CAPÍTULO 27 QUEBRANTANDO IDEALES
Estaba echada al lado de Mauricio en su cama, sus brazos me rodeaban y apoyaba mi cabeza en su pecho sintiendo sus palpitaciones, prestando atención a su respiración, pensaba en lo bien que me sentía con él, no quería separarme de él, habíamos creado un vínculo tan fuerte como si fuéramos magnetos, él no quería estar sin mí y yo no quería estar sin él.
Toda mi vida tenía la idea de que las relaciones sentimentales tenían que ser formales, con la propuesta que te pregunten si quieres ser su novia y tu decirle que si con mucha emoción, pero quizás ahora sería diferente, tal vez debería ampliar mis ideas, mi estilo de vida y darme la oportunidad.
— Está bien, lo intentaré. – le dije a Mauricio, no sabía si estaba despierto, solo se lo dije porque realmente lo sentí. El cuerpo de Mauricio se removió, levantó su mano y con su pulgar e índice levantó mi barbilla para que lo viera a los ojos, me miraba con sorpresa.
— ¿Estás segura?¿De verdad lo intentarás? – preguntaba con rapidez y asombro sin dejar de verme.
— Siempre he tenido una idea diferente de las relaciones, algo tradicional sí se podría llamar así, pero entiendo que es difícil para ti lo que para mí no.
Quiero intentarlo a tu modo, no sé cómo resulté o funcione, pero solo te pido que seas honesto conmigo, no me mientas ni me ocultes las cosas, sí estás con alguien más quiero saberlo.
– le decía con un dolor muy fuerte en el pecho imaginándome que él estaría con otra.
— Lo haré, puedes salir con alguien más sí es lo que quieres. – dijo de repente haciendo que frunciera el ceño ante su propuesta.
— ¿Quieres que esté con alguien más? – le pregunté con incredulidad, no podía creer que me dijera eso después de que estaba aceptando lo que él me ofrecía.
— No es que quiera, solo te digo que tienes la libertad de hacerlo. – respondió con tranquilidad y lo entendí, significaba que él lo hará y por eso, yo también podía hacerlo.
— Ya entiendo, no quiero hablar más de esto. – le dije para terminar el tema de conversación, me dolía, me enojaba, me frustraba. ¿Por qué no soy suficiente para él?
Mauricio seguía abrazándome, besó mi cabello y me agradeció por intentarlo a su manera.
No me gusta arrepentirme de las decisiones que tomo, sé que no terminará bien esto, dudo que Mauricio un día aparezca con una gran sonrisa y me diga: ¿Quieres ser mi novia?
Y yo salté encima de él diciéndole que si mientras lo beso.
En el fondo de mi corazón, sé que eso no pasará y me duele, pero siento más dolor no tenerlo cerca, así que al menos lo intentaré hasta que tenga la fortaleza de decir "basta" y me vaya para no regresar.
Detuve mis pensamientos porque Mauricio se giró con rapidez colocándose arriba de mí, su rostro estaba cerca al mío, me miraba profundamente y yo a él, su mirada bajó a mis labios, quería besarme y yo quería que lo haga, colocó su mano derecha en mi mejilla, me apoyaba en su toque, sentía su calor, me olvidaba de todo cuando estábamos así.
— Quiero que seas feliz. – susurró Mauricio haciendo que sonría ante su deseo, yo también quería que seamos felices.
No le respondí, bajé mi mirada, él levantó mi barbilla y se acercó a mí para comenzar a besarme, respondí a sus besos, no podía evitarlo, abrí mis labios para recibir los suyos, sentía su humedad, su cariño, su necesidad de mí y yo sentía lo mismo por él, coloqué mis manos en su cabello jalándolo más hacía mí, quería sentirlo cerca, lo más cerca que pudiera, sus brazos rodeaban mi cintura presionándome con fuerza y me gustaba.
Mauricio nunca mencionó sobre sí tendríamos sexo, yo no estaba segura, menos porque no era mi novio, no quería tener relaciones sexuales como una aventura, eso no es lo mío, aunque sí lo pienso fríamente tener una relación libre nunca fue lo mío y ahora estoy en esto.
— ¿Te quedarás a dormir? – preguntó Mauricio al despegarse de mis labios.
— No sé qué hora sea, pero puedo irme para que descanses. - le dije en voz baja, no quería incomodarlo, quizás quería estar solo.
— Quédate, por favor. – suplicó, no pude evitar sonreír, quería que esté con él, que me quedará y eso significaba mucho para mí.
— Claro, sí es lo que quieres, puedo quedarme.
– le dije sonriendo, me hacía feliz que quisiera tenerme cerca porque yo también lo quería, por mí me quedaba toda la semana con él, no había nadie en mi casa que me esperará y con Mauricio la convivencia era buena, me daba mi espacio y ambos ayudábamos con las cosas de la casa, además que Luna me quería.
— Perfecto. – levantó su voz, puso su espalda en la cama y me jaló con sus brazos para que esté encima de él, empezamos a reírnos.
— ¿Quieres demostrar tu fuerza? Porque está funcionando. – le decía entre risas y él me abrazaba con fuerza, empezamos a reírnos ambos soltando carcajadas.
Luna empezó a maullar en su puerta, con nuestras risas la despertamos, le dije a Mauricio que venía a reclamarnos por hacer bulla y me dijo que no le haga caso, pero Luna no se rendía y seguía maullando, me daba pena porque parecía que estaba llorando.
— Deberíamos dejarla entrar, ya me siento mal por ella.
– le dije con pesar en la voz porque realmente me resultaba triste.
Mauricio me soltó con pesar y se levantó para abrir la puerta, Luna entro maullando y me miró en la cama, tenía miedo que me arañara o algo, pero solo subió a la cama y se acostó cerca a mis pies, Mauricio regresó a la cama y Luna se movió a la dirección de sus pies, me abrazó y me apoyé en él.
Unos minutos después ya estábamos durmiendo con Luna en nuestros pies, sentía como si estuviera armando mi propio hogar, pero no era real, aunque era lo que quisiera.
Entre mis sueños, sentí que me besaban el cabello y mi frente, me estiré y abrí lentamente mis ojos viendo a Mauricio, sonreí al verlo.
— Buenos días. – le dije con una gran sonrisa y mi corazón palpitaba rápidamente porque me estaba despertando de la manera más linda.
— Buenos días. – respondió dándome un beso en la mejilla.
Me di cuenta que había amanecido, yo suelo despertarme en la madrugada, no es común que duerma sin interrupciones y lo había hecho, no sabía sí era porque estaba muy cansada, porque estaba con Mauricio o cuál sería el motivo, pero estaba agradecida porque me sentía descansada.
— Quedémonos un rato más. – decía con voz de pereza y me contagiaba.
— Totalmente de acuerdo. – le dije estirándome y rodeé mi brazo a su pecho. El pecho de Mauricio se estaba volviendo mi lugar favorito, me encantaba tenerlo cerca, su olor a lavanda, incluso sus ronquidos me ayudaban a conciliar el sueño, era como la invitación a dormir.
Luna seguía cerca a nuestros pies, tampoco tenía intención de pararse de la cama, los miré a ambos y sentía que esto era lo que quería, no sé si el costo sería muy alto, pero quería intentar pagarlo.
A veces tenemos ideales, planificamos nuestra vida en pasos, pero a veces las situaciones hacen cambiar la perspectiva, podemos dejarnos llevar y cambiar esos ideales o mantenernos en lo mismo y no arriesgar.
Hay cosas que no podemos cambiar, pero nuestra actitud ante esa situación puede hacer la diferencia, la afrontamos con valentía o la evitamos por cobardía.