61. Gian
Gian
Querido Gian:
Tengo tantas cosas que decirte que no sé si empezar pidiéndote perdón o contándote que he probado un postre en el restaurante Cracco de Milán que, si lo llego a descubrir antes, igual me habría ahorrado todo este drama emocional.
Pero bueno. Aquí estoy. Contestando a tu correo como una adulta funcional que ha aprendido por las malas que no se puede esconder la verdad debajo de la alfombra.
Gracias por escribir. No te imaginas cuánto lo necesitaba.
No cargué el móvil anoche, así que tu mensaje me ha llegado en mitad de una cocina llena de chefs, trufas y expectativas.
Y, aun así, ha sido lo más importante que me ha pasado en el día.
Lo he leído. Lo he releído. Se me ha caído un ravioli.
Y me he pasado los siguientes minutos sintiéndome en una de esas películas en las que la protagonista no se merece el perdón… , pero lo intenta igual.
Porque quiero intentarlo, Gian. Con todo.
Con la verdad por delante. Con todas las meteduras de pata sobre la mesa.
Con lo torpe que soy emocionalmente cuando me asusto y con lo mucho que te echo de menos incluso cuando estoy rodeada de gente, luces navideñas y planes bonitos.
Sobre todo entonces. No sabes lo que daría por poder plantarme ahora mismo en Manarola, llamar a tu puerta y decirte todo esto en persona.
Pero no puedo. Y, si te soy sincera, nunca en mi vida he deseado tanto que llegue una fecha.
Sobre lo que dices…, lo entiendo. Cada palabra. Me duele que te sintieras engañado. Me parte el alma que pensaras que me burlaba de ti, cuando la realidad es que yo era la primera que no sabía ni cómo explicarme sin estropearlo todo. Supongo que lo logré: lo estropeé igual, solo que en silencio.
Y ahora que me has abierto una puerta quiero cruzarla.
Quiero hablar contigo. Entendernos mejor.
Decir las cosas de frente. Escucharte sin miedo.
Pedirte perdón con todas las letras. Y sí, por si te lo estás preguntando, yo también me acuerdo de ti todo el rato.
De tus gestos, de tus silencios, de cómo me mirabas cuando todavía no había estropicios de por medio.
Nos vemos en Nochebuena. Y esta vez, te lo prometo, sin trampas, sin disfraces y sin omisiones. Solo yo. Y todo lo que siento por ti. (Que es mucho. Y real. Y tuyo).
Con cariño y «Bianco Natale» sonando en la recepción del hotel,
Srta. Santa Clausura. Gia
Joder, sí .
Esa es mi chica.