¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 24 LOS AMIGOS NO SE BESAN #3
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CAPÍTULO 24 LOS AMIGOS NO SE BESAN #3

— No estoy del todo de acuerdo, pero lo haremos. ¿Paso por tu casa? – se ofreció con amabilidad. Él no conoce mi casa y no invito a nadie a casa.

— Mejor te veo en el centro comercial y comemos allí. – le respondí con rapidez.

— Está bien. ¿Te parece vernos en dos horas? – preguntó con duda.

— Si, está perfecto. – nos vemos más tarde.

No me sentía entusiasmada con la idea de salir con Adrián, aún pensaba en Mauricio, pero él no cambiaría de opinión, tenía que continuar con mi vida, nunca fue una prioridad para mí tener pareja, ni lo deseaba con intensidad, pero cuando lo conocí, mi perspectiva cambió, quise intentarlo, pero las parejas son de dos, por eso comienza con "par".

Decidí utilizar un vestido color vino, era manga larga y su largo me cubría las rodillas, tenía mi cabello suelto con los rulos lo más definidos que la crema de peinar me permitía y mi brillo labial rojo.

Una hora y cuarenta y cincuenta minutos después estaba en el centro comercial, Adrián todavía no llegaba o al menos no estaba en el patio de comidas, decidí caminar por el centro comercial mientras me llamaba o lo veía.

Diez minutos después mi celular estaba sonando y era Adrián para preguntarme si estaba cerca, quedamos en encontrarnos en el patio de comidas, así que me fui hacia allá.

— Hola Adrián. – lo saludé con amabilidad.

— Sofía, aquí estás. – respondió Adrián con asombro y una sonrisa.

— Y tú también. – le respondí sonriendo.

— ¿Qué te gustaría comer? – preguntó señalando los puestos de comida. Observé y opté por carne a la parrilla, ya que no había pizza.

— Iré donde están las carnes. ¿Tú? – le pregunté.

— Vamos, también comeré carne. – soltó mientras caminaba en dirección a las carnes, así que lo seguí.

Adrián compró carne de res, chuleta, papas doradas y ensalada, de bebida pedí un jugo, ya que no había anís y él pidió una bebida con gas.

— ¿Cómo estás pasando tus vacaciones? – preguntó Adrián antes de poner un trozo de chuleta en su boca.

— Adaptándome, no extraño ir a la universidad, pero hay veces que me despierto temprano y pienso que tengo que ir a clases, luego recuerdo que no hay e intento dormir de nuevo. – le respondí riéndome, por lo que él también comenzó a reírse.

— También me pasa a veces eso, así son las rutinas. – concordé con él, las rutinas son así.

— Espero que te hayas divertido en la fiesta, Roxana se esmeró mucho para que todos la pasen bien. – le comenté con ánimo.

— Estuvo genial, sobre todo porque pude hablar contigo. – soltó rápidamente, sentí el ardor en mis mejillas, es muy directo.

— Claro, sí. – le respondí con temblor en la voz, trataba de desconectar a Mauricio de mi mente sin éxito.

— ¿Tienes novio? – preguntó sin titubeos.

— No. Recuerdo que me dijiste que no tenías novia. – le solté para que no preguntará más.

— Así es, llevo mucho tiempo soltero. – respondió mirando su comida.

— ¿No quieres tener una relación? – le pregunté tan rápido que me sorprendí de haberlo hecho.

— Si, pero quiero estar seguro, me gusta tener relaciones largas. – afirmó con seguridad. Realmente él quería lo mismo que yo con Mauricio, no me gusta pensar en el hubiera, pero sí fuera Mauricio quien diga esto, ya hubiera saltado a sus brazos.

— Comprendo, espero que encuentres a alguien con quien compartas tu felicidad. – le dije con una media sonrisa, me dolía hablar de esto, tenía que alejarme de Mauricio, siento que lo estoy haciendo, pero mi mente, otra vez me tortura con imágenes de lo que no podrá ser.

— Quizás ya la encontré. – soltó mientras me miraba, su mirada era tan profunda que sentí que me penetraba, quería corresponderle sí realmente se refería a mí, pero él no merece a alguien a medias, tengo que estar segura.

— Ya veo. – le respondí mirando mi plato que casi no había comido, no tenía apetito, no sentía sabor a la comida, quería levantarme de la silla e ir a un parque a correr con todas mis fuerzas, pero no podía dejar a Adrián, no lo merecía.

— ¿Puedo preguntarte algo? – preguntó trayendo mi atención a la realidad.

— Si, si, claro, dime. – le respondí rápido por la distracción.

— ¿Te gusta alguien? – soltó sin reparos. ¡Genial! Primera cita y hablaré de mi romance fallido.

— Se podría decir que sí, pero no tiene futuro, así que no tiene sentido pensar en eso. – le dije para no hablar del tema.

— ¿Por qué no tiene futuro? – ahí vamos otra vez, no quiero hablar de eso. ¡Es humillante!

— Porque queremos cosas distintas. – solté un suspiro de frustración. Adrián frunció el ceño, no entendía.

— ¿Qué cosas? – insistía.

— ¿De verdad quieres que hablemos de eso? – le pregunté mirándolo a los ojos sin titubear.

— Si, quiero conocerte. – respondió de la misma manera.

— De acuerdo. Lo conocí hace un par de meses, hemos salido varias veces, pensé que queríamos lo mismo, pero él quiere lo que ahora llaman "una relación libre", yo no quiero eso, así que, decidí alejarme.

– le resumí utilizando mis manos para hacer énfasis en las comillas.

Adrián me miraba con atención, realmente estaba interesado en lo que le decía.

— No entiendo. – dijo mientras fruncía el ceño, movía la cabeza y se reía con asombro. Fui explícita, es para que entienda, no está tan difícil.

— ¿Qué no entendiste? – le respondí frunciendo el ceño. Fui muy clara.

— ¿Cómo quiere compartirte con alguien? ¿Cómo prefiere dejarte ir que estar contigo? – preguntó con cara de asombro.

— Por eso te dije que queremos cosas diferentes, yo no practico la infidelidad, y aunque técnicamente no lo sería porque sería consensuado, no es algo que quiera hacer, pero tampoco quiero que lo hagan cuando estén conmigo.

– le dije con mucha sinceridad y malestar, porque me afecta imaginar a Mauricio con otra mujer.

— Te felicito por la decisión que tomaste, es mejor alejarte ahora a esperar a que crezca y sea más difícil.

– decía Adrián con ternura, tomó mi mano libre en la suya, sentí su calor, otra vez pensé en Mauricio, cerré mis ojos con fuerza para sacarlo de mi mente y miré a Adrián, realmente es un hombre atractivo, no siento esa sensación, pero tampoco me desagrada.

— Gracias Adrián. ¿Qué hay de ti? – le pregunté para ya no hablar más de Mauricio.

— Estoy interesado en ti, en conocerte y ver qué pasa, pero sé que ahora no es un buen momento por lo que me dices, pero sí me lo permites, quiero seguir conociéndote. – dijo con nervios, pero sin dejar de mirarme.

— Bueno, sí aún quieres verme después de todo lo que conté, no me negaré. – respondí riéndome y él también.

— Siempre tenemos opciones Sofía. – soltó con determinación.

— Tienes razón Adrián, tenemos opciones. – le respondí antes de continuar comiendo.

Después de terminar de comer, nos quedamos conversando sobre nuestras carreras y los libros que habíamos leído.

Le recordé que invitaría el postre y eligió helado, yo pedí lúcuma y chocolate, él pidió chocolate y vainilla, disfrutamos nuestros helados, mientras reíamos por pedir chocolate, coincidíamos en eso.

La cita con Adrián iba bien, realmente podías conversar sin problemas con él, es amable e inteligente, me agrada que es comprensivo, después de contarle de Mauricio pudo irse, pero se quedó hasta el final.

Nos despedimos, le dije que tenía que hacer algunas cosas y él se fue a la estación del bus.

Decidí ir a un parque que estaba cerca del centro comercial, necesitaba caminar, respirar aire puro, tenía que reflexionar, está situación me estaba sobrepasando.

Me puse los audífonos y empecé a escuchar un playlist de The fray, me senté en una banca, el viento soplaba mi rostro y mi cabello, siempre que tomaba una decisión, asumía las consecuencias, en esta ocasión, pensar en dejar a Mauricio, no verlo más, no pasar tiempo con él, realmente me dolía, me dolía mucho.

Adrián dice que siempre tenemos opciones. ¿Cuáles son las mías? ¿Cuál es la mejor? ¿Cuál dolerá menos?

No sé cuánto tiempo estuve sentada en esa banca, no sé si esperaba algo, una señal o simplemente esperar a qué pasará el tiempo y se desapareciera el tiempo.