Querido desconocido, me suenas CAPÍTULO 8
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CAPÍTULO 8

Eliana se quedó en Barcelona, agitando su mano mientras Mara y Jungkook cruzaban los controles del aeropuerto rumbo a una nueva vida.

La despedida había sido más dulce que triste: Eliana, con una sonrisa melancólica, le había dicho a Mara que siguiera su corazón sin miedo, que vivir algo así no era algo que pasara todos los días.

Y Mara, aunque sentía una punzada en el pecho al dejar a su amiga, no podía ignorar el cosquilleo de emoción que recorría su piel al pensar en todo lo que estaba por comenzar.

Cuando el avión aterrizó en Incheon, el aire tenía ese olor único de los nuevos comienzos mezclado con el aroma del verano coreano.

Mara respiró hondo y miró a Jungkook, que la esperaba con una sonrisa tranquila.

—¿Preparada para tu nueva vida? —le preguntó, tomándole de la mano mientras avanzaban por el aeropuerto.

—Preparada, pero nerviosa —respondió ella.

Tomaron un taxi negro en la salida principal, con destino a Seúl. Mientras la ciudad se desplegaba ante los ojos de Mara como un nuevo universo, ella giró la cabeza hacia Jungkook.

—Oye, puedo alquilar un apartamento, de verdad. No quiero molestarte ni invadir tu espacio…

—No vas a invadir nada —le cortó Jungkook, serio pero dulce—. Vas a vivir conmigo. Ya está decidido. Tengo espacio de sobra como para seis Maras más. Mi casa está al sur de Seúl, muy cerca del río Han. Es tranquila, segura, y me gusta la idea de que estés allí.

Mara se quedó boquiabierta un instante, pero luego asintió lentamente.

—Está bien… viviré contigo.

La sonrisa de Jungkook se ensanchó mientras apretaba su mano. En ese momento, recibió una llamada. Era su mánager.

—Nos recoge ahora. Estará aquí en cinco minutos.

Minutos después, el coche apareció con las ventanas tintadas. El mánager saludó a ambos con una leve inclinación antes de conducir en silencio. En el asiento trasero, Jungkook se giró un poco hacia Mara.

—Hay algo que debo advertirte… A veces, algunas sasaeng intentan entrar en mi casa. Son fans extremas, muy obsesivas. No es frecuente, pero puede pasar.

—¿Sasaeng? —repitió Mara, frunciendo el ceño.

—Sí… Son un tipo de fan peligroso. Invaden la privacidad, pueden ser agresivas. No quiero asustarte, pero prefiero que lo sepas.

Mara se estremeció, pero luego asintió con decisión.

—Gracias por contármelo. Si estamos juntos, podemos con eso. No me voy a echar atrás.

Jungkook la miró con orgullo y le acarició la mejilla. Al llegar a su casa, el mánager se despidió y los dejó frente a la puerta. Era una casa moderna de dos plantas, minimalista por fuera, cálida por dentro. El aroma del jazmín flotaba desde el pequeño jardín lateral.

Apenas entraron, Jungkook recibió otra llamada. Esta vez de Bang PD.

—Tengo que ir a HYBE ahora. Lo siento, de verdad —dijo con tono frustrado.

—No pasa nada —dijo Mara con una sonrisa—. Te esperaré aquí. Descansa cuando vuelvas. Jungkook la besó en la frente y salió apresurado.

Ya en HYBE, en el gran estudio de ensayo con paredes de espejo y luces suaves, los siete integrantes de BTS terminaban una práctica de la coreografía de “Life Goes On”. Estaban sudados pero sonrientes, la energía del grupo seguía tan viva como siempre.

—Chicos, tengo algo que contaros —dijo Jungkook mientras bebía agua.

Todos giraron hacia él. Yoongi se cruzó de brazos. Taehyung le lanzó una mirada curiosa. Jimin levantó una ceja.

—Mara ya está en Corea —dijo—. Y…

está viviendo en mi casa.

—¡¿Qué?! —exclamó Jin, provocando un coro de risas.

—¡Por fin! —dijo Hoseok, dando una vuelta en el aire—. ¡Ya era hora!

—Tenemos que conocerla —añadió Namjoon—. Este viernes por la noche. Karaoke en Gangnam. ¡Tráela!

Jungkook asintió con una sonrisa

emocionada. La semana pasó volando. Mara se adaptó a la vida en Corea con una rapidez sorprendente.

Aprendió cómo funcionaba el metro, qué lugares hacían los mejores pasteles de arroz, e incluso empezó a decir algunas palabras básicas en coreano con una pronunciación encantadora y desastrosa al mismo tiempo.

El viernes por la noche, Jungkook y Mara caminaron tomados de la mano por las calles iluminadas de Gangnam.

Las luces de neón reflejaban sus pasos mientras entraban en el edificio del karaoke.

Ya dentro, la sala privada era espaciosa, con un sofá en forma de U, una pantalla gigante y una máquina de karaoke moderna.

Namjoon, Jin, Yoongi, Hoseok, Jimin y Taehyung ya estaban allí, con soju y cervezas, snacks y micrófonos en mano.

—¡Mara! —gritó Hoseok con entusiasmo, abrazándola brevemente—. ¡Al fin te conocemos!

—Bienvenida —dijo Namjoon con una sonrisa amable.

—¿Eres la misteriosa chica del accidente en Barcelona? —preguntó Jin en broma.

Mara se rió y se sentó entre Jungkook y Yoongi. Observaba fascinada por cómo todos bromeaban, se reían, cantaban canciones en coreano y en inglés, y hasta improvisaban coreografías ridículas.

En un momento, Yoongi se inclinó hacia ella.

—Tienes pinta de tener buena voz. ¿Te animas a cantar algo?

—¿Yo?, ¿aquí? —preguntó ella, abrumada.

—Sí —dijo Jungkook—. Vamos, canta “Butter”. Está en inglés, seguro la clavas.

Después de insistencias y aplausos de ánimo, Mara aceptó. Tomó el micrófono, con los ojos como platos, y eligió la canción. La música empezó a sonar y, con los primeros versos, su voz se desplegó suave, dulce, afinada.

Los chicos dejaron de hablar. Jungkook la miraba con una expresión de orgullo absoluto. Al llegar al estribillo, Mara se soltó un poco más. Cuando terminó, se sentó tan sonrojada como si hubiese corrido una maratón de diez kilómetros.

—¡Wow! —dijo Jimin—. ¿Tú no cantas profesionalmente?

—Ni de lejos… —balbuceó ella.

—Pues… deberías de hacerlo —intervino Taehyung.

—Podemos conseguirte una audición privada en HYBE —dijo Namjoon, serio—. Tu voz merece que la escuchen.

Jungkook la tomó de la mano.

—No te presiones. Pero si tú quieres… estaré a tu lado.

Mara lo miró. Y por un momento, todo el ruido del karaoke desapareció. Solo quedaban ellos dos, y una posibilidad vibrando en el aire: la de empezar algo más grande que un simple viaje… una vida compartida.

La sala del karaoke rebosaba energía y risas. Después de la actuación de Mara, los chicos de BTS la rodearon con entusiasmo, como si acabara de firmar contrato con una discográfica

internacional.

—¡No puedo creer lo bien que cantas, Mara! —dijo Jimin con los ojos brillantes, aplaudiendo.

—Tu pronunciación en inglés fue perfecta. ¿Has tomado clases? —preguntó Namjoon, sonriendo con curiosidad.

Mara, aún sonrojada, negó con la cabeza mientras se acomodaba en el sofá junto a Jungkook.

—No… solo canto a escondidas. En la ducha, sobre todo —admitió entre risas, tapándose un poco la cara.

Jin soltó una carcajada.

—¡La mejor acústica!, eso explica esa potencia vocal —bromeó.

Jungkook, con los ojos fijos en ella, le tomó la mano con suavidad.

—Cantas increíble, de verdad. Siempre me sorprendes, Mara —dijo en voz baja, lo suficiente para que solo ella lo

escuchara.

Taehyung, con su característico tono tranquilo, habló: —¿Por qué no audicionas en HYBE?, no lo digo por decir… podríamos pedirle a Bang PD una audición privada. Tienes algo que no se puede ocultar.

Mara parpadeó, atónita.

—¿Audicionar en HYBE?, ¿estáis hablando en serio? —miró a cada uno de ellos, casi esperando que todo fuera una broma.

—¡Claro que sí! —dijo Hoseok, entusiasmado —. No le ofrecemos esto a cualquiera, ¿sabes?

Namjoon asintió.

—Si no lo intentas, nunca sabrás qué podría pasar. Y no necesitas decidirlo ahora mismo. Solo piénsalo.

Mara miró a Jungkook, que le sonreía con ternura.

—Si decides hacerlo, estaré a tu lado en todo el proceso —le aseguró.

Ella asintió, sin palabras, sintiendo cómo una oleada de emoción le subía por el pecho. La noche se alargó con más canciones, risas y anécdotas entre los chicos. Poco a poco, la tensión

desapareció y Mara se sintió como una más en ese grupo de siete almas tan unidas. Incluso Jin, a quien Eliana idolatraba, resultó ser aún más encantador y gracioso en persona.

De regreso en la casa de Jungkook, el ambiente era completamente distinto. Más silencioso. Más íntimo.

La ciudad dormía mientras las luces suaves del interior creaban sombras tenues sobre las paredes. Mara se quitó los zapatos al entrar y se dejó caer en el sofá del salón, todavía procesando todo lo que había vivido esa noche.

Jungkook fue a la cocina, sacó dos vasos de agua y volvió con uno para ella.

—¿Estás bien? —preguntó, sentándose a su lado.

—Creo que sigo en estado de shock —confesó con una sonrisa nerviosa.

Él soltó una risa suave.

—Estoy orgulloso de ti.

Ella lo miró con una mezcla de dulzura y asombro.

—¿Por cantar una canción?

—Por eso y por todo lo demás. Por haber venido. Por no haberte echado atrás. Por ser tú.

El silencio se instaló entre ambos, denso pero cálido. Jungkook le apartó un mechón de cabello del rostro con una ternura casi reverente.

—¿Sabes lo que siento cada vez que te miro? —susurró.

Mara negó con la cabeza lentamente. —Siento que he estado esperando este momento desde hace mucho, mucho tiempo. Ella tragó saliva, con el corazón latiendo con fuerza.

—Jungkook, yo…

Pero él no la dejó continuar. La besó.

Lento, profundo. Como si sellara una promesa invisible entre ellos. Cuando sus labios se separaron, sus frentes quedaron pegadas, respirando el mismo aire.

—No tienes por qué decidir lo de la audición ahora —murmuró él—. Pero si decides quedarte… no solo quiero que vivas en mi casa. Quiero que vivas conmigo. En todos los sentidos. No quiero ocultarte más, ni a mí mismo ni al mundo.

Mara lo abrazó con fuerza, escondiendo el rostro en su cuello.

—No quiero estar en ningún otro lugar más que aquí.

Y en ese instante, entre susurros, risas suaves y caricias tímidas, todo el ruido del mundo se apagó. Solo quedaron ellos dos, al fin, abrazando sin miedo a lo que fuera que estaban construyendo juntos.