¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 28 DANDO PASO A LO DESCONOCIDO
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CAPÍTULO 28 DANDO PASO A LO DESCONOCIDO

La luz de la mañana ya estaba molestando, invitando a pararnos de la cama, me estiré con frustración y Mauricio se removió.

— Hum... - decía Mauricio sin abrir los ojos, me hizo sonreír, parecía un niño quejón.

— Creo que ahora sí tenemos que levantarnos. – le dije somnolienta.

— ¿Quieres que salgamos a caminar, trotar o correr? – propuso Mauricio mientras me acariciaba mi brazo.

— Suena bien, pero tendría que ser caminar y trotar, no soy una buena corredora. – respondí avergonzaba.

— Está bien, entonces vamos. – se removió levantándose de la cama, yo hice lo mismo, Luna nos miró, pero regresó a su sueño, nos empezamos a reír al verla.

Nos alistamos para ir a correr, él me prestó un polo manga cero para que me sintiera más cómoda, le agradecí y nos fuimos al parque que estaba a la espalda del edificio, empezamos a trotar en silencio, pero nos mirábamos y sonreíamos.

Me sentía animada compartiendo estos momentos con él, sin embargo, mi alegría no iba a durar mucho tiempo porque apareció una mujer y se puso al lado de Mauricio.

— Hola desaparecido. – lo saludó muy sonriente, me sentí extraña al verla, era un poco más baja que yo en estatura, más delgada, piel clara, cabello negro y lacio amarrado en una coleta, podría caer fácilmente a los hombros. La observé con recelo, pero continué trotando y Mauricio igual.

— Hola Alexa. – le respondió Mauricio sonriendo también. ¿Se supone que me tengo que presentar o mantenerme callada? Observé a Mauricio, pero él seguía mirando al frente mientras trotábamos, la mujer me miraba de reojo, así que decidí mirar al frente y continuar con mi trote.

— No te veía hace mucho. ¿Cómo has estado? – insistía en hacer conversación la mujer.

— He estado ocupado, todo bien. ¿Tú? – le seguía la conversación Mauricio. ¡Genial, soy invisible! ¡La mejor manera de iniciar la mañana!

— Te he echado de menos. ¿Cuándo volveremos a salir?

– puso su mano en el brazo de Mauricio, acariciándolo y Mauricio no la apartó.

Esta situación era demasiado para mí, ya no la podía tolerar más, tenía cólera, rabia, lo único que hice fue respirar pesadamente y corrí, no sé de dónde saque esas fuerzas, pero corrí como sí mi vida dependiera de ello, solo quería ir al edificio, subir al departamento, ponerme mi ropa e irme, no verlo más.

— ¡Sofía! ¡Sofía! – escuchaba los gritos de Mauricio detrás de mí, pero no detuve mi rumbo, no quería verlo, estaba enfadada, furiosa. Llegué al edificio a los pocos minutos debido a mi maratón, me detuve en la puerta y me di cuenta que yo no tenía la llave.

— ¡Maldita sea! – grité con exasperación al darme cuenta de lo evidente, en mi enojo no pensé con claridad.

— Sofía...pensé que no corrías. – dijo Mauricio detrás de mí, no lo vi, pero reconocí su voz, su olor, no quería verlo, sé que no podría lastimarlo, al menos no de manera intencional, pero verlo después de esa escena, sería muy doloroso, no estaba preparada para eso.

— ¿Podrías abrir? Necesito cambiarme de ropa.

– le dije con voz neutra, controlando mi enojo y mirando la puerta, no quería verlo.

Mauricio sacó las llaves de su bolsillo y abrió la puerta, empecé a subir las escaleras sin mirar atrás, después me di cuenta que tampoco tenía la llave del departamento, por lo que nuevamente tenía que esperar por él, realmente mi cerebro no estaba funcionando.

Mauricio apareció otra vez a los pocos segundos, abrió la puerta sin que tuviera que pedírselo, entré al departamento y fui al baño a lavarme el rostro, cuando me vi al espejo, mis mejillas estaban sonrojadas, mis ojos demostraban mi rabia, no recordaba cuando fue la última vez que me había enojado tanto, ni cuando Román estaba molestando a Roxana había sentido esto.

— Respira Sofía, tú no eres así, recuerda el autocontrol, solo toma tus cosas y vete, no mereces esto.

– me decía mientras me veía al espejo, inhale y exhale tratando de controlarme, después de unos segundos, me sentía ligeramente mejor, tomé valentía y abrí la puerta del baño, Mauricio estaba afuera del baño esperándome, crucé por su lado y me dirigí a su dormitorio para ponerme mi ropa.

— ¿Qué pasa? – preguntó Mauricio detrás de mí.

— Me voy. – le dije mientras tomé mi polo y volví a esquivarlo para no verlo e ir al baño a ponerme mi ropa.

Una vez que estaba en el baño, me quité su polo y me puse el mío, a pesar de estar furiosa no podía dejar el polo tirado en el baño, así que lo doble y lo cargué en mi brazo izquierdo, abrí nuevamente la puerta del baño, mi mirada seguía baja y menos mal porque otra vez Mauricio estaba esperándome.

Me dirigí a su dormitorio y coloqué su polo en la cama.

— Pensé que te quedarías. – volvió a hablar Mauricio, notaba su frustración en la voz, pero no me importaba, mi rabia era más grande.

— Es mejor que me vaya, gracias por todo. – farfullé y lo rodeé otra vez para ya irme de allí. Mauricio notó que me acercaba a la puerta y me tomó del brazo, por lo que me detuve abruptamente.

— ¿Estás así porque ella me habló? – preguntó mirándome, yo seguía mirando a la puerta.

— No, no es por eso. – le respondí intentando calmarme.

— ¿Entonces? ¿Por qué estás así? – insistía con sus preguntas.

— Mauricio, déjame, ya no quiero estar aquí. – respondía con voz apretada, controlando mi enojo. Mauricio soltó mi brazo, por lo que seguí caminando para dirigirme a la puerta, pero estaba con pestillo, no podía abrir, así que me detuve en la puerta al notarlo.

— Sofía, habla conmigo, mírame. ¿Qué hice? – rogaba detrás de mí. No pude controlarme, lo estaba intentando, pero era demasiado, me estaba quemando por dentro.

— ¿Tienes una relación con ella? – busqué sus ojos con los míos, quería que me respondiera viéndome a los ojos, ver su sinceridad o no.

— Ya sabes que yo no tengo relaciones formales con nadie. – afirmó con seguridad, sin titubeos.

— Sabes perfectamente a lo que me refiero. – le dije elevando la voz. Mauricio abrió sus ojos, yo no suelo levantar la voz, no me gusta, pero algo se apoderó de mí, no lograba calmarme.

— No tienes que gritar, yo te escucho. – dijo Mauricio después de unos segundos de la sorpresa por mi tono de voz.

— Abre la puerta, por favor. – le respondí con vergüenza al darme cuenta que estaba actuando de mala manera, lo mejor era irme. Mauricio se acercó a mí, levantó su mano acercándola a mi mejilla, la esquivé, no quería que me tocará.

— No la veo hace varias semanas, no te negaré que estuve con ella, pero también sabes que últimamente paso más tiempo contigo y no he estado saliendo o teniendo algo con alguien hace un tiempo.

– afirmaba palabra por palabra, me relajé al saber que ya no la veía, lo cual ella también le dijo, mejor dicho, le reclamó, pero sí ella estaba en ese parque es porque vive cerca de él y eso no me agradaba en lo más mínimo.

— ¿Ella viene aquí? – le pregunté sin pestañear.

— No. – respondió sin dudar. No pude ocultar soltar un suspiro, lo necesitaba para calmar mi tensión, Mauricio notó que bajé la guardia y volvió a levantar su mano para ponerla suavemente en mi mejilla, sentía que me quemaba.

— ¿Volverás a estar con ella? – pregunté rápidamente sin impórtame su toque. Mauricio bajo su mano y suspiró con frustración, se giró y rascó su cabeza con su mano derecha, yo seguía de pie en la puerta.

— No lo sé, no creo. Sofía ya hemos hablado de esto, en lo que tenemos tú puedes salir con otras personas sí es lo que deseas.

– farfullaba con desesperación. Yo no quería salir con nadie más, quería estar con él, pero tenía razón, él ya había ofrecido algo que yo acepté y que rápido estaba pagando las consecuencias de mi decisión.

— Bien, entonces abre la puerta para que pueda salir con alguien más. – lo reté con la voz apretada del enojo. Mauricio no ocultaba su frustración, se dirigió a mí, sus ojos me penetraban, abrió sus labios sin dejar de mirarme.

— No puedo obligarte a quedarte, pero tampoco quiero perderte, todo depende de ti. – susurró y colocó la llave en la puerta abriéndola para mí, se hizo a un lado así que tiré mi cabello a la espalda tratando de recibir un poco de aire ante tanta tensión.

— Adiós Mauricio. – le dije sin mirarlo cuando caminaba saliendo de su departamento, bajé las escaleras, al llegar al tercer piso bajaba más lento, tenía la esperanza que viniera detrás de mí, que me dijera que solo quería estar conmigo, pero una vez más me desilusionó, no venía, solo escuché como cerró su puerta y no oía sus pisadas, eso era todo, a esto se reducía, a nada.

Otra vez sentía esa presión en el pecho que me impedía respirar con facilidad, estaba en la puerta del edificio, coloqué mi mano en la manija, solo tenía que jalarla para abrirla e irme, me detuve unos segundos, miré detrás de mí, pero una vez más, Mauricio no estaba, sentía tantas ganas de llorar, pero me recordaba que yo no debía llorar, tenía que guardar esas emociones, era necesario para seguir con mi vida.

Respiré profundamente llenando mis pulmones de aire y abrí la manija, el viento me recibió con un golpe en el rostro, cerré la puerta y me dirigí a la estación de bus pensando en que lo mejor era alejarme de él, sé que es lo mejor, ya lo había intentado antes y no funcionó, tenía que ser fuerte y que no pasará otra vez.

No debía pasar otra vez.