¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 36 Y MÁS PERDICES
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CAPÍTULO 36 Y MÁS PERDICES

Me estaba alistando para reunirme con la señora que me daría el trabajo, me puse una blusa roja y un pantalón pitillo negro, salí del baño y Mauricio estaba sentado en la sala trabajando en la computadora, me aclaré la garganta para que me viera, levantó su mirada y me sonrío.

— Hermosa. – dijo mostrándome sus dientes en una sonrisa.

— Gracias, debo salir ya. ¿Quieres que traiga algo cuando regrese? – le pregunté con amabilidad.

— A ti. – respondió seductoramente y me olvidé de todo y corrí hacía él para sentarme en sus piernas para finalmente besarlo con todo mi cariño.

— Te quiero Mauricio. – le dije con cariño al despegarme de sus labios.

— Yo también. – me respondió y me levanté para salir del departamento. Luna empezó a maullar cuando vio que me iba a ir.

— Ya vuelvo pequeña. – le dije mientras le acariciaba la cabeza y abría la puerta para salir a mi reunión.

Treinta minutos después estaba en la cafetería esperando a la señora Mason, apareció en un vestido morado y un abrigo color crema, era una señora de mi estatura usando sus tacos, debía tener unos cuarenta o cerca de los cincuenta años, su cabello era de color negro, se podía apreciar algunas canas en sus patillas, la piel clara de su piel iba acompañada de pequeñas manchas rojas en las mejillas, su maquillaje era ligero en los ojos y labios, traía un bolso que se veía muy pesado.

— Hola. ¿Eres Sofía Rosas? – me preguntó la señora con un poco de afán.

— Si señora Mason, soy yo. Un gusto conocerla. – le respondí con una gran sonrisa.

— Igualmente. Te explicaré sobre el trabajo. – me dijo la señora con entusiasmo y yo le respondí con una sonrisa.

— Tengo libros en físico, los tipeé en máquinas de escribir, pero deseo que estén tipeados en documentos de Word, pero no tengo mucho tiempo libre y no soy muy buena con las computadoras, por eso buscó a alguien que se encargue de eso, quiero que se respete la ortografía, tiene que ser igual, palabra por palabra.

¿Crees que puedas hacerlo? – me explicaba y preguntaba con mucha seguridad.

— Por supuesto, por mis estudios, he pasado mucho tiempo tipeando monografías, trabajos de investigación, ensayos, entre otros. Sí usted desea que lo replique en la computadora, lo haré respetando todo lo que me indica. – le respondí con firmeza.

— Muy bien. – sacó un libro grande de su bolso, podría decir que eran de setecientas u ochocientas páginas, me mantuve tranquila para que no se diera cuenta de mi asombro.

— ¿Cuánto tiempo tardarías en hacer esto? – me señaló el libro y empecé a sacar cuentas en mi mente.

— No más de una semana, pero sí necesita que sea antes, puedo hacerlo. – le dije con seguridad.

— Perfecto, tienes una semana, sí puedes entregarlo antes, puedo darte un bono.

Tengo varios libros con los que quiero hacer lo mismo, pero comencemos con este y acordé a eso, continuamos.

Este sería el pago por el primer libro. ¿Estás de acuerdo?

– dijo mientras me extendía una hoja con el pago escrito, era una buena suma para ganar en una semana, además que sí me lo proponía podría terminarlo en cuatro días.

— Estoy de acuerdo, comenzaré a trabajar con el libro, le llamaré cuando lo terminé para que me haga la transferencia y le envíe el archivo a su correo. – le dije cerrando el trato.

— Perfecto, fue un gusto conocerte Sofía, espero que sea el inicio de un gran negocio.

– me dijo sonriendo mientras me estiraba su mano, yo extendí mi mano hacia ella mientras sonreía y le decía que también fue un gusto.

Me fui de la cafetería con dirección al departamento, quería ver pronto a Mauricio para contarle la noticia de que por fin tenía un trabajo, tendría dinero para ayudar con la compra de los víveres y podríamos salir que hace tiempo no lo hacíamos.

Media hora más tarde estaba regresando y Mauricio estaba en videollamada con su madre, alcancé a escuchar un poco.

— Quiero expandir el negocio, sí no me ayudas será difícil. – escuchaba la voz de la señora.

— Mamá estoy haciendo todo lo que me pides. – respondía Mauricio con cansancio en la voz. Sentí pena por él, parece que no me había escuchado entrar, pensé en prepararle una limonada.

— Lo sé hijo, pero tenemos que buscar una solución. – replicaba la señora.

— Continuaré con lo que me mandaste, nos vemos mamá. – se despidieron y yo toqué la puerta del dormitorio.

— ¿Sofía? – preguntaba alarmado. Pase con paso lento, llevando el vaso con limonada para él.

— Te traje una bebida. – le dije con una sonrisa.

— Gracias hermosa. – me dijo mientras tomaba mi mano y le daba un beso.

— Es mi placer darte placer. – le devolví su frase entre risas para que se sintiera mejor porque lo notaba estresado.

— ¿Cómo te fue? – me preguntó mientras bebía la limonada.

— Muy bien, tengo el trabajo, sí cumplo con todo antes de tiempo, me dará más trabajo. – le respondí con mucho entusiasmo.

— Te daré mi otra laptop para que podamos trabajar juntos. – me dijo sonriendo. Lo abracé y le agradecí, realmente estaba contenta.

— ¿Cómo te fue sin mí? – le pregunté para saber cómo estaba con lo de su mamá.

— Agotador, pero ya que estás aquí, es mejor.

– me dijo dándome un beso, yo lo besé con más fuerza mientras lo abrazaba, quería que se relajará, podía sentir el limón en sus labios y comencé a succionar sus labios, él me respondió con un gemido y lo presioné más a mí, disfrutaba tanto de él, de sus besos, sentía que todo se estaba acomodando, estaba con un hombre que quería y podía decírselo, estudiaba una carrera, tenía un trabajo, hasta teníamos a Luna, todo era tan emocionante, pero Mauricio se despegó de nuestro beso y me besó la nariz haciendo que riera.

— Tengo que continuar con el trabajo. – se disculpó con pesar.

— No hay problema, cocinaré. – le dije con comprensión, ya estaba sobrecargado con lo de su madre, no quería darle más problemas.

— Gracias hermosa. – me dijo cuando me estaba yendo de su dormitorio. Volteé de prisa haciendo que mi cabello golpeará mi espalda ante sus palabras.

— Tu placer es mi placer. – le respondí en tono coqueto mientras le guiñé un ojo y me fui rápido a la cocina porque empecé a sentir mis mejillas rojas por la vergüenza.

Dos horas más tarde, ya habíamos almorzando, Mauricio me había prestado su computadora y comencé a trabajar, mientras que él hacía lo mismo, me sentía muy emocionada cada vez que leía el libro, era una historia de amor prohibido, incluía a la mafia de drogas, los jefes de ambas mafias tenían un hijo y una hija respectivamente, los hijos se conocieron sin saber quienes eran sus padres, tuvieron una aventura de una noche que terminó con más noches en las siguientes semanas, al enterarse de sus progenitores, la situación se estaba volviendo peligrosa y excitante.

Mientras estaba trabajando, apareció Luna, saltó a la silla que estaba a mi lado y empezó a maullarme, miré su plato de comida que ya estaba vacío, así que entendí su reclamo.

— Disculpa pequeña, ahora mismo lo solucionamos. – le dije con ternura mientras cerraba el libro y me levantaba de la silla para servirle su comida y cambiar su agua. Luna no perdió tiempo y comió con rapidez haciendo que me riera al verla.

— Sí la señorita no necesita nada más, regresaré a mi trabajo. – dije con una sonrisa a pesar que ella estaba concentrada en su comida y no en verme.

No sé cuanto tiempo pasó desde que estaba en la computadora, pero Mauricio apareció en la sala mientras estiraba sus brazos, miré a la ventana y noté que ya estaba oscureciendo, había avanzado mucho con mi trabajo y estaba muy orgullosa de ello, ya que es mi primer día.

— ¿Terminaste con tu trabajo? – le pregunté mientras guardaba el libro y guardaba mi archivo en la computadora.

— Si. ¡Por fin! – dijo exclamando y empecé a reír mientras apagué la computadora, quería pasar tiempo con Mauricio, no habíamos estado juntos toda la tarde y lo extrañaba.

— Yo continuaré mañana. – le dije mientras me acercaba a abrazarlo y él rodeo sus brazos en mi cintura.

— ¿Te gusta tu trabajo? – me preguntó mientras hacía círculos con su pulgar en mi cintura.

— Mucho, quiero acabar el archivo antes de tiempo y continuar trabajando en esto. – le respondí con mucho ánimo.

— No te estreses mucho, te dieron una semana y no ha pasado ni un día. – me dijo mientras tocaba mis mejillas y se agachaba a darme un beso dulce en los labios.

— Si, señor. – le dije con una sonrisa.

— Me gusta eso, llámame más seguido así. – me dijo mientras ponía su pulgar e índice en su mentón y mirada pensativa.

— Con gusto, señor. – le decía entre risas ante su actitud.

Estábamos cansados, así que comimos pan con guacamole y té, nos lavamos los dientes y fuimos a la cama, Mauricio puso nuestra canción de piano, me abrazó, besó mi cabello y dormimos con una sonrisa en el rostro.

Sé que la felicidad debe ser por uno mismo y sí deseas, puedes incluir a alguien en ella, pero con Mauricio siento como sí un globo que esta dentro de mi pecho se va inflando y me hace sonreír sin parar, no tengo a ningún familiar conmigo, él tampoco y me siento más que completa.