CAPÍTULO 34 NUESTRO PIANO
Mauricio estaba contento con la idea de que viviéramos juntos, lo podía ver porque sonreía más que antes, empecé a recordar cuando nos conocimos, ya habían pasado más de cuatro meses, su voz y su porte me sorprendieron tanto, me sentí tan atraída por él...
como magnetos. Esta sería nuestra primera noche juntos ya como convivientes porque había traído algunas de mis cosas, Mauricio me hacía sentir como estar en casa, nada le causaba molestia, no se enojaba, siempre estaba tranquilo y sí gritaba era por euforia para hacer que me riera.
— Sofía, tengo que ir a comprar pilas. ¿Quieres acompañarme? – preguntó Mauricio interrumpiendo mis recuerdos, le sonreí.
— Claro, me das cinco minutos para cambiarme de ropa, bueno, tú también tienes que cambiarte. – añadí riéndome un poco porque estaba con su pantalón de dormir y sandalias.
— Saldré así, pero sí quieres te espero a que te cambies. – dijo con total tranquilidad y yo me reí en tono bajo porque realmente se notaba que estaba en pijama, no estaba segura hasta donde iríamos.
— De acuerdo, entonces vamos como estamos vestidos.
– yo traía un vestido que me llegaba a la altura de mis rodillas, blanco con líneas delgadas de color negro en horizontal, normalmente lo uso para estar en casa, pero no se veía tan mal, así que solo me puse unas zapatillas y salimos como un total desastre.
Mauricio tomó mi mano y bajamos las escaleras en camino a la tienda más cercana por las pilas.
— Buenas tardes, quiero pilas AA, por favor. – decía Mauricio al vendedor que nos miraba como si fuéramos extraterrestres.
— Se agotaron, disculpen. – nos respondió con pesar y Mauricio y yo le agradecimos para ir a otra bodega que estaba un poco lejos.
— ¿Te das cuenta lo gracioso qué es que las pilas se agoten?
– preguntó curvando su labio aguantando la risa y yo no pude resistir, por lo que empecé a reírme a carcajadas ante su chiste y él igual.
Finalmente llegamos a la otra tienda y nos pasó lo mismo, no había pilas, así que Mauricio propuso lo que tanto me temía sí no encontrábamos las pilas en las bodegas.
— Tendremos que ir al mercado. – afirmó con seguridad y yo miraba nuestras piernas, él con pantalón de dormir y yo con un vestido un poco corto a lo que estoy acostumbrada y zapatillas.
— Pues vamos. – le respondí con resignación.
Finalmente encontramos las dichosas pilas que necesitaba Mauricio, así que regresamos en dirección al departamento, pero ya estaba corriendo mucho viento, Mauricio tenía un polo manga corta y yo un vestido manga cero, así que nos estábamos congelando, nos faltaba tres cuadras para llegar a casa y ya sentía mis dientes castañeando.
— ¿Trotamos? – me propuso Mauricio, yo traía zapatillas, pero él no y podía caerse.
— Mejor no, estás usando sandalias y no me digas que no te importa, que no pasa nada, porque no. – le dije en protesta por sí me decía algo.
— Entonces, probaremos otra cosa. – dijo mientras se arrodillaba y rodeó sus brazos detrás de mis rodillas para levantarme y ponerme en su hombro derecho haciendo que lanzará un grito ahogado.
— ¡Mauricio! Creo que está no es la mejor idea, traigo un vestido.
¿Quieres que me vean? – le dije con preocupación, así que con su mano libre jaló mi vestido para taparme lo que se pueda y empezó a caminar un poco más rápido mientras mi vientre golpeaba su hombro, yo no paraba de reírme por sus locuras y él también se reía.
A los pocos minutos estábamos afuera del departamento, Mauricio me bajó para abrir la puerta y subiéramos al departamento.
— Espero que al menos ya no tengas frío. – le dije mientras veía su rostro un poco rojo por estar cargándome, seguro yo también tenía mi rostro así.
— Te dije que era una buena idea. – dijo en tono de superioridad y yo solo moví mi cabeza a los lados mientras sonreía.
Dentro del departamento, Mauricio me dijo que estaría en su dormitorio trabajando, quería sorprenderlo con algo rico cuando terminara de trabajar, revisé en la cocina y tenía los ingredientes para prepararle un queque de naranja, así que decidí sorprenderlo con eso, sabía que cuando él se sentaba a trabajar en la computadora, no se levantaba hasta terminar.
Empecé agarrando un bol y coloqué los huevos, mantequilla y azúcar para comenzar a batir, un poco de leche, la ralladura y el néctar de la naranja, esencia de vainilla, la harina tamizada, en todo momento estaba sonriendo mientras preparaba la mezcla, imaginando a Mauricio comer con alegría.
Prendí el horno, mientras preparaba el molde para poner la mezcla, ya estaba todo listo unos minutos después, en una hora o quizás menos estaría listo, así que le preparé una bebida a Mauricio porque seguía encerrado en el dormitorio.
Le di lo que quedaba del néctar de la naranja, agregándole un poco de azúcar y agua.
Fui a su dormitorio y toqué la puerta antes de ingresar.
— Pasa. – dijo con voz concentrada y levantó su vista para verme con el vaso en la mano.
— Te traje un poco de naranja. – le dije en voz baja porque no sabía sí estaba en videollamada con su madre o algo.
— Ven aquí. – aplastó con su mano la cama para indicarme que me sentará. Me senté a su lado y me dio un beso rápido en los labios.
— Gracias. – dijo cuando le di el vaso con naranja y se lo bebió todo en pocos segundos haciendo que mis ojos saltaran de la impresión, realmente estaba sediento.
— ¿Quieres que te traiga más? – le pregunté ya que no quedaba nada del jugo.
— No te preocupes, gracias. – dijo sonriéndome para darme un beso en mi frente y mi corazón se derretía de felicidad ante sus gestos.
— Te dejo para que continues con tu trabajo, estaré en la sala leyendo. – le dije mientras me levantaba y me agaché para darle un beso en su mejilla antes de irme.
Revisé el horno y todo iba bien, pensé en que quizás debería ponerle alguna crema encima, pero no sabía qué le gustaría y sí le preguntaba, ya no sería una sorpresa, así que volví a revisar en los víveres que teníamos, me quedaba leche y también un poco de cobertura de chocolate, así que decidí hacer fudge, como aún faltaba para que esté listo el queque, empecé a leer una novela clásica hasta que mi celular sonó con un mensaje.
— Hola Sofía. ¿Cómo estás? – era un mensaje de Adrián. Con todo lo que había pasado, me había olvidado de él. También apareció Luna a sentarse encima de mi libro.
— ¡Luna! ¿Dónde estabas pequeña? – le pregunté como sí pudiera responderme, su pelaje no estaba tan blanco, parece que la traviesa estaba en el techo haciendo travesuras, así que busqué las toallas húmedas y me acerqué a ella.
— Muy bien pequeña, tenemos que limpiarte para que tu papá no te vea así, así que coopera, por favor. – le dije para que no me arañe o me muerda, empecé a limpiarla con delicadeza y ronroneaba ante mi toque, me hacía reír, pero después de unos minutos ya estaba presentable.
— Vamos para que comas algo. – le ordené mientras le colocaba su comida y agua fresca en el recipiente.
Abrí el horno y pinche el queque, ya estaba listo, así que apagué el horno y lo saqué de allí para que se enfriara, por lo que empecé a hacer el fudge.
Media hora después estaba bañando el queque de naranja con fudge, comencé a lavar todo lo que ensucié y a dejar todo en su lugar.
— Ese olor me hizo terminar rápido de trabajar. – escuché la voz de Mauricio detrás de mí. Volteé con alegría y le sonreí.
— ¿Te sorprendí? – le pregunté animada.
— Mucho. – dijo acercándose, pensé que me besaría y yo le respondería con todo mi cariño, pero no, Mauricio se fue directo al queque, cogió la espátula como si fuera cuchillo y cortó una tajada para empezar a comer, solo me quedo reírme, me cambiaron por una tajada de queque.
— ¡Esto está muy bueno! – decía Mauricio entre gemidos.
— Me alegro que te guste. – le respondí con una sonrisa.
Unas horas más tarde, Mauricio me dijo que me quedara en el sofá, no entendía por qué, pero supuse que quería su privacidad, así que acepté sin problemas. Recordé el mensaje de Adrián, no le había respondido, pero ya era tarde, así que mejor continué leyendo la novela.
— ¡Hora de dormir! – volvía a exclamar en voz alta haciendo que riera.
— Ya te dije que a tus vecinos no les importa a qué hora vamos a la cama. – le decía entre risas.
Entré al dormitorio, Mauricio había puesto las velas en el piso y en la mesa, el dormitorio solo se alumbraba con el fuego de las velas y mi corazón me martilleaba en el pecho, empezó a sonar música de piano, no del clásico que suelo escuchar, era moderno, pero causaba el mismo efecto en mí.
— Mauricio...esto es...gracias. – le dije volteándome para estar frente a él y darle un dulce beso en los labios.
— Tu placer es mi placer. – dijo haciendo que me sonrojará ante sus palabras.
— ¿Qué canción es? – le pregunté por la música de piano, era la primera vez que la escuchaba y me encantaba.
— Se llama Début de Mélanie Laurent. – respondió mientras miraba la pantalla del celular.
— Me encanta. – le dije con una gran sonrisa.
— La escucharemos siempre que quieras. – afirmaba con ánimo.
— ¿Podemos escucharla antes de dormir? – le pregunté con brillo en los ojos.
— Estaba pensando en lo mismo. – respondió mientras me abrazaba y me daba un beso en el cabello.
Mauricio me guio a la cama y nos acostamos con la luz de las velas y nuestra música de piano que cada vez me gustaba más que escuchar a Chopin.
— Me haces feliz. – le susurré mientras tocaba su mejilla.
— Tú también. – respondió susurrando y nos sonreímos.
Así fue como nuestra canción nos acompañó cada noche antes de dormir, a veces la escuchaba en el día cuando él estaba ocupado trabajando, la canción hacía que lo sintiera cerca. Así de necesitada era mis ganas de tenerlo conmigo.