¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 24 LOS AMIGOS NO SE BESAN #2
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CAPÍTULO 24 LOS AMIGOS NO SE BESAN #2

— ¿Qué ocurre? – le pregunté mientras me acercaba y quedaba en frente de él que estaba sentado y yo de pie.

— Trato de desenredar mi cabello. – decía con frustración.

No pude evitar sonreír, lo que él necesitaba era un poco de agua y crema de peinar, le dije que me dejará ayudarlo, así que me mojé un poco las manos y las coloqué en su cabello, le puse un poco de mi crema de peinar en el cabello para darle forma, pero era difícil mientras él estaba sentado y yo de pie, le pedí que se levantará olvidando que él era más alto que yo, no funcionó, así que volvió a sentarse mientras nos reíamos.

— Puedes sentarte aquí. – propuso señalándome su pierna izquierda, una parte de mi tenía mucha vergüenza y la otra parte quería hacerlo de inmediato.

Mauricio no dejaba de mirarme, podía ver que él quería que yo lo haga, yo también quería hacerlo y lo hice, me senté en su pierna y él colocó sus brazos alrededor de mi cintura como si yo pensará en escapar, empecé a colocar mis manos en su cabello para colocarle la crema, él acercaba su rostro al mío, yo no me movía, quería sentirlo tan cerca como fuera posible, en un momento podíamos sentir nuestras respiraciones en nuestros rostros, yo comenzaba a resbalarme de su rodilla hacia su dirección, nuestra cercanía era mayor con el paso de los segundos, nuestros labios superiores rozaron pero no nos movimos, era como si el tiempo estuviera detenido, yo seguía con mis manos en su cabello y él con las suyas en mi cintura, no lo veía a los ojos, solo veía sus labios, estaban pegados a los míos, de pronto sentí que sus brazos me apretaban con más fuerza, me sorprendí y abrí mis labios ante eso, él también abrió los suyos y absorbió mis labios con dulzura, no me resistí, mis manos seguían en su cabello y presioné su cabeza contra mis labios, seguíamos besándonos, ninguno de los dos daba tregua, no queríamos despegarnos, mi corazón estaba saltando como si fuera una danza, él se movió ligeramente sin separar sus labios de los míos y recostó mi cabeza en el sofá mientras me besaba, estaba encima de mí y yo no haría nada para apartarlo, empezó a sonar el temporizador, pero seguíamos en nuestro beso interminable, tan interminable como el sonido de ese temporizador, con enojo se despegó de mí.

— ¿Qué es eso? – preguntó frustrado y yo no pude sonreír ante su enojo y mi vergüenza.

— Ya está listo el pollo, hay que apagar el horno. – le susurré cerca de su rostro.

— En estos momentos me importa muy poco ese pollo.

– respondió con necesidad y volvió sus labios a los míos, colocó su mano detrás de mi cuello para pegarme más a su boca y yo hice lo mismo con una mano mientras la otra estaba en su cabello, no queríamos parar, deseábamos hacer esto hace tanto tiempo que no queríamos que nadie nos detuviera, no nos importaba el oxígeno, el pollo, las papas, el tiempo, solo nosotros, por fin.

Mauricio empezó a deslizar su mano por mi cintura para terminar en mi muslo, yo podía sentir su emoción en mi vientre, me deseaba y yo a él, pero no estaba segura de dar un paso más con él cuando nuestra situación era tan inestable, empezamos a oler humo, se estaba quemando el pollo, me despegué de sus labios con suavidad.

— Debemos apagar el horno antes que tus vecinos llamen a los bomberos.

– le respondí sonrosada y agitada por nuestra batalla de labios.

Mauricio con frustración se despegó de mi cuerpo y se levantó, me tendió su mano para levantarme y la tomé, nos dirigimos al horno, prendimos la luz del horno y teníamos un pollo demasiado rostizado y papas que ya estaban despezadas.

— Bueno, te aseguró que si lo hubiéramos apagado a tiempo tendría mejor aspecto.

– le respondí tratando de contener la risa.

Mauricio miró el pollo, me miró a mí, volvió a mirar el pollo, se puso de pie para mirarme y empezamos a carcajear ante la escena.

Después de reírnos como si el mundo se fuera a acabar, abrimos las ventanas porque el departamento olía a incendio.

— Podríamos intentar rescatar algo del pollo, con respecto a las papas, si no creo que se pueda hacer mucho, quizás puré de papas. – le decía con pesar. Mauricio rodeó sus brazos a mi cintura, lo que hizo que mi cabello golpeará mi espalda ante su acto.

— No me importa eso ahora. – dijo susurrando mientras miraba mis labios.

— ¿Qué te importa ahora? – le pregunté con temblor en la voz.

Mauricio se acercó y volvió a besarme, no necesitaba una respuesta, ya la tenía, puso su mano derecha en mi cabeza para pegarme más a sus labios, yo caminé en dirección a él y lo pegué a la pared, no despegamos nuestros labios en ningún momento, esto era el edén, no tenía planeado separarme de sus labios, sé que él tampoco, esto era lo mejor, me sentía viva, una llama en mi interior había despertado, algo que yo creí que no tendría.

Mauricio puso sus manos en mi cintura y me elevó, yo enrollé mis piernas en su cintura mientras no dejábamos de besarnos, él caminaba mientras me cargaba, unos segundos después estábamos echados en su cama besándonos, empecé a sentir miedo, no quería decir o hacer algo que arruinará lo que estábamos viviendo.

Él debió sentir mi duda, se despegó de mis labios y tomó mi rostro en sus manos.

— Eres muy importante para mí y te respetaré pase lo que pase. – dijo como si leyera mi pensamiento. Quería decirle que también él lo era para mí, que quería estar con él, pero no en estas circunstancias.

— Gracias Mauricio. – le susurré, solo eso podía decirle. Mauricio besó mi cabello y me pegó a su pecho.

— No quiero perderte, perdóname por ser tan egoísta. – decía cerca de mi cabello haciendo que su aliento me abrigará.

— Yo no quiero estar lejos de ti. – le respondí rápidamente.

— No te puedo dar lo que mereces y no es justo para ti. – afirmó con dolor en la voz.

— Mauricio, pero los amigos no se besan en los labios. – susurraba con la vergüenza y la humillación clavándose en mi interior, era lo más humillante que le diría para que reconsiderará sobre nosotros.

— Solo vivamos el hoy. ¿De acuerdo? – dijo finiquitando la conversación.

Mi corazón se estaba apretando, encogiendo, me dolían sus palabras, sí hoy muero, entiendo, pero no, quería seguir viéndolo, pero que significaba esto, que nunca más nos besaríamos.

¿Qué es lo que quiere? Solo a alguien para besar y después desechar o tenerla de resguardo porque no quiere perderme, pero tampoco tenerme.

¿Por qué nos haces esto? Sentía sus brazos rodearme, quería apartarlo, pero mi deseo de tenerlo cerca era más grande.

CAPÍTULO 25: SIEMPRE TENEMOS OPCIONES

Estaba en casa, Mauricio quiso que me quedará con él otra vez, pero no podía, tenerlo cerca, verlo, me impedía pensar correctamente.

Cuando nos besamos, pensé que finalmente nos estaba dando una oportunidad, sin embargo, me equivoqué, nada cambió o quizás si, mi deseo de estar con él iba en aumento, el probar sus labios y sentirlo tan cerca de mí, hacia que quiera tenerlo conmigo en todo momento.

Mauricio dijo que no volvería a pasar, "solo vivamos el hoy" es lo más absurdo que he oído, sé que le gusto y él me gusta. ¿Por qué tanto problema?

Recordé que Adrián me había escrito y no le respondí, decidí llamarlo, eso me distraería a estar esperando que responda los mensajes.

— ¿Sofía? – preguntó Adrián con voz asombrada.

— Hola Adrián. ¿Cómo te va? – le respondí en tono amable.

— Muy bien, que gusto que me llamarás. ¿Cómo estás? – respondió.

— Bien, gracias por preguntar. Disculpa por no contestar tu mensaje antes, estaba ocupada. – le respondí con voz apenada, él no necesitaba saber de mis dilemas en las relaciones sentimentales.

— No hay problema, además...así hice que me llamaras. – dijo riéndose, no pude evitar reírme con él, me resultaba agradable.

— Touché. – le dije sonriendo como si pudiera verme.

— ¿Tienes planes para hoy? – preguntó, no pensaba ver a Mauricio, después de que me fui de su casa, todo resultó incómodo.

Mauricio me pidió que me quedará, que pediría algo de comer o podíamos salir a comer a un restaurante, pero yo sabía que lo mejor era no continuar cerca de él, sabía que no funcionaría, tenía que alejarme, era lo mejor, así que le dije que me iría, él se dio cuenta de mi firmeza y no insistió.

Al despedirnos, él quería acompañarme hasta la puerta del edificio, pero le pedí que se quedará en el departamento, no quería flaquear, debía alejarme de él, Mauricio se dio cuenta que me estaba despidiendo, me abrazó, pero me despegué de él a los pocos segundos, no quería doblegarme, baje las escaleras con calma, tenía la esperanza de que viniera detrás de mí y me dijera que sea su novia, que lo intentaría, pero no, nunca me siguió, tuve que irme caminando hasta la estación del bus conteniendo las lágrimas, el dolor en el pecho no se iba, el nudo en la garganta no se aflojaba, nada calmaba ese dolor, colocaba mis dedos en mis labios recordando nuestros besos, esos besos que serían los únicos que tendría de él, intenté dormir y no funcionaba, el dolor no cesaba, las lecturas no tenían sentido en mi mente, abrazaba mi almohada pensando que era él, extrañaba hasta sus ronquidos que me llamaban a dormir cuando lo hacía.

Mauricio y yo no tenemos futuro, eso lo sé, pero el dolor no desaparece con saberlo.

— Hum no, supongo que haré limpieza en casa. – le respondí con desgano.

— ¿Te puedo invitar a almorzar? – propuso Adrián. No había desayunado, no había comido nada desde que estuve con Mauricio, no tenía apetito, no tenía ánimos, pero no podía seguir así, tenía que continuar.

— Si cada uno paga lo que consume, suena bien. – le dije riéndome.

— Pero déjame invitarte, al menos por ser la primera vez. – propuso.

— Hum, tienes un punto, bueno, yo invito el postre. ¿Te parece? – le dije para que sea un trato justo.

— Si así puedo invitarte a comer, de acuerdo. – dijo con resignación.

— Es un buen trato. – le respondí.