¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 40 HASTA SIEMPRE
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CAPÍTULO 40 HASTA SIEMPRE

No dormí toda la noche, Mauricio tampoco, nos amanecimos armando sus maletas, dos grandes maletas y una mochila.

Ayer dejamos a Luna en casa de su vecino que la adoptó, el dolor en mi pecho iba en aumento.

Pensé en proponerle a Mauricio que la adoptará yo, pero ya había hablado con su vecino.

Mi pequeña Luna no se daba cuenta de lo que estaba pasando, la envidié por un momento, yo también quisiera no estar sentada en este taxi con él a mi lado sintiendo que me ahogo con cada kilómetro que avanza este auto.

Sé que debo mantenerme fuerte, no quiero que se sienta mal, él estará con su mamá, es lo mejor para él y para ella, podrá ayudarla, así es cuando quieres a alguien, deseas su bienestar y yo quiero a Mauricio, lo quiero mucho, no lo amo, no creo que estar enamorada de él porque no me veo en un futuro con él, dentro de mí sabía que él y yo no íbamos a hacer una vida juntos, pero nunca había conocido a un hombre que me tratará como él, con esas atenciones.

Ya sé que aún soy joven, que conoceré a alguien más, que probablemente desee ser madre cuando conozca a alguien que ame tanto que desee ver sus ojos en los de mi futuro bebé, pero por ahora, solo miro la ventana, viendo como los edificios pasan con rapidez, quiero gritarle al conductor que maneje a menos velocidad, quiero sentarme encima de Mauricio y decirle que quiero irme con él, pero no hago nada, mi mirada está fija en la luna de la ventana.

— Desayunaremos allí. ¿Te parece bien? – preguntaba Mauricio.

— ¿No quieres comer? – seguía preguntando Mauricio. Tocó mi mano haciendo que traiga mi mente a la realidad.

— Dime. – le respondí sintiendo sequedad en mi garganta.

— Te decía que podemos desayunar en el aeropuerto. – mencionó con calma.

— Está bien. – le respondí y volví mi mirada a la ventana. Mauricio no habló más y yo tampoco.

No sé cuánto tiempo paso, pero el auto se detuvo, miré al frente y no pude respirar, estábamos afuera del aeropuerto, Mauricio ya estaba bajando del auto y estiraba su mano para que la tomará y bajará del auto, tuve que hacerlo, empezó a bajar las maletas del auto mientras yo sostenía su mochila.

— Vamos. – ordenó Mauricio mientras caminaba a la entrada del aeropuerto, realizó su check-in mientras yo estaba al otro extremo esperando a que terminará, siento que mis piernas pierden estabilidad, no aguanto más esto, el dolor es muy grande, llena todo mi pecho.

Mauricio no sonríe desde que estábamos armando su maleta y me eché encima de la maleta para que él lograra cerrarla, sé que tampoco está feliz, pero ya todo está listo y me lo demostraba caminando en mi dirección con su pasaje y pasaporte en la mano.

— Ya dejé las maletas, vamos a desayunar. – me dijo serio, lo seguí pensando en que lo último que quería era comer algo. Se detuvo para ver diferentes cafeterías, yo miraba las paredes, el piso, ver sus ojos me resultaba doloroso.

— Aquí está bien, hay que sentarnos. – ordenó nuevamente, retiró la silla para que me sentará, le agradecí y miré la carta como sí buscará algo para comer.

— ¿Se te antoja algo? – me preguntó. Si, que nos vayamos de aquí y nos abracemos hasta quedarnos dormidos, respondí en mi mente.

— Lo que tú elijas, está bien para mí. – le dije sin mirarlo. La mesera se acercó a tomar nuestro pedido.

— Queremos un café, un anís, sándwich de pollo y un muffin. – habló Mauricio y la mesera se retiró apuntando en su libreta.

— Creo que te gusta el muffin. – decía Mauricio. Intenté mostrarle una sonrisa de agradecimiento sin éxito.

— ¿Qué haremos? – me preguntó. Lidiar con la realidad, respondí en mi mente.

— Regresaré a la casa de mi mamá. – le respondí.

— Me refería a nosotros. – respondió Mauricio. ¿Se está burlando de mí? ¡Te estás yendo! ¡Es obvio que no hay un nosotros!

— Nada, se terminará cuando te subas al avión. – respondí con dolor, pero con decisión.

— ¿No quieres que sigamos siendo amigos? – preguntó, realmente está loco.

— No es una buena idea. – terminé la conversación y vino la mesera con el pedido, tomé anís agradecida, lo necesitaba. Le di una mordida al muffin, pero no podía sentir el sabor.

— ¿Por qué no? – volvió a retomar la conversación.

— Mauricio, queremos cosas diferentes y no creo que una relación a distancia sea algo que funcione, al menos para mí.

– le confesé, no creo que las relaciones de ese tipo funcionen, quizás funcione para algunas personas, pero no para mí, peor cuando mi confianza de fidelidad con Mauricio es tan baja.

Terminamos de comer en silencio, sentí un peso menos en mi espalda al decirle esto, a pesar de mis sentimientos hacía él, tuve la valentía de detener algo que sabía que no tenía futuro, que no funcionaría porque buscamos cosas diferentes, no todo se puede solucionar con cariño y atenciones, también se necesita disposición, voluntad y tomar decisiones que cumplirás.

Quizás soy ingenua, tal vez esperé mucho, sin embargo, no me arrepiento de conocer a Mauricio.

Ya estábamos afuera de la puerta para los vuelos internacionales, Mauricio me miró, yo lo miré y recordé cuando nos conocimos, había pasado un poco más de cinco meses, pasaron tantas cosas desde ese entonces, pero a la vez se sentía como sí hubiera sido hace poco, controle mis ganas de llorar, creo que él también.

— Adiós linda Sofía. – dijo después de abrazarme y yo apoyará mi mejilla en su pecho, me despegué un poco de su pecho para verlo a los ojos.

— Sé feliz Mauricio. – le respondí con un nudo en la garganta, Mauricio acercó sus labios a los míos y nos besamos, no fue un beso apasionado ni uno dulce, era un beso con dolor y frustración, ambos nos contuvimos, mi pecho me presionaba, no podía respirar, pero seguíamos besándonos.

— Escríbeme cuando llegues a casa, por favor. – me pidió Mauricio.

— Lo haré sí tú me escribes avisando que aterrizaste bien. – le respondí con una media sonrisa.

— Es un trato. – respondió con una sonrisa. Volvió a besarme en los labios, después besó mi cabello y se fue, no volteó y le agradecí mentalmente que lo hiciera porque después de mucho tiempo una lágrima corrió por mi mejilla.

No mentiré, tenía la esperanza que regresará corriendo de esa puerta, me besará y me dijera que se quedaría conmigo, que lo intentaría, pero no, Mauricio no era ese tipo de hombre, él no lo haría y no lo hizo.

Unos minutos después, pude sentir mis piernas y caminé en dirección al baño, me lavé las manos y me miré al espejo, no podía reconocerme, veía la sangre en mis mejillas, en mis ojos, mis labios estaban más rosados de lo normal, me lavé el rostro de inmediato, pero no hubo cambios, el dolor seguía allí, ahogándome, pero tenía un largo camino por recorrer.

Salí del aeropuerto en dirección a mi casa, me senté en el bus con los audífonos puestos, empecé a escuchar My chemical romance, me recordó cuando iba a visitar a Mauricio, escuché con más frecuencia a esta banda cuando me vería con él, de pronto se empezó a escuchar distorsionado, mis audífonos ya no funcionaban, no tenía energías para enojarme, guardé los audífonos y tuve que escuchar la música del bus.

Unos minutos después, la locutora mencionó que pondría una canción de Shakira que ella compuso cuando se enamoró por primera vez, decidí prestar atención a la letra, no fue una buena idea.

*Todavía se siente el dolor

Porque todo el tiempo que pasé junto a ti

Dejó tejido su hilo dentro de mí

Y aprendí a quitarle al tiempo los segundos

Tú me hiciste ver el cielo aún más profundo

Junto a ti creo que aumenté más de tres kilos

Con tus tantos dulces besos repartidos

Desarrollaste mi sentido del olfato

Y fue por ti que aprendí a querer los gatos

Despegaste del cemento mis zapatos

Para escapar los dos volando un rato

Pero olvidaste una final instrucción, oh

Porque aún no sé cómo vivir sin tu amor*

No soporté y me puse a llorar mientras estaba sentada en el bus.

¿Así sería mi vida ahora, todo asociaré a él?

Regresé a casa, me bañé, sentir el agua caliente en mi cuerpo, me alivia, soy fuerte y debo seguir siendo fuerte, con ese pensamiento me puse mi ropa, quité la sábana del sofá y me senté mientras tomaba un vaso con agua, pero mi celular sonó.

*Ya aterricé. ¿Estás en casa?* – era un mensaje de Mauricio, era momento de cerrar etapas.

*Me alegra que llegarás bien, yo también estoy en casa. Adiós Mauricio.* – le respondí con dolor, pero con aceptación.

*Adiós Sofía.* – respondió al minuto.

No respondí más su mensaje.

Mis piernas perdieron fuerza y me deslicé al piso dejando el celular a un lado, las lágrimas corrieron por mis mejillas sin detenerse.

— Solo quiero estar contigo Mauricio. ¿Por qué me alejas a los que quiero? – dije frustrada, entre llanto y con un agujero en el pecho.

Y ese fue el inicio del fin.

Epílogo

Mauricio se fue hace tres meses, el dolor no disminuyó, todo lo contrario, mi madre vino por unos días hace un par de meses, ella no entendía porque estaba callada, pensativa, uso el término "muerta en vida", según ella, yo debería estar feliz porque ella vino a pasar unos días conmigo, se regresó a Madrid preocupada mientras yo sobrellevaba mi dolor.

Estuve fuera del edificio de Mauricio por horas, miraba el quinto piso y recordaba estar con él y Luna, fui al restaurante donde comimos salchipapas, el sabor no era el mismo, también fui a nuestro parque a relajarnos y mirar el mar, pero solo sentía que no podía respirar, comí pizza y no pude terminar ni la primera tajada, dormía dos o tres horas con suerte, así iba a la universidad.

Roxana estaba preocupada por mí, Román y José también, pero no podía decirles. ¿Cómo podría?

Ahora estaba tomando la botella de vodka con limón que tomé con él mientras escuchaba Début de Mélanie Laurent, cada sábado en la noche desde hace un mes, una botella por semana, 275 mililitros.

Cuando estaba en clases, no podía concentrarme, tenía la mirada ida, tomaba anís en mi termo, pero no me relajaba y empecé a probar algo diferente.

Empecé a colocar un poco de mi botella con vodka en el termo y a tomar durante clases, seguían siendo 275 ml por semana.

¿Qué daño podría hacerme? Una mañana, pedí permiso para ir al baño, estaba sonrosada, mi mirada era fría, parecía que nada me importaba, lo cual sentía que era cierto, sonó la alarma del descanso y regresé a mi salón de clases, Román tenía mi termo con vodka abierto, Roxana y José estaban a su lado, los tres me miraron con asombro y Roxana se acercó a mí.

— Sofía, tenemos que hablar de esto. – dijo seria.

— Si, no deben tocar mis cosas sin mi permiso. – les respondí con molestia.

— ¿Qué es lo que te está pasando? – me preguntó Román con enfado en el rostro.

— Nada que te incumba, dame mi termo. – le dije seria.

— Esto se tiene que acabar Sofía, no dejaremos que sigas así. – dijo Roxana quitándole el termo a Román para tirar su contenido al tacho de basura. Igual tengo algunas botellas en casa, pensé en mi mente.

— No estoy lastimando a nadie. – les respondí y me volteé para irme, Román me sujetó del brazo.

— Te estás lastimando a ti que es peor. – me dijo viéndome a los ojos.

— Ya lo estoy. – le respondí con desdén.

— Dinos qué pasa para poder ayudarte. – me decía Roxana. Vi la preocupación de mi amiga y me sentí mal por ella.

— Todo estará bien, no te preocupes. – le respondí con calma mientras tomaba sus manos.

— Lo estará cuando dejes de hacer esto. – intervino Román señalando el termo.

— No estamos en el lugar adecuado para hablar de esto. – les dije en voz baja.

— Tampoco para que tomes alcohol. – intervino José y me sorprendí, él se había mantenido callado durante todo el momento, me sentí avergonzada porque tenía razón.

— Está bien, ya no traeré alcohol a la universidad, lo prometo. – les aseguré y pude ver el alivio en sus rostros, pero Roxana no se detuvo.

— No se trata solo de que no traigas esto a la universidad, se trata de que dejes de hacerlo. – me dijo Roxana.

— Tienes razón, es que nada funciona. – le dije conteniendo mis lágrimas, pero ella sabía que tenía mucho dolor dentro de mí.

— Sí me dirías lo que te sucede, podría ayudarte. – me dijo Roxana con comprensión.

— No amiga, no hay nada que puedan hacer, ya nada puede cambiar. – le dije con el nudo en la garganta.

— Sofía todo tiene solución, dos mentes piensan mejor que una. Dime. – insistía.

— Prefiero no hablar de eso, por favor. – dije conteniendo las lágrimas.

— Estamos contigo Sofía, pero no dejaremos que sigas destruyéndote. – afirmó Roxana con seguridad.

Regresé a casa y unos días después era sábado, puse Début de Mélanie Laurent y escuché sin beber, comencé a llorar, no pude detenerme, me abracé con mis manos imaginando que era Mauricio diciéndome que ya era hora de dormir, imaginé que besaba mi cabello, pero al abrir mis ojos, él no estaba, no había nada, solo la oscuridad, no resistía este dolor, al principio pensaba que esto duraría poco tiempo, que lo superaría, pero no estaba siendo así, nada calmaba esto.

Caminé hacia mi refrigerador, me quedaban dos botellas de vodka con limón, las abrí, tomé un poco y el ardor en mi lengua no me generaba nada, nada cambiaba y tiré el contenido en el lavamanos.

— Ni ustedes pueden aliviar mi dolor. – le decía al vodka que se iba yendo por el drenaje.

Dicen que cuando quieres a alguien, debes enviarle tus buenos deseos.

No sé dónde estás ahora, pero sí estás leyendo esto, quiero que sepas que aún te tengo presente en mis pensamientos, no me arrepiento de nada de lo que viví y aprendí contigo.

Sé feliz.

Por los que ya no están y por el inicio del fin.