¡Qué poco encanto tiene este conde! (Bellesmoke 1) Capítulo 6
16%

Capítulo 6

E l viernes siguiente, el día anterior a que las muchachas llegaran a la ciudad, Rebecca, la madre de Fred, le mandó una misiva que le decía que lo esperaba para cenar aquella noche.

Extrañado, pues era la primera vez que le llegaba un requerimiento así de ella, se inquietó, y antes de la hora ya estaba en la residencia donde había crecido.

Ella estaba bordando en la salita, y se extrañó al escucharlo en el vestíbulo, dejó su labor a un lado y salió inquieta al pensar que tenía algún problema.

—Hijo, ¿qué ocurre? —preguntó al tiempo que él dejaba su sombrero, guantes y bastón en manos del mayordomo.

Él la miró y vio que lucía espléndida, no daba la sensación de tener ninguna preocupación. Fue hacia ella y, antes de cerrar la puerta de donde ella estaba, se inclinó y le besó la mejilla.

—Estás sensacional, madre.

—Me alegra que pienses eso.

—Ya sabes que no lo diría si no fuese cierto. —Fred estaba orgulloso de esa mujer que había enviudado muy joven y lo crio sola, ocupándose de darle la educación pertinente para que ostentara el título de la familia.

—Vas a hacer que me ponga roja. —Rebecca tenía una risa jovial que a él le encantaba. A pesar del palo que le había dado la vida al arrebatarle a su esposo, nunca se mostró triste delante de él. Había crecido en un ambiente alegre y jovial.

—Estás muy bella cuando eso ocurre, que es en contadas ocasiones.

—Adulador.

—¿A qué ha venido esa invitación? Me has preocupado. —Fred la observaba deseando no ver ninguna señal de enfermedad en ella.

—¿Es que no puedo invitarte alguna vez? Si por ti fuera no nos veríamos nunca, solo coincidimos en alguna de las fiestas donde vamos; si no fuera por ello...

—Tienes toda la razón del mundo —asintió él, su madre estaba en lo cierto, desde que se fuera a su residencia de soltero que apenas iba a visitarla o se preocupaba por su bienestar.

—Pero estoy segura de que eso va a cambiar. —A ella se la veía contenta, y él no sabía de qué le hablaba.

—¿Ah, sí?

—¡Oh, sí! —En el rostro de su madre vio una alegría que lo encandiló, ¿a qué se debería?

¿Acaso habría encontrado a algún hombre que la hiciera relucir como lo hacía?

Él no se opondría a que volviera a casarse, después de los años; incluso la animaría a ello si conocía al adecuado, a uno que la hiciera feliz.

—¿Qué es lo que te hace estar tan entusiasmada? —preguntó al tiempo que ella servía una copa de oporto para cada uno.

Se sentaron en los sillones enfrentados con una mesita que los separaba, y Fred vio como su madre se alisaba la falda cuando no tenía ninguna arruga, se estaba haciendo la interesante. Al fin lo miró a los ojos y habló con un tono de conspiración.

—Mañana llegan a la ciudad dos hermosas muchachas a las que me encantaría que conocieras.

—Madre, ¿pretendes hacer de casamentera? Sabes que no estoy buscando esposa.

A Rebecca se le estiraron los labios.

—Cuando conozcas a estas es posible que cambies de opinión.

—No lo creo, no te hagas ilusiones, aún no hay quien me haga desear abandonar mi soltería.

La madre soltó una risita.

—Eso es porque tus ojos no miran en la dirección correcta; además, no las conoces.

Él no quería desengañarla, la veía tan entusiasmada que dejaría que disfrutara del momento.

—¿Cómo sabes si las frecuento o no?

—Porque ellas no viven en Londres, llegan mañana del campo. —Rebecca mostró una sonrisa llena de sobreentendidos.

Fred se preguntaba si las casualidades existían, era de lo más extraño que su madre le hablara de unas muchachas de campo y él estuviese esperando a las hermanas de Arthur, que también llegaban de allí.

—¿De quiénes me hablas?

—De las sobrinas de unas muy amigas mías —esclareció su madre—. ¿Aún te relacionas con el vizconde Bellesmoke? —Al ver un asentimiento en la cabeza de su hijo, continuó—: Son sus hermanas.

—¿Las conoces?

—Por supuesto, son unas muchachas encantadoras.

La mandíbula de Fred cayó al suelo, hacía días que él y Nick se preguntaban cómo serían las chicas y resultaba que su madre las conocía, no se lo podía creer.

—Háblame de ellas.

—Será mejor que las conozcas en persona, te van a impresionar.

Que su madre se mostrara tan misteriosa no le hacía ninguna gracia, ya volvía aquella premonición de que serían tontas y feas, solo quería que las conociera porque eran familiares de sus queridísimas amigas.

—Madre, conozco a la flor y nata de la alta sociedad, y hasta el momento no ha habido ninguna dama que me impresionara, seguro que estas tampoco.

Rebecca soltó una carcajada llena de diversión.

—Me gustará ver tu cara cuando las conozcas; son hermosas, y por si fuera poco son dos, son gemelas idénticas. Van a revolucionar a todos los caballeros de la ciudad.

—Algo malo deben tener, no hay mujer perfecta.

—Créeme cuando te digo que estas lo son.

Fred se la quedó mirando, debía ser cierto; si no ¿por qué su madre le estaría diciendo esto si no la unía ningún vínculo con las chicas? Eso sería lógico que lo afirmaran sus tías o su hermano; no obstante, lo hacía su madre, y si ella lo decía debía ser cierto.

Más tarde, cuando fue al White’s a encontrarse con Nick para anunciarle de lo que se había enterado, lo halló con Arthur, y habían planeado no hablar de las muchachas delante del hermano, esperó a que este se fuera, pero eso no ocurrió; al terminar la noche, fue él quien los llevó en su carruaje a sus casas, y no pudo compartir lo descubierto.

Sería divertido observar su cara cuando viera a las chicas por primera vez, lo pensó sin caer en la cuenta de que sería la de él mismo.