¿Qué haces conmigo? CAPÍTULO 23 NUESTRO PRIMER BESO
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CAPÍTULO 23 NUESTRO PRIMER BESO

— Gracias por venir conmigo. – susurró Mauricio lanzando aire en mi cabello. Sonreí ante sus palabras.

— Gracias a ti por invitarme. – le respondí tratando de controlar mi emoción.

Desde que empecé a leer libros clásicos sobre ese amor de un hombre del siglo XVIII en el que su mayor demostración de amor era pedir matrimonio a su amada, quise vivir en esa época, sentir esa emoción de compartir mi vida con alguien, pero no conocía a nadie que me hiciera sentir esa necesidad de compartir el resto de mi vida con él, Mauricio me gusta, pero tampoco me veo con él en un año o más, quizás también influye que él no quiere comprometerse a una relación solo conmigo, pero tampoco quiero alejarme de él. Complicada vida la mía.

Llegamos a su departamento, como siempre él me dejaba pasar primero, nos sentamos en el sofá con Luna, Mauricio fue a la cocina para prepararme un anís.

Luna se echó en mi regazo, me sorprendí mucho, ella solo hacia eso con Mauricio, miré a Mauricio y él estaba distraído llenando la tetera para hervir agua.

— ¿Mauricio? – lo llamé en tono bajo pero lo suficiente para que pueda escucharme.

Él volteó de inmediato y le señalé a Luna que estaba en mi regazo, Mauricio estaba igual de sorprendido que yo, empezamos a reír en tono bajo, colocó la tetera en la cocina y regresó a mi lado sentándose con delicadeza para no despertar a Luna.

— Ella no suele hacer eso. – soltó Mauricio mirando a Luna y después a mí.

— Creo que es el primer gato que tengo tan cerca de mí. – le respondí sonriendo.

— ¿Nunca tuviste gatos de mascota? – soltó con curiosidad.

— No, nunca, solo perros. – le respondí rápidamente. Era divertido conversar en tono bajo, no queríamos despertar a Luna.

— Los perros son divertidos, pero son muy bulleros. – susurraba sonriendo.

— Totalmente de acuerdo contigo. – le solté como respuesta.

Mauricio elevó su brazo detrás de mí y lo puso como soporte a mi cuello, apoyé mi cabeza en su antebrazo y le sonreí.

Mauricio tomó mi mano y otra vez nos miramos como si no importará nada más.

Sonó la tetera rompiendo nuestro idilio, nos empezamos a reír ante el sonido del silbato, él se levantó para que yo no lo haga y despertará a Luna, pero ante el sonido Luna se empezó a estirar en mi regazo y se fue.

— Toma. – me dijo en tono amable Mauricio mientras me tendía la taza de anís, le agregó un poco de agua fría para que pudiera tomar sin quemarme, es tan atento que mi corazón se derrite con sus detalles.

— Gracias. – le respondí con una sonrisa. Él también se sirvió un té para acompañarme, ya era casi medianoche, tenía un poco de sueño, pero no le decía nada, bebíamos en silencio, podía escuchar nuestras respiraciones que se acompasaban.

— ¿Quieres ver una película o ya tienes sueño? – propuso Mauricio en tono amable.

— Podríamos ver algo, aún no pierdo la consciencia.

– le respondí riéndome. Mauricio se levantó para prender la laptop y empezamos a ver la tercera parte de la película de Liam Neeson, le dije que era mi actor favorito de acción y él coincidió conmigo.

El cansancio comenzó a vencerme, sentía los párpados cayéndose, pero no quería decirle nada a Mauricio y arruinar la película.

Sentía que me elevaba, unos brazos rodeaban mis antebrazos y detrás de mis rodillas, pero mi cansancio me impedía abrir los ojos, se sentía tan cálido, no quería despertarme sí era un sueño, después de unos segundos, estaba en una base plane y suave, sentí que me quitaban las zapatillas con delicadeza, no ponía resistencia, disfrutaba la comodidad de la cama, una tela me cubría hasta el cuello y me puse de lado para continuar con mi sueño, sentí que se hundía la cama para ser reemplazado por el peso de un cuerpo, una mano tocó mi cabello para ponerlo detrás de mi oreja, la mano se posó en mi mejilla y sentía su calidez, yo no hablaba, no me movía, estaba demasiado cansada y solo quería disfrutar de ese toque y momento.

— ¿Qué me estás haciendo? – escuché entre sueños, fruncí el ceño levemente pero no hablé, no abrí mis ojos, seguía relajada.

— Sé que soy un idiota, no te merezco, pero soy egoísta porque tampoco quiero perderte. – susurraba en tono bajo, es Mauricio, es su voz, estoy segura. Quería decirle que yo no quería separarme de él, pero quería escuchar lo que quería decir, mantuve mis ojos cerrados esforzándome en no dormir.

— Inténtalo a mi modo, por favor. – suplicaba, sé a lo que se refiere, él quiere que acepte su relación libre, no exclusividad, no compromiso, pero yo no busco eso, no es lo que quiero, pero también lo quiero a él.

¿Por qué nos haces esto, Mauricio? Podríamos intentarlo como debe ser, pensé que él también debía pensar así, pero ante su idea.

Empecé a tener un nudo en la garganta, quería llorar, soltar ese dolor interno, pero no debía, no podía, no lo haría.

— Perdóname por lo que voy a hacer. – susurró con dolor.

¿Me despertaría para decirme que me vaya y que no vuelva a verlo?

Me dolería demasiado, pero lo entendería, no puedo darle lo que él quiere, él tampoco puede darme lo que yo quiero, esto no va a funcionar, lo sé y me duele.

Empecé a sentir su respiración cerca de mi rostro, su cercanía era evidente, podía sentir su calor.

¿Qué es lo que hará? Yo no me movía, no abrí mis ojos, traté de estar lo más tranquila posible, pero no contaba con lo que iba a hacer en los próximos segundos, nunca pensé que haría eso.

Sus labios tocaron los míos...1...2...3...

4...5 segundos, sus labios se pegaron a los míos por cinco segundos, quería abrir mis labios y responder a su beso, pero no podía, se daría cuenta que estaba despierta, que escuché todo, no debía hacerlo, mi corazón martilleaba en mi pecho, sentí su calor, la suavidad de sus labios en los míos, quería fingir despertarme y lanzarme a él para besarlo de verdad, pero tenía que controlarme, no debía hacerlo.

Sentí su mano acariciar mi mejilla, quería apoyarme en su toque como Luna se apegaba a mi regazo buscando calor, tenía que controlarme para no hacerlo.

— Espero que me perdones, pero no me arrepiento de haberlo hecho.

– añadió al alejar su rostro del mío. Te perdono Mauricio, puedes volverlo a hacer, decía en mi mente, realmente quería que lo haga, mi voz gritaba por dentro que lo hiciera, pero mis labios permanecían sellados.

Sus brazos rodearon mi cintura y me pegó suavemente a su cuerpo, mi rostro estaba cerca de su pecho, a su cuello, podía olerlo, lavanda, se había vuelto mi olor favorito, quería pasar cada noche así.

Ante su calor y cercanía caí en sueño profundo nuevamente.

Me desperté después de un rato, no sé cuánto tiempo había pasado, pero necesitaba ir al baño, me removí suavemente y vi a Mauricio dormido, se veía tan lindo, sí no tendría tanta necesidad de ir al baño, me quedaría a verlo dormir, estiré mis piernas con suavidad y abrí la puerta para ir al baño.

Al regresar, Mauricio seguía dormido, así que regresé con cuidado a la cama y me tapé con la frazada porque tenía frío, vi a Mauricio, verlo dormir se volvería uno de mis hobbies, no pude resistir y le di un beso en la mejilla, me agaché rápidamente para poner mi cabeza en su pecho, sí se despertaba, no quería que viera mi rostro enrojecido por lo que había hecho.

Pero no conté con que me rodearía mi cintura con su brazo ¡Ay!

¡Si estaba despierto! ¡Trágame tierra! Sofía, hazte la muertita, decía en mi mente, no me moví, cerré mis ojos con fuerza y rogaba para que no dijera nada, no podría con la vergüenza.

Mauricio se removió ligeramente y besó mi cabello, no pude evitar sonreír en su pecho ante su gesto, es tan atento, afectuoso.

¿Deberíamos darnos la oportunidad de tener una relación libre?

¿Estaría dispuesta a compartirlo con alguien más? Ese era el problema más grande, puedo soportar no tener el título de novia, pero no podría soportar verlo con otra mujer o saber que está con otra, me dolería demasiado, a pesar que él me lo dejó claro desde un inicio.