¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 38 LA INESPERADA NOTICIA
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CAPÍTULO 38 LA INESPERADA NOTICIA

Tenía dos semanas de vivir con Mauricio y todo era más que perfecto, estábamos juntos todo el tiempo, Luna me aceptaba, nos reíamos de cosas absurdas, disfrutábamos de la compañía y me di cuenta que realmente solo éramos los dos, mayormente conversaba con su mamá, pero los últimos días se iba a su dormitorio a hablar a solas con ella cuando solía hablar con ella delante de mí, me pareció extraño, pero yo suelo alejarme para hablar con mi mamá, así que no podía decirle mucho sobre eso.

También, le había enviado el último archivo a la señora Mason del libro, me estaba pagando bien y estaba contenta con mi trabajo.

Por otro lado, mi mamá seguía pensando que vivía en la casa, ella no sabía de Mauricio y era mejor así, no quería preocuparla por estas cosas, más aún cuando ella estaba lejos.

Unas horas más tarde estábamos sentados en la cama y me puse a pensar nosotros.

— ¿Te has dado cuenta que si eres capaz de tener una relación exclusiva? – le pregunté a Mauricio curvando mi ceja.

— Somos exclusivos por casualidad, no por causalidad. – su respuesta me cayó como un balde de agua fría, me hacía doler el cuerpo, mi interior, mi cabeza, todo. Eso quería decir que sí era fiel era porque no se había dado la oportunidad, no porque él quisiera. Tragué saliva para poder responderle.

— Por la razón que sea, pero lo estamos haciendo. – le dije con dolor en la voz.

— Sofía, tengo que decirte algo. – dijo en tono serio y sentí el miedo recorriendo mi cuerpo.

— Dime. – respondí tratando de sonar calmada.

— Me iré del país. – soltó sin más ni menos y mi mundo se cayó, no entendía nada.

— ¿Irás a visitar a tu madre? – le pregunté, porque solo se me ocurrió eso.

— No exactamente, iré a verla, pero me quedaré allá. – aclaró y todo se fue, miré a la mesa y felizmente tenía mi vaso con agua, así que lo bebí tratando de oxigenar mi cerebro para que mis ideas fluyeran mejor.

— ¿Cuándo te irás? – le pregunté con dificultad en la voz.

— Tengo que buscar ofertas de vuelos, lo más pronto. – dijo con calma y yo ya no sentía fuerza en mi mano, así que dejé el vaso en la mesa antes de que se cayera en la cama.

— ¿Quieres que te ayude con algo? – respondí con la mayor calma posible.

— No te preocupes por eso. – dijo y yo ya no podía resistir esto, así que me fui del dormitorio a la cocina, empecé a hervir agua para tomarme un anís, necesitaba calmarme, no podía tolerar esto, sé que ya debería estar acostumbrada, siempre se van, todos los que quiero se van.

¿Por qué sería diferente con él? Fui una ilusa, ahora lo perderé, se acabó.

Costó mucho tener lo que tenemos ahora, con la distancia de por medio, estamos arruinados, ya no hay manera.

El sonido de la tetera me distrajo de mis ideas y empecé a servirme el anís, me senté en la silla que estaba cerca de la ventana, empecé a tomar y ver el edificio del frente, los postes de luz, el parque que estaba cerca, estaba sumergida en mis pensamientos, sentía como sí me hubieran aplastado el cuerpo.

— ¿Tienes hambre? – escuché la voz de Mauricio detrás de mí sacándome de mis pensamientos.

— No, gracias. – le respondí con voz lejana y volví mi mirada a la nada. Escuché sus pasos cerca de mí y quería que se fuera, que me dejará sola, era más fácil así, pero él no escuchó mis pensamientos, rodeó sus brazos con los míos agachándose y colocando su mentón encima de mi cabeza.

— ¿Puedo pedirte algo? – preguntó en voz baja.

— Claro. – respondí sin pensar.

— Quédate conmigo hasta que me vaya, por favor. – suplicó y yo hice mi mayor esfuerzo para contener mis lágrimas y el dolor en mi pecho.

— De acuerdo. – respondí con el nudo en la garganta.

— Gracias. – dijo.

— Con gusto. – susurré y nos quedamos abrazados por un rato, el dolor en mi pecho no se iba.

¿Cómo se iría? ¿Cuándo se iría? ¿Qué haré cuándo ya no esté conmigo? ¿Qué me quedará sin él?

Unas horas después, Mauricio estaba en la computadora, normalmente me sentaba en sus piernas mientras él estaba en la computadora, pero ya no quería hacerlo más, temía sentarme y ver que estuviera buscando sus vuelos, así que me senté en el sofá y me puse a leer un libro para distraer mi mente de todo esto.

Me desperté porque sentí que estaba flotando y era Mauricio cargándome al dormitorio, me había quedado dormida en el sofá leyendo.

— No te preocupes, puedo caminar. – le dije con voz adormilada y pesadez en los párpados.

— Me gusta cargarte, además ya llegamos. – dijo haciéndome sonreír, a mí también me gustaba que me cargará.

— Gracias. – contestaba con los ojos cerrados y podía sentir que me sonreía. Mauricio me quitó las pantuflas y se acostó a mi lado para abrazarme, nos quedamos dormidos rápidamente.

Me desperté en la madrugada, no podía volver a dormir por más que lo intentaba, me levanté de la cama en silencio para no despertar a Mauricio, fui a la cocina a tomar un poco de agua, me senté cerca de la ventana, no podía creer que él se iría, después de todo lo que hemos pasado para estar juntos, solo nosotros y sentirnos bien con nuestra relación, solo se tiene que ir.

— ¿Por qué me haces esto? – susurré en voz baja mirando la ventana.

— Me costó tanto decirte que te quiero y ahora, solo te irás. – continuaba susurrando para expulsar mi dolor y mi frustración. Escuché el bostezo de Luna detrás de mí y me golpeé los muslos para que subiera.

— ¿Tampoco puedes dormir? – le pregunté cuando se había echado en mis muslos y me miraba sin pestañear.

— Yo igual pequeña, parece que volvió el insomnio a mi vida. ¿Has escuchado eso de que unos vienen y otros se van? Parece que es cierto. – le hablaba a Luna como sí podría responderme.

Acaricié el pelaje de Luna deseando que todo esto sea una pesadilla, empecé a recordar a todas las personas que quiero y se fueron como mi familia, amistades, hace un mes se fue mi mamá y ahora se iría Mauricio, el único hombre que he querido, al único que tuve el valor de decirle que lo quiero y en verdad lo quiero, mi dolor no se va, pensar en perderlo por otra mujer, me asustaba, pero no pensé que se iría por su mamá, no estaba ni alejadamente preparada para esto.

Luna saltó al sofá y me acosté con ella, tenía que empezar a acostumbrarme a dormir sin Mauricio, además sí voy ahora al dormitorio, se despertaría, mejor me quedó aquí.

Luna se acostó en mi pecho y le mostré una media sonrisa en agradecimiento, no tenía ninguna manta, así que el calor de Luna me abrigaba.

¿Soy una mala hija por extrañar más a Mauricio que a mi madre?

Quizás es porque yo ya estaba preparada para que mi mamá se fuera, ella siempre ha viajado, pero lo de Mauricio es diferente, yo esperaba perderlo por otra mujer, no por un viaje sin retorno.