Querido desconocido, me suenas CAPÍTULO 3
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CAPÍTULO 3

—¿Y ahora qué hago con este número?, ¿le escribo o quedo como una acosadora internacional?

Todo había comenzado unas horas antes. Eliana no paraba de reírse mientras le mostraba el mensaje que había recibido de una fuente desconocida, alguien que decía conocer a Mara: —Mira esto, te vas a morir.

Me ha escrito alguien preguntando por ti.

Dice que eres “la chica de la cafetería con mirada de tormenta”.

¿Eres tú o una poetisa italiana en vacaciones?

—¿Qué?, ¿quién? —Mara se había asomado por encima del móvil de Eliana.

—No sé quién es. Pero dice que quiere enviarte un mensaje sin que tú sepas quién es todavía. Dice que se llama… no, que prefiere que tú lo descubras.

—¿Estamos hablando de un acosador poético?, ¿qué es esto?, ¿un episodio nuevo de “misterioso pero educado”?

Pero lo más extraño fue que unas horas después, mientras tomaba un batido de chocolate antes de su turno en Flor de Luna, recibió una llamada con número oculto.

—¿Hola? —dijo, con voz de “espero que no sea del banco”.

Hubo silencio. Luego, una voz masculina y grave, con acento extranjero pero claro, dijo: —No te diré quién soy. Pero si descargas la app de Kakaotalk, lo sabrás.

Y colgó.

Así sin más.

Como un capítulo malo de una serie coreana. O uno muy bueno. Mara había soltado el teléfono como si quemara. Luego lo había agarrado de nuevo y mirado el icono de la App Store como si fuera un abismo.

—Esto es ridículo. No lo voy a hacer.

Diez minutos después, estaba descargando Kakaotalk. Porque claro, la curiosidad había vencido.

Cuando abrió la app y se registró, no había terminado de poner su nombre cuando… ¡ping!, llegó el primer mensaje:

mnJK: Hola, Mara.

Mara soltó un chillido y luego miró a su alrededor como si alguien la estuviera espiando desde el armario.

—¡Me están viendo!, ¡lo sabía! —gritó al aire, sin ninguna prueba ni lógica.

Pero no pudo evitar contestar.

Mara: Hola. ¿Quién eres?

mnJK: Eso tendrás que descubrirlo. Pero puedo decirte que tu cerveza es la mejor que he probado.

Ella se quedó helada.

—¿¡Cómo sabe eso!?

Solo había una persona a la que había servido cerveza hace días. Uno de los tres chicos misteriosos. El que parecía un príncipe salido de un dorama. ¿Era él?, ¿o estaba volviéndose completamente loca?

Desde esa noche, comenzaron a hablar todos los días. Bueno, noches para ella, madrugadas para él. Por la diferencia horaria, cuando Mara cerraba la cafetería y llegaba a casa, Jungkook estaba empezando su día en Corea del Sur.

mnJK: Buenos días desde Seúl. ¿Cómo estás?

Mara: Acabo de llegar de trabajar. Cansada. Hoy un cliente me preguntó si la flor de luna era una flor real o una metáfora. Le dije que era ambas y me dejó propina.

mnJK: Ja,ja,ja. Inteligente. Me encanta tu humor.

Mara: ¿Ah, sí?, pues aún no has visto mis chistes malos. Estoy entrenada por años de sarcasmo y turnos eternos.

mnJK: Me apunto a uno de esos turnos si estás tú detrás del mostrador.

A veces hablaban de cosas absurdas. Otras veces, de temas más profundos.

Mara empezó a compartir detalles de su vida sin darse cuenta: que vivía sola con su hermana, que su madre vivía en Valencia, que Eliana era como su hermana, que nunca antes había estado en Asia pero que soñaba con ver los cerezos en flor.

mnJK: Si algún día vienes, yo seré tu guía.

Mara: Suena muy bien. Pero aún no sé quién eres. ¿Eres guía turístico, acaso? mnJK: Algo parecido. A veces me pierdo, pero siempre vuelvo a encontrar el camino.

Había algo en la forma de escribir de aquel desconocido. Un encanto misterioso, sí, pero también una calidez que

traspasaba la pantalla.

Una madrugada, Mara se encontraba con la cara cubierta por una mascarilla de pepino y el móvil en la mano, recostada en la cama, cuando le escribió:

Mara: ¿Por qué todavía no me dices quién eres?

mnJK: Porque el misterio hace que mi voz suene más sexy en tu imaginación.

Mara: Ja,ja,ja, pues ya te digo que si hablas como el que me llamó por teléfono, no necesitas imaginación.

mnJK: Entonces, ¿te gustó mi voz?

Mara: No me hagas decirlo dos veces.

Mientras tanto, Eliana estaba empezando su propio capítulo. Había conocido a una chica llamada Luz (sí, se llamaba así, como un personaje de novela romántica de Wattpad) y cada vez pasaba más tiempo con ella. Las conversaciones sobre BTS se volvían cada vez más escasas.

—¿Sabes que ya no me interesa tanto Jin como antes? —le confesó una noche en el vestuario de la cafetería, quitándose el delantal.

—¿Qué?, ¿quién eres y qué has hecho con

Eliana? —le respondió Mara.

—Me gusta alguien más real. Más… presente. Y con rizos adorables —Eliana sonrió como una idiota feliz.

Mara levantó las cejas.

—Ay, Eliana. ¿Te estás enamorando?

—¡Shhh!, no lo digas en voz alta. No vaya a ser que lo invoques.

El corazón de Mara también empezaba a tener actividad inusual, aunque no lo admitiera en voz alta.

Ese usuario misterioso con iniciales “mnJK” le estaba cambiando las noches.

No sabía quién era, pero cada mensaje la hacía sonreír, reírse a carcajadas o ponerse nerviosa como una adolescente viendo a su crush.

A veces, abría Weverse y escribía publicaciones pequeñas, casi inocentes, y notaba cómo siempre había un comentario de una cuenta anónima con una respuesta que le sacaba una sonrisa.

Mara en Weverse: “A veces siento que conozco a alguien sin conocerlo. ¿Eso es posible?”

Respuesta anónima: “A veces las almas se reconocen antes que las caras”.

Las piezas estaban empezando a encajar. Pero Mara todavía no lo sabía. Solo sabía que estaba hablando con alguien que le sonaba. Alguien que, quizás, había estado más cerca de lo que imaginaba.

Y aunque aún no tenía nombre ni rostro claro, ese “desconocido” estaba empezando a ocupar un lugar cada vez más grande en su corazón.

El reloj marcaba las 3:14 de la madrugada en Barcelona cuando Mara, tumbada boca abajo en su cama, pulsó con pereza sobre la notificación en su pantalla. Un nuevo mensaje de “mnJK”.

mnJK: ¿Duermes?

Mara soltó una risa ahogada contra la almohada.

Mara: ¿Tú qué crees?, ¿sabes qué hora es aquí?

mnJK: Lo sé, lo sé. Pero no podía dormir y quería hablar contigo. Me gusta cómo escribes… no sé, suena como si te estuviera escuchando de verdad.

Ella se mordió el labio, incómoda con la ternura repentina que sentía. Era extraño. Seguía sin saber quién era esa persona. Solo tenía un nombre de usuario: mnJK. Y, sin embargo, le compartía cosas que ni siquiera Eliana sabía.

Mara: Me haces sentir rara. En plan… no mala rara. Buena rara. ¿Eso existe? mnJK: Contigo, todo existe.

Y ahí estaba. Otra frase. Otra línea que sonaba como si viniera escrita en la letra cursiva de una canción coreana.

Mara se levantó de golpe, se calzó las chanclas y fue directa a la cocina. Necesitaba agua. O un exorcismo.

Mientras bebía directamente de la botella, le llegó otra notificación.

mnJK: A veces pienso que ya me conoces. Pero que tu cabeza se niega a verlo. ¿Nunca te ha pasado eso?, que tienes la respuesta delante, pero no la quieres mirar.

—¿Ahora se ha puesto filosófico o qué? — murmuró Mara, bajando la botella.

Volvió a su cama, pero no respondió. Dejó el móvil boca abajo y se quedó mirando al techo. De pronto, algo en esa frase… le recordó a una mirada. Aquella mirada. La del chico del choque.

—No puede ser… —susurró.

Encendió el móvil otra vez y escribió: Mara: ¿Estás insinuando que nos conocemos?

mnJK: No. Solo que… A veces lo invisible es lo más evidente.

—¡Qué poético, por Dios!, este tío es una mezcla entre filósofo budista y trovador — rió Mara, con las mejillas coloradas.

Los días siguientes se volvieron rutina: trabajar, café, clientes, cerrar la cafetería…

y correr a casa a leer los mensajes de mnJK.

A veces él le dejaba mensajes a las siete de la mañana (hora coreana) que Mara leía a la una de la madrugada.

Otras veces, Mara le escribía justo al cerrar el local y él respondía casi al instante.

Y, claro, entre medio, Weverse.

Jungkook —bueno, su cuenta oficial— publicaba selfies, tonterías de perritos y mensajes crípticos tipo: “Hoy he pensado en las flores de luna. ¿Por qué brillan solo cuando no miras?”

Mara lo leía, fruncía el ceño y murmuraba: “¿Esto va por mí o por una ensalada?”.

Pero lo curioso era que la cuenta anónima de “_jkshadow7” también dejaba comentarios muy similares a los de Jungkook. Demasiado similares.

Mara empezó a sospechar.

Una noche, mientras recogía el mostrador, le dijo a Eliana:

—Dime la verdad. ¿Tú conoces a alguien que se llame “mnJK”?

Eliana soltó una carcajada tan fuerte que casi tira la bandeja con croissants.

—¡¿Eso es un nombre de usuario real?! —Sí.

—Tía… ¿Y no se te ha ocurrido pensar que esas letras significan “Mi nombre es Jeon Jungkook”?

—¿Qué?

—M.N.J.K. —repitió Eliana, con tono dramático—. ¡”Mi nombre: Jungkook”! —¿Pero cómo va a ser él? —Mara se cruzó de brazos—. No tiene sentido.

—Cariño… te recuerdo que ya os chocasteis, te miró como si fueras el final de un drama coreano y ahora alguien misterioso con iniciales sospechosas te escribe cada noche. Si esto no es fanfic, yo me retiro.

Mara se quedó callada.

—No puede ser —murmuró.

—¿Por?

—Porque… ¡porque me moriría de la vergüenza!, le conté que tengo fobia a las inyecciones, que una vez me dormí en el cine y roncaba, y que una vez llamé “papá” al taxista por error.

—Ay… pues eso lo enamora fijo —dijo Eliana entre risas—. ¿Le has contado que me gusta Jin aunque sea lesbiana?

—Varias veces.

—Entonces es amor. O te está usando para una tesis.

Aquella noche, Mara volvió a casa y, sin siquiera cambiarse de ropa, abrió Kakaotalk.

Mara: ¿Puedo hacerte una pregunta?

mnJK: Puedes hacerme todas.

Mara: ¿Estuviste en Barcelona hace unas semanas?

mnJK: Sí.

Mara: ¿Te acuerdas de una chica que se chocó contigo saliendo de una cafetería?

mnJK: Mucho.

Mara: ¿Fui yo…?

mnJK: :)

Mara: ¿QUÉ SIGNIFICA ESA CARA?

mnJK: Significa que tú ya sabes la respuesta, pero te hace ilusión que yo lo diga.

Mara se tapó la cara con ambas manos. Su corazón parecía hacer coreografías.

—Ay no, ay no… no puede ser él. Tiene que ser un bromista. O un psicólogo

experimental. O un guionista aburrido.

De pronto, mnJK mandó una nota de voz. El corazón de Mara dio un vuelco.

Era la primera vez que le mandaba un audio.

Lo dudó durante 0,2 segundos y le dio al “play”.

Una voz suave, masculina, y con ese acento inconfundible coreano dijo: “No puedo decirte aún quién soy… pero puedo decirte esto: me encantan los ojos morados. Nunca había visto unos así”.

Mara soltó el móvil. Literalmente. —¿Qué…?, ¿qué ha dicho?

Sus ojos. Sus ojos morados.

Solo una persona había mencionado alguna vez sus ojos morados: aquel chico. Jungkook. En el choque. Y por si fuera poco, esa misma semana, Jungkook —el de la cuenta oficial en Weverse— publicó una foto de unas rosas moradas con el texto: “La belleza no siempre necesita

explicación”.

Mara gritó. Literalmente. El gato del vecino maulló desde el otro lado de la pared.

—¡Ya está bien de pistas, joder!, ¡o lo dices o me vuelvo loca!

Esa noche, mientras hablaban por

Kakaotalk, Mara envió el siguiente mensaje:

Mara: ¿Te gusta la cerveza con o sin alcohol?

mnJK: Con alcohol. Y tú con un refresco de chocolate, ¿verdad?

Mara dejó caer el móvil sobre la cama. Él se acordaba. Era él. Jungkook.

—Me está escribiendo Jungkook de verdad — dijo en voz alta. Luego gritó: —¡¡ME ESTÁ ESCRIBIENDO JUNGKOOK DE VERDAAAD!!

En ese momento, su hermana, desde el pasillo, le gritó:

—¿Otra vez con tus novelas?, ¡te dije que no mezcles Red Bull con galletas a esta hora!

Mara se tiró en la cama, riéndose como si le acabaran de contar el mejor chiste del universo.

Sí. Era Jungkook.

Y le estaba escribiendo.

Y ella… le estaba contestando.