¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 37 NO TODO ES LO QUE PARECE
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CAPÍTULO 37 NO TODO ES LO QUE PARECE

Habían pasado cuatro días desde el inicio de mi trabajo, acababa de terminar de tipear todo el libro y estaba muy contenta con mi desempeño, había terminado antes del tiempo que me dieron, llamé a la señora Mason con una sonrisa en el rostro.

— ¿Sofía? – preguntaba la señora con extrañeza.

— Buenas tardes señora Mason, soy yo, quería comunicarle que ya terminé el trabajo, cuando pueda transferirme, me avisa para enviarle el documento a su correo. – le dije con calma.

— ¡Qué alegría! Eso fue rápido, te enviaré el comprobante de la transferencia en breve y mi correo electrónico, gracias. - me respondió con entusiasmo y yo también lo estaba.

— Perfecto, esperaré su mensaje. – le respondí con una gran sonrisa y nos despedimos.

Mientras barría la sala, mi celular sonó y era mi madre, me sorprendió que me llamará en la tarde, así que le contesté rápidamente.

— Hola mamá. – la saludé con alegría.

— Hola hijita, soñé contigo. ¿Estás bien? – me dijo con voz adormilada y preocupada.

— Si mamá, me está yendo bien. – le respondí con calma.

— Es que en mi sueño estabas triste, distraída, mirando la ventana sin moverte. – me describía su sueño y me inquieté.

— No te preocupes mamá, me está yendo bien con el trabajo, es más, en unas horas recibiré mi primer pago. – le decía con alegría ante la idea de recibir mi dinero.

— Me alegro hijita, estaba preocupada. – me decía mi mamá con la voz acongojada.

— No tienes razón para eso. ¿Cómo estás? – le pregunté con curiosidad.

— Estoy bien hijita, el trabajo está muy bien y eso me alegra. – me respondía mi madre con mejor ánimo.

— Me alegro mucho por ti, seguro que todo irá mejorando cada vez más. – la animaba.

— Gracias hijita, ya me voy a alistar para ir al trabajo. – me dijo, así que nos despedimos.

Fui al dormitorio para terminar de barrer, Mauricio había salido desde temprano, necesitaba llevar su computadora al técnico para que le hagan mantenimiento, le iba a proponer ir juntos, pero quería terminar el libro, ya lo estaba echando de menos, hace dos días le dije que lo quería y no me dijo que él también, eso me sorprendió, sin embargo, no quiero ser paranoica, así que puse canciones de ACDC, no conozco a nadie que esta banda no pueda motivar.

Unos minutos después, sonó mi celular y era un mensaje de la señora Mason mostrándome el comprobante de la transferencia, me estaba depositando un poco más de lo que me ofreció al inicio con un mensaje.

*Sofía, debido a tu eficiencia, te estoy dando 10% más, estoy ansiosa por recibir el libro, por favor envíamelo a la brevedad. Estamos en contacto.*

Dejé todo y salté de alegría, fui corriendo a la computadora y envíe el archivo a su correo, estaba muy feliz, por fin tenía dinero, empecé a pagar la cuenta de los servicios de la casa de mi mamá y fui a comprar víveres al supermercado, quería cumplir con mi parte desde que nos mudamos.

Me sentía muy animada, estaba comprando varias cosas, más de lo que le gusta a Mauricio, ese hombre realmente ama la carne y las ensaladas, compré una bandeja de helado de chocolate, y recordé cuando conocí al hombre que me vendió los helados, no fue hace mucho, pero se sentía como sí hubiera pasado mucho tiempo, realmente fue muy amable, me hizo sonreír el recuerdo, fui a pagar todo y regresé al departamento, me sorprendió que Mauricio no había llegado, se estaba demorando mucho, quizás la computadora estaba muy dañada, pensé en llamarlo, pero no quería molestarlo.

La mejor manera de no pensar de más, es tener tu mente y cuerpo ocupado en otras actividades, así que decidí hacer brownies, una hora y media después ya estaban listos, así que los dejé enfriar, pero Mauricio seguía sin venir, así que decidí preparar ganache, media hora más tarde ya estaba bañando los brownies y realmente se veían deliciosos. La puerta se abrió y me alegre.

— Hola. – dijo Mauricio mientras cerraba la puerta, corrí hacia él y lo abracé con fuerza, luego tomé su rostro y lo pegué al mío para besarlo.

— Huele muy bien aquí. – dijo mientras su nariz se arrugaba al captar el olor.

— Te preparé algo. ¿Cómo te fue? – le pregunté porque estaba preocupada por su demora.

— Agotador, el técnico se demoró demasiado, aproveché que estaba allí y la desarmaron para limpiarla, así que tardé más de lo que esperaba. – me explicaba y ya entendía su retraso.

— Lo bueno es que ya está listo, ahora...¿Quieres comer algo muy dulce? – le pregunté con coquetería.

— Oh si, totalmente, lo haré. – afirmó y me besó con fuerza, rodeé mis brazos a su cuello, extrañaba esto de nosotros, los últimos días estábamos distanciados por el trabajo y demás, pero no quería que siguiera así nuestra relación, realmente quiero mucho a Mauricio, soy feliz con él.

— Te quiero Mauricio. – le dije al despegarme de su beso y mirarlo con todo el cariño que tenía dentro de mí, pero otra vez, Mauricio no me dijo que me quería, solo besó mi cabeza y fue a la cocina.

— ¡Brownies! – exclamó efusivo y mostré una media sonrisa, me dolía que no me diga que me quisiera, pero tampoco quiero que se sienta obligado a hacerlo. Mientras yo peleaba mentalmente sobre los sentimientos de él hacia mí, Mauricio se estaba devorando los brownies.

— ¡Mauricio! No tienes que comer todos ahora, te prepararé una bebida. – le dije entre risas.

— Hermosa. ¿Puedes servirme leche caliente? – me preguntó mientras comía los brownies.

— Claro que sí. – le dije sonriendo, calenté la leche y se la di en una taza, estaba contento, parecía un niño en navidad con chocolates y leche.

— ¿Haz comprado víveres? – me preguntó mirando las bolsas.

— Si, ya me pagaron por el libro, así que compré los víveres, aún me queda dinero. ¿Puedo ayudarte a pagar la luz o agua? – le pregunté mientras yo también comía un brownie, antes que Mauricio se los terminé todos.

— Esta cubierto eso este mes, no te preocupes. – me dijo mientras tomaba mi mano y le sonreí agradecida.

Media hora después, él estaba sentado en el sofá, lucía pensativo, así que me senté en sus piernas y él río un poco.

— ¿Me dirás qué está pasando? – le pregunté levantando su mentón.

— No te preocupes, lo solucionaré. – me dijo suspirando con pesadez.

— Sé que puedes, pero estoy aquí, contigo, quiero que cuentes conmigo para lo que necesites. – le dije mientras le masajeaba su cabeza. Mauricio besó mi antebrazo y me sonrío.

— Lo sé hermosa, gracias. – respondió mirándome con ternura.

— Sí no quieres decirme ahora, está bien, pero aquí estoy.

¿De acuerdo? – le dije con una media sonrisa, me dolía verlo afligido y no poder hacer nada, no sé qué estaba pasando exactamente por su mente, sé que está preocupado, pero no sé qué podría ser, no podía ser sobre dinero porque me dijo que tenía pagado las cuentas, le mencioné darle dinero y no aceptó, así que dinero no era el problema. ¿Qué podría ser?

— Si. – soltó medio pensativo y después suspiró, no dijimos nada más.

Nos quedamos sentados en el sofá, Mauricio me abrazó y yo seguía masajeando su cabeza, me gustaba cuando me cargaba, me abrazaba mientras dormíamos, me besaba con ternura y deseo, mis sentimientos por él estaban creciendo sin que pudiera controlarlos, sentía miedo, miedo de lo que podría pasar, yo sabía que no lo engañaría con otro hombre, solo me importaba él, pero nuestro acuerdo seguía, y sí él deseaba estar con otra mujer, todo se acabaría, lo perdería totalmente, ese se había convertido en mi temor más grande.

— Hay que celebrar que te fue bien en tu trabajo. – me dijo con una sonrisa.

— ¿Qué quieres hacer? – le pregunté sonriéndole.

— ¡Vamos por pizza! – me dijo y lo abracé con mucha alegría, él sabía que la pizza es mi debilidad. Me levanté rápidamente y tomé su mano con rapidez para que avancemos de prisa a la puerta.

— Tranquila, la pizzería todavía cierra a las diez de la noche. – me dijo entre risas por mi efusividad y bajé las escaleras con calma.

— Lo siento, me emocioné. – le dije con vergüenza.

— Eres tan linda y dulce. – me dijo acariciando mi mejilla con sus nudillos y le sonreí un poco avergonzada.

— Y tú eres muy bueno conmigo. Soy muy feliz contigo – le respondí con alegría en mis ojos.

— Nadie debe tratarte de otra manera, mereces lo mejor. – soltó tomándome desprevenida ante sus palabras, realmente Mauricio es una gran persona, no quiero perderlo.

Unas horas después estábamos muy satisfechos después de comer pizza, pasamos por un minimarket y Mauricio compró dos botellas pequeñas de vodka con limón, decía que teníamos que celebrar, él sabe que no me gusta tomar alcohol, pero dijo que eran bajos de alcohol, así que llevamos las botellas al departamento.

Cuando estábamos en su dormitorio, Mauricio puso las canciones de piano en su celular y prendió las velas e inciensos, abrió las botellas y empezamos a beber, tenía razón, no se sentía mucho alcohol, el ácido del limón rozaba mi lengua y lo recibía agradecida, su sabor era muy agradable.

— ¿Te gustó? – me preguntó señalando la botella.

— Me gusta todo esto, gracias. – le dije señalando las velas, la botella y todo lo que estaba a nuestro alrededor.

— Gracias a ti, eres un ángel que me acompaña y me cuida, Sofía me siento afortunado desde que te conocí. – me dijo acariciando mi rostro con sus manos y yo traté de controlarme para no llorar ante sus palabras.

— Mauricio... - me falló la voz, no podía decir nada porque sentía que lloraría, dejé la botella en la mesa y lo abracé, él me devolvió el abrazo y nos quedamos así por unos minutos.

— Quiero que seas feliz, no quiero hacerte daño. – me dijo con sus brazos alrededor de mi cintura y su mentón apoyado en mi hombro.

— Soy muy feliz contigo Mauricio, saber que solo somos nosotros, me hace sentir...completa. – le dije con una gran sonrisa.

— No pensé que pasaría esto entre nosotros cuando nos conocimos. – confesó en voz baja.

— Yo tampoco, pero no cambiaría nada, me gusta estar contigo.

– confesé también con un ligero rubor en mis mejillas.

Mauricio me besó y yo le respondí, volvimos a tomar hasta terminar, Mauricio llevó las botellas al tacho de basura y yo me cepillé los dientes, regresé al dormitorio, me puse uno de sus polos para echarme en la cama y Mauricio entró al poco tiempo.

— ¿Sabes que cuando bebes alcohol, tus mejillas se ponen rojas? – me preguntó tocándolas.

— Ya duérmete. – le dije porque me estaba avergonzando ante su pregunta y él empezó a reírse para después abrazarme y besar mi cabello.

Al menos por unas horas se distrajo del problema que tiene, quería ayudarlo, me dolía verlo preocupado.