CAPÍTULO 9
El ascensor se detuvo con un suave ding.
Mara respiró hondo, acomodándose el crop top blanco con mangas de encaje y los pantalones oscuros de corte alto. Sus ojos morados brillaban con nerviosismo, pero también con determinación. Jungkook, a su lado, le ofreció una sonrisa suave y una mirada que decía más que mil palabras.
—Estás lista, no lo dudes ni por un segundo —le susurró en español mientras le entrelazaba los dedos con los suyos.
La puerta del estudio de ensayo se abrió lentamente, y Mara se encontró frente a siete figuras sentadas en una mesa larga. Los miembros de BTS y, en el centro, un hombre corpulento, de gafas cuadradas y expresión impasible: Bang Si-hyuk, el CEO de HYBE.
—Bienvenida, Mara —dijo Bang PD en inglés, sin levantarse—. Tenemos muchas
expectativas puestas en ti.
Los ojos de Mara saltaron de un rostro al otro.
Namjoon le sonrió con amabilidad, Jin le guiñó un ojo.
Jimin le mandó un pulgar arriba como si quisiera decir “¡Ánimo!”.
Yoongi la observaba en silencio, sereno.
Hoseok no podía dejar de sonreír, y Taehyung tenía el mentón apoyado en su mano, curioso.
Jungkook, desde su asiento, le guiñó discretamente.
Mara asintió con una sonrisa nerviosa y se colocó en el centro del estudio.
—Voy a cantar “Scars to Your Beautiful” — anunció en inglés.
La música empezó. Su voz fluyó con suavidad, clara, emocionada, sin titubeos. Cada verso parecía salido de lo más profundo de ella. A medida que avanzaba, su interpretación se volvía más firme, más poderosa… más suya.
Cuando la canción terminó, la sala quedó en un silencio reverente. Bang PD asintió lentamente.
—Has pasado —dijo finalmente—. Y, además, cumples con los estándares visuales del KPop, incluso siendo extranjera. Eso no es común. Eres diferente, pero en el mejor sentido.
Mara soltó una carcajada de alivio, con las lágrimas asomándole a los ojos. Jin comenzó a aplaudir con entusiasmo y pronto todos lo siguieron, celebrando como si fuera una de las suyas. Jungkook se levantó primero para abrazarla con fuerza, como si se le fuera el alma en ello.
Bang PD levantó una mano, serio: —Pero te advierto una cosa, Mara. Esta industria es dura. Tendrás que trabajar el doble, no puedes permitirte errores. Y, sobre todo, controla tu cuerpo. No engordes. No puedes bajar tu rendimiento. ¿Entendido?
Mara asintió, tragando saliva. No era un juego, y lo sabía.
—Sí, señor.
Bang PD se marchó sin más, dejando a los siete chicos y a Mara en una sala todavía vibrante de energía.
—¡Eso fue impresionante! —gritó Hoseok, casi saltando.
—No me lo esperaba, has hecho llorar a Jimin —bromeó Taehyung mientras Jimin se tapaba la cara entre risas.
—Deberías quedarte con nosotros hoy —dijo Jungkook tomando su mano—. Así ves cómo trabajamos. Si vas a estar en esta industria, necesitas ver lo que hay detrás de la cortina.
Mara no lo dudó. Asintió con entusiasmo. —Por supuesto.
Esa misma noche, cerca de las once, el estudio personal de Jungkook estaba en penumbra.
Con luces tenues, una botella de agua medio vacía, cables y partituras por todos lados.
Mara estaba sentada en el suelo con las piernas cruzadas, observando cómo Jungkook ajustaba un beat con sus auriculares puestos.
El ambiente era íntimo. Cálido.
—¿Siempre trabajas así de concentrado? — susurró ella.
—Cuando tú estás cerca, me concentro más — bromeó él, girándose con una sonrisa traviesa.
La puerta se abrió de repente. Yoongi apareció, seguido por Taehyung.
—¿Todavía siguen aquí? —preguntó Yoongi, caminando hacia ellos con paso lento.
Mara lo miró sorprendida, sonriéndole. Él le devolvió la sonrisa, pero no fue solo una sonrisa. Era algo más… suave, introspectivo. Se sentó a su lado sin decir palabra, con su proximidad haciendo que el aire se tensara un poco.
Jungkook lo notó. Apretó la mandíbula, aunque no dijo nada.
—¿Vienes a robarme a mi musa? —dijo en tono ligero, pero sus ojos estaban fijos en Yoongi.
Taehyung, percibiendo la tensión, se sentó al otro lado de Mara y rompió el hielo. —Solo veníamos a saludar. Y a ver cómo le sienta la música a nuestra nueva estrella.
Yoongi desvió la mirada, algo distante. —Sí, tiene algo en la voz. Algo especial.
Mara se sonrojó. Jungkook se levantó, se estiró los hombros y le pasó un brazo por encima.
—Y lo sabrás aún más mañana. Tiene que estar descansada.
—Sí, claro —dijo Yoongi, poniéndose de pie con una expresión difícil de leer—. Nos vemos mañana, Mara.
Cuando salieron, Jungkook se quedó mirándola fijamente.
—Mara, prométeme una cosa —le dijo. —¿El qué…?
—Si algún día te llegas a enamorar de otro… dímelo tú antes que nadie.
Ella frunció el ceño, confundida.
—¿Por qué me dices eso ahora?
—No lo sé. Tal vez porque estoy loco por ti, y no quiero perderte.
Mara se acercó, le acarició el rostro y lo besó suavemente.
—No tienes que temer nada. Estoy aquí contigo. Solo contigo, Jungkook.
La mañana siguiente amaneció con el cielo de Seúl cubierto por nubes finas y una brisa suave que se colaba por las ventanas del edificio de HYBE. En la planta baja, una multitud de chicas jóvenes hacían cola con número en mano; nerviosas,
emocionadas, maquilladas al milímetro. Era el día de la audición abierta para formar un nuevo grupo femenino de K-Pop. Lo que ninguna de ellas sabía… era que una integrante ya estaba elegida: Mara.
Jungkook le entregó un café caliente antes de entrar en el ascensor. Mara, vestida con ropa sencilla y una coleta alta, bebió un sorbo mientras miraba su reflejo en la puerta metálica.
—¿Qué haces mirándote así? —preguntó él. —Es raro… pensar que ahora estoy al otro lado. Que hoy… voy a ser evaluadora. —Y vas a brillar igual que ayer. Te lo juro.
La audición se celebró en el mismo estudio del día anterior. Bang PD les explicó el proceso con seriedad. BTS estaba grabando en otra planta, así que Mara estaría sola con el equipo de selección.
Durante horas, jóvenes coreanas y extranjeras entraban una a una; bailaban, cantaban, rapeaban. Algunas brillaban brevemente. Otras… no tanto. Mara tomaba notas, aprendiendo a mirar con criterio técnico y no solo emocional.
Pasadas las tres de la tarde, entró una chica de cabello turquesa hasta la cintura. Llevaba pantalones de chándal grises y un top blanco. Se presentó como Rinnie, 24 años, coreana nacida en Busan, entrenada en danza clásica y en hip-hop.
Cuando empezó a bailar, el ambiente cambió. Había precisión, fuerza y carisma en cada movimiento. Su energía llenaba el espacio. Mara se sintió contagiada por esa fuerza. La anotó como “fuego puro” en su libreta.
Media hora más tarde, entró una chica completamente distinta. Chani, 25 años, cabello negro corto hasta la clavícula, con mirada decidida. No bailaba con la misma energía que Rinnie, pero cuando comenzó a rapear su letra propia —en coreano y en inglés—, el jurado se enderezó en sus sillas.
Mara tragó saliva. Había algo en esa chica que te golpeaba el pecho. Un mensaje directo, crudo. Una unnie con talento nato. Cuando terminó, Mara no lo dudó ni un segundo.
—Estas dos son mis compañeras —dijo con voz firme al equipo.
Bang PD, tras repasar las grabaciones y análisis, asintió.
—Formarán un grupo de tres integrantes. Vosotras seréis… ECLIPSE.
Mara, Rinnie y Chani se miraron entre sí por primera vez como algo más que candidatas.
Como un nuevo comienzo, las tres se tomaron de las manos sin necesidad de palabras. Las tres lo sintieron, era real.
Ya entrada la noche, Mara salía del edificio de HYBE con una bolsa de ropa de entrenamiento en una mano y una sonrisa agotada pero plena. Frente a ella estaban los seis miembros de BTS esperándola en la salida. Solo faltaba Jungkook.
—¡Nuestra maknae ya tiene grupo! —dijo
Jimin abrazándola como un hermano mayor. —Y encima se llama Eclipse, suena a que va a tapar al sol —comentó Hoseok con orgullo.
—Ya quiero ver vuestro debut —añadió Jin mientras le daba un toque cariñoso en el hombro.
Yoongi le sonrió con los ojos, más discreto que el resto, pero igual de sincero. Taehyung levantó el pulgar y añadió: —No olvides tus raíces. Empieza con los pies en el suelo, pero apunta al universo.
En ese momento, una moto negra aparcó justo en frente. Era Jungkook.
—¿Lista para ir a casa, nueva artista? —le preguntó, tendiéndole un casco.
Ella sonrió, despidiéndose de todos uno por uno. Cuando pasó por delante de Yoongi, él le susurró: —Brilla, pero no desaparezcas.
Ella no respondió, solo le dedicó una mirada larga, agradecida.
Esa noche, de vuelta en casa de Jungkook, Mara se quitó las botas y se desplomó en el sofá.
—No siento los pies. Ni las ideas. Solo… floto —murmuró riendo.
Jungkook apareció con una toalla húmeda y una taza de chocolate caliente. Se sentó a su lado y le apartó un mechón de la cara.
—Te dije que ibas a hacerlo. Y ahora lo estás viviendo.
—No sería posible sin ti —susurró ella.
Se quedaron en silencio. La ciudad dormía detrás de las ventanas, y el reloj marcaba las 23:48.
—Mañana empieza la locura, ¿lo sabes? — dijo él—. Ensayos, sesiones, estrés, prensa, dietas duras e imposibles…
—Lo sé —respondió ella—. Pero quiero intentarlo. Lo deseo. Como nunca antes en mi vida.
Jungkook asintió, y se acercó lentamente. —Antes de que todo eso nos arrastre… déjame quedarme con este momento.
La besó con calma, con la dulzura de alguien que entiende que lo más valioso no es la fama ni el escenario, sino la conexión que habían forjado hasta el momento.
Y esa noche, Mara durmió abrazada a Jungkook. Ya no era solo una chica extranjera en Corea del Sur. Era parte de ECLIPSE… el grupo que apenas comenzaba, pero ya iluminaba algo dentro de ella.