47. El Espíritu de la Navidad
El Espíritu de la Navidad
Ningún corazón que aprendió a amar en diciembre se queda roto para siempre.
¿Puede agrietarse? Claro. ¿Encerrarse con una manta, un litro de chocolate caliente y la firme convicción de que el amor es una estafa?
Ay, sí. También. Incluso puede llorar en silencio mientras suena Joni Mitchell, como Emma Thompson en esa escena de Love Actually que todos fingimos superar y nadie ha superado.
Pero romperse del todo…, eso no.
Porque diciembre tiene truquitos bajo la manga, promesas envueltas en papel de regalo, una colección privada de milagros que no caducan y una manera bastante descarada de colarse bajo la piel cuando menos te lo esperas. Porque sí, lo que se aprende amando en diciembre se queda grabado.
¿No me creéis?
Esperad.
La paciencia es una virtud.
Y yo, queridos míos, tengo siglos de práctica (y los carteles de Andrew Lincoln enmarcados, por si acaso).