¡Qué poco encanto tiene este conde! (Bellesmoke 1) Capítulo 21
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Capítulo 21

E l conde se acercó a aquella dama vestida con sus mejores galas, como si estuviese esperando a que la visitara toda la nobleza del país. Se inclinó ante ella y le dio un beso en cada mejilla.

—Abuela, estás espléndida.

—¡Qué zalamero eres! —La voz de la mujer sonó muy dulce.

Diana la miró y le hizo gracia la elegancia de su atuendo, llevaba un vestido morado con encajes en el escote, en el bajo de las mangas y en la cintura; la ancha falda sobre el miriñaque acababa en el suelo con una tira de raso del mismo tono.

El cuello estaba lleno de alhajas, desde la más estrecha, que le levantaba la papada, a la más grande, con unos pedruscos que relucían sobre su blanca piel.

Cuando se movía, todo ello se balanceaba y parecía tintinear como una campanilla.

Sobre la cabeza, lucía un sombrero confeccionado con la misma tela del vestido y adornado con unas flores de colores brillantes, lo que hacía resaltar el cabello blanco como la nieve, las mejillas rosadas y los ojos azules como el mar en un día de tormenta.

A Diana le pareció que estaría esperando visitas, y no quería que la encontraran allí. Se armaría un escándalo tremendo, y su destino estaría sellado.

—Abuela, te presento a la señorita Bellesmoke, se ha perdido y la he traído para avisar a su familia que venga a buscarla, no es prudente que una jovencita como ella se quede lejos de los suyos, su reputación depende de ello.

—Querida, eres muy bonita, mi nieto tiene razón, estoy orgullosa de él.

—La mujer se le acercó con aquel caminar que era ligero para la edad que debía tener.

Le besó las dos mejillas y ella pudo aspirar un aroma muy agradable a rosas, les recordó a sus tías, que ellas mismas se hacían el perfume con las flores que plantaban en Arundel.

Fred salió de la estancia para mandar a un lacayo a Londres para avisar a Arthur de dónde se hallaba su hermana y que fuera a buscarla.

—Milady, no deseo ser una molestia, tengo la impresión de que está esperando visitas —dijo Diana a la señora cuando esta se sentó en un sofá muy femenino y tocaba una campanilla, lo que hizo acudir a una sirvienta a la que pidió un servicio de té.

—Ahora mismo le servimos, lady Wrigh, el señor ha pedido un refrigerio.

—Muy bien, Mery, ve, ve. —La anciana le hizo un gesto con la mano despidiéndola. En ese instante entró en la sala otra mujer, con unas prendas más sobrias, un vestido azul marino de cuello alto, un moño tirante en la nuca y los cabellos encanecidos.

—¿Quién ha llegado? En la puerta hay dos caballos —preguntó Roslyn sin reparar en Diana.

—Mira qué joven más bonita ha llegado con mi nieto, Roslyn. —Esta era su dama de compañía.

La mujer se giró y vio a Diana.

—Oh, sí, es muy guapa, Fred tiene un gusto excelente para las mujeres. —Le sonrió con amabilidad—. Señorita, siéntase como en su casa. Pediré un servicio de té.

—Ya lo he hecho yo, sabes que siempre trato bien a mis invitados —soltó la abuela del conde en el momento que este volvía al salón.

—Hola, Roslyn, ¿qué tal por aquí? —saludó a la mujer con una sonrisa.

—Muy bien, milady está fresca como una rosa.

—Ya lo veo, le estoy muy agradecido por ello. —Fred sabía que a su abuela se le iba la cabeza y que gracias a Roslyn vivía bien, en su mundo satisfactorio. Se giró hacia Diana—. El lacayo ya ha salido para avisar a Arthur de que está aquí sana y a salvo.

Ella le lanzó una mirada que le decía que de estar solos podría ponerse violenta; no obstante, se calló apretando los labios.

Mery, la sirvienta que acudió antes ante la dama, entró en el salón con una gran bandeja.

—Señor, le traigo su refrigerio, ahora vendré con el té.

Diana pudo ver que dejaba en la mesita frente al sofá, donde estaba sentada la abuela del conde, una cantidad exagerada de comida, desde tostadas y huevos revueltos hasta arenques y tocino.

—Gracias, Mery.

—Caray, cualquiera diría que tiene cara de pasar hambre. —Diana no pudo contener su lengua.

—En esta casa me quieren mucho y me cuidan más todavía. —Fred sonrió al hablar—. ¿Le apetece acompañarme?

—No.

—Niña, siéntate a mi lado —reclamó lady Wrigh en el momento que la sirvienta volvía con el servicio del té—. Sírvelo tú, por favor, si vas a ser miembro de esta familia ya puedes empezar a practicar.

Diana se atragantó con su propia saliva al irse a sentar, se quedó estática mirando al conde, vio que él se aguantaba de soltar una carcajada.

—Le serviré lo que usted quiera —contestó Diana—. Sin embargo, no pienso casarme con su nieto.

La mujer pareció trastornada al escucharla, se le abrieron mucho los ojos azules al clavarlos en ella.

—¿No me digas que no te parece guapo? Es el mejor hombre que puedes encontrar. Te tratará como a una reina; además, es tierno, atento y muy apasionado. No puedes aspirar a nadie mejor que él en el lecho...

—Abuela, por favor —se quejó Fred al ver hacia dónde se dirigían las palabras de la anciana. Aunque no le importaba lo que estaba diciendo, lo estaba poniendo por las nubes, pero no quería que escandalizara a Diana.

—¿Qué pasa, querido? No digo nada que no sea verdad.

Eres igual a tu abuelo, y él siempre me cuidó muy bien en el dormitorio.

—La mujer lo miraba como reprochándole que no la dejara hablar de su difunto esposo—.

Todas mis conocidas me tenían envidia, mi John era muy fogoso, no como todos esos hipócritas que hacen el amor con sus esposas con el camisón puesto y se desnudan para sus amantes.

A Diana, que estaba sirviendo el té, le tembló la mano y la taza tintineó, aquella mujer hablaba de las intimidades entre un hombre y una mujer como si lo hiciera del tiempo. Notó que se acaloraba, que se le encendían las mejillas.

—Señora, no es el momento para sacar a relucir la vehemencia de su esposo, todos sabemos que se amaban mucho. —Roslyn trató de hacer callar a la anciana.

—Oh, sí, tuve mucha suerte de casarme con él. La misma que tendrá Diana con Fred.

La joven miró al nieto y a la abuela, y pudo percibir que él se divertía con lo que decía ella. Apretó los labios para no volver a contestarle, no sabía por qué se le había metido entre ceja y ceja que ella se casaría con el conde.