CAPÍTULO 39 EMPACANDO EL DOLOR
Sentía que sostenían mi mano izquierda, abrí mis ojos lentamente porque la luz de la ventana iba directa a mis ojos, Mauricio estaba sentado a mi lado mientras sostenía mi mano.
— ¿Por qué dormiste aquí? – me preguntó en voz baja.
— Buenos días Mauricio, me quedé con Luna. – le respondí con voz adormilada mientras me sentaba en el sofá.
— Ya veo. – respondió con pesar.
Me levanté y caminé en dirección al baño, me bañé con agua muy caliente para aliviar el dolor en mi espalda, no fue muy cómodo dormir en el sofá.
Salí del baño utilizando una toalla en dirección al dormitorio, Mauricio estaba en la cocina, así que me puse mi ropa interior y un vestido, sequé mi cabello con la toalla mientras me sentaba en la cama, me di cuenta que estaba destendida, parece que Mauricio se despertó y salió rápido de la cama.
Fui a la cocina y él ya había preparado el desayuno, huevos fritos con tocino, normalmente quiero comerlos de prisa, pero no tenía apetito, mi garganta estaba seca.
— Ya está listo el desayuno. – me dijo llevando los platos con la comida a la mesa.
— Gracias. – le respondí, me senté con él y empecé a beber mi anís, probé un poco del tocino, pero el sabor era como sí comiera arena, me raspaba la lengua, mi pecho me presionaba como sí alguien me hubiera lanzado un puñete.
— ¿Sofía? ¿Me escuchaste? – escuchaba la voz de Mauricio, pestañeé un par de veces y lo miré, estaba distraída.
— Si, dime. – le respondí con alarma.
— Te pregunté sí querías sal. – me dijo señalando el salero.
— Ah...no, está bien, gracias. – respondí en calma e intenté comer a pesar que no tenía apetito.
— Estaré en la computadora. – me informó mientras se iba a su dormitorio, ya había terminado de comer y yo no había comido ni la mitad.
¿Iría a la computadora para trabajar o para buscar su vuelo?
Quizás sea mejor no saber la respuesta, llevé los platos al lavadero, boté lo que quedó de mi plato, no tenía sentido comer sí no tenía apetito, empecé a lavar los platos y la sartén, guardé todo para ponerme a barrer, necesitaba tener mi mente ocupada y la señora Mason todavía no me había llamado para otro trabajo, felizmente todavía me quedaba dinero.
Mauricio me pidió que me quedará con él hasta el último momento, pero esto es demasiado difícil, no sé si podré resistir.
— Saldré por unos documentos, traeré el almuerzo. – me dijo Mauricio mientras estaba barriendo, estaba usando una camisa negra manga corta y un pantalón color crema, se veía muy atractivo, recordé cuando lo conocí.
— Que te vaya bien. – le respondí y continué barriendo dándole la espalda, escuché sus pasos que se acercaban a mí, rodeó sus brazos encima de mi vientre y puso su mentón en mi hombro derecho.
— No estés así, por favor, no soporto verte así. – me susurró y tuve que tragar saliva porque el dolor que me causaban sus palabras me invitaba a llorar.
— Lo siento. – le dije con dificultad. Mauricio se puso frente a mí y me besó, fue un beso tierno, demostrándome su cariño con su mano en mi mejilla y la otra en mi cintura.
— Yo lo siento, no debí acercarme a ti. – me dijo después de besarme. Fruncí el ceño ante lo que me dijo.
— ¿Te arrepientes de lo nuestro? – le pregunté indignada.
— No quiero que estés triste, me culpó porque estés así, perdóname por ser un idiota. – confesó tomando mis manos en las suyas.
— Nada de esto es tu culpa, eres un buen hijo, siempre tienes que ayudar a tu mamá, me alegra que vayas a estar con ella, nadie cuida mejor de nosotros que nuestras mamás. – le dije con una media sonrisa, tratando de creer en mis palabras.
— ¿No te dolió? – me preguntó sonriendo mientras tocaba mi mejilla.
— ¿Dolerme qué? – le pregunté con extrañeza.
— Cuando te caíste del cielo. – me susurró y me dio un beso rápido haciendo que sonriera ante su comentario.
— Ya ve, te espero para almorzar. – le dije mientras lo empujaba a la puerta.
— Ahora entiendo cuando dicen que la convivencia se puede volver una guerra. ¡Me están expulsando! – exclamó haciendo un escándalo y empecé a reír ante sus ideas.
— ¡Vuelve pronto! – le respondí con una sonrisa y él me devolvió la sonrisa. Cerré la puerta y traté de pensar en disfrutar cada día que tuviera con él, en vez de sentirme destruida por su futura ausencia.
Decidí llamar a mi mamá, ella siempre me llama, así que quería sorprenderla.
— ¡Hijita! ¿Estás bien? – me preguntaba mi mamá alarmada. No mamá, me duele el pecho y no puedo respirar.
— Claro mamá, tengo muy buena salud. ¿Cómo estás? – le pregunté entre risas.
— Bien hijita, parece que podré ir a visitarte pronto, aquí habrá feriado largo en unas semanas. – informó y yo me puse pálida ante la idea.
— Ah, eh, qué bueno mamá, es una buena noticia. – le dije atropellando las palabras.
— Si hijita, te confirmaré en unos días. Ya debo ir al trabajo, un abrazo. – decía mi madre y yo me sentaba para no perder el equilibrio, me despedí y corté la llamada.
¡No puede estar pasando esto! ¡Más noticias inesperadas!
Por favor, por lo que más quieras, sí mi madre viene, que sea después que Mauricio se vaya – decía con fervor apoyando mis manos en mi rostro, no quería dejar a Mauricio, claro quería estar con mi mamá, no la veía hace unos meses, pero me quedaba poco tiempo con él.
Empecé a sentir dolor de cabeza con todo lo sucedido, dejé todo en orden y fui a la cama a echarme, puse Début de Mélanie Laurent que es nuestra canción y cerré mis ojos, abracé la almohada de Mauricio y su olor invadía mi nariz, sonreí agradecida quedándome dormida.
Ese olor...huele a pizza. ¿Hay pizza? Abrí mis ojos lentamente y Mauricio estaba sonriéndome con la caja de pizza en sus muslos.
— ¿Pizza? – pregunté adormilada y con una gran sonrisa en mi rostro.
— Creo que una pizza es más efectiva que el despertador. – dijo riéndose y yo me sonrojé ante su deducción.
— Eres un molestoso. – le dije haciendo un puchero cruzando mis brazos. Mauricio me besó la punta de la nariz y empezó a reírse.
— ¿Cómo te fue? – le pregunté con interés.
— Bien, ya me entregaron todos mis documentos. – me informó mirando la mesa que tenía un sobre.
— Me alegro. ¿Ya comemos? – le pregunté mirando la caja de pizza que me estaba sonriendo. Mauricio soltó una carcajada que me hizo reír también.
— Comamos aquí. – miraba la cama, abrió la caja de pizza y la dejó en la mesa que estaba al lado de nuestra cama, empezamos a comer, es mi pizza favorita con jamón y tocino, gemí al tener el primer bocado en mi boca.
— Está delicioso. – le dije al terminar de masticar.
— No tengo dudas. – me respondió con una sonrisa de suficiencia.
— ¿Qué documentos son los que te entregaron? – le pregunté porque la curiosidad me estaba invadiendo.
— Son los documentos de la universidad, certificados, ya retiré todos mis documentos. – me informó haciendo que la realidad me regresará al presente, cada vez está más cerca nuestra despedida.
— Entiendo. – respondí sin ganas y continúe comiendo.
— Hoy compraré mi pasaje, ya encontré una oferta de vuelo. – soltó de pronto.
— ¿Cuándo? ¿Cuándo viajarás? – tartamudeé con dolor en mi pecho, ya no pude comer más.
— El vuelo sale en dos días. – me informó. ¿Dos días? ¿Dos...días? ¿Cuarenta y ocho horas?
— Tengo que alistar mis maletas para saber cuántas llevaré y así hacer el pago extra cuando compré el vuelo. – seguía hablando cuando yo todavía no procesaba que se iría en dos días.
— ¿Me puedes ayudar? – preguntó en mi dirección.
— ¿En qué? – le dije con un nudo en la garganta.
— Empacar las maletas. – me pidió con cara de vergüenza.
— Ah, sí, claro, cuando quieras. – farfullé tragándome el dolor.
Dos días, solo me quedaban dos días con él y todo se acabaría, parece que sí me escucharon, él se iría antes de que regrese mi madre, el problema es que se iría más pronto de lo que pensaba.