Querido desconocido, me suenas CAPÍTULO 11
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CAPÍTULO 11

La mañana siguiente, una neblina suave acariciaba las calles de Seúl mientras el sol apenas asomaba tímidamente entre los edificios.

Mara, enfundada en su chaqueta acolchada color lavanda, bostezaba mientras se ajustaba la bufanda, siguiendo a Jungkook por el pasillo del edificio.

Él, como cada mañana desde hacía semanas, caminaba a su lado con una sonrisa de medio lado y un chocolate caliente en la mano para ella.

—¿Estás segura de que dormiste anoche? — bromeó Jungkook mientras le ofrecía el vaso de chocolate, inclinando un poco la cabeza para observar sus ojeras.

Mara tomó el chocolate con ambas manos, inhalando el vapor con delicia.

—No lo sé… creo que soñé que bailaba la coreografía de “Umbra” sobre una nube con Chani gritándome “¡MÁS FUERZA EN LA CADERA!” —respondió, haciendo una imitación dramática de la voz de su unnie.

Jungkook soltó una risa cálida.

—Sí, definitivamente no dormiste —dijo, y se detuvo justo frente a la puerta del dormitorio que Mara compartía con Rinnie y Chani en HYBE. Se inclinó un poco para mirarla a los ojos—. Esta noche, cuando vayamos a casa… me gustaría que habláramos en serio.

Mara parpadeó, sorprendida por el tono repentino, más suave, más íntimo.

—¿Sobre qué…?

—Sobre nosotros. Lo que sentimos. Lo que queremos —respondió Jungkook sin titubear, con la mirada firme pero dulce—. Y también sobre hacerlo oficial. Contigo… quiero todo.

Mara sintió el corazón agitarse dentro del pecho, como si su cuerpo lo entendiera antes que su mente. Asintió, algo tímida pero segura.

—Vale… esta noche —respondió, y antes de que pudiera decir algo más, Jungkook se acercó y le dio un beso en la frente, como si sellara una promesa silenciosa entre ellos.

Cuando Jungkook se marchó, Mara apoyó unos segundos la espalda en la puerta, respirando hondo con una sonrisita tonta en la cara. Un segundo después, la puerta se abrió desde dentro y apareció Chani, con el pelo recogido en un moño

improvisado y una mascarilla verde cubriéndole la mitad del rostro.

—¿Otra vez esa sonrisa?, ¿qué pasa?, ¿Jungkook te ha pedido matrimonio o algo? —dijo Chani arqueando una ceja, divertida.

—No —respondió Mara con voz soñadora, entrando—. Pero se está acercando peligrosamente.

Rinnie apareció desde el fondo de la habitación con una sudadera enorme y una botella de agua.

—¡Anda, venga! —dijo Rinnie—. Hoy nos toca repaso con la coreógrafa. Más vale que esos pies estén despiertos.

Las tres chicas entrenaron durante horas, corrigiendo pasos, ajustando armonías, ayudándose mutuamente a no flaquear.

Su amistad se había fortalecido como si llevaran años juntas.

Rinnie era la que tiraba de ellas con disciplina, Chani era la chispa creativa que sacaba bromas y frases motivadoras del aire, y Mara…

Mara era el equilibrio entre ambas: corazón, energía y voz.

Cuando por fin pararon a almorzar, se dirigieron a la cafetería de HYBE. Como cada día, las mesas metálicas pintadas de colores les dieron la bienvenida. Las chicas escogieron una de color celeste y se acomodaron con sus bandejas, riendo entre bocado y bocado.

—¿Creéis que hay vida después del debut? — preguntó Rinnie mirando al techo, dramática.

—¿Vida? —dijo Chani—. ¡Yo solo quiero sobrevivir a la próxima práctica de resistencia vocal!

De pronto, una sombra cubrió su mesa. Era Jungkook, acompañado por todos los chicos de BTS.

—¿Interrumpimos? —dijo Taehyung con su típica sonrisa traviesa.

—¡Para nada! —dijo Mara levantando la vista, iluminándose al instante.

Namjoon fue el primero en saludar educadamente a Rinnie y Chani.

—No nos presentamos bien la vez anterior, ¿verdad?, un gusto. Bienvenidas a la familia.

Las chicas hicieron una reverencia al unísono, algo nerviosas, pero sonrientes. —Sí, gracias por la oportunidad —dijo Rinnie con seriedad.

—Y por aguantar a esta loca —añadió Chani señalando con el pulgar a Mara, provocando las risas del grupo entero.

Antes de irse a su mesa, Jungkook se agachó junto a Mara, rozándole el brazo suavemente.

—No olvides lo de esta noche —susurró.

—Ni aunque me lo tatuaras —murmuró ella con una sonrisa que lo dejó completamente desarmado.

Esa tarde, los ensayos continuaron sin descanso. Mara se esforzaba al máximo, impulsada por algo más fuerte que la presión: la ilusión de su inminente debut y la fuerza que sentía al lado de Jungkook. Al terminar, Rinnie la abrazó de lado.

—¿Sabes qué?, eres más fuerte de lo que crees —le dijo en voz baja.

—¿Eso es un halago o una señal de que mañana vas a matarme en el ensayo? —bromeó Mara.

—Ambas.

Y así llegó la noche.

La casa de Jungkook estaba en silencio, suavemente iluminada por lámparas cálidas. Mara y él estaban sentados en el sofá, envueltos en una manta. Las manos de Mara jugaban con las suyas, entrelazando dedos, acariciando nudillos, como si sus dedos hablaran antes que sus labios.

—Jungkook… ¿de verdad estás seguro? — susurró ella finalmente—. Todo esto… conmigo.

Él asintió con la mirada firme.

—Estoy seguro desde la primera vez que me miraste como si no fueras consciente de quién era yo —dijo—. Me diste paz. No eres perfecta, Mara… pero eres real. Y eso para mí lo significa todo.

Mara sintió que algo se le aflojaba en el pecho. Que las capas que se había puesto para protegerse en un país nuevo, entre exigencias imposibles, por fin caían al suelo.

—Entonces… ¿somos pareja oficialmente? —Sí. Para nosotros. Para los chicos. Y después de tu debut… para el mundo.

Jungkook se acercó y la besó despacio, sin prisa, como si no tuvieran miedo al tiempo. Cuando se separaron, Mara sonrió contra sus labios.

—Ya verás cuando se entere Eliana… —¿Va a gritar mucho?

—¿Has oído hablar del Apocalipsis? Ambos se rieron hasta perder el aliento.

Días después del acuerdo de pareja privada… La energía dentro del edificio HYBE era distinta esa mañana. El aire vibraba con entusiasmo y nervios. En los pasillos, staff y productores corrían con auriculares puestos y carpetas en mano, ajustando cada detalle del gran evento.

Ese día era el debut oficial de ECLIPSE. —¡Hoy es el día! —exclamó Rinnie, atándose las zapatillas frente al espejo.

—No me lo puedo creer… ¡Vamos a cantar “Eternal” en un escenario de verdad! — añadió Chani, temblando entre emoción y adrenalina.

Mara sonrió mientras repasaba sus vocales suavemente. No había dormido mucho. Jungkook se había asegurado de que comiera bien, descansara y no pensara en los nervios, pero era imposible. Su debut estaba a solo unas horas.

Backstage del primer concierto de ECLIPSE.

Vestidas con estilismos plateados con reflejos violáceos (que hacían juego con los ojos morados de Mara y el nombre del álbum Silver), las tres chicas estaban listas para salir al escenario.

Los gritos de los fans retumbaban en el recinto.

Era una sala de conciertos con capacidad para 2.

000 personas; llena de luces, pancartas y gritos.

Entre la primera fila, los siete chicos de BTS las observaban con sonrisas orgullosas.

Jungkook llevaba puesta una gorra negra y una chaqueta de cuero, aunque no podía ocultar su expresión de emoción cada vez que miraba al escenario.

—Vamos a brillar, chicas. Pase lo que pase, estamos juntas. Esto es solo el principio —dijo Mara, entrelazando su mano con las de Rinnie y Chani.

El escenario se iluminó. Y el show comenzó. ECLIPSE apareció envueltas en luces púrpuras y plateadas. Cuando comenzó a sonar “Eternal”, una balada poderosa con un beat moderno y armonías conmovedoras, el público se rindió de inmediato.

Mara cantaba con fuerza y dulzura, mientras Rinnie deslumbraba con su coreografía fluida y Chani rompía con su rap emocional.

Juntas eran una fuerza magnética. Desde la primera fila, Jungkook no podía apartar la vista de ella.

Su expresión era de asombro, orgullo y amor.

A su lado, Yoongi también la observaba. Sus labios estaban curvados en una ligera sonrisa, pero sus ojos reflejaban algo más.

Algo profundo y confuso incluso para él.

Taehyung notó la tensión entre ambos y se limitó a suspirar mientras le daba un codazo suave a Yoongi, en plan “bájale, hyung”.

Era el final del concierto…

Tras el último verso y una reverencia final, el público estalló en vítores. Las chicas saludaron, sudorosas y radiantes. Pero apenas dieron un paso fuera del escenario, Mara se tambaleó por el agotamiento. Su cuerpo no daba más. Jungkook corrió hasta ella antes de que cayera del todo.

—¡Mara! —gritó Rinnie, mientras Jungkook la atrapaba justo a tiempo y la sostenía con fuerza contra su pecho.

—Me la llevo —dijo Jungkook con calma pero con firmeza, colocándola cuidadosamente en su espalda—. Está agotada. Vosotras descansad bien, ¿sí?

Rinnie y Chani asintieron preocupadas.

—Por favor… cuida de ella. Es muy importante para nosotras —dijo Chani, con una mezcla de gratitud y cansancio.

—Lo haré. Os lo prometo.

Esa noche, en casa de Jungkook… Él llegó con Mara dormida sobre su espalda. La dejó suavemente sobre el sofá y le quitó los zapatos con cariño.

Le preparó agua tibia con limón, una manta, y le acarició el cabello mientras se sentaba a su lado.

—Lo hiciste increíble hoy, conejita — susurró, observándola dormir—. Estoy tan orgulloso de ti…

Mara, entre sueños, murmuró su nombre con una sonrisa.

Días después, comenzaba el concierto de BTS.

El hype por el debut de ECLIPSE no dejaba de crecer. El fandom “UMbrA” ya se había formado, y las redes explotaban con teorías, edits y fancams de Mara, Rinnie y Chani. Pero esa noche era el turno de BTS.

Con su álbum BE, prepararon un concierto íntimo y emocional; con canciones como “Life Goes On”, “Blue & Grey” y “Disease”.

Mara, Rinnie y Chani fueron invitadas VIP y estaban en primera fila. La emoción en los ojos de Mara mientras veía a Jungkook en su elemento era imposible de ocultar. Durante “Telepathy”, Jungkook escaneó la audiencia… hasta que la encontró.

Sus ojos se encontraron con los de Mara, y una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro mientras cantaba directamente para ella.

Yoongi, desde su lado del escenario, también la vio.

Su mirada no era tan evidente, pero sí era intensa.

Algo en su expresión indicaba que empezaba a aceptar lo que sentía.

Que estaba empezando a entender que Mara no era alguien más.

Rinnie, al notar esas miradas, murmuró en voz baja para Chani: —Ay, madre…

Esto se está volviendo un triángulo amoroso coreano de los serios.

Chani solo respondió: —Un drama del bueno. Pero por eso, estamos aquí.