CAPÍTULO 29 UN DÍA A LA VEZ #2
— No has dicho nada en todo el camino. – susurraba agotado, frustrado. Tragué saliva, sentía mi garganta rasposa.
— No tengo nada que decir. – respondí sin mirarlo.
— Pues, yo sí. – respondió rápidamente. Lo miré y no traía sus lentes, él siempre sale de casa usando sus lentes, me pareció extraño, vi sus ojos, sus marrones ojos que me impresionaron desde el primer día, me dolía el pecho seguir viéndolo, así que aparté mi mirada de la de él.
— Hace mucho que no tengo nada con ella, yo he sido honesto contigo.
No te ofrezco una relación formal porque...
no es lo mejor para nosotros, pero eso no quiere decir que no quiera estar contigo.
Sofía, tú eres un ángel que llegó a mi vida.
¿Recuerdas cuándo estuvimos en el puente y te dije que algún día te contaría mi deseo?
– asimilaba cada palabra que me decía Mauricio, me dolía, empecé a hacer memoria y recordaba que él me dijo que me diría.
— Lo recuerdo. – susurré con nostalgia recordando esa hermosa noche. Yo pensaba que podríamos estar juntos, formalmente, pero no, estaba tan equivocada y no me di cuenta.
— Pedí conocer a una buena mujer. Sofía, tú eres una buena mujer y cuando estoy contigo, siento que me quieres.
– tomó mis dos manos en las suyas y buscó mi mirada con la suya mientras decía estas palabras, las lágrimas se acumulaban en mis ojos ante sus palabras, podía sentir su honestidad, la credibilidad de sus palabras.
— Mauricio... - no pude decir más, mi boca estaba seca, mi pecho estaba comprimido, Mauricio se dio cuenta de ello y puso sus manos en mis mejillas, me miró fijamente y abrió sus labios para decir algo que nunca pensé que me diría.
— Te quiero Sofía. – afirmó con seguridad y una media sonrisa.
Yo nunca le había dicho a un hombre que lo quería, para mí era algo muy grande decirle eso a alguien, raras veces le decía a mi madre que la quería, se lo demuestro con mis acciones, ayudándole, dándole tranquilidad, pero con Mauricio, no tenía la seguridad de decirle esas palabras, más aún cuando nuestra relación es así.
— ¿Qué? ¿Estás seguro de lo que me estás diciendo?
– respondí con incredulidad. Mauricio se acercó a mí y me besó, sus labios cálidos chocaron con los míos y los recibí agradecida, abrí mis labios para darle mayor acceso, su lengua bailaba con la mía, empezó a abrazarme sin dejar de besarme y yo puse mis manos en su cabeza, jalé ligeramente su cabello para pegarlo más a mis labios y nos olvidamos de todo, ya no pensaba en nada, solo éramos él y yo, podía sentir su cariño hacia mí en sus besos, no parábamos nuestra danza y me removí para sentarme a horcajadas sobre sus piernas, pude sentir su deseo cerca al mío, sus manos se posaron en mi cintura e iban bajando a mi muslo, no nos importaba dejar de respirar, solo quería tenerlo conmigo y podía sentir que él igual.
Mauricio se levantó con dificultad sin dejar de besarme, puso sus brazos cerca a mis piernas para rodearlas, me cargaba mientras caminaba a su dormitorio, llegamos a su cama y me acostó en ella, seguíamos besándonos, empecé a tocar su pecho, él tocaba mi cintura y mi clavícula, empecé a sentir un fuego en mi interior, un fuego que solo lo había conocido con él, quería estar con él, no despegarnos nunca, pero Mauricio se apartó y empezó a respirar con dificultad, podía ver un ligero sudor en su frente.
Tocó mi mejilla, se acercó a mi rostro y besó mi cabello, me colocó el rostro encima de su pecho que subía y bajaba con rapidez por nuestro maratón previo.
— Quédate, por favor. – suplicó cuando su pecho tenía un vaivén normal. Yo sentía mi cuerpo echo gelatina, así quisiera irme no podría, mi cuerpo no respondía.
— Me quedaré sí es lo que quieres. – le respondí sintiendo el calor en mis mejillas. Mauricio me abrazó pegándome más a su pecho, me quedé dormida a los pocos minutos de escucharlo roncar.
Abrí mis ojos lentamente por una luz que estaba cerca de mi rostro, era el celular de Mauricio, él estaba escribiendo mensajes con alguien, no me moví para que él no se diera cuenta que estaba despierta y empecé a leer los mensajes.
Sara: *¿Te veré esta noche?*
Mauricio: *No puedo, estaré haciendo trabajos de la universidad hasta tarde.*
Sara: *Entonces. ¿Nos vemos mañana?*
Mauricio: *No sé sí pueda. Hablamos después porque tengo que reunirme con mis compañeros.*
Sara: *No te olvides de mí. La podemos pasar bien.*
Mauricio guardó su celular y soltó un suspiro, tenía tantas ganas de llorar, estaba enojada, pero pensaba que de alguna manera él la rechazó para estar conmigo, sin embargo, el dolor no se iba.
¿Qué podía hacer? Volver a irme para regresar de nuevo, siempre será así, es evidente.
Seguía sin moverme para que no se diera cuenta que estaba despierta y que leí los mensajes, no tenía sentido humillarme más de lo que ya estaba.
Sus labios tocaron mi cabeza con un beso, quizás esa era su forma de demostrarme que solo yo le importaba de esa manera, no lo sé, ya no quería hacerme más ilusiones.
Me removí ante su beso, y lo abracé con más fuerza.
— Mauricio. – le dije con voz adormilada.
— ¿Descansaste bien? – preguntó con preocupación. ¿Qué podía decirle? Estaba bien hasta que leí tu coqueteo con esa mujer, ya no quería caer de nuevo en lo mismo, tenía que aceptar la situación o alejarme totalmente y no estaba funcionando cuando me alejaba.
— ¿Tú descansaste bien? – le devolví la pregunta sin responder la suya.
— Si, me gusta cuando estás aquí, lo sabes. – sonreía mientras afirmaba sus palabras. Me hizo sonreír también porque sé que a pesar de todo lo decía de verdad, podía ver la sinceridad en sus ojos.
— También me gusta estar contigo. – le respondí avergonzada y él me dio un beso rápido en los labios haciendo que sonriera.
— ¡Vamos a cenar! – dijo animado, levantándose de la cama.
— Claro. ¿Qué te gustaría que cociné? – le pregunté con ánimo. Tomó mis manos y besó mis nudillos haciendo que mi corazón exploté y olvidará lo que había pasado minutos antes.
— No cocinarás, saldremos a cenar, hay un lugar cerca que sé que te gustará. – decía con mucho ánimo y me hizo reír.
Nos levantamos de la cama, nos estiramos la ropa y volvió a darme otro beso en mis labios, salimos del edificio con dirección al restaurante, Mauricio tomaba mi mano entre la suya y me miraba por momentos, en el camino me iba comentando sobre el restaurante.
— Hay wafles, helados, salchipapas, postres. Es un restaurante que tendrá unos años, ya estaba aquí antes de que me mudará, creo que también tiene anís, así que puedes pedir eso. – sonreía mientras parloteaba emocionado, me causaba ternura que se acordará de mis preferencias en las bebidas.
— Todo suena delicioso. – le dije con mucho ánimo y ya empezaba a sentir hambre.
Unos minutos después ya estábamos afuera del restaurante, había césped sintético en la entrada, una cerca de madera, postes de luz en farolas, enredaderas de plantas colgadas entre las farolas con pequeños focos de color amarillo, había mesas y sillas afuera, también dentro del local, estaba corriendo mucho viento así que entramos al restaurante y nos sentamos.
Mauricio se sentó a mi lado y tenía mi mano en la suya, nos mirábamos con cariño, había dicho que me quería, estaba conmigo, quizás eso sería más de lo que él esperaba sentir por alguien.