CAPÍTULO 32 LA FELICIDAD DEL PEQUEÑO FRASCO
Sentía los besos de Mauricio en mi rostro, comenzaba por mi cabello, seguía por mi frente, la punta de mi nariz, mis mejillas, el mentón y rogaba internamente que pare su tortura y me bese en los labios, quería sentirlo pegado a mis labios y que los abriera como solo él sabía hacerlo, mi deseo fue escuchado y pude sentir sus labios, le respondí con urgencia y necesidad, puse mi mano sobre su mejilla para sentirlo más cerca de mí como si fuera posible cuando ya nuestros pechos se estaban rozando.
— Te quiero Sofía. – decía pegado a mis labios y yo sonreía mientras volvía a besarlo.
— Mauricio. – le susurraba en respuesta con veneración.
— Solo quiero estar contigo...con nadie más. Perdóname por darme cuenta hasta ahora. – dijo al despegarse mis labios y mi corazón se detuvo por unos segundos, no podía procesar lo que decía, quizás escuché mal.
— ¿A qué te refieres? ¿Quieres que solo seamos los dos? – le preguntaba con impaciencia y con falta de aire, no podía creerlo, por fin lo que tanto deseaba se estaba cumpliendo.
— Mi dulce Sofía. ¿Quieres ser mi novia?
– preguntó Mauricio después de colocar un mechón de mi cabello detrás de mi oreja.
No pude evitar abrir mis labios de la impresión y una lágrima se derramaba en su brazo que era mi almohada en ese momento, le mostré mi sonrisa más grande, estaba tan feliz que me lancé encima de él para abrazarlo con todas mis fuerzas.
— Si, si, claro que quiero, es lo que más quiero Mauricio, solo te quiero a ti, soy tuya. – farfullaba con impaciencia y muy apresurada con mis palabras, pero no me importaba, solo quería estar con él y que él este conmigo, por fin se estaba cumpliendo lo que deseaba.
— Sofía, me estás ahorcando. – tartamudeaba con dificultad y lo solté rápidamente, estaba tan emocionada que no medí mi fuerza.
— Perdón, lo siento, es que me emocioné. – le dije avergonzada y él empezó a reírse, me dio un beso en la frente y volvió a abrazarme.
— Mauricio. ¿Qué cambió? Estoy feliz que quieras que seamos novios, pero me gustaría saber la razón.
– una parte de mí quería olvidar los motivos y solo disfrutar el momento, pero mi curiosidad reclamaba y necesitaba saber.
Mauricio se demoró en responder, pareciera que estaba pensando en la respuesta.
— Dijiste que sí yo estaba con otra mujer, podría perderte y me di cuenta que lo último que quiero es perderte.
Te quiero Sofía, hace mucho no le digo eso a una mujer que no sea mi madre.
Solo quiero estar contigo, no me importa besar otros labios que no sean tuyos, el tenerte cerca me hace mejor persona y quiero hacerte feliz, no soporto verte triste.
– confesaba tomándose el tiempo con cada palabra, mi corazón se apretaba ante cada palabra, Mauricio realmente me quiere y demonios, yo también lo quiero, lo miré con el sentimiento más grande y puro que podía tener dentro de mí y le di un rápido beso en los labios, al despegarme de ellos, lo miré nuevamente y vencí el nudo de mi garganta para decirle algo que pensé nunca decirle a nadie.
— Mauricio, te quiero. – afirmé con ternura y dulzura en mi voz, mi secreto mejor guardado estaba siendo revelado y por mis labios, solo Mauricio hizo que esto hiciera posible, sus atenciones conmigo, su cariño al tocarme y protegerme me dio la confianza de decirle esto y no tenía ningún arrepentimiento de hacerlo, en los últimos minutos hice lo que siempre me rehusé a hacer que era llorar en frente de alguien y decir que lo quería.
— ¿De verdad me quieres? No tienes que decirlo sí no lo sientes, no quiero que te sientas presionada. – decía con pena en la voz y no pude evitar sonreír ante sus pensamientos expresados.
— Te quiero hace mucho, solo que me resulta difícil decirlo, pero trataré que ya no sea así, así que no dudes de eso, por favor. Te quiero. – le afirmaba con seguridad y él volvió a besarme.
Cuando Mauricio me besa, puede hacer que pierda la conciencia, no puedo evitarlo, solo quiero saltar encima de él, así que me eché encima de él, colocando mis rodillas a los costados de su pelvis y continué besándolo sin interrupciones, toqué su pecho con mi mano izquierda que iba en camino detrás de su cuello, y él colocó su mano en mi cintura que empezaba a subir a mi pecho, no lo detendría, no me molestaba sentir su toque, todo lo contrario, era una necesidad, me hacía sentir querida y deseada por él, además que ya me había dicho que solo quería estar conmigo y yo quería lo mismo con él...
¿Qué podría salir mal? Mauricio tocó con delicadeza mi pecho y yo gemí en respuesta cuando sus labios estaban en los míos, mi mano ya estaba detrás de su cuello en el que caía alguno de sus cabellos y los jalaba sin dejar de besarlo.
Empecé a mecerme encima de él por instinto, él también se impulsaba hacía mí y el deseo iba en aumento entre los dos, su mano seguía en mi pecho y su otra mano estaba llegando a mi derrier, yo soy consciente que tengo senos grandes pero mi derrier no es muy grande, pero tampoco era pequeño, no estaba segura sí le gustará o no, pero él no dejó de tocarme demostrándome que le gustaba no solo por cómo era con él, sino también por cómo me veía ante sus ojos, volvió a despegarse de mi con suavidad como las veces anteriores que hacíamos esto y me frustré.
— Discúlpame, mejor iré a preparar el desayuno. – dijo agitado y avergonzado. No pude resistir esta vez su rechazo y lo encaré.
— ¿No me deseas de esa manera, cierto? – le pregunté en tono calmado pero sé que podía sentir mi reclamo, él frunció el ceño ante mi pregunta y se demoró unos segundos en responder.
— ¿Qué? ¿Por qué piensas eso? – preguntó frunciendo más el ceño formando líneas en su frente y entre sus cejas.
— Porque siempre me alejas cuando nos besamos así. – le dije sin rodeos tragándome la vergüenza. Mauricio soltó un suspiró y se sentó en la cama.
— Sofía, yo te quiero, te deseo, pero no quiero lastimarte. Eres demasiado buena para mí y soy demasiado egoísta para alejarte de mí. – confesaba mirando sus manos, donde sus pulgares jugaban.
— Supongo que lo decidiste hace mucho sin consultar mi opinión. – le solté frustrada.
— Solo quiero protegerte, al menos lo más que pueda. – hablaba en tono conciliador.
— Mauricio, por si quieres saberlo, yo quiero estar contigo de todas las formas posibles. – le confesé sintiendo el ardor en mis mejillas. Él se acercó y me abrazó, apoyé mi cabeza en su pecho y él besó mi cabello.
— Yo también Sofía. – dijo después de soltar un suspiro.
Podía conformarme con esto, mi felicidad en este momento era tan grande que no quería que se dañara con nada, por fin Mauricio decidió estar conmigo, no tuve que decirle nada, él solo me pidió ser su novia, no me importa sí fue la propuesta más romántica o no, por fin estábamos juntos y con eso era más que suficiente, al darme cuenta de todo lo que habíamos avanzando, no quería que dañemos este bello momento, así que sonreí cerca de su pecho, me despegué de él y lo besé con la mayor ternura, delicadeza y dulzura posible, no fue un beso apasionado como casi siempre pasaba.
Mi corazón estaba saltando de la felicidad, sus labios me trataban con una delicadeza que resultaba gratificante, pero empecé a escuchar su voz y no entendía de donde provenía sí nos estábamos besando.
— ¡Sofía! ¡Sofía! – la voz de Mauricio sonaba con fuerza.
Todo se estaba desvaneciendo y no entendía lo que estaba sucediendo, sentí una sacudida en mi brazo izquierdo haciendo que mis ojos se abrieran y vi a Mauricio borroso sentado en la cama.
¡No puede ser! ¡Tiene que ser una broma!
¡No pudo ser solo un sueño! ¿Por qué? ¡No!
¡No! Cerré mis ojos con fuerza controlando mi frustración y dolor al darme cuenta que todo fue un sueño, no era su novia, no nos habíamos dicho que nos queríamos, ni que nos deseábamos, nada, absolutamente nada fue real, el dolor en mi pecho era gigante.
— ¿Estás bien? No despertabas y ya me estaba preocupando. – decía con alarma en la voz, pero eso no calmaba mi dolor.
— No te preocupes. – le respondí secamente como sí el tuviera la culpa de mis sueños.
— Ya preparé el desayuno, te espero en el comedor. – dijo con ternura.
Mauricio se fue cerrando la puerta, mi dolor en el pecho era grande, miraba su lado de la cama y me daba cuenta que nada había sido cierto y que era muy probable que nunca pasará, él nunca me pediría ser su novia y yo nunca podría llorar de la felicidad mientras le decía que si y ese dolor no se desvanecía.
— ¿Por qué? ¡No lo entiendo! ¿En qué estoy fallando?
¿Qué hice mal? ¿Qué me falta? – me preguntaba en voz baja para que Mauricio no me escuche, sentí que una lágrima se derramó en mi mejilla y la limpié rápidamente, tenía que ir a lavarme el rostro e ir a ver a Mauricio, a pesar de todo no era su culpa, él no puede controlar mis sueños.
Mi error es desear lo que sé que no puedo tener.
Iba de camino al baño recordando mi sueño y sintiéndome tan estúpida por pensar que podría ser cierto, Mauricio me ha dejado muy en claro que no seremos novios, pero mi mente sigue con la esperanza y me tortura con cosas que no pasarán.
Me lavé el rostro con el agua fría para tratar de calmarme, busqué la toalla, me sequé el rostro y me miré al espejo, mis ojos estaban rojos por contener las lágrimas, pero al menos no podía ver mi corazón partido a la mitad por mi realidad, empecé a preguntarme cosas que no encontraría la respuesta.
¿Por qué nuestra mente puede ser tan cruel?
¿Qué me falta para que me quiera como su novia?