59. El Espíritu de la Navidad
El Espíritu de la Navidad
No voy a mentiros: pocas cosas me hacen más feliz que ver a un adulto serio, terco, emocionalmente constipado y guapísimo perder toda la dignidad delante de dos bolas de pelo con nombre de postre navideño. Literalmente.
Gian, hablándole a Turrón y Suchard como si fueran sus terapeutas personales. Y ellos ahí, en modo esfinge navideña, mirándolo con esos ojitos de «sabemos cosas que tú aún no sabes, humano ingenuo ». Una escena digna de anuncio de galletas. O de mi carrete celestial de momentos favoritos del año.
Y la cosa se pone mejor, queridos míos. Porque resulta que el señor autocontrol emocional escribió una carta.
Con solemnidad. Con las comas bien puestas.
Como si estuviera redactando la Constitución de su corazón roto.
Y… ¿adivináis qué? La carta llegó. A Gia .
A la mismísima Señorita Santa Clausura, que finge ser una especie de viuda emocional embutida en su corsé de hielo , cuando en realidad es…
, bueno, una romántica sin remedio. Una groupie del amor.
Una adoradora secreta de las segundas oportunidades que huelen a canela y arrepentimiento.
Y, claro, yo, que lo sé todo, estoy encantado con este giro del destino digno de fanfic navideño nivel experto.
Las cartas se están moviendo. Literalmente.
Como si tuvieran GPS y supiersen exactamente a qué buzón volver.
Y, mientras tanto, yo ya he colgado el muérdago.
Sí. En ese sitio. El que sé que van a cruzar los dos sin querer.
(O muy queriendo , si me hacen caso por una vez en la vida ).
Porque la Nochebuena se acerca, queridos míos.
Y os voy a confesar un secreto: las Nochebuenas tienen memoria.
Recuerdan los abrazos que no se dieron. Las canciones que se cantaron fatal, pero juntos.
Las promesas que aún están esperando. Y, sobre todo, recuerdan eso que los humanos intentáis enterrar con vino caliente: lo que todavía sentís.
Así que… preparaos. Porque en nada, Gia va a volver. Gian la va a ver. Y yo…, bueno. Yo estaré muy ocupado asegurándome de que ningún corazón orgulloso se me escurra esta vez entre los villancicos, el panetone y las miradas que duran más de cinco segundos.
¿Ha dolido un poco todo esto? Sí . ¿Va a brillar como un árbol con todas sus luces ? También. Y os prometo una cosa: esta vez la Navidad no piensa quedarse de brazos cruzados. Y yo tampoco.