CAPÍTULO 26 OPORTUNIDADES O DESACIERTOS
Mi cita de ayer con Adrián fue agradable, parece un buen hombre, pero no sé si es justo para él darle una oportunidad cuando yo no estoy al cien por ciento porque aún pienso en Mauricio. Hoy iré a casa de Marcus para darle clases, necesito dinero y tener la mente ocupada.
— Hola Marcus. ¿Estás listo para divertirnos? – le pregunté animada, aunque no me sentía así.
— ¡Siiiiii! – me respondió con ánimo y levantando su mano para que la choquemos.
— Estaré trabajando, me avisas sí necesitan algo y gracias por venir. – me decía la madre de Marcus.
— Estaremos bien, gracias. Vamos a sentarnos Marcus. – dije para comenzar con las clases.
Nos iba bien en las clases, Marcus comprendía después de un par de lecturas, trataba de estar concentrada, me costaba mucho, Mauricio se había impregnado en mi piel, en mi mente, me estaba frustrando la situación y no sabía cómo lidiar con ello, es la primera vez que me pasa esto, quería arrepentirme de haberlo conocido, pero no podía, a pesar de todo, mis mejores citas fueron con él, mi emoción de tenerlo cerca de mí, era algo desconocido, pero me hacía sentir viva.
— ¿Sofía? – escuché a lo lejos, recordé a Marcus y lo miré con rapidez, desconectando mis recuerdos para concentrarme en el presente.
— Marcus. ¿Cómo vas con la lectura? – le pregunté con disimulo.
— Ya la terminé. ¿Te duele algo? – respondía Marcus frunciendo el ceño, estaba preocupado.
— Todo está bien, continuemos. – farfullé.
Un tiempo después terminé las clases con Marcus, tuve que concentrarme mucho para hacerlo, sentía dolor en mi cabeza y cuello, al menos tenía algo de dinero y lo necesitaba para pagar las cuentas, estoy pensando en buscar otro trabajo durante las vacaciones, tendré que revisar eso.
Estaba caminando de regreso a casa para ya no gastar en un bus, me servía para relajarme, pero no contaba con una llamada.
— Hola. – susurré al ver su nombre en la pantalla y contestar.
— Hola. ¿Cómo estás? – respondía con voz cansada, desanimada.
— Ahí, caminando a casa. ¿Tú? – le respondí con un nudo en la garganta, escuchar su voz me hacía recordar lo que no tendré.
— Quiero que hablemos. – respondió en tono firme.
— Eso estamos haciendo, te escucho. – le dije con amabilidad.
— ¿Nos podemos ver? – preguntó con duda en la voz. Sentí una presión en mi pecho, no sé si tengo la fuerza de poder verlo otra vez, tenerlo cerca y saber que no puedo estar con él, es demasiado. ¿Qué es peor? Estar con él o sin él.
— Está bien. ¿Te parece bien que vaya mañana? – respondí soltando un suspiro, me molestaba ser tan débil con él, pero a veces no sabes sí es mejor la cura o la enfermedad. Preferí ir a su casa porque no quería interrupciones de lo que hablaríamos o que escuchen sobre nuestros problemas.
— Siempre eres bienvenida, puedes venir más tarde, mañana, cuando quieras. – dijo en tono animado, estaba contento de que nos veamos y yo también, no podía negarlo.
— No digas eso que estoy cerca de la estación del bus. – dije entre risas.
— Sí no tienes planes, te preparo la cena. – decía en tono convencedor.
— ¿Me estás persuadiendo con comida? – le pregunté con un poco de coquetería.
— Al menos que prefieras que compre pizza. – respondió rápidamente.
— Está bien, me rindo, llego en una hora. – dije en tono frustrado.
Ya sé, fui débil, pero es muy persuasivo, me recriminaba mientras estaba sentada en el bus, pero con una sonrisa en el rostro porque estaba feliz de verlo, dijo que quería que hablemos, quizás había cambiado de opinión sobre nosotros, darnos una oportunidad.
No quería ilusionarme para decepcionarme después, pero no podía evitarlo, sí me llamó fue por algo.
Una hora más tarde estaba cerca a la puerta del edificio, le mandé un mensaje para que me abra la puerta, unos minutos después estaba en la puerta de su departamento, cuando iba a tocar la puerta, la abrió, me miró, rodeo sus brazos a mi cintura y me cargó para abrazarme fuerte.
— Hola Mauricio. – le dije riéndome mientras seguía en el aire con sus brazos rodeándome.
— Te eche de menos, estás hermosa. – me dijo sonriéndome y yo le respondí la sonrisa. Puso mis pies con suavidad en el piso sin dejar de verme, yo tampoco podía dejar de verlo.
— Yo también te eche de menos. ¿Cómo estás? – le susurré con timidez. Apareció Luna y empezó a rodear mis piernas con su cola, lo que nos hizo reír a ambos.
— Ahora estoy bien y Luna también, por lo que veo. – me decía con timidez, podía ver sus mejillas sonrojarse, me sorprendía verlo así de vulnerable.
Nos sentamos en el sofá, Luna estaba con nosotros, él me rodeo con su brazo pegándome a su cuerpo, no opuse resistencia, extrañaba tenerlo cerca, su calor, su olor, todo él.
Mauricio no decía nada, yo tampoco, solo estábamos abrazados, escuchaba su respiración que se acompasaba con la mía, no esperaba poder verlo hoy, creo que no esperaba ni volver a verlo, pensé que ya todo acabaría después de la última vez que nos vimos, pero aquí estábamos, otra vez, juntos, pero no tan juntos.
Sonó el timbre haciendo que nos removiéramos, Mauricio se disculpó un momento y se fue cerrando la puerta, me quedé con Luna en el sofá.
— ¿A dónde habrá ido tu papá? – le preguntaba a Luna como si fuera a responderme.
— Luna, no sé qué voy a hacer con él. ¿A ti tampoco te agrada que esté trayendo a diferentes mujeres aquí, cierto?
– le seguía hablando sin obtener respuesta, pero quitándome un peso de encima, no podía hablar de esto con Roxana, mi mamá siempre me decía que nunca comente mis cosas privadas con las personas, al menos que sea ella, así que decidí guardarme todos mis problemas desde que empecé a tenerlos.
La puerta se abrió, haciendo que Luna se removiera y yo me sobresalte, era Mauricio con la caja de pizza en las manos, no pude evitar reír.
— ¿No era broma? – le dije entre risas.
— Con las pizzas no se bromea. – dijo en tono firme.
Le dije que estaba de acuerdo y nos sentamos en el comedor, empezamos a alistar la mesa, él me ayudó con las bebidas, tenía agua caliente para mi anís y yo colocaba los individuales en la mesa para empezar a comer.
Mauricio pidió mi pizza favorita, estos detalles hacían que sea difícil dejarlo, no es que se trate solo de la pizza, si no del hecho que recuerde cosas que me gustan y haga algo al respecto.
— Gracias por esto. – le sonreí con agradecimiento.
— Gracias a ti por venir. – respondió dejándome ver sus ojos, no pude evitar ver sus labios y desear besarlos, me controlé, no debía hacerlo, al menos no hasta saber qué es lo que pasaría entre nosotros.
Terminamos de comer, ambos teníamos sonrisas en el rostro, estábamos muy satisfechos.
Me levanté para llevar los servicios al lavadero, Mauricio se dio cuenta y me detuvo, por lo que otra vez fue él quien se encargó de lavar los servicios, le agradecí y realmente lo estaba porque estaba haciendo mucho frío y mi abrigo no me estaba ayudando.
Unos minutos después, Mauricio volvió al sofá y se sentó a mi lado, yo estaba tratando de controlar el temblor en el cuerpo por el frío, pero no ayudaba mucho.
— Cerraré las ventanas. – dijo en tono firme, camino en dirección a las cortinas y cerró las ventanas, fue a su dormitorio y regresó con una manta, la puso en mis piernas por lo que la subí hasta mi cuello para sentir menos frío, ayudó, pero un poco.
Mauricio me rodeó con sus brazos y le agradecí al instante, unos minutos después ya no sentía frío, empecé a darme cuenta que el calor corporal era mejor que una manta, empecé a sentir sueño, pero sé que teníamos que hablar.
— No pensé que me llamarías. – se lo dije de pronto, no lo pensé mucho antes de decirlo, realmente creí que no me llamaría.
— Sofía, no quiero estar lejos de ti. Perdóname, sé que soy un idiota y egoísta, no te puedo dar lo que quieres, pero no quiero perderte. – y aquí vamos de nuevo, no hay cambios, seguimos en lo mismo, empecé a sentir dolor, frustración.
— ¿Puedo preguntarte por qué a pesar de todo eso no quieres que sea tu novia? – le pregunté con la mayor calma que pude.
— Es complicado, pero es lo mejor para ti, pero sí estás de acuerdo, quiero seguir cerca de ti. – tenía tanta frustración dentro de mí, quería llorar, gritar, reclamarle, decirle que por favor lo piense, podríamos intentarlo.
— Mauricio, es frustrante, me gusta estar contigo, pero no sé si podamos hacer como sí no hubiera pasado nada. – le respondí con sinceridad y dolor en la voz.
— Sé que no puedo pedirte que te quedes conmigo, pero no quiero perderte. – tomó mi rostro en sus manos para que nos miráramos mientras me decía esto, empecé a sentir el ardor en mis ojos por las lágrimas que se avecinaban, bajé mi mirada y suspiré para alejar el ardor.
— Yo tampoco quiero perderte. – le dije regresando mi mirada a la suya, Mauricio miró mis labios, yo vi los suyos, y eso era todo, se acercó a mi rostro y puso sus labios en los míos, abrí mis labios para recibirlo con fervor, él presionó sus brazos en mi cintura y yo presioné mis manos en su cabello para sentirlo más cerca de mí, sus labios seguían siendo mi droga, no quería despegarme de él, no me importaba sí estaba respirando o no, solo quería seguir sintiendo sus labios y humedad en mis labios, nuestro beso paso de ser dulce a pasional, me levantó y me puso a horcajadas sobre sus piernas, mis manos bajaron a su pecho y cuello, las suyas rodeaban mi cintura, mi cadera y mis muslos, estaba tan agradecida de sentir su tacto, su piel cerca de la mía, no podía evitar sentirme feliz en ese momento.
— Perdóname por ser un idiota, pero no puedo estar sin besarte. – se despegó con suavidad de mis labios para decirme eso y apoyamos nuestras frentes, estábamos agitados por nuestro encuentro, asimilaba sus palabras, trataba de hacerlo.
— Parece que tenemos un problema en común. – le respondí avergonzada, yo tampoco quería dejar de besarlo, mis labios lo reclamaban, exigían su atención.
Pegué mi nariz a la de Mauricio y volvió a besarme, sé que esto no terminará bien, mi intuición me lo dice, pero sí voy a sufrir, al menos quiero tocar el cielo primero.