¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 24 LOS AMIGOS NO SE BESAN
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CAPÍTULO 24 LOS AMIGOS NO SE BESAN

Estaba amaneciendo y eso me ponía más nerviosa, no sabía qué pasaría con Mauricio, se supone que yo estaba dormida cuando él me besó, además que los amigos no se besan en los labios y se supone que solo somos amigos porque buscamos cosas diferentes.

Yo preferiría intentar una relación formal con él a tener una relación libre, pero él no piensa lo mismo.

Me removí ligeramente de su pecho, mis pensamientos no me dejaban volver a conciliar el sueño.

— ¿Qué pasa? – preguntó Mauricio con la voz adormilada cuando me removí.

— Creo que dormí mucho. – le respondí en tono amable mientras veía que sus ojos seguían cerrados por el sueño.

— Ven aquí, aún es temprano. – pidió mientras estiraba sus brazos y sus ojos seguían cerrados, no pude evitar sonreír y olvidar lo que me perturbaba, me aferré a sus abrazos, así como él con mi cintura, nos tapó con la sábana e intentamos volver a dormir con éxito.

Mi celular sonó con un mensaje, supuse que era mi mamá, así que revisé mi celular con cuidado para no despertar a Mauricio.

— Hola Sofía, soy Adrián. ¿Cómo estás? – decía en el mensaje.

Me sorprendió, ya habían pasado unos días de la fiesta.

Preferí no responderle en ese momento, no me sentía cómoda, Mauricio estaba a mi lado y Adrián, bueno él, no lo sé, tengo muchas cosas en mi cabeza ahora para agregar a Adrián a esta ecuación, cuando vuelva a casa, le escribiré... es lo mejor.

Mauricio se removió con suavidad, se talló los ojos con sus dedos y abrió ligeramente un ojo para que la luz no le molestará, pequeñas actitudes de él podían causarme ternura, me miró y sonrío, le devolví la sonrisa instantáneamente.

— Buenos días. – dijo en tono amable.

— Buenos días Mauricio. ¿Descansaste bien? – le respondí con ternura.

— Mucho, gracias. – contestó sonriéndome mientras me rodeaba con sus brazos.

— A ti. – le dije un poco cohibida.

— ¿Era tu mamá? – preguntó señalando mi celular. Palidecí ante su pregunta, él no sabía de la fiesta, de Adrián, ni nada.

— No, pero debo escribirle. Gracias por hacerme acordar. – le solté rápidamente para cambiar de tema.

— Puedes quedarte y llamarla, iré a bañarme y a preparar el desayuno. – respondió mientras se levantaba de la cama.

— Tranquilo, yo puedo hacer el desayuno.

– me ofrecí porque él siempre me atendía.

Él me miraba como considerando mi ofrecimiento, tenía una batalla interna, colocó un dedo sobre su labio mientras apoyaba su mano en el mentón, realmente estaba considerando mi ofrecimiento y tenía que contener la risa ante sus expresiones.

— De acuerdo, pero ya sabes que yo lavaré. – respondió como una orden. Asentí y me dirigí a la cocina, me lavé el rostro en el lavadero de la cocina porque Mauricio ya estaba en el baño.

Mientras preparaba wafles, huevos fritos con tocino y jugo de maracuyá, decidí llamar a mi mamá.

— Hola hijita, al fin sé de ti. ¿Estás bien?

– no había hablado con ella frecuentemente desde que se fue, estuve con los trabajos finales de la universidad, la fiesta, Mauricio, me sentía mal por ella, pero supongo que cada uno decide como lidiar con las situaciones, yo prefiero recargarme de actividades para no pensar en lo que no tengo o no puedo cambiar.

— Hola mamá, todo está bien, lo siento, es que estábamos con lo último de la universidad. Ahora me estoy preparando el desayuno, pero quería llamarte para saber cómo estabas. – trataba de excusarme.

— Aquí es muy bonito, me gustaría que vengas, te encantaría Madrid. Ya me está yendo mejor en el trabajo. – decía mi madre en tono animado.

— Quizás más adelante se pueda mamá. – le respondí soltando un suspiro. Escuché que el sonido de la ducha se había detenido por lo que en unos minutos saldría Mauricio, así que debía cortar la llamada antes de que él venga.

— Veré la manera hijita. – decía mi mamá como si realmente creyera que se podía hacer todo de prisa.

— Bueno mamá, ya desayunaré, te dejo para que descanses, ya que para ti ya es de noche. Un abrazo. – solté con pesar.

— Está bien hijita, aliméntate, no quiero que te enfermes. Hablamos después. – respondía mi madre, nos despedimos y corté la llamada. Coloqué los platos con comida en la mesa y Mauricio apareció casi de inmediato.

— Esto se ve delicioso. – dijo mientras se sentaba y observaba la mesa. Sonreí ante su comentario, me gustaba que valorará lo que hacía, pocas personas agradecen estos pequeños detalles y no debería ser así, hasta recibir un vaso con agua, debería merecer un reconocimiento.

— Espero que te guste. – dije sonriendo.

Pocos minutos después ya no había nada en la mesa, Mauricio comió como si se fuera a acabar el mundo, se levantó para recoger los servicios y lavarlos, me levanté también para llevar los que quedaron en la mesa y los puse encima de los servicios que él ya había llevado.

— Usted señorita, se sentará en el sofá y descansará mientras yo termino de lavar aquí. – decía Mauricio en tono autoritario. No pude evitar reír ante su tono.

— No es una broma, tenemos un trato. – añadía con más seriedad en la voz y yo empezaba a reír más alto hasta que Mauricio se agachó para colocar ambos brazos alrededor de mis rodillas y elevarme a su hombro haciendo que dejará de reír para lanzar un grito ahogado.

— ¿Qué haces? Bájame – le refutaba sorprendida, era la primera vez que me cargaban de esa forma al menos, él ya me había cargado, pero estaba dormida, ahora estaba muy despierta y era lindo, pero vergonzoso.

Mauricio no respondió y conmigo colgada en su hombro empezó a caminar hacia el sofá para deslizar mi cuerpo encima del sofá, se acercó a mi rostro y nos miramos.

— Soy un hombre de palabra. – dijo en tono firme, su aliento cálido me abrigaba los labios, estaba muy cerca, creí que me besaría, deseaba que lo hiciera, esta vez si le respondería.

–Quédate mientras lavo los servicios. – añadió haciendo que mi cuerpo sintiera escalofríos ante sus órdenes.

Minutos después Mauricio se sentó a mi lado, tomé sus manos con las mías, estaban muy frías por el agua, así que traté de darle abrigo con las mías.

— Por ser tan mandón, tienes las manos frías. – le solté con voz frustrada.

— Teníamos un trato. – lanzó rápidamente como respuesta.

— Y yo que pensaba que eras más flexible con tu forma de vivir. – le respondí en tono coqueto. Él sabía a qué me refería.

— Hay que respetar los acuerdos. – dijo lanzando un suspiro, estaba frustrado, ya no hablé más del tema para no incomodarlo.

Le dije que iría a bañarme, así que eso hice, me prestó un pantalón deportivo y un polo manga corta, me gustaba usar su ropa, aunque me quedaba muy holgada, pero lo sentía cerca de mí y eso era suficiente.

— Vamos a caminar. – propuso Mauricio al verme ya cambiada con su ropa.

Acepté con ánimo, con él iría a cualquier parte y no pondría la mínima resistencia, menos mal no lo hice porque fuimos a un parque que estaba cerca de donde vivía, a dos cuadras aproximadamente, nos sentamos en las bancas y empezamos a respirar el aire puro.

— Aquí es muy tranquilo. – le decía a Mauricio en tono relajado.

— Así es, ojalá tengamos suerte y puedas ver algo que estoy seguro que te gustará. – dijo despertando mi curiosidad.

— ¿Qué cosa? – le pregunté rápidamente y con emoción en mi voz.

— Tienes que esperar. – susurraba causándome ansiedad.

— ¿Alguien vendrá? Recuerda que estoy usando tu ropa. – le dije en tono frustrado ante la idea que me presentará a alguien vestida así, pensarían que Mauricio y yo habríamos pasado la noche juntos, bueno, quiero decir que tuvimos sexo y no es así, pero al usar su ropa, no van a pensar eso.

— No creo que se den cuenta de eso. – decía mientras dibujaba una sonrisa en sus labios y con eso mi frustración se hacía más grande.

— Ya valí. – le dije mientras me tapaba los ojos con un brazo y bajaba mi cabeza en el espaldar de la banca. Escuchaba la risa de Mauricio, pero no le respondí, solo esperaba a qué me dijera quién vendría. Pasaron varios minutos de silencio, ni Mauricio ni yo nos habíamos movido.

— Tuvimos suerte, ya están aquí. – susurraba Mauricio en mi dirección y yo quería que la tierra me tragué para no conocer a nadie en estas circunstancias.

Mauricio tomó mi brazo bajándolo y me señaló un árbol, era un árbol normal, alto con ramas y hojas, no noté nada extraño, pero al mirar en la parte de abajo, en el césped, pude verlo.

¡Son ardillas! Son dos hermosas ardillas con colas largas y peludas, se veía un pelaje tan suave que daba ganas de tocarlas.

Miré a Mauricio y los dos teníamos las sonrisas más grandes, él colocó su dedo en su labio para decirme que no haga ruido, a lo que obedecí sin abrir mi boca, las ardillas comenzaron a trepar el árbol tan rápido que en pocos segundos ya no se les veía.

— Son hermosas. – le susurré a Mauricio con emoción en mi voz.

— Me alegra que te gusten. – respondió susurrando y sonriéndome. Nos quedamos unos minutos más hasta que vinieron una familia con sus pequeños hijos que corrían y con eso ahuyentaron a las ardillas y a nosotros también con su ruido. Mauricio me tomó de la mano y regresamos al departamento.

— ¿Has probado pollo al orégano y limón? – le pregunté a Mauricio mientras veía sus ojos marrones, cuando estábamos en su departamento, ya no utilizaba sus lentes.

— No, pero suena a una combinación interesante. – respondió curvando su labio en una sonrisa.

— Sí quieres, puedo prepararlo y así aprendes a prepararlo.

– le dije en tono amable. Mauricio accedió y después de ello dejamos el pollo con las papas en el horno, él fue a su dormitorio mientras yo revisaba que todo estuviera listo, puse el temporizador en el celular para apagar el horno a tiempo.

Mauricio regresó con un peine en su mano, su cabello siempre luce alborotado como el mío, a mí me gusta, pero parece que él no pensaba lo mismo.

Se sentó en el sofá pasando el peine en su cabello.