CAPÍTULO 33 CONVIVIR O CONVENIR
Traté de mantener la compostura, recordar que solo fue un sueño, quizás solo en mi sueño podía vivir lo que en la realidad no podría, al menos no con Mauricio.
Caminé con decisión hasta llegar al comedor, Mauricio ya tenía todo listo y noté que recién había empezado a comer, lo que me hizo darme cuenta que intentó esperarme para comer juntos.
— Disculpa por demorarme. – le dije en tono culposo.
— ¿Estás bien? – preguntó después de masticar el pan con mermelada.
— Si, gracias por la comida. – respondí mientras me sentaba, comimos en silencio, cuando ya estábamos por terminar de comer, me miró y abrió sus labios.
— ¿Has pensado en lo que te propuse sobre vivir juntos? – preguntó en tono serio. Mi sorpresa fue grande, no estaba pensando en eso, si no en el sueño que tuve hace unos minutos.
— Pensé que estabas sonámbulo. – le respondí en tono de broma mientras mi cerebro pensaba su propuesta.
— Te lo dije de verdad, pero solo sí tú quieres. – afirmó con seguridad. ¿Realmente quería vivir con él? Ya conocía mi respuesta.
— Si quiero estar contigo, mientras tú quieras. – le dije sin mirarlo por la vergüenza. Mauricio tomó mi mano entre la suya lo que hizo que lo mirará y me estaba sonriendo.
— Me alegra que vivamos juntos. – decía con tono sincero y con eso me bastaba.
— Necesitaré ir a casa para traer mi ropa y artículos de aseo. – le dije con tranquilidad.
— De acuerdo. ¿Necesitas que te ayude con algo? – propuso, pero no quería incomodarlo.
— Creo que no, no me tomará mucho tiempo, no sé sí prefieres que vaya hoy o mañana. – le pregunté porque no sabía sí tenía planes para nosotros.
— Puedes usar mi ropa por mientras y vas mañana, hoy estaré trabajando toda la tarde en la computadora porque tengo que hacer unos proyectos que me mandó mi mamá. – me informaba Mauricio con calma.
— Está bien, entonces aprovecharé en limpiar un poco mientras avanzas tu trabajo. – le dije para no estar sin hacer nada.
— Avanza lo que puedas, cuando terminé de trabajar, terminaré lo que falta de la limpieza. – me respondía en tono amable y le sonreí en agradecimiento.
Mi celular comenzó a sonar y me disculpé con él para responder, era mi madre, así que me fui al dormitorio para hablar con ella.
— Hola mamá. ¿Cómo estás? – saludaba en tono tranquilo.
— Hola hijita, preocupada por ti, nunca me escribes ni me dices nada. ¿Está pasando algo? – hablaba en tono paranoico.
— Todo bien mamá, solo he estado ocupada. ¿Qué hay de ti? – le pregunté para que parará con el interrogatorio.
— Bien hija, pero te extraño mucho, ya quiero que termines la carrera y estés aquí. – respondía mi mamá con tono triste.
— Lo sé, quizás más adelante se pueda, ya veremos. – le dije con duda porque no sabía que pasaría.
— Creo que este viaje me está alejando de ti y el dinero no lo compensa. – decía mi madre con voz acongojada.
— No lo veas de esa manera, son oportunidades que tenemos, ahora la tienes y tienes que aprovecharla. – le dije con sinceridad.
— Tienes razón, pero no me gusta. – continuaba mi mamá con su protesta.
— No siempre podemos hacer o tener lo que queremos. – dije en tono alto mientras Mauricio estaba en mi pensamiento.
— Es cierto hija, bueno, te dejo porque ya me estoy quedando dormida, un abrazo y no te pierdas tanto. – me reprochaba mi madre.
— Claro mamá, descansa. – le dije y corté la llamada.
Regresé al comedor y Mauricio ya estaba lavando los servicios.
— Yo debería hacer eso, ya que tú cocinaste. – le dije y se sobresaltó porque estaba detrás de él.
— No hay problema. ¿Era tu mamá? – preguntó en tono tranquilo y yo suspiré antes de responder.
— Si, era ella, ya va a dormir porque es tarde. – le informé con tranquilidad.
— ¿La extrañas mucho? – preguntó en voz baja.
— Aprendí a lidiar con las distancias desde muy pequeña, la mayoría de personas a las que más he querido se han ido, ya sea por viajes, mejores oportunidades, muerte, pero se van y sí vuelven solo es por poco tiempo. – confesé.
Mauricio no respondió y se fue a prender su computadora para comenzar a trabajar, así que empecé por barrer el dormitorio y acomodar las sábanas de la cama, después limpié el baño rogando no resbalarme para terminar limpiando la cocina y la sala, no sé cuánto tiempo pasó, pero justo Mauricio había terminado de trabajar, y vi que ya era de noche por la oscuridad que obligaba a que prendiéramos la luz.
Mi cuerpo estaba más que adolorido ante todo el trajín y Mauricio se frotaba la cabeza por estar tantas horas frente a la computadora, nos dimos cuenta que ni habíamos almorzado y ya deberíamos cenar, quería proponerle prepararle algo, pero mis piernas no respondían y mis brazos estaban peor.
— ¿Tienes hambre? – preguntó Mauricio con los ojos cerrados mientras su brazo izquierdo era el soporte para mi cuello.
— Solo quiero dormir. – le dije entre risas y él empezó a reír también.
— No tenías que hacer todo, te dije que yo te ayudaría, pero gracias. – dijo mientras tomaba mi mano y besaba mis nudillos, me hizo sonreír.
— Estabas con mucho trabajo, quería ayudarte. – le dije con comprensión.
— Prepararé algo rápido para que comamos y después nos vamos a la cama, yo también quiero descansar. – propuso mientras se levantaba del sofá, quería decirle que le podía ayudar, pero mis piernas no ayudaban, así que mantuve mi boca cerrada.
Una hora más tarde, Mauricio había preparado espagueti en salsa roja y papas doradas, mi estómago estaba agradecido y mis piernas ya parecían poder moverse, así que me levanté mientras estiraba los brazos y nos sentamos a la mesa.
— Gracias por la comida. – le agradecí sonriendo.
— Es mi placer darte placer. – respondió sonriendo y empecé a reírme ante su creativa respuesta.
La comida estaba deliciosa, Mauricio podía cocinar lo que sea y siempre tenía buen sabor, él siempre halaga mi comida y eso me alegra, quería darle una sorpresa, prepararle algo especial, así que pensé en prepararle un postre, sé que le gustan, pero él siempre está en casa conmigo, se daría cuenta sí le preparo algo, tenía que ver la oportunidad para prepararle algo y sorprenderlo.
Minutos después habíamos terminado de comer, me levanté y dejé los servicios en el lavadero para comenzar a lavar, pero Mauricio me abrazó por detrás y puso sus manos entre las mías.
— Mañana hacemos eso, no hay prisa, vamos a descansar. – susurraba cerca de mi oído y sentí un escalofrío en el cuerpo ante eso.
— Tú ganas. – le dije con tono de derrota.
— Me gusta ganar. – respondió con coquetería y besó mi cuello.
— Me doy... cuenta. – le respondí con dificultad, su cercanía me ponía nerviosa y él lo sabía.
— Bueno, vamos a la cama. – ordenó levantando la voz de manera escandalosa y empecé a reírme ante sus gritos.
— Ahora todos tus vecinos saben que iremos a la cama, tu discreción me abruma.
– le respondí con sarcasmo. Fui al baño a cepillarme los dientes y cuando salí, él iba a ingresar a hacer lo mismo, nos sonreímos y entré a su dormitorio, me puse uno de sus polos que me quedaba como vestido y me eché en la cama para esperarlo.
Mauricio apareció a los pocos minutos y me sonrío.
— Llegó el momento de relajarnos. – vocifero con entusiasmo y yo fruncí el ceño.
Mauricio abrió uno de sus cajones sacando muchas velas gruesas y pequeñas, una lata plana con un recipiente debajo, puso una de las velas en el recipiente y la lata encima, colocó unas gotas de un frasco, el calor hizo que el líquido comenzará a evaporarse lanzando un olor de naranja a mis fosas nasales haciendo que me relaje, mientras yo olía eso, Mauricio estaba prendiendo más velas y las colocaba en el piso, algunas en la mesa para después apagar la luz y solo nos guiamos de las luces de las velas con el olor de la naranja.
— Esto es hermoso, gracias. – le dije con una sonrisa grande y con mis ojos que se controlaban para no llorar ante la emoción.
— Me alegra que te guste. – dijo con calma mientras ponía su mano en mi mejilla, me apoyé a su mano y cerré mis ojos, disfrutaba demasiado de su contacto.
Nos acostamos en la cama y me abrazó mientras suspiraba, besó mi cabello, ya era una rutina, necesitaba de su abrazo, su beso en mi cabello, escucharlo roncar y así, solo así poder conciliar el sueño.
Mañana tenía que irme a casa a traer mis cosas, viviría con Mauricio, no pensé en la universidad, realmente es muy lejos desde el departamento, pero todavía faltaba unos meses para eso y no quería preocuparme por eso ahora.
— Descansa, dulce Sofía. – dijo con voz adormilada.
— Descansa, mi querido Mauricio. – le respondí mientras le daba un rápido beso a su pecho.
Me desperté muy temprano, eran las seis de la mañana, Mauricio seguía durmiendo y no quería despertarlo, me levanté de la cama con mucho cuidado para no despertarlo, levanté la bolsa que había dejado en la cómoda y coloqué todas las velas de la noche anterior con el menor ruido posible, fui al baño llevándome mi ropa, me cambié y pensé en irme a mi casa para llegar pronto al lado de Mauricio.
Fui al comedor y cogí una de las hojas sueltas, me aseguré que no tuviera ningún apunte de él o algo importante, le escribí.
*Querido Mauricio fui a casa por mis cosas, regreso pronto. Me escribes sí necesitas que compré algo antes de regresar.*
Me encaminé al paradero, ya se estaba iluminando el cielo, pero no había muchas personas en la calle, me puse mis audífonos y comencé a escuchar mi playlist de My Chemical Romance hasta llegar a casa, la vereda que estaba frente a mi casa estaba llena de polvo, ya habían pasado varios días, así que cogí la escoba y me puse a barrer rápidamente, una vez terminado eso fui a mi dormitorio, no podía llevar maleta en el bus, así que tenía que buscar entre mis mochilas y cogí mi mochila de viaje que es la más grande, empecé a colocar algunos jeans, polos, casacas, ropa interior y mis artículos de aseo, también algunos brillos labiales, en una bolsa oscura puse algunos pares de zapatillas y pantuflas, ya tenía todo listo, miré las cosas de la casa: el televisor, los sofás, las mesas, la cocina que se estaban empolvando, así que las sacudí rápidamente y cogí unas sábanas y telas para tapar todo antes de irme, revisé mi celular y tenía un mensaje de Mauricio.
*Me asusté cuando no te vi, solo vuelve pronto.*
Mi corazón se derritió ante su mensaje, quería imprimirlo y abrazar la hoja con todas mis fuerzas.
*Discúlpame, no quería despertarte. Volveré pronto.*
Le respondí con una sonrisa como sí él pudiera verme, pero no me importaba.
Ya quería irme pronto de casa para estar con él, desconecté todas las cosas que estaban conectadas a la corriente y me fui de casa con alegría ante mi futuro con Mauricio, un futuro incierto, pero era mejor que estar sin él.
Una hora más tarde ya estaba en el departamento de Mauricio, me dio un beso rápido en los labios y cargo mis cosas a su dormitorio, le agradecí por eso porque realmente pesaba mis cosas y él lo cargaba con mucha facilidad.
No sabía cómo sería nuestra convivencia. ¿Quién podría saberlo? Sé que terminará en algún momento, eso lo tengo claro, pero no hay felicidad eterna en nuestro mundo de los vivos, así que solo quedaba disfrutar y sufrir lo que nos correspondía o lo que nos buscábamos.