CAPÍTULO 31 ACUERDOS Y CLÁUSULAS
Estábamos de nuevo en el departamento de Mauricio, la salchipapa estuvo deliciosa, no tocamos el tema sobre lo nuestro para no arruinar el momento, dijo que me quería de nuevo y mi emoción era demasiado grande, pero yo seguía sin decirle que también lo quería, quizás mi miedo es mayor de lo que pensaba, creo que lo quiero, no estaría aquí sí no fuera así, sin embargo, el que esas palabras salgan de mis labios me volverían más vulnerable de lo que ya estoy, seguramente él está seguro de que lo quiero a pesar que no se lo diga, le he dicho en varias ocasiones que se acabó y aquí sigo, es una gran prueba de lo que siento por él.
— ¿Te gustó la comida? – preguntaba con atención y yo le sonreía como respuesta.
— Mucho, me encanta que sean papas de verdad y no esa harina de papa que solo vienen para freír. – le detallaba usando mis manos para darle más énfasis a lo que decía.
— Es cierto, no hay nada como las papas naturales. – afirmaba aprobando mi argumento.
— Es lo que digo, totalmente de acuerdo. – respondía con seguridad en mis palabras. Mauricio tomó mi mano entre las suyas y me miraba con un brillo en sus ojos que hacía derretir mi cuerpo ante su toque.
— Duermo mejor cuando estas a mi lado. – confesó sin dejar de mirarme.
— Yo también Mauricio. – le confesé sintiendo el ardor en mis mejillas y él me sonrío como respuesta.
— Ven aquí. – gimió mientras me cargaba para sentarme encima de sus piernas, sus brazos rodearon mi cintura y yo coloqué mi mano derecha en su pecho al lado de mi rostro sintiendo los latidos de su corazón y oliendo su aroma a lavanda, realmente podría quedarme aquí por horas sin cansarme.
Mauricio empezó a hacer círculos en mi cintura con su pulgar y me hacía sentir querida, él me quería, me quiere, lo dijo, no le importó que yo no le dijera lo mismo, siguió diciéndolo, mi corazón comenzaba a latir con fuerza, mis oídos zumbaban ante mi emoción.
Su celular comenzó a sonar, se removió ligeramente para sacar su celular del bolsillo sin que yo me moviera de mi lugar, miró la pantalla y contestó rápidamente.
— Hola mamá. – saludó Mauricio. Es la primera vez que escuchó la voz de su madre, él no lo puso en altavoz, pero se podía oír porque mi cabeza seguía en su pecho.
— Hola hijo. ¿Cómo estás? – respondía su madre, tenía un tono muy dulce y tranquila, realmente relajante.
— Bien mamá. ¿Tú? – decía Mauricio sin dejar de abrazarme.
— Bien hijo, pero te extraño, me gustaría que estés aquí, la empresa ya está creciendo y podrías ayudarme más.
Además, he conocido a maravillosas personas, hay alguien que te quiero presentar, es muy linda.
– comentaba su madre con mucho ánimo mientras que el mío se estaba partiendo a pedazos con sus deseos.
— Me alegro que la empresa vaya bien, sí necesitas que te ayude con algo, me avisas para avanzar en la computadora.
– le respondía en tono neutral, pero yo ya quería dejar de oír.
Decidí removerme de sus piernas para levantarme y no seguir escuchando, pero Mauricio se dio cuenta y me abrazó con más fuerza, no opuse resistencia quedándome quieta y callada, pero el nudo en mi garganta no daba tregua.
— Gracias hijo, cuando puedas hacemos videollamada para que me ayudes con unas cosas y te la presentó. – continuaba su madre hablando con mucha emoción y yo trataba de controlar mis lágrimas y dolor ante sus palabras.
— Adiós mamá. – se despedía Mauricio cortando la llamada, guardó el celular y se mantuvo en silencio. No resistí la situación, necesitaba un respiro.
— Me prepararé un anís. ¿Deseas algo? – le dije intentando levantarme, pero otra vez no me dejo pararme. Mauricio utilizó su pulgar e índice para levantar mi barbilla y tuve que mirarlo.
— Ella no sabe sobre nosotros, piensa que me siento solo y por eso es que quiere presentarme a alguien, pero no estoy interesado. Además, no andaría con alguien solo porque mi mamá quiere que este con esa persona. – afirmaba con seguridad brindándome un poco de calma con cada palabra.
— Pero ella es tu mamá y sí ella insiste, no tendrás muchas opciones. – le refuté con seguridad.
— No será así, además estoy aquí y ella no, no te preocupes por eso. – suspiraba mientras decía esto y mirándome con seguridad ante sus últimas palabras.
— Sí tú lo dices. – respondí agotada... ¿Qué más puedo hacer? Nada. Mauricio me abrazó con fuerza y besó mi cabello.
— No quiero perderte, de verdad. – susurró con dolor y pude sentir su dolor en mi pecho ante sus palabras.
— Yo tampoco, pero tenemos que llegar a un acuerdo – le solté.
— ¿Un acuerdo? – preguntó con extrañeza frunciendo el ceño.
— Si, hay cosas que tenemos que aclarar sobre nosotros sí queremos continuar juntos. – le afirmé con seguridad en la voz mientras que por dentro moría de miedo que me dijera que me vaya y no vuelva porque no podría o no aceptaría.
— Te escucho. – respondió con rapidez y se removió pegando su espalda al sofá para que estemos cara a cara.
— Estaremos juntos, pero cuando tú decidas estar con alguien más...físicamente, deberás decírmelo, será mi decisión sí quiero continuar o no con lo que tenemos. – establecía mis reglas en tono pausado, articulando cada palabra para que la comprendiera.
— Entonces... ¿Te perderé sí beso o tengo sexo con otra mujer? – preguntó en tono neutro.
— Es lo más probable, debes ser honesto conmigo, así como yo lo soy contigo. – le dije sin titubear. Mauricio se quedó callado, parecía analizar cada una de mis palabras mirando al piso o a algún punto en la pared, menos mi rostro. Después de unos segundos me miró y abrió sus labios con rapidez.
— De acuerdo. – soltó sin más ni menos, parpadeé varias veces ante la impresión, no estaba segura de que aceptaría, aunque en el fondo, deseaba que así sea.
— Bien. – contesté con tranquilidad. Mauricio rodeó la parte de atrás de mis rodillas y mi espalda para cargarme y me llevó a la habitación para echarme en la cama y luego él se echó a mi lado a los pocos segundos, volvió a abrazarme pegándome a su pecho y dándome un beso en el cabello.
— ¿Ya tienes sueño? – le pregunté con mis labios pegados a su pecho.
— No mucho, pero quiero estar así contigo. – decía mientras sentía el calor de su aliento en mi cabeza, me hacía sonreír.
— Creo que puedo ayudar con eso. – dije bromeando mientras ponía mi mano en su pecho.
— Creo que me ayudas mucho con eso. – respondió riéndose y yo lo acompañé en su risa, pero recordé la conversación por mensajes que tuvo con esa mujer, quizás la vería mañana, probablemente tendrían algo y mañana a estas horas estaría sufriendo porque no duramos nada con nuestra relación.
— ¿Prefieres que me vaya mañana temprano o en la tarde? – le pregunté para tantear la situación sobre esa mujer. Mauricio no me dejó pensar mucho cuando se movió bruscamente para verme a los ojos con extrañeza.
— ¿Tienes que irte mañana? – preguntó con preocupación, me sentí dudosa, no esperaba que me preguntará eso.
— Bueno, no es que tenga qué, pero supongo que quieres tu privacidad y ya llevo un tiempo aquí. – le susurré lo último con vergüenza mientras agachaba mi mirada.
— No tienes que irte, me gusta que estés aquí, sí tienes algo que hacer, lo entiendo, pero sí quieres quedarte mañana y pasado mañana o los días que quieras, puedes quedarte.
– farfullaba con rapidez y mi sorpresa iba en aumento ante sus palabras.
Eso quiere decir que no tiene planeado ver a esa mujer, al menos no pronto, porque él no me dejaría sola en el departamento para verse con ella, de eso estoy segura.
— Quiero estar contigo Mauricio, sí me dejas quedarme, lo haré. – le confesé con una gran sonrisa y con la emoción contenida. Mauricio volvió a apoyar su cabeza en la almohada y acunó la mía encima de su pecho mientras soltaba un suspiro.
— Puedes quedarte todo el tiempo que quieras. ¿Sofía? – preguntó tomándome desprevenida.
— ¿Qué sucede? – le pregunté con alarma en mi voz.
— ¿Te gustaría vivir conmigo y con Luna? – soltó de pronto haciendo que mi corazón se paralice, tragué saliva después de unos segundos, nunca pensé que me propondría algo así.
— ¿Qué? – le pregunté impresionada. ¿Escuché mal?
— No tienes qué, sí no quieres, solo te pregunto. – me respondió con calma.
— No es eso Mauricio, lo que pasa es que...bueno, yo... - no podía hablar de la impresión.
— Sofía, puedes decirme las cosas, así funciona. ¿Cierto? – preguntó haciendo que sonriera.
— Mauricio, es que yo no podría tolerar que traigas a otra mujer y vayamos a dormir a la misma cama en la que estuviste con ella. – le confesé con vergüenza y Mauricio frunció el ceño.
— No te haría eso, no traería a nadie, solo seríamos nosotros. –respondió con rapidez.
— Tendríamos que ver el tema de los gastos, como nos dividimos el pago del departamento y las demás cosas, podemos ver mañana eso. – le dije para que mi cerebro tuviera tiempo de procesar todo esto.
— No tienes que pagar por nada de eso, podríamos ayudarnos con los víveres, del departamento no te preocupes porque eso está cubierto. – afirmaba sin titubeos y mi cerebro estaba trabajando a mil.
— Yo no quisiera causarte más gastos Mauricio, tendríamos que ver un equilibrio para que sea justo. – le proponía con calma. Mauricio besó mi cabello y lanzó una risa baja.
— Mi dulce Sofía, siempre tan preocupada. – confesaba en voz baja después de suspirar.
— Parece que estoy oyendo una queja. – dije entre risas y Mauricio también comenzó a reírse.
— Me gustas como eres, eres maravillosa. – afirmaba con seguridad.
— Quiero que estés bien y seas feliz, así no sea a mi lado. – susurré con dolor, era cierto, dolorosamente cierto, lo quería tanto que así me dejará, no quisiera verlo sufrir, me dolería más.
— Igual yo. – respondió mientras me abrazaba con más fuerza, removió su mano para taparnos con la frazada, levantó mi barbilla y me dio un tierno beso en los labios, cerré mis ojos para sentirlo más, Mauricio abrió sus labios y los míos también se abrieron, nuestro beso tierno se estaba prolongando y se estaba tornando apasionado, algo pasaba cuando nos besábamos, era difícil desprendernos, siempre queríamos más, no era suficiente, su lengua danzó con la mía y él empezó a acariciar mi cintura y espalda con cada una de sus manos, me removí para darle mayor acceso a mi boca, no pude evitarlo y puse mis rodillas al lado de sus caderas para tenerlo frente a frente y continuar con nuestro beso que no se había interrumpido en ningún momento.
Mauricio cogió mi cabello y lo puso a un lado para que no nos estorbará mientras nos besábamos, yo puse mi mano en su cuello y cabeza para pegarlo más a mis labios, estaba creciendo su cabello y lo jalé con un poco de fuerza, Mauricio soltó un gemido y eso hizo que yo gimiera también ante el deseo.
¿Cómo podíamos desearnos tanto? Nada era suficiente, queríamos más, Mauricio por primera vez tocó mi costilla que estaba a unos centímetros de mis senos, su pulgar rozó ligeramente el inicio de mi seno y yo no detenía mi beso con él, no me importaba, solo éramos él y yo.
Empecé a sentir su necesidad por mí que punzaba en la parte baja de mi abdomen, coloqué mi mano en su pecho y la otra seguía en su cabello que por momentos jalaba, su mano izquierda fue avanzando hasta que me cubrió todo el seno derecho y nuestro beso se volvió más rudo, Mauricio presionaba mi seno con su mano al principio suave y después con mayor intensidad haciendo que el fuego que tengo dentro de mí estallé, empecé a mecerme encima de él y podía escuchar sus gemidos, sus necesidad por mí mientras hacía círculos en mi seno con su pulgar.
De pronto Mauricio se detuvo, me despegó con suavidad de él y tratamos de recuperar el aliento.
— Discúlpame, no debí tocarte así. – dijo Mauricio con la voz entrecortada, lo miré con el ceño fruncido.
— Mauricio, no tienes que disculparte por eso. – le respondí con extrañeza y agitación.
— Tengo que, no quiero lastimarte. – confesó con molestia.
— Mauricio no me lastimaste, tranquilo, ya pasó.
¿De acuerdo? – le dije en tono de calma, pero mi mente se hacía muchas preguntas, no quiere lastimarme, pero sí quiere estar con otras mujeres, esto es muy doble moral.
¡Calma Sofía, están yendo bien, no lo arruines!
Pero es doble moral, decía la otra voz en mi cabeza.
— Vamos a dormir, ya es tarde. – decía Mauricio sacándome de mis pensamientos de tortura.
— De acuerdo, pero no pienses que me lastimaste porque no es así, estoy bien, de verdad. – Nos volvimos a abrazar y ya no nos arriesgamos a darnos un beso de buenas noches.