¡Qué poco encanto tiene este conde! (Bellesmoke 1) Capítulo 16
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Capítulo 16

E n el salón de la mansión, Blanche, la duquesa madre, Constance y Lilia estaban cotilleando sobre las muchachas con las que coincidieron la noche anterior. No se cortaban un pelo al criticar los atuendos de unas y los modales o la falta de ellos de otras.

—Me satisface el saber estar de vuestras sobrinas y el ojo que tienen para llamar la atención.

—Se la veía en su salsa al hablar de las muchachas—.

Todos los asistentes estuvieron pendientes de ellas en algún momento de la noche, aparte de las miradas envenenadas que les lanzaban muchas madres casamenteras y otras tantas las jovencitas consentidas. Habéis hecho un buen trabajo con ellas.

Constance recordó lo ocurrido con el conde y Aileen, y frunció el ceño. Estaba segura de que Blanche sabía que se había llevado a su sobrina del salón para reñirla, esa mujer se enteraba de todo, tenía la sensación de que todos los que tenía a su alrededor le iban con cuentos sobre todo el mundo.

—Lo hemos intentado —afirmó Lilia viendo la ceja de su hermana, que se alzaba al escuchar a Blanche—. Claro que tú lo has tenido más fácil, es distinto con los hombres.

—No te creas. —Dio un sorbo a su taza, el té estaba empezando a enfriarse, se lo terminó antes de que se quedara helado—. Ahora tengo que estar más pendiente de él de lo que os pensáis.

Constance iba a replicar cuando lo hizo Lilia.

—Y eso ¿por qué?

—Porque es un muy buen partido, y es capaz de dejarse embaucar por cualquier bobalicona.

—Blanche, no digas bobadas, tu hijo no es ningún tonto, no creo que sea tan ingenuo como lo pintas.

—Constance había estado muy pendiente de ese joven, y sabía que no era ningún iluso.

No se dejaría cazar en situaciones que manchasen su nombre ni el ducado—.

Es un hombre que, por lo que he visto, no es ningún mentecato, tiene los pies bien plantados en la tierra.

La duquesa madre sonrió presumiendo de lo que había dicho su amiga.

—Eso espero; sin embargo, me da pavor que alguna muchachita con ganas de subir en la escala social le ponga una trampa y lo haga caer en sus redes. Entonces tendría que casarse y sería el hazmerreír de Londres.

—No creo que eso pase —terció Lilia—. Puedes estar tranquila, no es estúpido. Sabe muy bien de quién fiarse y de quién no.

Las hermanas eran conscientes de que a la duquesa madre le gustaba escuchar alabanzas para su hijo, y no se callaron ninguna.

—El duque no escogerá a cualquiera para que sea su duquesa, es muy listo —afirmó Constance.

Era sabedora del secreto de Blanche y a qué venía aquel miedo por su hijo.

Ella misma había cazado al padre con una maniobra que lo obligó a desposarla.

En su segunda temporada, y viendo que los caballeros estaban pendientes de las debutantes, ella lo citó en la biblioteca de la mansión donde habían coincidido en uno de los bailes.

También había dicho a una solterona amargada que se encontrara con ella en el mismo sitio, la mujer los sorprendió en una posición muy comprometida, se puso a chillar como una condenada, y aquello terminó con ella y el duque ante el párroco.

Era normal que en esos momentos se angustiara por si alguna muchacha le hiciera eso a su hijo.

—La verdad es que me gustaría ayudarlo a elegir a la candidata perfecta —confesó—. Pero cuando le presento a alguna chiquilla se opone a conocerla, ni siquiera baila con ella.

Lo que Blanche no sabía era que a los oídos de su hijo había llegado la historia de sus padres, en el club se enteraban de todo, y al escucharlo Nick, por varios lados, lo creyó.

Fue entonces que se negó a seguirle la corriente a su madre, se temía que empleara el mismo método para casarlo con quien ella quisiera.

—Mejor déjalo que sea él quien dé el paso. —Lilia tenía la esperanza de que el duque se fijara en una de sus sobrinas, desde que se conocieron en la cena en casa del conde que lo veía cada día—. Quien elija con quién pasar el resto de su vida.

Blanche puso cara de resignación, Nick no se dejaría manipular.