¡Qué poco encanto tiene este conde! (Bellesmoke 1) Capítulo 18
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Capítulo 18

A ileen y Diana regresaron a su residencia bromeando sobre el espectáculo que habían visto.

Fue una obra que las sorprendió por las tonterías que hicieron en el escenario.

Lo que sí las había impresionado eran las visitas de los caballeros a su palco, a que se las presentaran; había algunos que se mostraban atentos; otros, interesados en los motivos que las llevaron a la ciudad; y otros, más descarados, las miraban como si les apeteciera darles un buen bocado.

Al llegar subieron al dormitorio de Aileen, le pidieron un té a Jane, su doncella, mientras tanto hablaban de lo que no quisieron comentar ante sus tías.

—¿Has notado que nos han estado exhibiendo? —decía Diana mientras se deshacía el peinado elaborado que le hizo la doncella, había tantas horquillas que le tiraban del pelo que la ponía nerviosa.

—Lo que ha sido peor fue el desfile de caballeros en el entreacto —opinaba Aileen.

A Diana se le estiraban los labios al recordarlo.

—Potter y Jones han tropezado con sus propios pies, creo que han bebido para tener el valor de ir, imagino que sus mamás los han empujado a presentarse. Me han dado un poco de asquito.

—Son muy jóvenes, y Arthur los ha mirado mal. —Diana se había fijado en ese detalle y tuvo que morderse el interior de la mejilla para no reír en la cara de esos proyectos de barón y vizconde.

—¿Qué te ha parecido Fitzwilliam? Es marqués. —Aileen apretaba los labios para no burlarse.

—¿Qué quieres decir con eso? ¿Crees que se ha presentado con la intención de cortejarnos? Por favor, si puede ser nuestro abuelo.

Aquel comentario las hizo reír a las dos.

—Yo lo he pensado en cuanto se ha inclinado sobre mi mano y me ha mostrado aquella calva donde podrían aterrizar las moscas y todos los insectos de Arundel.

—¿Qué te han parecido Knapp y Russ? —Quiso saber Diana.

—Me han parecido muy pagados de sí mismos, y no le he encontrado el motivo, no tienen ningún atractivo como...

Una perfecta ceja de Diana se elevó cuando su hermana calló, era evidente que se guardaba para sí algún nombre.

—¿Qué ibas a decir?

—Nada, que si esos hombres son los únicos que puede ofrecernos Londres, volveré a Arundel muy pronto y sin compromiso.

Jane había llegado con el servicio del té. Ellas mismas se sirvieron cuando la mujer fue en busca del camisón de Diana a su dormitorio. Ambas sabían que podían hablar de lo que fuera delante de ella, nunca había chismorreado con otros sirvientes sobre lo que escuchaba.

—No te des por vencida tan pronto, el otro día en Hyde Park vi a más de uno que se merece una segunda mirada —murmuró Diana con una ancha sonrisa.

—Yo tengo la sensación de que a ti ya te han echado el ojo.

—¿A mí? —La extrañeza de Diana era palpable en su tono de voz.

—Sí, el conde Wrigh te lanza unas miradas que prenderían el fuego de la chimenea. —A Aileen le gustaría haberlas visto dirigidas a ella.

—¿Qué dices? Hoy ni siquiera se me ha acercado, ha preferido quedarse hablando con Arthur.

—Me gustaría saber lo que le decía —barruntó Aileen, que se había fijado en aquellas miradas encendidas del conde hacia su hermana.

—No me digas que unos días en Londres y se te han pegado las malas formas de los nobles metomentodo que no están satisfechos hasta destripar a cualquiera que no les caiga bien o que no les baile el agua.

—Diana la miraba divertida, sabía que Aileen se enteraba de todo lo que ocurría a su alrededor, que era capaz de esconderse tras una cortina o una puerta para escuchar alguna conversación ajena. Acabó soltando una risita.

—Ay, calla, que tú sabes muy bien cómo averiguar todo de todo el mundo.

—Y bien que nos va, conociendo lo que ocurre a nuestro alrededor podemos pararles los pies a los que hacen planes para casarnos —Diana le recordó lo ocurrido en Arundel, le sonrió y le deseó buena noche antes de irse a su dormitorio.