¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 35 COMIENDO PERDICES
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CAPÍTULO 35 COMIENDO PERDICES

Me desperté entre sus brazos que me abrigaban y sonreí al verlo con sus ojos cerrados, tranquilo, respirando con calma, realmente lo quiero, no me siento sola, no siento ningún vacío en mi pecho, estoy viviendo mi vida con él, a pesar de las limitaciones, quizás no necesito un título para que esto sea real, tengo la realidad entre mis brazos.

Mauricio se removió y me abrazó con más fuerza.

¿Cómo podría sentirme más querida? Ya no se podría.

— Buenos días. – decía Mauricio con voz adormilada.

— Muy buenos días. – le respondí sintiendo sequedad en la garganta ante la emoción contenida.

— ¿Qué hora es? – me preguntaba Mauricio frunciendo el ceño mientras intentaba abrir los ojos, revisé mi celular que había dejado en la ventana.

— Son las 8: 42 am. – le dije mirando la pantalla del celular.

— ¿Sabes qué es lo bueno? – preguntó Mauricio mostrándome una sonrisa de suficiencia.

— Dime. – le respondí con curiosidad.

— No tenemos que preparar desayuno porque... ¡Tenemos queque y con fudge! – exclamó con emoción y yo empecé a reírme ante su idea.

— Es cierto. – le respondí entre risas.

Mauricio se levantó de la cama y yo con él, Luna estaba dormida en el sofá de la sala y me dio ternura verla tan relajada. Mauricio salió del baño y le hice un gesto para que no haga bulla y le señalé a Luna, él movía su cabeza mientras sonreía.

— Iré al baño. – le susurré para que no se despierte y Mauricio caminó a la cocina.

Me llevé un vestido y mis pantuflas al baño, empecé a bañarme y a relajarme, unos minutos después, me amarré el cabello en una toalla mientras me cambiaba, coloqué un poco de crema de peinar en mi cabello para darle forma a mis rulos y fui a la sala para encontrarme con Mauricio que ya estaba colocando mi anís en la mesa y lo que quedaba del queque en la mesa.

— Gracias, amable caballero. – le dije a Mauricio mientras le sonreía.

— Es un placer, linda dama. – respondió con mi mismo tono y empezamos a reírnos.

El queque realmente estaba bueno, a Mauricio le encantaba porque comió más que yo, bueno él también es más alto que yo, puede que eso influya.

— ¡Estoy más que satisfecho! – exclamó Mauricio después de cuatro tajadas de queque y dos tazas de té.

— Me preocuparía sí no lo estuvieras. – le respondí conteniendo la risa mientras bebía mi anís.

— Yo no tengo la culpa que esté delicioso. – dijo a modo de defensa.

— Yo no me atrevería a culparlo de nada. – le respondí poniendo mi mano en el pecho.

— Puedes hacer lo que quieras conmigo. – afirmó Mauricio y yo curvé mi ceja ante su respuesta acompañada de una sonrisa.

— ¿Lo que yo quiera? Esas son palabras mayores. – le respondí con coquetería.

— Después de este queque, estoy incapacitado, no pondré resistencia. – dijo agotado estirando sus brazos en señal de agotamiento. Empecé a reírme ante sus palabras, así que me levanté para llevar los servicios a lavar.

— Yo puedo lavarlos, no te preocupes. – alzaba la voz detrás de mí en su asiento.

— Ya estoy aquí, además no es mucho. – le respondí con tranquilidad.

Minutos después estábamos en el sofá relajándonos, recordé que debía buscar un trabajo, ya no podría ir a las clases con Marcus porque estaba muy lejos y me saldría más caro dictarle las clases.

— ¿Podrías prestarme tu computadora un momento? – le pedí un poco avergonzada porque no quería incomodarlo.

— ¿Necesitas comprar algo? – me preguntó con extrañeza.

— No Mauricio, solo quiero ver algún trabajo. – le respondí con calma. Noté que hizo un gesto de disgusto con sus labios, no entendí la razón, pero preferí no preguntarle.

— Está en el dormitorio, no tiene clave.

– me dijo señalando el dormitorio. Le di un beso en la mejilla y le agradecí.

Fui a su dormitorio y llevé la computadora a la sala para estar cerca de él y empecé a buscar trabajos, no tuve mucha suerte, no había nada cerca de donde vivíamos que este relacionado con mi experiencia o estudios, la otra opción era buscar un trabajo en los sitios de comida rápida, pero el pago es muy poco y te explotan como sí fueras robot.

Seguí revisando y encontré un trabajo que era de un proyecto, era una autora que estaba pidiendo que tipearan en la computadora su libro que estaba en físico, lo cual me iba perfecto y el pago no era tan malo, sería un buen comienzo, podría hacerlo mientras Mauricio duerme o no utilice el computador.

— Mauricio, encontré un trabajo, pero tendría que utilizar la computadora, yo pondría mis propios horarios. ¿Podría usar tu computadora cuando no la estés utilizando? También, podría ir a casa y traer mi computadora, quizás sea mejor. – le dije más pensando en voz alta que esperando su respuesta.

— No necesitas ir, puedes usar la mía, además tengo otra laptop, le falta unas teclas, pero funciona, creo que te puede servir. – dijo haciendo que yo me emocionará. Me acerqué a él y le di un beso rápido en los labios agradeciéndole.

— Ya mismo le enviaré mi CV, gracias. – le dije con ánimo mientras hacía eso, estaba emocionada porque era un buen trabajo para comenzar.

Dejé mi celular cargando con volumen alto y puse las canciones de Shakira que me gustaban, empecé a bailar mientras cocinaba, ya que Mauricio se estaba bañando. Estaba preparando ensalada, papas sancochadas, chuleta y una crema para las papas. Luna se acercó a mis piernas y comenzó a maullar.

— Lo siento pequeña, me olvidé tu comida, ya mismo lo solucionamos. – le dije mientras le colocaba su comida y cambiaba su agua, Luna comenzó a maullar en agradecimiento y me hizo sonreír, me di cuenta que desde que estaba con Mauricio, mi miedo por los gatos se estaba desapareciendo.

— Tu papá está ayudándome mucho. – le dije mientras le acariciaba su cabeza mientras ella comía.

Me lavé las manos con jabón y continué cocinando, revisando diferentes recetas, vi que algunos chefs colocaban mostaza en el aderezo de la chuleta, así que decidí agregarle para probar si el sabor era mejor.

Definitivamente cuando cocinas para alguien, es mucho mejor que cuando cocinas solo para ti, me sentía tan feliz con él, sé que tenemos poco tiempo en esta situación, pero realmente es hermoso como nos llevamos, no discutimos, no hay insultos ni agresiones, tratamos de no lastimarnos y Mauricio solo está conmigo y yo con él, no cambiaría nada.

Me sentía tan contenta que seguía bailando al ritmo de Hips don't lie de Shakira mientras seguía cocinando, desde pequeña me gustaba su música e intentaba bailar como ella, pero solo lo hacía en casa cuando estaba sola o en mi dormitorio, empecé a cantar mientras movía mis caderas y colocaba mi cabello detrás de mi espalda, ya me faltaba poco para que la comida esté lista, estaba deseosa que a Mauricio le guste lo que había preparado.

Empecé a lavar lo que había ensuciado hasta que me habló haciendo que dejara de bailar y cantar al instante.

— Creo que deberíamos escuchar más seguido a Shakira. – dijo haciendo que mis mejillas se pongan rojas, pero no mostraría debilidad ante el oponente.

— Quizás, deberías. – le respondí mirándolo de reojo y retomando lo que estaba lavando. Mauricio me abrazó por detrás y besó mi cuello.

— ¿Qué preparas? – me preguntó lanzando su aliento a mi cuello, volviéndome loca.

— Chuleta con papas y ensalada. – le dije con dificultad ante el efecto que causaba en mí.

— ¿Papas sancochadas o fritas? – preguntó dándome otro beso en mi clavícula.

— Son...sancochadas. – continuaba respondiendo con dificultad y sintiendo mi garganta seca.

— Hum...se me antojaron papas fritas. – susurró al besar mi hombro y mis piernas estaban como gelatina.

— Pues las freiré. – respondí agitada.

— Gracias. – dijo y me besó en la mejilla para irse dejando mi corazón martilleando en mi pecho y un zumbido en mis oídos.

Estaba sudorosa, con la temperatura alta y debilidad en mis piernas, realmente podía poner mi mundo patas arriba con su presencia. Saqué rápidamente las papas de la olla y las dejé enfriar mientras colocaba en una sartén el aceite para freír las papas. Mi celular sonó y contesté con rapidez.

— Buenas tardes. – respondí con calma.

— Buenas tardes. ¿Es la señorita Sofía Rosas? – preguntó la voz de una señora.

— Soy yo, dígame. – dije con amabilidad.

— Te llamó porque revisé que estabas interesada en tipear mi libro. – me informaba la señora y mi corazón saltó de alegría.

— Así es, estoy interesada en poder hacer ese trabajo, tengo experiencia en estos trabajos por mi carrera que es de Literatura. – le informé para captar su interés.

— Perfecto, entonces te enviaré un mensaje para que acordemos tus honorarios y comiences lo más pronto posible. – me dijo y yo tuve que controlar mi salto.

— Estaré a la espera de su mensaje, gracias por la oportunidad. – le dije con emoción y nos despedimos. Estaba muy contenta, pero recordé la cocina y regresé rápidamente, felizmente no se había quemado nada. Fui a buscar a Mauricio que estaba en el dormitorio con la computadora en frente.

— Me avisas cuando puedas comer o prefieres que te traiga la comida aquí. – le pregunté.

— Dame cinco minutos para que comamos en la mesa. – dijo después de mirar el reloj y le sonreí.

— Está bien, entonces te espero para servir la comida. – le dije sonriendo y regresando a la cocina para terminar de preparar todo.

Todo estaba saliendo bien, me sentía muy contenta, solo espero que continúe así. – me decía en mi mente con una gran sonrisa.