que el caos nos lleve, pero que nos encuentre con glitter! —dijo Rinnie. —Y que los haters se atraganten con su odio —añadió Chani en tono de broma. Mara se echó a reír justo cuando Jungkook llegaba.

—¿Lista? —le preguntó él, tomándola de la mano.

—Sí, siempre lo estoy.

La noche había caído sobre Seúl cuando Jungkook y Mara caminaron de regreso a casa, entre risas y silencios cómodos. Iban de la mano, con sus dedos

entrelazados como si el frío del invierno no pudiera tocarlos.

Al llegar a casa, se quitaron los abrigos, las bufandas, las botas… y se acomodaron en el sofá, envueltos en una manta. Jungkook encendió una vela de vainilla y encendió una playlist suave. Mara lo observaba con una mezcla de ternura y anticipación.

—¿Esta es la charla seria? —preguntó ella en voz baja.

Jungkook se giró hacia ella, serio, pero con una calidez infinita en los ojos. —Sí. Pero antes… hay algo que quiero darte.

Fue a su mochila y sacó una pequeña caja negra. Mara la abrió con cuidado. Dentro, había una pulsera plateada con un dije en forma de luna.

—¿Una luna…?

—Sí. Porque tú eres mi eclipse, Mara.

Y desde que llegaste, tapaste toda la oscuridad que tenía dentro —le dijo, bajando la voz, como si temiera romper el momento—. Quiero que estemos juntos sin escondernos más. Hemos construido algo real. Eres lo mejor que me ha pasado.

Los ojos de Mara se llenaron de lágrimas. Lo abrazó fuerte, hundiendo la cara en su cuello.

—Yo también lo siento así. Contigo todo tiene sentido.

—Entonces, cuando quieras… lo decimos al mundo.

—Estoy lista, Jungkook. Para lo que venga. Contigo.

Justo en ese instante, el móvil de Mara comenzó a vibrar sobre la mesa. Era una video-llamada. En pantalla, el nombre de Eliana parpadeaba. Mara rió entre lágrimas.

—Es mi mejor amiga. Si no contesto, se va a pensar que me secuestraron.

Jungkook asintió, y ella contestó.

—¡¡MARAAAAAAA!! —gritó Eliana al otro lado de la pantalla—. ¡¡No me lo puedo creer!!, ¡¡eres una maldita ídolo del K-Pop y no me lo dijiste!!

—¡Cálmate! —dijo Mara entre carcajadas, limpiándose las lágrimas—. Iba a

contártelo, te lo juro.

—¡Te vi en el MCountdown!, ¡cantando “Eternal”!, ¡Chani con ese rap, Rinnie con su energía… y tú, DIOSA!, ¿cómo no me lo dijiste?, ¿¡cómo!?

Mara se encogió de hombros, divertida. —Tenía miedo de que te desmayaras y tiraras el portátil.

—Bueno, ya lo tiré. No importa —respondió Eliana—. ¡Ahora tengo un nuevo grupo que idolatrar!, ya no soy solo ARMY… ahora soy también UMbrA. Lo juro.

Jungkook se coló en la pantalla en ese momento, apoyando el mentón en el hombro de Mara.

—Todo esto es gracias a mí, pero el talento es solo suyo —dijo con su voz melosa.

Eliana se quedó congelada, como siempre. —Espera, espera, espera… ¿ES ÉL DE NUEVO?, ¿EL VERDADERO?, ¿EL JUNGKOOK DE BTS?, ¿OTRA VEZ EN TU CASA?

—Sí, Eliana… es mi novio —respondió Mara con una mezcla de timidez y orgullo.

Eliana abrió los ojos como platos y gritó: —¡¡VOY A DESMAYARME!!, ¡¡VOY A

DESMAYARME!!

—¡No lo hagas!, ¡tú ya eres parte de UMbrA, no puedes dejarme sola! —bromeó Mara.

Jungkook soltó una carcajada.

—Me cae bien. ¿Estás segura de que no es tu hermana perdida?

—A veces lo parece —dijo Mara, riendo.

Tras unos minutos más de bromas y emoción, colgaron. Mara apagó el móvil y suspiró con una sonrisa, recostándose en el pecho de Jungkook.

—Fue bonito decírselo. Sentí que algo se liberaba.

—Pronto lo diremos al resto. Al mundo entero.

Se miraron. Y entonces… ya no hubo palabras.

La noche avanzó con lentitud. Se metieron en la cama, abrazados, enredados en las mantas y en ellos mismos.

El roce de sus pieles se hizo más consciente.

Las miradas se volvieron más prolongadas.

El amor ya no pedía permiso. Jungkook besó a Mara con una ternura infinita, como si cada segundo fuera sagrado.

Sus manos acariciaron su espalda con suavidad, como si trazara un mapa secreto solo para él. Mara lo miró con los ojos brillando.

—No quiero detener esto.

—Ni yo tampoco —susurró Jungkook.

Esa noche, se entregaron el uno al otro con amor, con cuidado, con verdad. No hubo prisa, solo la certeza de que aquello era real. Auténtico.

Afuera, la ciudad dormía. Las estrellas parecían más brillantes que nunca, como si también ellas celebraran ese momento. Dentro del cuarto, dos almas se habían unido por completo. No había máscaras. No había miedo.

Solo amor. Solo ellos.