Querida Srta. Santa Clausura 63. Gian
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63. Gian

Gian

Querida Srta. Santa Clausura:

Gia es muchísimas cosas. Apasionada, lista, testaruda, cabezota…

y, por supuesto, la jugadora más temible al juego de provocarme que he conocido en mi vida.

Cada mirada, cada mensaje, cada susurro telefónico es como si tuviera un manual secreto que solo ella conoce y que me deja completamente fuera de control.

Acabo de correrme con ella al teléfono. Sí, exactamente así.

Y sí, mientras escribo esto, todavía me tiemblan las manos.

Y sí, estoy tratando de no coger un puto vuelo a Milán esta noche mismo.

Porque, joder…, ya está todo perdonado. Ya no hay excusas.

Ya no hay malentendidos. No quiero perder más tiempo.

No quiero esperar hasta Nochebuena. Quiero tenerla para mí. Siempre.

Cada minuto que paso lejos de ella me parece un insulto a todo lo que siento.

Y mientras contengo el impulso de subir al primer avión, me repito una y otra vez: Gia es mía.

Mía, con todos sus secretos, sus caprichos, su risa y ese modo de mirarme que me hace olvidar hasta cómo se escribe la palabra «paciencia».

Porque después de todo esto no hay vuelta atrás.

Y lo peor (y lo mejor) de todo es que quiero que lo sepa. Quiero que lo sienta. Que sienta mi hambre, mi obsesión, mi necesidad. Porque esto no es solo deseo. Esto es algo mucho más grande. Algo que no pienso dejar escapar otra vez.

Gia, prepárate. Porque, cuando llegues a Manarola, no habrá distancia, ni correos, ni palabras a medias que nos detengan.

Solo nosotros.

Abrazo virtual,

Gian