CAPÍTULO 2
Los días habían pasado, pero el recuerdo del misterioso chico con el que Mara se había chocado seguía apareciendo de vez en cuando en su cabeza, como una melodía que no se iba aunque no supiera exactamente de dónde venía.
Había algo en sus ojos oscuros, en la forma en que la miró por unos segundos que la dejó intranquila.
No era como si se hubiera enamorado, pero sí le generaba una incomodidad que no lograba explicar: lo conocía de algún lugar, de eso estaba segura, aunque no supiera aún de dónde.
—¿Mara?, ¿me estás escuchando? —le preguntó Eliana mientras secaba unas tazas.
—¿Qué?, ah, sí… perdón. ¿Qué decías?
—Que deberías dormir más, estás más despistada que nunca —bromeó Eliana mientras colocaba las tazas en la estantería.
Aquella noche en la cafetería Flor de Luna se presentaba tranquila.
Eran cerca de las once y no había clientes en ese momento.
Eliana había recibido una llamada urgente hacía apenas unos minutos y había salido apresurada del local, dejándola sola por segunda vez en una semana.
No era la primera vez que Mara se quedaba hasta tarde, pero siempre lo había hecho acompañada de su mejor amiga.
Ahora el silencio se sentía más denso. A las once y cuarto, el sonido de la puerta al abrirse rompió la quietud del lugar.
Mara levantó la mirada desde la pantalla del mostrador y vio entrar a cuatro chicos.
Caminaban con seguridad, riéndose entre ellos, sin ninguna mascarilla que les tapara el rostro.
Enseguida notó que no eran turistas comunes.
Eran atractivos, irradiaban una presencia especial.
Y entonces, los ojos de uno de ellos se cruzaron con los suyos.
Unos ojos que le resultaron alarmantemente familiares.
Era él.
El mismo chico con el que se había chocado hace unos días. Jungkook.
Junto a él estaban otros tres jóvenes: uno con expresión misteriosa y cabello castaño oscuro —Taehyung—, otro con una mirada serena y cabello negro un poco más largo — Yoongi—, y un cuarto más bajo, sonriente, que sostenía el móvil en la mano —Jimin—.
Mara tragó saliva e intentó mantener la compostura.
—Buenas noches. ¿Qué desean tomar? — preguntó mientras tomaba la tablet.
Jimin fue el primero en acercarse. Sin decir palabra, levantó su móvil y mostró la pantalla: una traducción de coreano a español que decía “un café con leche, por favor”. Mara asintió, divertida por el método. Yoongi fue el siguiente y con su voz suave pidió: —Café macchiato.
Taehyung, en cambio, la miró con una mezcla de ternura y picardía.
—No me gusta el café. ¿Tienes limonada? — preguntó con un acento encantador. —Sí, claro —respondió ella con una sonrisa.
Finalmente, Jungkook, el último en hablar, pidió en inglés:
—Algo para comer… y una cerveza, por favor.
—Lo apunto todo —dijo Mara con una pequeña reverencia. Luego se dio la vuelta para comenzar a preparar los pedidos.
Detrás del mostrador, mientras organizaba las bebidas y los alimentos, su móvil vibró. Era un mensaje de Eliana. Cuando lo abrió, vio que le había enviado una foto: era un collage con los siete miembros de BTS. Mara hizo zoom instintivamente y su corazón dio un pequeño vuelco.
Eran ellos.
Los cuatro que estaban sentados en ese mismo instante en su cafetería eran parte del grupo. El mismo grupo del que su mejor amiga no dejaba de hablar.
Con el rostro todavía entre la sorpresa y la incredulidad, volvió a salir con la bandeja y repartió las bebidas con cuidado, evitando el temblor de sus manos.
Nadie más entró. El resto de la noche, Mara permaneció en su puesto, observando discretamente cómo ellos hablaban, reían y de vez en cuando cruzaban miradas con ella. Especialmente Jungkook.
Al día siguiente, en un rincón de la ciudad, Jungkook caminaba con sus compañeros cuando escuchó a unos jóvenes charlar sobre una cafetería de lujo llamada Flor de Luna.
—Dicen que la dueña se llama Mara —comentó uno de los chicos.
—Sí, y que es muy guapa. Deberíamos pasarnos por ahí, ¿no? —añadió otro.
Jungkook se quedó pensativo. El nombre le confirmó que no se había equivocado la otra noche.
Esa noche, de nuevo en la cafetería, Mara y Eliana estaban sentadas detrás del mostrador. No había clientes y ambas se entretenían revisando el móvil. Eliana, emocionada, dijo: —Oye, deberías crearte una cuenta en Weverse. Podrías ver a los miembros de BTS en directo. Nunca se sabe…
Mara soltó una risita burlona.
—¿Yo?, ¿en Weverse?, no me tientes, Eliana.
—¡Va!, aunque sea por cotillear…
Mara la ignoró con una sonrisa mientras recogían.
Pero esa noche, ya en casa, con la cabeza todavía dándole vueltas a los ojos de Jungkook, su curiosidad ganó.
Abrió la app, se registró y, sin pensar mucho, creó una cuenta.
Lo que no sabía era que, a miles de kilómetros de Corea y tan cerca de ella sin que lo supiera, Jungkook también creaba una nueva cuenta anónima en Weverse.
Una cuenta secreta. Y pronto, uno de los dos enviaría el primer mensaje.
Mara seguía recostada en la cama, con el móvil entre las manos, observando la pantalla de inicio de su nueva cuenta de Weverse. Todavía no entendía por qué se había registrado. Era como si algo la hubiera impulsado, algo irracional, curioso… o simplemente alguien.
Mientras navegaba por la plataforma, notó lo compleja que era para alguien que no era fan.
Foros, directos, publicaciones, miles de comentarios.
Era como una ciudad paralela poblada por millones de personas con un amor desbordante por un mismo grupo.
Y ella, una infiltrada silenciosa. Sin pensarlo mucho, escribió un primer mensaje corto en su perfil anónimo: “¿Esto siempre es así de intenso?”
Y al otro lado, Jungkook, desde su segunda cuenta recién creada bajo el nombre “_jkshadow7”, leyó esa publicación entre las miles que aparecían en la sección de nuevos usuarios. Sonrió.
—Definitivamente, es ella —murmuró, recostado también en la cama del hotel, con su móvil en la mano.
Su perfil falso no tenía foto, ni nombre reconocible. Un simple fantasma con intenciones curiosas. Respondió: “Solo cuando alguien especial se une”.
Mara arqueó una ceja cuando leyó la notificación. No esperaba que nadie respondiera tan rápido. Ni que fuera tan directo… Respondió: “¿Y tú cómo sabes que soy especial?”
Jungkook apoyó la cabeza en la almohada, entretenido. Había algo extrañamente divertido en esa conversación anónima.
“Porque te chocaste conmigo y aún lo recuerdo”.
Mara se sentó de golpe en la cama, con los ojos muy abiertos. ¿Qué?
Tardó un par de minutos en procesar el mensaje antes de contestar: “¿Eso es una línea romántica barata o estás hablando en serio?”, “Digamos que ambas”.
Mara dejó escapar una carcajada breve. Su corazón, sin querer, dio un pequeño vuelco.
Esa noche, intercambiaron mensajes hasta pasadas las tres de la madrugada, hablando de todo y de nada: libros, música, ciudades, y hasta sobre si la limonada era mejor que el café.
Nunca revelaron sus identidades, y eso hacía todo aún más adictivo.
Al día siguiente, Mara llegó a la cafetería bostezando pero con una sonrisa boba en los labios. Eliana, que había llegado antes, la miró de reojo.
—¿Tú qué te tomaste anoche?, ¿tres chocolates y una carta de amor?
—No dormí mucho —respondió Mara sin entrar en detalles.
Eliana entrecerró los ojos sospechando algo, pero no dijo nada. En vez de eso, se puso a preparar los ingredientes del día mientras tarareaba una canción de BTS.
Esa noche, Jungkook volvió a visitar la cafetería con Yoongi y Taehyung. Esta vez, Jimin no los acompañaba. La cafetería estaba casi vacía y Mara los atendió con más soltura. Jungkook, aunque seguía siendo misterioso, parecía más relajado. Sus miradas se cruzaban con más
frecuencia, pero ninguno rompía la barrera del anonimato que había nacido entre ellos en Weverse. Taehyung bromeó en coreano: — ¿No se parece a la chica del otro día?
Yoongi asintió con un murmullo y Jungkook solo sonrió sin decir nada, observando a Mara mientras le servía su bebida. Esa noche no hubo largas conversaciones, solo momentos silenciosos cargados de tensión sutil. Pero al llegar al hotel, Jungkook volvió a escribirle desde “_jkshadow7”.
“Hoy te vi otra vez. Te gusta hacerme esperar, ¿verdad?”
Mara sonrió. Sabía que él era alguien importante. Alguien que la había marcado de alguna forma. Y aunque no conocía su rostro con certeza… su voz escrita la estaba envolviendo.
“Tal vez. ¿Y tú?, ¿por qué no dices quién eres?”
Jungkook dudó unos segundos antes de responder: “Porque me gustas así. Cuando no sabes quién soy”.
Y esa noche, Mara supo que estaba entrando en algo que no podía controlar.
El destino, las coincidencias, y una app llamada Weverse estaban escribiendo la historia que nunca imaginó.