48. Gia
Gia
Querida Srta. Santa Clausura:
Le escribo porque mi relación ya parece una guirnalda de hace tres Navidades: enredada, con bombillas fundidas y polvo. No niego que hubo luz, pero ahora solo quedan el cable pelado y un par de chispazos peligrosos.
Quiero solicitarle formalmente una cena de clausura para archivar mi relación junto con los adornos rotos. Confío en su magia burocrática para sellar este trámite con el mismo entusiasmo con el que un reno estampa la pezuña sobre la nieve fresca.
Con espíritu navideño,
Giovanni Ferrero
Si existe una religión oficial de las chicas que sobreviven al siglo xxi a base de sarcasmo y helado de pistacho, yo ya he encontrado a mi profeta: America Bianco di Stefano.
Una influencer siciliana, estudiante de Filología , con un blog que debería llevar etiquetas de advertencia tipo «Peligroso para la autoestima, pero terapéutico como un litro de Aperol Spritz». Y acaba de publicar una nueva entrada.
Hoy , como si el universo me estuviera tomando el pelo, escribe sobre el desamor. Lo sé porque el título es «Cuando Cupido se equivoca de objetivo y te dispara en el riñón». Y yo, obviamente, me lanzo de cabeza.
Querida lectora que probablemente tiene una playlist titulada «Canciones tristes»:
Lo siento. Si estás leyendo esto, seguramente tu corazoncito, al igual que el mío, acaba de ser hecho papilla en una trituradora emocional marca «Relaciones Humanas con “Onvres” Princesos».
Y, como buena siciliana que soy, voy a darte el pésame como se debe: con un plato de pasta y la certeza de que ningún hombre vale más que una carbonara bien hecha.
Vamos a hablar claro, que estamos en confianza: el desamor es como una intoxicación alimentaria.
Primero, te comes algo que en apariencia parecía delicioso (hola, exnovio con sonrisa Vitaldent).
Luego, llega la fase de negación: no puede ser, seguro que estoy bien.
Al rato, empiezas a sentir retortijones en lugares que ni sabías que tenías.
Y, finalmente, lo expulsas todo en una cagada de lágrimas, llamadas a tu mejor amiga y publicaciones en redes sociales que dentro de tres meses querrás borrar, te lo aseguro.
Así que, como buena amiga tuya que soy, te dejo aquí mis últimas reflexiones:
1. No eres un helado derretido.
Aunque sientas que te estás desmoronando más rápido que un cono en agosto, créeme, el helado se puede volver a congelar. El corazón también. Aunque quede un poco más duro y con cristales de hielo.
2. La dignidad es como el rímel waterproof .
Crees que aguantará cualquier cosa, pero basta una lágrima traicionera para descubrir que ahora pareces un mapache. Consejo: llora con orgullo. Los mapaches son criaturas adorables.
3. La venganza no es dulce, es indigesta.
Sí, podrías publicar en Instagram una foto tuya con tu mejor vestido y escribir algo como «Nueva etapa» con emojis de fuego.
Hazlo, si quieres, pero recuerda: tu ex probablemente lo verá y pensará: «Ah, ahí está, resentida, todavía intentando llamar mi atención…
». (La verdadera venganza, amiga mía, es olvidarlo tan fuerte que ni recuerdes su segundo apellido).
4. Todo pasa.
Incluso ese dolor que ahora te hace sentir como si un elefante hubiera decidido sentarse sobre tu esternón un día será un recuerdo borroso.
Y, si por esas cosas del destino resulta que te habías topado con uno de los buenos (sí, de esos ejemplares en vías de extinción que, entre otras cosas, no huyen al escuchar la palabra «compromiso», saben la diferencia entre fregar y pasar un trapo por encima y te escuchan sin mirar el móvil cada dos segundos), entonces, amiga…
, piénsatelo dos veces. Porque a esos se les puede llamar hombres sin comillas ni faltas de ortografía irónicas, y no es que broten como setas después de la lluvia.
No te digo que te arrastres (dignidad ante todo, recuerda el punto número dos), pero sí que, si de verdad vale la pena, luches un poco por él.
No lo tires todo al contenedor del drama solo por orgullo.
La vida no es una comedia romántica de Netflix donde siempre aparece otro chico ideal al final del segundo acto.
A veces lo bueno se nos cruza solamente una vez.
Así que, resumidamente: si era un imbécil, celébralo como si hubieras huido de un incendio.
Pero, si era uno de esos raros tesoros humanos que te hacen reír hasta que te duele la tripa, te apoyan incluso cuando tomas decisiones horribles y, encima, saben preparar un café decente…
, no seas tonta. Haz lo posible por recuperarlo.
Por último, te dejo un mantra que puedes repetirte mientras comes pizza en pijama para autocompadecerte: «No he perdido un amor, he recuperado mi libertad».
Ah, y, si te sientes especialmente dramática, no pasa nada. Recuerda que Shakespeare escribió tragedias peores y ninguna de sus heroínas tenía Netflix.
Con cariño,
America
Cierro la pestaña del blog, pero sus palabras siguen rebotando dentro de mi cabeza.
«Si era un imbécil, celébralo. Pero, si era uno de los buenos…
, haz lo posible por recuperarlo». Y tengo la sensación de que la influencer siciliana acaba de leer mi expediente sentimental com pleto y ha dictado sentencia.
Porque, seamos honestas: Gian no es un imbécil.
Si acaso, un idiota encantador. Un idiota que sabe cómo hacerme reír cuando yo tengo ganas de lanzarme por la ventana, que conoce de memoria mi pedido en la pizzería y que, por alguna razón cósmica que jamás entenderé, parece ver algo en mí que ni yo veo muchas veces.
Suspiro, apoyo la frente en el portátil y me digo que esto es una pésima idea. Pero mi mano ya está buscando el móvil como si tuviera autonomía propia, como si supiera mejor que yo lo que necesito hacer.
Abro la conversación. La leo. Vacía. Silenciosa. Tan llena de cosas que no se han dicho que duele. Escribo, borro. Escribo, borro. Y, al final, lo envío.
Insistiré las veces que hagan falta
Por favor, ¿podemos hablar?
Pulso «enviar». Y ahí está. Un mensaje diminuto, ridículamente corto, que me deja con la sensación de haber saltado sin paracaídas desde un rascacielos emocional.
Apago la pantalla y me quedo quieta, escuchando el silencio, como si en cualquier segundo fuera a sonar el teléfono, o a colapsar el mundo, o a llegar el Apocalipsis zombi exactamente como en The Walking Dead .
Lo peor es que ninguna de esas cosas ocurre.