Querido desconocido, me suenas CAPÍTULO 5
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CAPÍTULO 5

—¿Entonces… eras tú todo este tiempo? — susurró Mara, con los ojos más abiertos que nunca.

Jungkook, de pie frente a ella en el portal de su casa, sonrió con la misma timidez encantadora que Mara había visto mil veces en vídeos, fancams y edits que Eliana le mostraba obligadamente… pero esta vez en directo, en carne y hueso, sin pantalla de por medio, sin edición ni filtro.

—¿Te sueno ahora? —bromeó él, rascándose la nuca mientras la miraba con esos ojos oscuros e imposibles de ignorar.

Mara se quedó muda. No por falta de palabras, sino por exceso de emociones. No todos los días una descubre que el chico misterioso con el que has estado hablando cada noche por Kakaotalk… es nada más y nada menos que Jeon Jungkook, el maknae dorado de BTS.

Y ahora estaba ahí. En su calle. Delante de su puerta. Sonriendo como si esto fuera lo más normal del mundo.

—¿Subimos? —preguntó él, casi en un susurro, mirando alrededor por si alguien lo reconocía.

Iba vestido con una camiseta negra ajustada de Calvin Klein, una gorra oscura y una mascarilla bajada a la barbilla.

Pero ni siquiera eso podía ocultar su aura.

Era él. Mara asintió sin decir palabra y abrió la puerta.

Subieron las escaleras en silencio, con el corazón de ella haciendo más ruido que sus pasos.

Cuando llegaron a su piso y entraron, cerró la puerta tras él como si estuviera atrapando un sueño para que no escapara.

—¿Quieres agua?,¿té?, ¿café?, ¿un tranquilizante? —dijo Mara, intentando romper el hielo, aunque lo único que estaba rompiendo era su dignidad.

—Solo… tú —respondió Jungkook, sin pensarlo, con una sonrisa ladeada.

—¿Perdona? —Mara sintió que se le desconectó el alma.

—¡Agua!, quiero decir… agua —corrigió él, riéndose de sí mismo—. Qué desastre.

Mientras ella iba a la cocina medio en shock, él se quitó la gorra y dejó al descubierto su pelo oscuro, algo

despeinado por el vuelo. Se sentó en el borde de la cama de Mara y miró a su alrededor: habitación sencilla, posters en la pared (gracias al cielo ninguno de BTS, porque eso sí habría sido raro), algunos libros, una estantería llena de tazas y algunos peluches, y sobre el escritorio…

al lado del monitor, una carta impresa que decía “Querido desconocido”.

Cuando Mara regresó con un vaso de agua, lo pilló observando sus cosas con curiosidad. Él la miró y le sonrió, más tranquilo ahora.

—¿Puedo enseñarte algo? —preguntó Jungkook, alzando la manga de su camiseta hasta el hombro.

Mara parpadeó dos veces.

—¿Es… lo que creo?

Él extendió el brazo. Empezó por los dedos: pequeños símbolos, letras, palabras.

Luego la mano, donde estaba tatuado el logo de BTS y un corazón morado.

Después, el brazo completo. Líneas, sombras, detalles que ella solo había visto en fotos.

Hasta que llegó al final. Debajo de su oreja derecha, un pequeño número 7 perfectamente entintado.

Mara lo miró en silencio. Luego, con movimientos lentos, se recogió el cabello hacia un lado y dejó al descubierto su cuello.

Ella también tenía tatuado un 7, idéntico, en el mismo lugar.

Los ojos de Jungkook se agrandaron. —¿Cómo…?

—No lo sé. Me lo hice un año antes de conocerte por Weverse. Algo me impulsó a hacerlo. Me sonaba… como si ya formara parte de mí —respondió ella, sin apartar la mirada.

Hubo un silencio lleno de electricidad. Dos almas tatuadas con el mismo número, encontrándose después de tantas pantallas y llamadas.

Y entonces, como si el universo necesitara estropear el momento más romántico del siglo, el teléfono de Mara empezó a sonar.

—¿Quién es? —preguntó Jungkook.

—Eliana —contestó ella, sin saber si cogerlo o lanzarlo por la ventana. —Contesta, no pasa nada —dijo él, con tono tranquilo.

Mara aceptó la llamada.

—¡Maraaaa!, ¡¿dónde estás!?, ¿estás viva?, ¿estás secuestrada?, ¿por qué no me has escrito en cinco horas?, ¡eso es medio siglo en el idioma de las mejores amigas!

—Estoy bien… estoy… con alguien.

—¿Con alguien?, ¿qué tipo de alguien?, ¿alguien tipo “tengo que llamar a la policía” o tipo “estoy ocupada y me vas a odiar porque tengo una cita secreta con un coreano sexy”?

Jungkook se rió bajito, sin querer.

—¡¿Quién es ese?!, ¡¿esa voz?!, ¡¿eso es coreano?!, ¡Mara, dime que no es…! —Te cuento luego, Eli, te lo prometo. Te va a explotar la cabeza, pero ahora no puedo. ¡Te adoro, chao! —colgó antes de que Eliana siguiera con su interrogatorio habitual.

Pero el universo aún no había terminado. Esta vez fue el móvil de Jungkook el que sonó.

—¿Namjoon? —preguntó Mara, leyendo el nombre en coreano en la pantalla.

—Sí… es mejor que lo coja —dijo él, respondiendo y poniendo el altavoz.

—¡¿Dónde estás, maknae?! —dijo una voz masculina al otro lado—. ¡Estás

desaparecido y Jin ya está organizando un funeral falso con velas aromáticas!

—Estoy bien, hyung, solo necesitaba… tiempo —dijo Jungkook, mientras miraba a Mara.

—¿Tiempo con una chica? —intervino otra voz, claramente Jimin.

—¡NO!, O sea… sí. Pero no así… bueno, sí así, pero…

Mara estaba en shock. ¿Estaba escuchando en tiempo real a BTS al completo?

—¿Quién está contigo? —preguntó Yoongi, con voz sospechosa.

—Una amiga —respondió Jungkook, rascándose el cuello.

—¿La del tatuaje del 7? —preguntó Taehyung en inglés, entre risas.

—¡¿CÓMO LO SABES?! —gritaron Mara y Jungkook al mismo tiempo.

Hubo silencio. Risas. Luego más silencio.

—Tendremos que hablar cuando vuelvas —dijo finalmente Namjoon—. En serio. Te esperamos, maknae.

—Sí, vuelvo en unos días. Lo prometo. Jungkook dejó caer el brazo con el móvil todavía en su mano. Se giró hacia Mara. —No entendí casi nada, pero tu cara lo dice todo. ¿Estás bien? —preguntó ella.

—Lo estaré si tú lo estás —dijo él. Mara lo miró. Luego tragó saliva.

—¿Te vas… en unos días?

—Sí. Pero quería verte antes.

—¿Y… pensabas decírmelo?, ¿o ibas a desaparecer como número privado otra vez?

—Pensaba decirte algo más… pero aún no tengo el valor —confesó él, bajando la mirada.

—¿Y qué es?

—Quería pedirte… que vengas conmigo a Seúl.

Otra vez hubo silencio. Largo. Denso. —¿Qué?

—Sé que es una locura. Que apenas nos estamos conociendo. Que tienes tu vida aquí, tu trabajo, tu mejor amiga loca… pero si te soy sincero, nunca me he sentido tan conectado con alguien. Nunca. Y no quiero perder esto.

Mara lo miró sin saber si reír, llorar o lanzarse por la ventana con la emoción.

—¿Estás pidiéndome que deje todo… y me vaya contigo a Corea del Sur?

—No aún. Solo te estoy diciendo que lo pienses. Porque… creo que este 7 idéntico que compartimos, no es casualidad.

Mara lo miró. Su corazón estaba bailando una coreografía más complicada que las de BTS.

—Vale. Lo pensaré. Pero te aviso: si me haces dejar el café de la cafetería, más te vale tener buen café coreano

esperándome.

—Hecho —dijo Jungkook—. Y si no… te lo preparo yo.

Mara se rió. No sabía si estaba soñando o no, pero por primera vez en mucho tiempo… no quería despertar.

Jungkook colgó la llamada con un suspiro suave, guardando el móvil con una lentitud que Mara notó.

Estaban en silencio, solo con la luz tenue de la lámpara junto a la cama.

Mara lo miró de reojo, todavía procesando que tenía frente a ella al mismísimo Jungkook.

Sin máscaras, sin anonimatos. Solo él y ella.

Sentados en la alfombra de su habitación, con un pulpo reversible de peluche aplastado entre ellos.

—¿Todo bien? —preguntó ella, rompiendo el silencio.

—Sí, Namjoon solo quería asegurarse de que estoy vivo… —respondió con media sonrisa—. Y de que vuelva a Corea pronto.

—¿Cuándo te irás?

Jungkook bajó la mirada. Sus dedos jugueteaban con el peluche sin decir nada.

Mara sintió un nudo en el estómago. Sabía que esa pregunta dolía, pero necesitaba la respuesta.

—Pasado mañana —dijo al fin—. El vuelo sale por la noche.

Ella asintió lentamente, intentando mantener la calma. El tiempo era un ladrón veloz. Y la realidad tenía esa manía de colarse cuando menos la necesitabas.

—No quiero que te vayas —murmuró Mara sin pensar. Cuando se dio cuenta de lo que había dicho, se sonrojó y miró hacia otro lado—. Perdón, ha sonado muy dramático. Como de novela barata de Wattpad…

—A mí me ha sonado precioso —respondió Jungkook, inclinándose hacia ella—. Porque yo tampoco quiero irme.

Sus miradas se cruzaron. Y por un instante, el mundo fuera de esa habitación dejó de existir. Solo estaban ellos. Dos desconocidos que se reconocían desde hacía mucho más tiempo del que eran conscientes.

—No me mires así —susurró Jungkook. —¿Así cómo?

—Como si me quisieras un poquito —dijo él, casi riendo.

—¿Y si te miro como si te quisiera un muchito?

—Entonces me quedo para siempre.

Se rieron. La tensión se rompió. Jungkook se tiró hacia atrás en la alfombra, boca arriba, con los brazos extendidos. Mara hizo lo mismo. Miraron el techo sin decir nada durante un rato. Después, sin moverse, él preguntó: —¿Crees que Eliana me odia?

—Nah. Pero si se entera de que estás aquí y no le he dicho nada… me va a desheredar como amiga.

—¿Por qué no le cuentas?

Mara suspiró. Luego se giró hacia él.

—Porque… no quiero compartirte aún. No quiero que esto sea un escándalo o que todo el mundo lo sepa antes de que tú y yo sepamos qué somos. ¿Tiene sentido?

Jungkook la miró con una ternura que lo desarmó.

—Tiene todo el sentido del mundo.

Entonces, como si el universo decidiera que ese momento era demasiado tranquilo, el móvil de Mara vibró con fuerza. Era Eliana, otra vez. Esta vez mandando audios con emojis de corazones y arcoíris. Probablemente hablándole de la chica con la que estaba saliendo. Mara no los abrió.

—¿Seguirás sin contarle que estás enamorada de un idol? —bromeó Jungkook.

—¿Quién dijo que estoy enamorada?

—Nadie. Pero lo dijiste con los ojos. Ella se rió y le lanzó un cojín a la cara. —¡Presumido!

Él atrapó el cojín y se lo puso bajo la cabeza.

—¿Y si no me voy pasado mañana?, ¿y si te secuestro y nos vamos a Jeju?

—¿Y si me raptas pero hacemos una parada en París primero? —dijo ella, levantando una ceja.

—Trato hecho.

De repente, Mara se incorporó con una idea espontánea.

—¡Tengo una idea!, espera aquí.

Se fue corriendo al armario, sacó un par de cojines, una manta enorme de Stitch y una linterna.

—¿Qué haces? —preguntó Jungkook.

—Una tienda de campaña —respondió ella, como si fuera obvio.

—¿Tú no tienes veintitrés años?

—Y medio —dijo con orgullo infantil.

Montaron una especie de refugio

improvisado entre la cama, el escritorio y la pared.

Una mini cabaña donde se metieron como dos adolescentes con una bolsa de palomitas y una tablet donde Mara puso una película coreana que no entendía pero tenía subtítulos.

Jungkook iba comentando cada escena con chistes y doblajes absurdos.

En un momento dado, el protagonista de la película gritó dramáticamente y Jungkook imitó el grito con tal exageración que Mara casi se atraganta de la risa.

—¡Te juro que si tú fueras actor de doramas, los harías todos de comedia! — dijo entre carcajadas.

—¡Estoy esperando que me propongan actuar!, pero si no, puedo hacer doblajes para TikTok.

—Tú en TikTok harías temblar al algoritmo. —¿Y tú?, ¿no tienes TikTok?

—¡Claro que tengo!, pero solo subo vídeos de mi perro y un par de recetas fallidas. —¿Fallidas por qué?

—Intenté hacer galletas de calabaza y terminé con un volcán naranja.

Se miraron. El silencio volvió. Pero esta vez era diferente. Era cómodo, cálido. Intenso. Jungkook le rozó la mano. Mara no se apartó. La tomó con suavidad.

Sus dedos encajaron como piezas de un puzzle que llevaban mucho tiempo esperando encontrarse.

—Tengo que decirte algo —dijo él, en voz muy baja—. Desde la primera vez que te vi, algo en mí supo que… tú me ibas a complicar la vida.

—¿Y eso es bueno o malo?

—Muy bueno. Las vidas sin complicaciones son aburridas.

Ella sonrió, y justo cuando estaba a punto de responderle… se escuchó un estruendo. ¡BOOM! Alguien acababa de tirar un cubo de basura fuera. Los dos gritaron como niños y se abrazaron por instinto, cubriéndose con la manta como si el ruido fuera un monstruo.

—¡El apocalipsis ha empezado! —gritó Mara. —¡Corre, salva los cojines! —añadió Jungkook.

Ambos terminaron riendo tan fuerte que terminaron rodando fuera de su mini carpa, uno encima del otro, riéndose sin parar, con lágrimas en los ojos.

Y ahí, en el suelo, entre cojines, peluches, restos de palomitas y una manta de Stitch… se miraron.

Sin reír. Sin hablar. Solo mirándose. Él bajó la cabeza lentamente. Ella no se apartó.

Y entonces, los labios de Jungkook tocaron los de Mara. Fue un beso suave, lento, que hablaba de tiempo, de secretos, de promesas que aún no sabían que estaban haciendo.

Cuando se separaron, Mara dijo, en bajito: —¿Estás seguro de esto?

—No —respondió él—. Pero quiero estarlo contigo.

Ella asintió. Y por primera vez en mucho tiempo… no sintió miedo.

Esa noche durmieron juntos. No pasó nada físico más allá de los besos, las caricias en la espalda y los suspiros compartidos.

Jungkook abrazó a Mara como si fuera lo único real en su mundo de fama y ruido. Y Mara soñó que al fin estaba donde siempre había querido estar: en los brazos de alguien que, aunque famoso, era

terriblemente humano y perfectamente imperfecto.

Al amanecer, Jungkook ya no estaba en la habitación.

Pero había una nota en la almohada: “No te dije que te vengas conmigo a Corea ahora mismo… porque sé que tú sola te lo vas a plantear. Yo esperaré tu respuesta. Aunque sea en otro idioma, ya entendí que tú y yo hablamos el mismo. —JK 💜”

Mara sonrió. Y supo que su vida acababa de cambiar.