Querido desconocido, me suenas CAPÍTULO 10
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CAPÍTULO 10

Mara, en primera línea, sudaba a chorros.

Tenía las mejillas color cereza, el cabello castaño claro pegado al rostro y una mirada decidida clavada en el espejo.

A su lado, Rinnie —con su larga melena turquesa ondeando como una corriente de agua viva— seguía el ritmo con precisión impecable.

Justo detrás, Chani, con el cabello negro corto ligeramente levantado por el movimiento, marcaba cada paso con la energía afilada de una rapera

profesional.

—¡Otra vez desde el segundo ocho! —gritó Rinnie, sin perder la compostura de líder.

Mara soltó una risa entre jadeos.

—¡Dios, Rinnie!, si nos haces repetir otra vez más me voy a evaporar —bromeó, secándose la frente con la manga.

—¡Evaporémonos juntas, entonces! —contestó Chani con una sonrisa salvaje mientras caía sentada al suelo.

Después de una hora más de práctica intensa, la coreografía de la canción predebut estaba casi lista.

Les faltaban aún muchos detalles: más sincronía, mejor resistencia, y algo que Bang PD no dejaba de repetir en sus reuniones: “Ese aura. Esa presencia magnética. La tenéis, pero hay que afilarla hasta que queme”.

A las 11:00 en punto, las puertas del salón de ensayo se abrieron de golpe. Las tres chicas salieron tambaleándose, cansadas pero eufóricas. El ascensor las dejó frente a la gran cafetería del edificio HYBE. Moderno, limpio, amplio y decorado con mesas metálicas de colores.

Mara escogió la de color rojo. Rinnie se sentó en la amarilla y Chani en la azul.

Las tres pidieron ensaladas proteicas, kimchi, gimbap y botellas de agua con gas.

Mientras comían, bromeaban sobre el coordinador de baile que parecía un robot sin alma y sobre las fans extranjeras que ya comenzaban a sospechar de la existencia de ECLIPSE gracias a algunos rumores en foros coreanos.

Fue entonces cuando se hizo el silencio en sus mesas. En el otro lado de la

cafetería, como salidos de una escena de película, los siete miembros de BTS caminaban hacia ellas. La gente alrededor los observaba con una mezcla de respeto, sorpresa y admiración silenciosa. Era como ver llegar a una constelación de

estrellas, pero vestidas con ropa de entrenamiento.

Mara sintió su corazón desbocarse. Los había conocido a todos una semana atrás, en aquella noche inolvidable de karaoke. Pero la tensión seguía allí, flotando. No por incomodidad… sino por la fuerza del respeto y la admiración que emanaban de ellos.

—¡Ey, Mara! —saludó Taehyung, alzando la mano con una sonrisa traviesa.

—Hola, chicas —añadió Namjoon, con una reverencia formal hacia Rinnie y Chani—. Sois las nuevas integrantes de ECLIPSE, ¿cierto?

—S-sí, eso somos —dijo Rinnie con una inclinación leve, algo ruborizada.

—Encantado de conocerlas —dijo Jimin, saludando con una pequeña reverencia también—. Mara nos habló de vosotras. Os está yendo muy bien, ¿no?

—Intentamos no morir en el intento — respondió Chani, logrando que los siete rieran.

Jungkook se acercó a Mara y, con voz suave y mirada dulce, dijo: —Después del trabajo… te espero en la entrada, ¿vale?, para irnos juntos a casa.

Mara asintió sin pensar.

—Claro. Allí estaré.

El grupo se despidió con una mezcla de reverencias, gestos amigables y sonrisas cómplices. Cuando se alejaron, Rinnie giró la cabeza hacia Mara con una ceja alzada.

—¿”Casa”?, ¿apenas comenzamos a vivir juntas y tú te vas con él? —bromeó.

—¡Es que…! —Mara se tapó el rostro con las manos, visiblemente nerviosa—. Jungkook me está dejando quedarme en su casa… hasta que las cosas se estabilicen.

—¿Y las emociones también? —susurró Chani, dándole un codazo.

Mara se limitó a reír, nerviosa, mientras el rubor le subía hasta las orejas. Esa misma noche…

El dormitorio compartido de ECLIPSE aún tenía cajas sin abrir, pósteres por colgar y un ambiente a medio camino entre caótico y emocionante.

Las tres chicas estaban en pijama, con mantas y cojines por todas partes.

Chani revisaba una libreta con letras de rap mientras Rinnie se ponía mascarillas faciales.

—Mañana tenemos clase vocal con Min Kyung y coreografía con Hwang Sun —murmuró Rinnie desde su colchón.

—Genial, así podré morirme dos veces el mismo día —respondió Mara.

Chani se rió, pero en el fondo todas sabían que estaban creciendo. Que algo más fuerte que los miedos se encendía dentro de ellas. Algo con forma de escenario, luz y millones de voces gritando sus nombres. Mara miró su móvil y vio un mensaje de Jungkook: “¿Saldrás pronto? Estoy en la entrada 💜”.

Sin decir una palabra, se levantó, se puso una chaqueta negra encima del pijama y bajó corriendo. Él la esperaba con gorro, mascarilla negra y unos ojos brillantes. Bastó con que se miraran para que el mundo se callara.

Subieron juntos al coche en silencio. Pero era esa clase de silencio lleno de cosas que no hace falta decir.

La mañana siguiente, Jungkook y Mara salieron temprano de casa, caminando juntos bajo el cielo pálido de Seúl aún adormecido. Iban en silencio, compartiendo ese tipo de calma íntima que solo se siente cuando dos personas están

conectadas más allá de las palabras. Al llegar al edificio de HYBE, Jungkook la acompañó hasta la puerta del dormitorio que Mara compartía con Rinnie y Chani.

—Nos vemos luego —dijo él, acariciándole brevemente la mejilla antes de marcharse.

—Ánimo en el estudio —respondió Mara con una sonrisa.

Jungkook se despidió con un gesto suave y caminó hacia su estudio, donde el resto de BTS lo esperaba para continuar trabajando en su álbum “BE”. Mientras tanto, Mara entraba en la habitación, donde Rinnie ya se estaba estirando frente al espejo y Chani revisaba las anotaciones de su libreta.

—¿Dormiste bien? —preguntó Chani sin levantar la vista.

—Sí —respondió Mara, todavía con una sonrisa boba en los labios.

—Tiene esa cara de haber tenido una buena noche —bromeó Rinnie, arqueando una ceja divertida.

Mara soltó una risa mientras dejaba su mochila a un lado. El día de entrenamiento apenas comenzaba.

En el ascensor, mientras bajaban al piso de entrenamiento, Rinnie rompió el silencio: —No quiero emocionarme antes de tiempo… pero creo que ya estamos empezando a fluir como grupo.

—Ayer clavamos la armonía vocal por primera vez —dijo Mara, entusiasmada.

—Y si seguimos así… vamos a hacer algo realmente épico —añadió Chani, con una sonrisa ladeada.

Al llegar, las esperaba el coreógrafo con una mirada que decía claramente: “Hoy tampoco va a ser fácil”.

Pasaron las siguientes tres horas corrigiendo detalles milimétricos de la coreografía y cantando en distintas posiciones hasta quedar agotadas. Pero había algo diferente ahora: comenzaban a confiar unas en otras, a reírse en mitad de los errores, a corregirse sin herirse.

Se estaban convirtiendo en un equipo. Al mediodía, después del almuerzo, Mara fue a buscar agua a una de las salas de descanso y se encontró de frente con Yoongi.

—Oh… Hola —dijo, algo incómoda.

—Ey —respondió él con su tono bajo y relajado.

Hubo un momento de silencio. Mara pensó en seguir de largo, pero Yoongi la detuvo suavemente tocándole el brazo.

—Quería decirte que… estoy contento por cómo estás avanzando. De verdad.

—Gracias —susurró ella, un poco

sorprendida por su tono serio—. Eso significa mucho para mí, Yoongi.

Él la observó por un segundo más de lo necesario.

—Es raro, pero siento que eres parte de esto desde hace más tiempo del que realmente llevas aquí.

—Yo también siento eso —admitió Mara con una media sonrisa.

Justo en ese momento, Jungkook apareció en el pasillo. Llevaba una camiseta blanca, una botella de agua en la mano y una expresión extrañamente tensa al ver a Yoongi tan cerca de ella.

—¿Todo bien por aquí? —preguntó, sin dejar de mirar a su hyung.

—Sí, solo hablábamos —respondió Yoongi, retrocediendo un paso con elegancia—. Te veo luego, Mara.

Cuando se alejó, Jungkook exhaló.

—¿Te incomodó? —preguntó, sin girarse. —No… solo fue amable conmigo. ¿Tú estás bien?

Jungkook la miró a los ojos. Había algo más profundo en su expresión, algo que no mostraba en los ensayos ni frente a los demás.

—Estoy bien. Solo que a veces… me cuesta compartirte.

Mara sintió un vuelco en el pecho.

—No soy algo que tengas que compartir — dijo suavemente—, pero… me gusta que te importe.

Jungkook dio un paso hacia ella. No era una declaración oficial, ni una escena dramática. Solo un instante donde sus miradas hablaban el mismo idioma. Y Mara supo, sin palabras, que lo que sentía por él no era solo una chispa. Era una llama encendida con paciencia.

Esa noche, en casa de Jungkook.

Mara se acomodó en el sofá mientras Jungkook terminaba de sacar dos platos de ramyeon de la cocina. Llevaba una camiseta holgada y pantalones de pijama oscuros. El ambiente era cálido, íntimo, como si todo el ruido del mundo se hubiera quedado fuera de esa casa.

—¿Quieres llamarla ahora? —preguntó él, sirviendo el té.

—Sí —respondió Mara, sonriendo—. Ya va a ser mediodía en España.

Abrió el portátil y conectó la videollamada con Eliana. La imagen de su mejor amiga apareció en la pantalla: cabello desordenado, una taza de café en la mano y auriculares puestos.

—¡¡Maraaaaaaa!! —gritó Eliana en cuanto la vio—. ¡¡Tía, estás viva!!, y más guapa que nunca, ¿te están dando kimchi de unicornio o qué?

—¡JA,JA,JA!, ¿qué dices? —rió Mara—. Estoy entrenando como una bestia. No sé ni cómo sigo todavía en pie.

Jungkook, desde el fondo, se acercó por detrás y metió la cabeza en la cámara con una sonrisa inocente.

—Hola, Eliana.

Eliana se quedó muda tres segundos exactos… y luego chilló como una loca. —¡¡¡NO ME JODAS!!!, ¡¡JUNGKOOK DE BTS ESTÁ EN TU SALÓN!!, ¡¡Y TE TRAJO RAMYEON!!, ¿esto es real o me dormí viendo fanfics otra vez?

Mara estalló en carcajadas. Jungkook le guiñó un ojo a la pantalla.

—Cuidaré bien de ella. Lo prometo. Eliana se llevó una mano al pecho, teatral.

—¡¡Y encima es romántico!!, ¡Mara, cásate con este hombre ya!

—Vale, vale, relájate —dijo Mara, roja como un tomate—. Luego hablamos, anda… Te llamo mañana.

Cerró el portátil entre risas. Jungkook se dejó caer en el sofá a su lado y la miró con ternura.

—¿Así eran tus días normales en España? —Sí, más o menos… Aunque tú no venías en el pack, claramente.

—Tu amiga tiene bastante energía —dijo él, con una sonrisa divertida.

—Demasiada diría yo…

Ambos rieron. Luego, entre risas y cucharadas de ramyeon, se quedaron en silencio. Un silencio cómodo, lleno de esa calma que solo se da cuando estás con la persona correcta.

Y en ese silencio, Mara pensó que quizá, solo quizá… su vida no estaba girando hacia el caos, sino hacia su verdadero centro.